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El
Carnet de Passage con sus tapas amarillas va por delante, estamos un poco
nerviosos por si nos dicen que el Carnet de Passage no vale, como nos
ocurrió en Moc Bai en la frontera con Camboya. Una cosa es no dejarte
entrar pero otra cosa mucho más grave es no dejarte salir.
-Sellan la salida
del vehículo en esta oficina, ¿verdad? -le digo al funcionario de
aduanas al otro lado del cristal mientras le enseño el Carnet de Passage.
-Sí, es aquí. ¿Me enseñan sus pasaportes? -nos responde con
naturalidad cogiendo el Carnet. Respiramos tranquilos, lo conoce y no nos
da la impresión que vayan a pedir más papeles de importación, reales o
ficticios.
-Vaya, el visado está a punto de expirar. Salen justitos. ¿Les ha
gustado Vietnam?
-Sí, tienen ustedes un país realmente bonito. Por eso hemos apurado el
visado -le digo sonriendo.
-Bien, esperen ahí cinco minutos que voy al despacho del oficial para
rellenarlo y sellarlo.
Los nervios están
más tranquilos, parece que todo va sobre ruedas. Regresa al cabo de siete
minutos con todo en orden. Así de fácil, ¡qué bien! Compruebo que los
sellos estén en sus lugares correctos para no tener problemas al
devolverlo en España. Todo correcto, impecable y realmente rápido.
"Gracias", le digo al funcionario. "De nada. Pasen ahora a
inmigración para que sellen los pasaportes. Buen viaje", nos
contesta muy amablemente.
Los policías de
inmigración eran más distantes y fríos, ni miran a los ojos. Todo
palabras secas: "Passport!" y les damos los pasaportes; "Inmigration
card!" y le damos el impreso de salida ya rellenado. "Two
dollars!" y ... ¿dos dólares?
-¿Dos dólares?
-le pregunto con cara de extrañeza al policía.
-Tasa por el sellado del pasaporte -nos contesta tan ufano. Una trola como
cualquier otra para sacar dinerillo extra. Es mentira pero no se le puede
decir eso a la cara. Por muy pequeña que sea la "propina" que
se autoadjudican no vamos a entrar en el tedioso juego de la corrupción.
Ceder es aceptarla y aceptarla es alentarla. Hay que intentar complicarles
el cobro sin que "pierdan la cara", que lo vean tan complicado
(o tan poco claro) que ellos mismos renuncien a el.
-¿Tasa? ¿Qué tasa? Si solo hay que sellar como hacen en todas las
aduanas. Seguimos hablando en inglés pero como hablan solo las palabras
que nos han mencionado ... no se enteran de nada. Siguen pidiendo y
seguimos hablando y gesticulando hasta que después de un largo rato se
miran entre sí y nos devuelven los pasaportes sin soltar un duro. Siempre
igual hasta el último minuto.
Ya está, estamos
fuera de Vietnam. Una nueva frontera en nuestro dilatado peregrinar. Un
nuevo sello en el pasaporte ... un pasaporte al que le queda poca vida. Es
el segundo que usamos durante la ruta y tan solo le quedan ya dos páginas
libres, lo justo para llegar a Australia. Allí nos tendremos que hacer el
tercero.
"Sabaidi"
Laos. Hola Laos. Henos aquí de nuevo. La frontera laosiana está en
obras. Los edificios todavía operativos parecen haber sufrido un
terremoto pero los nuevos ...casi concluidos- tienen un aspecto que
presagia una bonita aduana. Sorteamos los escombros y tras soplar el polvo
de la ventanilla rellenamos los impresos y nos sellan los pasaportes.
El asfalto es
irregular pero podemos considerar esta carretera como "buena"
para ser Laos, nada que ver con la pesadilla de Savannakhet a Lao Bao.
También el paisaje es muy distinto al que nos encontramos más al sur
hace poco más de un mes, ya no tiene ese aspecto seco y ajado. Ahora nos
rodea una profusa vegetación que cubre los abultados montes calcáreos
que nos envuelven mientras avanzamos hacia la capital. Los puentes se
suceden para sortear los diversos afluentes que alimentan al Mekong, la
gran reina de todas las aguas del sudeste asiático. Los poblados son
simples y sencillos, asentamientos de casitas de madera en estructura de
palafito. Los animales corretean a sus anchas, la gente se protege en la
sombra del castigo del sol. ¡El agobiante calor se ha vuelto a unir a la
Ruta de los Imperios! En Vietnam tuvimos ese "fresquito" que
tanto nos gusta pero ya en Laos ... la bofetada de calor se nota desde la
primera parada que hacemos para comer en un chiringuito lo único que
tiene: la "noodle soup", la tan expandida sopa de una especie de
fideos enredados muy largos.
