Los últimos rayos de sol se
ponían sobre las casetas de la aduana libia. Nos detenemos quinientos metros antes de
llegar y Vicente para el motor.
-Qué piensas. ¿Intentamos cruzar la frontera o esperamos a mañana? -Pregunté a
Vicente.
-Me estaba planteando el mismo dilema. La aduana está abierta y los libios son rápidos
con los trámites pero a los egipcios les encanta la burocracia y la última vez tardamos
6 horas. Como hoy tarden lo mismo ... nos cierran los despachos a mitad del papeleo y nos
toca dormir en tierra de nadie. Creo que lo mejor sería esperar a mañana e iniciar los
trámites bien descansados. -Me
has leído el pensamiento. Aquí estamos bien para pasar la noche y ... ¡mira!, ahí
tenemos un pequeño restaurante donde podríamos cenar. -Le contesté mientras señalaba
un pequeño local al borde de la carretera.
-Perfecto. Nos quedamos aquí mismo y descansamos.
Cenamos en un ese mismo restaurante, al lado del último puesto de policía anterior a la
frontera. Una buena ración de chuletas de cordero que cortaban ante nosotros de la pieza
que colgaba de un gancho a la entrada del local, con la precaución de tenerla envuelta
convenientemente con una tela blanca que la protegiese del polvo y los insectos. Ensalada
de tomate, pepino y perejil, bananas de postre y té. El cordero estaba delicioso y fue
nuestra cena de despedida del sorprendente territorio libio.
Pedimos permiso al jefe del control policial para levantar a su lado la tienda Inesca
sobre el techo del Montero. Les encantó tener huéspedes extranjeros y se desvivieron por
encontrar un sitio llano y silencioso. Por la mañana vino la sorpresa, tras intercambiar
los "salama" pertinentes con los agentes, el jefe del puesto se acercó con una
bandeja que contenía una tetera, un par de vasitos, pan, queso y agua fresca. ¡Nos
habían preparado el desayuno!, realmente la hospitalidad de este país no tiene límites.
Nos despedimos dando infinitas gracias a nuestros amables anfitriones y
entramos en la aduana Libia.
Germani, italiani,... Nos preguntaban los aduaneros libios. No, somos españoles, le
replicamos por enésima vez a una pregunta que se repite miles de veces.
¡Ah! Españoles, quais, quais (que significa bien, bueno,
"guays") al mismo tiempo que nos daban la mano y esbozaban una enorme sonrisa.
Hasta el último momento continúan siendo unos perfectos anfitriones. Los trámites
libios apenas nos ocuparon media hora y comenzaba el cruce de la frontera egipcia.
La última vez, en el 93, cuando salimos de Aqaba (Jordania) y entramos a Egipto por
Nuweiba el registro fue una pesadilla. Todo el equipaje tirado por el suelo durante horas
y examinado exhaustivamente mientras Vicente, acompañado por un "Tourist
Police", iba de ventanilla en ventanilla soltando dinero en cada una de ellas.
Esperábamos un episodio similar, pero para sorpresa nuestra el
registro del coche fue mucho más sencillo y relajado, aunque el desembolso de dinero fue
tremendo. El hecho de "desplumar" al extranjero será la práctica habitual
mientras se visite Egipto. Abusan y tratan de sacar el máximo provecho de cualquier
extranjero que vean, les da lo mismo que sea un mochilero o que lleve un Rolex de oro en
la muñeca. Es un extranjero y eso basta, hay "tasas administrativas" del
gobierno por cualquier cosa, muchos lugares arqueológicos los dividen en varias partes
para así poner varias entradas y a ese "desplume" se apuntan taxistas,
restaurantes, cafés, fruterías, supermercados, kioskos, ... ¡todos! y oiremos la
"exigencia" de "bakshis"(propina) cada vez que paremos de andar. Es un
país precioso, algo único e inolvidable pero parece que lo han construido para que se