BUDAS MUTANTES
La carretera es
bonita, relajante y rápida. La estrechísima nacional 8 desemboca en la
ancha nacional 13, su impecable cinta de asfalto nos dirige sin demora
hasta Vientiane. Resulta cuanto menos curioso que la entrada terrestre más
importante que tiene Laos, a través del celebrado Puente de la Amistad
desde Tailandia, finalmente no vamos a cruzarla, volveremos a salir
navegando por el Mekong con nuestra montura. La verdad es que nos encanta
hacerlo así, ...el componente romántico es insuperable.
El puente de 1.174
metros fue inaugurado con increíbles fastos en 1.994, financiado por los
australianos permite superar en un tiempo ínfimo el obstáculo de las
vigorosas aguas del Mekong, un "muro" para las relaciones y la
circulación entre Laos y Tailandia. Pero nuestro nómada itinerario nos
ha conducido por otros caminos para acceder y abandonar el país. A pesar
de ello nos vamos a aproximar a él porque unos pocos kilómetros antes de
entrar a Vientiane, muy cerca del Puente de la Amistad, se halla un
singular emplazamiento: el "Parque del Buda".
Este curioso lugar,
con algún que otro siniestro componente, es como un parque de atracciones
de cemento donde algunas de las figuras que en él se levantan adoptan
formas extrañas, realmente extrañas. En algunos momentos parece que
trasladaron a este lugar los mutantes que nos describía H.G. Wells en su
novela "La Isla del Doctor Moreau":
una multicabeza de Buda de la que parten tentáculos, tocados de
calaveras, dioses de 10 brazos, animales fantásticos, etc. Un edificio en
forma de gran calabaza permite su entrada a través de la boca de un
demonio con afilados dientes para descubrir en sus entrañas -alumbrados
por una lúgubre luz- nuevas estatuas de dioses cuyas siniestras sombras
se adueñan de las paredes interiores.
En el año 1.958,
el venerable gran padre Luang Pu, en un intento de fundir lo mejor del
budismo e hinduismo combinó la iconografía de ambas religiones en este
inusitado enclave.
Allí mismo, y bajo
la mirada del gran Buda tumbado, unimos de nuevo las piezas del teléfono
satélite Inmarsat Ibérica y hacemos una breve llamada. Comunicamos que
no hemos tenido ningún problema con la salida del vehículo de Vietnam,
una espada de Damocles que pendió sobre nosotros toda nuestra estancia en
Vietnam porque no sabíamos exactamente la situación legal de nuestro
todo terreno. Las leyes "veletas" que tiene ese país crean gran
inseguridad y son una fuente de problemas, pueden hasta aplicarlas con
efectos retroactivos ... ignorando los convenios internacionales. Pero ya
terminó todo, en Laos se respeta el Carnet de Passage y todo está en
orden.
LA CÚPULA
DORADA
La bienvenida a
Vientiane nos la da un enorme arco de triunfo, una mole impresionante de
cemento que parece recién terminada y en espera de ser rematada y
pintada. Craso error. Lleva en pie y con ese aspecto desde 1969. Se ejecutó
con parte del cemento que los americanos habían destinado a un aeropuerto
que finalmente no llegó a construirse.
Vientiane no es una
ciudad de grandes avenidas y espectaculares edificios. La capital es una
pequeña ciudad ...por no llamarla pueblo- donde el tráfico ha dejado de
aporrear el claxon y transcurre tranquilo. La estruendosa Vietnam ya quedó
muy atrás. La gente también ha cambiado totalmente su actitud, es
extremadamente relajada, sonriente, nada de prisas ni agobios, nada de
ventas agresivas, nada de intentar convencerte de algo. Nadie hace
aspavientos y gesticulaciones para que entres en su local, te sientas a
comer o beber donde te apetece, curioseas en el comercio que eliges sin
que se abalancen sobre ti para intentar venderte algo que detestas.
Realmente la atmósfera se ha transformado para mejor y la calma y el
respeto hacen gala de ello, vas a tu aire. Hacía tiempo que no veíamos
tanta paz y tranquilidad, nos encanta.
Vientiane fue
proclamada capital de Laos bajo el protectorado francés (finales del
s.XIX y comienzos del S.XX) y los comunistas la respetaron como tal cuando
llegaron al poder. Pero no solo los franceses estuvieron en el territorio
laosiano, los birmanos, siameses, vietnamitas y khemeres le han arrebatado
sucesivamente a lo largo de los siglos la independencia, hasta que en
1.953 fue proclamada la plena soberanía del país.
Si bien es cierto
que los edificios coloniales salpican la ciudad son realmente los vat
(templos) los que acaparan la atención. El templo más antiguo de la
ciudad es el templo Si Saket, construido en 1.818 bajo el reinado del rey
Anouvong. La invasión siamesa de 1.828 lo respetó sin dañarlo, una
suerte que no compartieron el resto de los vats ... que fueron arrasados
sin piedad. Y no sólo ostenta la mayor antigüedad en la ciudad sino que
en su interior cuenta con el mayor número de imágenes de Budas que nunca
antes hemos visto. Sus paredes están repletas de pequeños nichos donde
se alojan las diminutas imágenes, reforzando su presencia figuras de
mayor envergadura a lo largo de los pasillos del patio principal. Un pequeño
cartel indica que hay más de 10.500 figuras en el honorable santuario. En
el templo central las paredes están recubiertas por pinturas murales
sobre la vida del vetusto líder budista que tantas imágenes le veneran
en este bello recinto amurallado.
Al otro lado de la
calle se asienta el Templo Real, que desgraciadamente sí fue arrasado por
las tropas siamesas durante la invasión. Resurgió de sus escombros entre
1936-1942 cuando los arquitectos, siguiendo los planos originales,
volvieron a recomponer su figura. Sorteamos un jardinero con andar lento y
gestos sosegados que emprende la tarea del cuidado del jardín. Nos unimos
a unos jóvenes monjes muy risueños que se han parado a contemplar los
bocetos del cuadro que un bohemio viajero japonés realiza del templo.
Cambiamos de
templo, en el de In Paeng las pinturas sobre la vida de Buda de nuevo
cobran vida sobre las fachadas exteriores. Un monje lee absorto un libro.
Otros conversan y se gastan bromas bajo la sombra de un árbol. Da gusto
respirar tanta calma y alegría en cada uno de los templos que visitamos.
Llegamos a la estupa de Pha That Luam, al monumento nacional más
importante de Laos. La gran cúpula dorada de la legendaria estupa
completa los 49 metros de altura. Su visión produjo un impacto de
fascinación al holandés Gerrit van Wuystoff cuando fue enviado por la
compañía holandesa de la Indias Orientales en 1.641 a Vientiane. Las
hojas de oro que recubrían la gran estupa brillaban rabiosamente bajo los
rayos del sol. Oro que voló durante los saqueos que, entre los siglos
XVIII y XIX, sufrieron por parte de las fuerzas invasoras birmanas y
siamesas. La devoradora selva se adueñó de los profanados recintos. Pero
fueron los franceses los que se encargaron de su reconstrucción durante
la colonización en los años 30.
CRUCE DE
DESTINOS
-Sois españoles,
¿verdad? -suena una voz en perfecto español a nuestro lado mientras estábamos
esperando que nuestro GPS se posicionase.
-Sí -le contestamos atónitos. Una sorpresa mayúscula dado el escaso número
de españoles que nos hemos encontrado durante la ruta.
La conversación
con Nacho va de sorpresa en sorpresa. No sólo porque ya nos conociese
"virtualmente" por la web desde antes de emprender su particular
aventura sino porque también estaba dando la vuelta al mundo pero en
sentido inverso. Tres españoles dando la vuelta al mundo y ... nos
encontramos en Laos, este pequeño y remoto país, qué asombroso es el
destino. Estuvimos hablando durante horas. Tres espíritus nómadas
errantes por el mundo con tantas cosas en común. Un periodista ha visto
nuestro todo terreno repleto de pegatinas y su curiosidad le lleva a
intervenir en nuestra animada charla. Le contamos la historia completa de
la Ruta de los Imperios y del viaje de Nacho ... hasta que nos encontramos
por casualidad nada menos que en Viantiane. Le encantó este capricho del
destino en la capital de su país y acabamos en la portada del periódico
"El Renovateur" de Vientiane unos días después.
Y en Laos parece
que todo son bienaventuranzas. A Nacho le viene a ver su novia Teresa
desde España para estar con él dos semanas. Nosotros, también gracias a
ese "faro" que sigue siendo el Mitsubishi Montero con matrícula
española y repleto de pegatinas, conocemos a Dominique y Jean Luc. Una
encantadora pareja francesa que viven en Vientiane y que cuando vieron el
Montero nos localizaron para conocernos e invitarnos a una cena en su
casa. Casa que se convirtió en nuestro hogar los días que nos quedaban
en Vientiane cuando supieron que no teníamos "domicilio fijo".