disfrute tan solo si se viene como turista en un tour organizado ya que eso suprime muchos
de estos aspectos por los que hemos de pasar los viajeros "por libre".
Y si se viene con coche propio ... es el no va más de las "tasas". Creo que se
frotan las manos cada vez que llega un automóvil extranjero. La amabilidad es
incuestionable y siempre hay algún funcionario piadoso que invita a un té o a un
refresco durante las horas que duran los trámites. Esta vez ... tan solo hemos tardado
dos horas y media y fuimos muy mimados pero nos costó 50.000 pts. (300 US$) las tasas de
entrada del vehículo, 1.250 pts. (8,5 US$) el seguro y otras 1.700 pts. (12 US$) por el
alquiler de la matrícula egipcia. En total 53.000 pts. y todavía no habíamos hecho ni
un kilómetro. Eso sin incluir los visados (7.400 pts. los dos, 50 US$) y el Carnet de
Passage para el coche que ya traíamos de Madrid. En fin, es el precio por visitar un
lugar único en el mundo por cuenta propia.
EL OTRO EGIPTO
El mítico río Nilo es la
savia que da vida a un país donde más del 90% de su territorio está dominado por el
imperio implacable del desierto. A sus orillas se desarrolló el imperio faraónico que
tantas bellezas artísticas y arquitectónicas nos ha legado.. pero precisamente más
allá de las fértiles aguas de la simbólica arteria regeneradora de vida, existen otros
"imperios" que a su manera han marcado la historia de una zona más inhóspita.
Hacia ellas nos encaminamos.
Desde el puesto fronterizo de Sallum seguimos dirección este hasta la
ciudad costera de Marsa Matruh pero es aquí donde quebramos bruscamente el rumbo hacia el
sur, emplazando la invitación que el Nilo nos hace para emprender la ruta de los oasis
occidentales del gran desierto. Trescientos kilómetros nos separaban del histórico oasis
de Siwa. Una carretera que cruza un monótono y desolado desierto, ralo, llano, sin vida.
Dos o tres camiones se nos cruzan, nos saludan con sus escandalosas bocinas.
Pocos kilómetros antes de llegar a Siwa las formaciones rocosas de
forma piramidal son los estandartes que delatan las estructuras pétreas que configuran el
oasis y le convierten en sus señas de identidad geológica. No en balde, estas
formaciones piramidales permitieron albergar las tumbas de egipcios de la época
faraónica ptolemaica, realojadas más tarde por los romanos. Aun es posible penetrar en
algunas de ellas para descubrir las pinturas que cubrían las paredes y techo de los
antiquísimos nichos de los gobernadores faraónicos como las del jebel al-Mawta o
Montaña de la Muerte.
Pero Siwa nos rebela un mundo aparte, un paraíso perdido, desde
cualquier punto de vista. Es como si viviese al margen del turismo que invade el resto del
país y donde la tradición bereber sigue estando vigente, pero en un ambiente muy
conservador.
Sus habitantes son tranquilos, respetuosos, viven su vida sin
inmiscuirse en la de los extranjeros que acuden a conocer su idílico rincón en el árido
emplazamiento que le rodea, pero obviamente al mismo tiempo piden respeto. Sus mujeres
cubiertas de pies a cabeza con sus tarfodit, mantos azulados y grises, se trasladan sobre
los carros tirados por borriquillos, que son los que componen básicamente el tráfico de
su "capital", Shali. En ella, por la "pirámide" rocosa que se eleva
sobre la ciudad, trepa la antigua población fortificada. Erigida en el siglo XIII, se
fortificó para defenderse de los ataques beduinos y de todos aquellos que ambicionan y
envidiaban el lugar privilegiado que representa Siwa. Pero ya en nuestro siglo, unas
lluvias torrenciales en 1920 "fundieron" sus muros de barro y sus habitantes se
rindieron a la evidencia levantando una nueva ciudad a sus pies. La "vieja"