A ambos les encanta España, hablan español estupendamente y, todo hay
que decirlo, Dominique tiene sangre española de su abuela paterna, una
valenciana casada con un corso. Eso sin contar que sus padres han elegido
España como "domicilio" para su jubilación así que sus
visitas a nuestro país son constantes. Fueron días muy confortables con
un montón de charlas juntos y hasta acabamos preparando un almuerzo muy
español a base de gazpacho, paella y tortilla de patatas donde no podía
faltar Nacho. Realmente pasamos unas veladas inolvidables en un lugar que
nunca hubiésemos pensado encontrar tanta sangre y sabor español. ¡En
Laos! ¡Quién lo iba a pensar!
ATRAPADOS POR LA
JUNGLA
El norte nos llama,
hemos de partir. Nos despedimos de todos aquellos a los que hemos conocido
en Vientiane no sin cierta pena. Al periodista del Renovateur y a un monje
budista franco-laosiano seguramente no les volvamos a ver, a los
encantadores Dominique y Jean Luc pueden pasar años hasta que coincidamos
en España en una de sus visitas. Tan solo a Nacho le volveremos a ver en
breve, cuando llegue Teresa subirán a Luang Prabang y todo indica que será
cuando estemos nosotros allí. Las despedidas es lo único malo de la vida
nómada... ¡no todo iba a ser bueno! Lo mejor... los amigos que se hacen
en el camino. Tan solo una vida nómada permite conocer gente tan
estupenda y dispar. Tenemos grabado a fuego uno de los párrafos más
bonitos que nos han escrito por e-mail, nos lo envió una de las personas
más significativas que hemos conocido durante la ruta, dos meses después
de habernos despedido:"Mucho ánimo, pensar que
a medida que avanzáis vais cogiendo retazos de corazones, como el retazo
del mío que ahora lleváis colgando del Montero, lo bueno que tienen esos
retazos de corazones es que en vez de hacer de lastre son como alas que os
hacen volar y ser más grandes. Esos trocitos de corazones de tanta gente
llenan de sentido el viaje al fondo de vuestras almas que yo sé que es el
objetivo último de vuestro viaje alrededor del mundo."
Recibir algo así... emociona y da sentido a muchas cosas. Es cierto, el
nomadismo son muchos adioses... pero mejor decir adiós a un amigo
hecho en el camino que no haberle llegado a conocer. Y es misión de cada
uno mantener viva esa amistad para posteriores encuentros.
Los pensamientos se
mueven rápidos por la cabeza, nuestras ruedas giran rápidas sobre un
asfalto impecable, tenemos una cita en la jungla. Esta carretera une la
capital con Luang Prabang, hoy se la supone una ruta tranquila pero hace
unos pocos años era muy peligrosa. Durante la década de los ochenta era
intransitable pero hasta 1.995 estuvo muy desaconsejado circular por ella.
La guerrilla anticomunista hmong atacaba constantemente a los que
transitaban por ella ...con varias decenas de muertos al año- para cortar
el país en dos. Hace tres años, en 1.998, el gobierno consiguió que
estos grupos rebeldes se retirasen hacia las montañas del noroeste, donde
tienen actualmente sus bases. No hay datos fiables porque el gobierno es
totalmente hermético respecto al tema de la guerrilla hmong pero la versión
oficial es que la carretera es segura y desde hace tres años se circula
con normalidad. Tan solo el tiempo les dará la razón o se la quitará.
Ante la aparente
normalidad decidimos emprender nuestro camino con varios altos por su
sinuoso contorno. Vang Sang es el primer objetivo. Se trata de un pequeño
poblado para el cual hay que desviarse por una pista estrecha de intensa
tierra roja. Lo cruzamos y seguimos más allá... hasta encontrarnos con
una gigantesca grieta que nos impide continuar por este camino. Unos niños
nos hacen señales para que retrocedamos un kilómetro y tomemos una pequeña
pista que cruza una granja. Se supone que apareceremos al otro lado de la
grieta.
Seguimos por esa
nueva pista, una cancela con barrotes de caña nos intercepta de nuevo el
paso pero las apartamos y las volvemos a encajar en su sitio. Seguimos
avanzando varios kilómetros más hasta que la pista se corta
definitivamente por rocas y vegetación en una pronunciada curva. Hay que
seguir a pie. Nada más sortear la curva casi nos damos de bruces con
pequeñas figuras de Buda esculpidas en las rocas, estamos en buen camino.
Seguimos el sendero y por fin llegamos a nuestra ansiada meta. Allí
estaban los dos grandes Budas sentados, petrificados en la pared rocosa,
atrapados por la jungla intensa que nos rodea. Decenas de mariposas
revolotean a nuestro alrededor, posándose irreverentemente en cualquier
parte de los cuerpos de las imperturbables efigies, en sus ojos, en la
nariz, en el pecho...
Miden tan solo
cuatro metros de altura pero al verlos allí, con esos rostros apacibles,
emergiendo de la pared rocosa, me viene el recuerdo de los Budas afganos
de Bamiyan, salvajemente aniquilados por unos "iluminados" que
se autoproclaman mensajeros de Dios y que en nombre del Islam lo mismo
destruyen patrimonios de la humanidad que ...mucho más grave- sumen en el
sufrimiento y la desesperación a su propio pueblo.
A los pies de las
estatuas... flores, trozos de sandía, dulces, arroz; son las ofrendas de
los fieles, ya invadidas por hormigas e insectos. La jungla pulula vida en
diminutas e infinitas formas y su insaciable voracidad no perdona ni el
sustento de los ídolos. Escuchamos un chasquido que proviene de la
corriente de agua que abre una brecha entre la espesa vegetación. Son las
redes que un pescador ha lanzado para intentar atrapar alguna pieza entre
las turbias aguas marrones. Un poco más allá, unos chiquillos se
zambullen estrepitosamente saltando desde las altas rocas y le espantan
las posibles capturas. No se desespera, tranquilamente se va desplazando
con gestos apacibles entre las aguas y se aleja para intentarlo en otro
recodo.
CUANDO EL RÍO
SUENA
Aunque Laos no
tiene salida al mar, el Mekong ...además de ser frontera natural con
Birmania, Tailandia y Camboya- tiene la función de autopista de agua
durante los más de dos mil kilómetros que recorre por su territorio. Son
muchos los afluentes que peregrinan por el país para verter sus aguas a
él y en Vang Vieng nos espera uno de ellos: el Nam Song.
El pequeño pueblo
de Vang Vieng casi parece tener más mochileros occidentales moviéndose
por sus calles que habitantes laosianos. El motivo es su atractivo
entorno, de nuevo dominado por los altos picos calizos repletos de grutas.
Pero hay un obstáculo para poder acceder a este bello paraje y hay que
"mojarse". El río Nam Song divide al pueblo en dos y la zona
que nos interesa está justo en la otra orilla. La única opción en la época
de lluvias es hacerlo en barca. Durante la época seca unos residentes
emprendedores construyen cada año algunos pequeños y frágiles puentes
con cañas, bambú trenzado y maderas. Ponen unas tarifas para amortizar
su trabajo: mil kip por persona (25 pts.=0,15 US$), otros mil si se pasa
con una bicicleta y dos mil si se pasa con una moto. Y si alguien no
quiere o no puede pagar el peaje... no le queda más remedio que cruzar el
río a patita, con agua hasta la cintura (tan solo durante la época seca
se pude cruzar a pie). El puente (y el negocio) durará hasta la primera
crecida del río... que se llevará por delante la endeble pasarela,
regresando la única opción de cruzarlo en barca.
¿Y los coches?
Pues no hay nada pensado para ellos, no hay coches al otro lado porque el
nivel suele ser alto y aunque esté bajo una crecida intempestiva les
puede dejar aislados al otro lado. Los que sí que lo cruzan son una
especie tractores que hace las veces de "autobús" lento de
corta distancia, llevando a los pasajeros en el remolque que arrastra.
Vemos por donde lo cruzan ellos y observamos por donde están las piedras
grandes que logran detenerles e incluso atascarles, teniendo a veces que
bajar los pasajeros para meterse en el agua y arrimar el hombro para
desatascarlo. (¿Les harán descuento en el billete si hay que empaparse
para liberar el tractorcillo?).
Tras media hora de
observar esos curiosos artefactos de dos ruedas tirando remolques ya
tenemos claro por donde hay que pasar, el río es muy ancho pero no cubre
demasiado, el único inconveniente es una pequeña fosa de unos sesenta
centímetros. Nada para asustarse... si no se atascan las ruedas, claro.
Pero el firme pedregoso parece bueno y ya hemos localizado las piedras
infranqueables para no ir por allí. En segunda reductora y con
tranquilidad vamos avanzando hasta llegar al otro lado sin problemas.