continua sobre sus cabezas para que no olviden su historia.
Los carromatos dejan una estela de polvo que seguimos por las pistas
que recorren el laberinto de sus fértiles palmerales. Dátiles, aceitunas, árboles
frutales, higos, viñas, limoneros, tomamos un nuevo recodo y aparece... el llamado
"baño de Cleopatra", una piscina natural de agua de manantial (una de las más
de 280 que existen en el oasis aunque en la antigüedad contaron con más de 1.000) y uno
de los lugares predilectos de los lugareños para darse un buen chapuzón... pero solo los
hombres.
Las mujeres no pueden bañarse mientras haya hombres bañándose o en
las cercanías y es difícil encontrar un momento solitario. Pero me negaba a marcharme
del oasis con tan sólo meter las manos en estas piscinas naturales.
LA ISLA DE LA FANTASÍA
Estamos en el corazón del
desierto pero ... estamos entre dos gigantescos lagos, son los milagros del sahara. Se
trata de dos inmensos depósitos de agua salada y en el menor de ellos, Zituna, las
salinas configuran al atardecer un precioso espectáculo de brillos arrancados por el sol
a la espesa y abundante concentración salina de un blanco cegador, aunque en algunas
zonas adquiere un color burdeos y en otras azul turquesa.
Y en el gigantesco lago Siwa existe también un rincón privilegiado:
la isla Fatnas ("Isla de la Fantasía"). Nosotros la conocimos justo antes de la
puesta de sol y accedimos a ella ... ¡por tierra!, puesto que los lugareños la han unido
a tierra firme con una corta y estrecha carretera. Es uno de los lugares más
paradisíacos de este oasis: su propio manantial con piscina natural, una lujuriante
vegetación, infinitas palmeras datileras, unos pocos cultivos a la sombra de los árboles
y las más espectaculares puestas de sol sobre el gran lago. Las palmeras parecen querer
estirarse para alcanzar el sol. Nos sentamos en la orilla mientras el astro solar ríela
sobre las aguas de la laguna ocultándose tras el jebel Jafaral, en la otra orilla, como
si fuese una bola de fuego incandescente. Con su intenso color rojizo nos hipnotiza y
nuestra vista se queda clavada en el horizonte hasta su último suspiro.
El manantial está lleno de lugareños bañándose, casi siempre hay
alguien dándose un chapuzón pero este es el momento predilecto para la población local.
Hay tres chicas extranjeras que tan solo se remojan los pies pero yo sigo con la idea de
darme un baño ... Durante la semana que estuvimos en este Edén estuvimos observando las
costumbres de los pobladores de este oasis y al poco nos dimos cuenta que entre las 2 y
las 5 de la tarde, hora del almuerzo, del extremo calor y de la siesta ... nadie se mueve
de sus casas. Era el momento perfecto. Así, Vicente y yo pudimos disfrutar de baños en
toda regla en las cristalinas y fresca aguas del manantial de la isla de Fatnas. Parecía
más una operación de espías que un simple baño en un oasis.
Paseando por la ciudad nos paramos en un puesto de enormes aceitunas,
uno de las producciones más abundantes del oasis. Su dueño un egipcio de mediana edad
con unos enormes y risueños ojos azules se encuentra triturando limones para preparar el
aliño de las renombradas aceitunas de Siwa, no en balde en el Antiguo Imperio se le
conocía como el "País del Olivo". Nos invita a pasar a su almacén. Rafah y yo
conversamos, dentro de un limitado inglés, sobre su trabajo y España, Al-Andalus para
él por la historia que conoce de nuestro país. Las "zitunas", como se dice en
árabe y de donde proviene nuestra denominación de tal producto, estaban buenísimas y
tras un apretón de manos, sin un intento de querer venderme una de las enormes garrafas
para hacer negocio, nos despedimos, "salama, Rafah" "salama, Marián