El camino vuelve a
verse cortado poco después por otro tamo del río pero esta vez fue de
escasa envergadura. El polvo de la pista se va pegando en el aún húmedo
metal de la carrocería. Las mujeres con canastas a las espaldas se
dirigen a sus poblados tras recoger el arroz. Aparecen algunos poblados
habitados por hmongs, una de las tribus que componen el mosaico étnico
del país. Como siempre, pueblos muy humildes pero llenos de algarabía
infantil que alcanza su mayor ebullición cuando toca ducha en la única
fuente que suministra agua al pueblo. Gallinas y patos aprovechan para
darse un traguito escapando rápidamente de las tropelías de los más
pequeños.
Las grutas siempre
son un regalo de aire fresco cuando penetrábamos en su interior, hay
decenas de ellas, las rocas calcáreas son propicias a fantásticas
cavidades repletas de espectaculares formaciones con estalactitas,
estalagmitas y un sin fin de pasillos, recovecos y esculturas naturales.
Las gotas de agua fría que caen de los techos de las cavernas son un
regalo que sustituyen a los goterones de sudor que en el exterior hemos
segregado por el exasperante bochorno. Los lugareños piensan que todas
ellas están habitadas por algún espíritu, a falta de sentir la
presencia de los genios de la naturaleza podemos comprobar que están
habitadas por imágenes de Buda. En el territorio laosiano las creencias
animistas y la religión budista conviven en paralelo y sus gentes
entremezclan unos ritos con otros. La naturaleza tiene su propia alma, sus
propios espíritus y los ancestros habitan por ella: los árboles, las
rocas, las cuevas, ...
El atardecer hace
acto de presencia y regresamos al río Nam Song para cruzarlo pero... ¡menuda
sorpresa! El caudal había crecido desmesuradamente a lo largo del día,
no dábamos crédito a esos cuarenta centímetros extras de nivel. Y podía
seguir creciendo así que tampoco era plan de demorar el cruce porque nos
podíamos quedar atrapados en esa orilla. Vemos que los tractorcillos se
las ven y se las desean para cruzar mientras los pasajeros que van en el
remolque levantan los pies para no mojarse.
No hay tiempo para
pensar ni calcular, de nuevo engrano la reductora, meto primera,
inmediatamente segunda y ¡al agua! El snorkel (una toma elevada para la
entrada de aire en la admisión y que es la especie de tubo-chimenea que
llevamos instalada en el lado derecho del capó) mantendría a salvo el
motor hasta una altura superior al metro y medio; por ese lado no hay que
preocuparse porque el nivel es -¡afortunadamente!- inferior. Tan solo hay
que estar todo el rato con el motor algo revolucionado para que no entre
agua por el tubo de escape y rezar para no quedarnos atascados. Cruzo por
el mismo sitio que esta mañana porque tenía buena pinta pero esta vez sí
que noto la fuerza de la corriente que me desplaza el todo terreno hacia
el frágil puente. También noto como las piedras del fondo se mueven muchísimo
más que esta mañana y... me quedo atascado, las cuatro ruedas motrices
derrapan sin avanzar. Un acelerón para ver si las ruedas pueden limpiar
el fondo hasta un nivel donde sí que puedan agarrar las ruedas y... ¡funciona!
Se vuelve a mover. Un poco más allá otra vez ocurre lo mismo, idéntica
estrategia y volvemos a ponernos de nuevo en marcha. Uno no gana para
sustos. El agua llega hasta el mismísimo borde de las ventanillas y
cuando por fin llego a la otra ribera... ¡menudo alivio! El snorkel que
instalamos como precaución adicional... ha tenido su "bautizo de
agua", salvándonos de no quedar atrapados entre unas montañas sin
salida y un río en crecida.
Busco una rampa y
subo medio coche en ella, dejándolo inclinado totalmente a la izquierda
para abrir inmediatamente las dos puertas de ese lado y vaciar todo el
agua que ha entrado antes de que se meta por todos los rincones. Tras la
primera caída en cascada vamos secando todo el interior, una operación
vital cuando hace este tremendo calor. La elevada temperatura provocaría
la evaporación de todo el agua acumulada en el interior del todo terreno,
creando un vapor húmedo durante días. Una humedad que penetraría en
aparatos de fotos, vídeos y todo el material electrónico que llevamos
dentro, no es una broma.
Con el deber
cumplido y para reponernos de la gran sudada, nos refrescamos en el río y
nos echamos en la orilla para disfrutar de la brisa vespertina y
deleitarnos con la puesta de sol. El sol ríela sobre las aguas
cristalinas del Nam Song retozando con las barcas y con las chicas que
eligen este momento del día para darse un buen baño o empleándose a
fondo en el lavado de sus sarongs (faldas-pareo). Los pescadores recogen
sus redes y amarran sus pequeñas piraguas en la orilla. Pero el encanto
es roto cuando se introducen en el agua algunas pick-up y motos, sus dueños
se disponen a lavarlos. Las aguas del río están abiertas para todos y
cada uno hace uso de ellas según sus necesidades.