". Así da gusto.
ALEJANDRO MAGNO, REY DE REYES
Uno de los personajes más
insignes que visitaron este paradisiaco rincón fue Alejandro Magno. En la colina de
Aghurmi, arropado por una antigua villa-fortificada (abandonada en 1926) se halla el
antaño reputado Templo del Oráculo. Alejandro recibió la confirmación como hijo del
dios Zeus y de Amón de dicho Oráculo, lo cual le supuso ser reconocido como rey de
Egipto. El Templo ya no rezuma de la grandeza que ostento en su época de máximo
esplendor pero allí seguía en pie, entre las murallas y paredes de la vieja medina de
ladrillos de adobe, después de más de dos milenios de larga historia.
En el año 95 una arqueóloga griega creyó haber encontrado la tumba
de Alejandro, uno de los desafíos arqueológicos más fascinantes de la historia pero...
fue una falsa alarma, el reto aun sigue en pie. El macedonio no se deja encontrar
fácilmente poniendo constantemente a prueba nuestra insaciable curiosidad histórica,
tras 25 siglos de misterio.
Vamos explorando los alrededores, todo es desierto. Es como pasar por
un agujero negro que nos traslada a otra dimensión. Ahí están las necrópolis de
Duheiba y de Bilad al Rom , ahora son una infinidad de cuevas vacías en sus respectivos
jebeles. Donde hay agua hay vida, surgen las palmeras y ahí nace un pueblo de casas de
adobe, la tierra se ve enriquecida por canales y por cultivos ... es casi mágico.
Llegamos al jebel Jafaral dando toda la vuelta al lago, desde este enclave insular
divisamos con toda claridad el inmenso mar de dunas que se extiende ampliamente hasta
Libia, pues la frontera se encuentra cerca. Cuenta una leyenda que cuando los persas
invadieron Egipto, Cambyse, hijo de Cyrus, marchó a la cabeza de un ejército de 35.000
hombres hacia el oasis de Siwa pero... nunca llegó a alcanzarlo desapareciendo entre las
arenas y como el fantasma de un castillo que acude a su cita puntualmente, todos las
atardeceres los lugareños dicen atisbar sobre las dunas del desierto las tropas del persa
Cambyse vagando por las arenas.
Como el Loto de la Isla de Jerba, los misterios y las leyendas de Siwa
envueltas entre la sombra de las palmeras e inagotables manantiales nos provocan el mismo
efecto hipnotizador de la ya lejana isla tunecina. Dejarnos atrapar por esta relajante
quietud y reconfortante belleza natural durante mucho, mucho tiempo es una tentación muy
placentera pero tras una semana... nuestro espíritu de nómadas nos recuerda que debemos
continuar camino hacia las otras "islas del sahara".

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"Ruta por Egipto"

"Entrando en el oasis de Siwa, al fondo la
necrópolis del jebel al-Mawta, la "Montaña de la Muerte"

"Pinturas en las tumbas de la "Montaña de
la Muerte."

"Las mujeres cubiertas de pies a cabeza con los
"tarfodit" y llos carros tirados por borriquillos son escenas tradicionales de
este pequeño mundo apartado."

"La antigua Shali es una ciudad fantasma que
sobre una colina domina la nueva ciudad ... controla el gigantesco palmeral ... y parece
seguir queriendo vigilar el desierto de dunas que le amenaza en el horizonte.."

"Pinturas de las tumbas de los gobernadores
faraónicos en Siwa. Un legado casi desconocido."

"El lago Zituna con sus salinas es todo un
deleite para los ojos."

"Inscripciones del Templo de Amón, otro tesoro
de los tiempos faraónicos."

"El Templo del
Oráculo. Este mismo suelo fue pisado por Alejandro Magno y entre sus muros se le
reconoció como Rey de Reyes."

"Esto ...
¡¡También es el desierto!! Puesta de sol sobre el lago Siwa y el jebel Jafaral.
Un
caribe escondido entre las arenas."
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