El río Nam Song se
convierte en el lugar de cita inexcusable a la caída del sol y con su
desvanecimiento todos comenzamos a dispersarnos. Unos trozos de banana
frita sirvieron de aperitivo a los trozos de pollo a la brasa y noodles
fritos con verdura que nos tomamos para cenar.
Una mañana soleada
iniciamos el ascenso hacia Luang Prabang, la segunda ciudad más
importante del país. Sus sinuosas curvas a medida que ascendemos detienen
el termómetro que hizo un amago de subir bruscamente cuando abandonábamos
la ciudad. Con las ventanillas abiertas recibimos el aire fresco de los
1.200 metros de altura que hemos alcanzado pero desgraciadamente no duró
mucho, en las cercanías de Luang Prabang hemos de volver a cerrar las
ventanas y encender el aire acondicionado.
Un cubazo de agua
en pleno parabrisas nos ciega momentáneamente nada más entrar en Luang
Prabang, los limpiaparabrisas nos devuelven la visión pero un nuevo cubo
de agua nos cae en el capó. ¡Menos mal que vamos con las ventanillas
cerradas fue lo primero que pensé! ¿Acaso no hemos tenido ya nuestra
ración de agua cruzando el Nam Song? "¡¡Sabaidi Pimai!!", oímos
entre el sorprendente chaparrón que nos ha caído encima en un segundo.
¿Qué es esto?

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.jpg)
Ruta por
Laos. Detalle de la ruta en link.
.jpg)
En el "Parque del
Buda", justo antes de entrar en Vientanne, bajo la mirada del gran
Buda tumbado, unimos de nuevo las piezas del teléfono satélite Inmarsat
Ibérica para hacer una breve llamada. Comunicamos que no hemos tenido
ningún problema con la salida del vehículo de Vietnam, una espada de
Damocles que pendió sobre nosotros toda nuestra estancia en Vietnam
porque no sabíamos exactamente la situación legal de nuestro todo
terreno. Las leyes "veletas" que tiene ese país crean gran
inseguridad y son una fuente de problemas, pueden hasta aplicarlas con
efectos retroactivos... digan lo que digan los convenios internacionales.
Pero ya terminó todo, en Laos se respeta el Carnet de Passage y todo
está en orden.
.jpg)
Este curioso
"Parque de Buda", con algún que otro siniestro componente, data
de 1.958, cuando el venerable gran padre Luang Pu, en un intento de fundir
lo mejor del budismo e hinduismo combinó la iconografía de ambas
religiones en este inusitado enclave. El resultado es como un parque de
atracciones de cemento donde algunas de las figuras que en él se levantan
adoptan formas extrañas, realmente extrañas. En algunos momentos parece
que trasladaron a este lugar los mutantes de "La Isla del Doctor
Moreau": una multicabeza de Buda de la que parten tentáculos,
tocados de calaveras, dioses de 10 brazos, animales fantásticos, etc. (Más
fotos en Link)
.jpg)
¡Llegamos a
Vientianne! Sacamos la foto con la bandera de Ceuta ante el monumento más
importante de Laos, la estupa Pha That Luam, representante de la Fe
budista y la soberanía del país. Dos monjes budistas curiosean lo que
hacemos, charlamos con ellos y al final nos sacamos la foto todos juntos.
La visión de esta estupa produjo un impacto de fascinación al holandés
Gerrit van Wuystoff cuando fue enviado por la compañía holandesa de la
Indias Orientales en 1.641 a Vientiane. Las hojas de oro que recubrían la
gran estupa brillaban rabiosamente bajo los rayos del sol. Oro que voló
durante los saqueos que, entre los siglos XVIII y XIX, sufrieron por parte
de las fuerzas invasoras birmanas y siamesas. La devoradora selva se adueñó
de los profanados recintos. Pero fueron los franceses los que se
encargaron de su reconstrucción durante la colonización en los años 30.
(Más fotos en link)
.jpg)
Los tuc-tuc
(moto-carro taxi) recorren veloces las calles del Vientianne colonial. El
legado de la época de las colonias fue abandonado durante decenios, es
ahora cuando... siguiendo la corriente del respeto a la historia y el
pasado- se intentan recuperar antiguos edificios para hacerlos de nuevo
habitables. Los menos dañados fueron los destinados a oficinas
gubernamentales o los comprados o alquilados por organizaciones
internacionales. (Más fotos en link)
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Si bien es cierto que
los edificios coloniales salpican la ciudad son realmente los vat
(templos) los que acaparan la atención. Sus frescos, tejados a varios
niveles, estupas, llamativa iconografía y elementos arquitecturales
emblemáticos logran que cada templo sea único. (Templos de Vientiane en
link)
.jpg)
Los frescos de los
Vats (templos), un deleite para la vista a la par que nos paseamos por las
creencias budistas. En la foto, frescos del Vat In Paeng. (Más fotos en
link)
.jpg)
Las puertas de los Vat,
muchas de ellas labradas de una forma remarcable, se hallan escoltadas por
criaturas fantásticas. La gran mayoría de esos protectores contra espíritus
malignos son las serpientes Nagas, bien sea en su forma unicéfala o
multicéfala de siete cabezas. En la foto, una de las entradas laterales
al Vat Hai Sok.
.jpg)
El gigantesco y
recientísimo Palacio de la Cultura. Los que amamos la arquitectura vemos
con agrado cómo se intenta recuperar el gusto de las construcciones y
elementos tradicionales frente a los asépticos edificios modernos.
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Un curioso cruce de
destinos cuando nos encontramos con Nacho. No sólo porque ya nos
conociese "virtualmente" por la web desde antes de emprender su
particular aventura sino porque también estaba dando la vuelta al mundo
pero de este a oeste. Un periodista es testigo del encuentro de estos tres
espíritus nómadas errantes, le contamos la historia completa de la Ruta
de los Imperios y del viaje de Nacho en sentido inverso... hasta que nos
encontramos por casualidad nada menos que en Viantiane. Le encantó este
capricho del destino en la capital de su país y... acabamos en la portada
del periódico "El Renovateur" de Vientiane unos días después.
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El norte nos llama,
hemos de partir. Vang Sang es el primer objetivo. Se trata de un pequeño
poblado para el cual hay que desviarse por una pista estrecha de intensa
tierra roja, lo cruzamos y seguimos más allá... hasta que nos
encontramos con una gigantesca grieta que nos impide continuar por este
camino.
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Pero la grieta no es
el final de la búsqueda, unos niños nos hacen señales para que
retrocedamos un kilómetro y tomemos una pequeña pista que cruza una
granja y nos dejaría al otro lado de la infranqueable grieta. Así fue y
seguimos avanzando varios kilómetros más entre la profusa vegetación de
la jungla y rocas cautivas por poderosas raíces.
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La pista se corta
definitivamente por rocas y vegetación en una pronunciada curva. Hay que
seguir a pie. Seguimos el sendero y por fin llegamos a nuestra ansiada
meta. Allí estaban los dos grandes Budas sentados de Vang Sang,
petrificados en la pared rocosa, atrapados por la jungla intensa que nos
rodea. (Más fotos en link)
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Hemos cruzado el río
Nam Song en Vang Vieng. El polvo de la pista se va pegando en el aún húmedo
metal de la carrocería. Las mujeres con canastas a las espaldas se
dirigen a sus poblados tras recoger el arroz. Aparecen algunos poblados
habitados por hmongs, una de las tribus que componen el mosaico étnico
del país. Como siempre, pueblos muy humildes pero llenos de algarabía
infantil que alcanza su mayor ebullición cuando toca ducha en la única
fuente que suministra agua al pueblo. Gallinas y patos aprovechan para
darse un traguito escapando rápidamente de las tropelías de los más
pequeños.
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El atardecer hace acto
de presencia y regresamos al río Nam Song para cruzarlo de nuevo pero...
¡menuda sorpresa! El caudal había crecido desmesuradamente a lo largo
del día. Y podía seguir creciendo así que tampoco era plan de demorar
el cruce porque nos podíamos quedar atrapados en esa orilla. No hay nada
que pensar ni que calcular, de nuevo engrano la reductora, meto primera,
imediatamente segunda y ¡al agua! Dos atascos en mitad del río pero
salvados con dos acelerones. El agua llega hasta el mismísimo borde de
las ventanillas y cuando por fin llego a la otra ribera... ¡menudo
alivio!
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Tras el arduo trabajo
de vaciar el agua del todo terreno y secar el interior... nos refrescamos
en el río y nos echamos en la orilla para disfrutar de la brisa
vespertina y deleitarnos con la puesta de sol. El sol ríela sobre las
aguas cristalinas del Nam Song retozando con las barcas y con las chicas
que eligen este momento del día para darse un buen baño. El río Nam
Song se convierte en el lugar de cita inexcusable a la caída del sol y
con su desvanecimiento todos comenzamos a dispersarnos.
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