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Una
colina baja, dos banderas flameando al viento y dos uniformes bien
distintos a ambos lados de una línea trasladada a la tierra desde un
mapa. Hace calor y el cielo blanquecino irradia una claridad casi cegadora
en esta frontera internacional entre Laos y Vietnam. Pero eso no nos
importa en estos momentos, estamos en la frontera de Lao Bao tras 1.400
kilómetros en tres días de conducción. Muy cansados y bastante
nerviosos, vamos a intentar de nuevo entrar en Vietnam ...
"tenemos" que entrar en Vietnam.
Los laosianos son
muy rápidos y correctos, sellan el visado y hasta la próxima, que a lo
mejor resulta ser dentro de unos minutos. La estrella amarilla de cinco
puntas sobre fondo rojo planea en un nuevo mástil; a sus pies, una caseta
donde se concentran varios policías vietnamitas con sus uniformes verde
chillón y altas gorras de plato. Nos hacen detener el todo terreno y nos
indican que nos dirijamos a pie a las ventanillas del otro lado de la
barrera.
Sujetamos
fuertemente el Carnet de Pasagge, es nuestro salvoconducto para poder
entrar el Montero. Repasamos mentalmente todas las posibles preguntas que
nos pudiesen formular para que fuesen contestadas de un modo espontáneo y
sin vacilación, que el oficial de aduanas no piense en ningún momento
pronunciar la palabra "no" porque si dice esa nefastas dos
letras ... ya no dará marcha atrás hagamos lo que hagamos, digamos lo
que digamos. Ninguna conversación tiene que llevar al "no" sino
que todo tiene que "salir solo" porque "es así".
Avanzamos firmes, sin dudas, como si no existiese la posibilidad de ser
rechazados de nuevo. Que nuestras sonrisas, rostros relajados y
comportamiento sean el reflejo de que "hacemos esto todos los días"
y que esta frontera no es más que una más, donde se realizarán sin
problemas los trámites de siempre ... y entraremos en un nuevo país. La
verdad es bien distinta, Vietnam es una frontera muy especial, demasiado
especial por su ambigua legislación y arbitrariedad sobre entrada de vehículos
extranjeros. Por dentro sabemos que como nos echen para atrás tenemos un
grave problema: estaríamos atrapados en tierra de nadie, sin permiso para
entrar el coche en Vietnam y con el visado de Laos inutilizado.
Vamos con el carnet
de Passage por delante. Que se vea bien.
-¿Es esa la
documentación del coche? -pregunta un joven y sonriente aduanero en un
inglés realmente básico pero repleto de buena voluntad.
-Sí, es el Carnet International de Passage en Douanes. El permiso de
circulación internacional -le aclara Vicente por si acaso.
-Bien, démelo -nos dice sin dudar-. ¿De dónde son ustedes?
-De España.
-Tai Bhan Nha -"Taibanña" dice para sí mismo y luego lo grita
a otros aduaneros. Que a su vez asienten ya satisfecha su curiosidad de
saber de donde era el extraño vehículo que llegaba desde Laos. Cuando
les miramos les saludamos con la mano y nos devuelven el saludo, todos son
muy jóvenes.
El funcionario que se ha hecho cargo de nosotros se sienta en una mesa y
empieza a mirar el Carnet. Es el momento definitivo, el instante clave. Lo
lee, pasa páginas y finalmente nos dice: "Stamp here?" -
"Sellamos aquí?"-, señalando un círculo vacío del Carnet. "Yes,
here and here. You cut this for customs" -"Sí, aquí y aquí. Esta
parte la arranca para la aduana"-, le aclara Vicente. "OK!",
nos dice sonriente, empezando a rellenar los apartados correspondientes.
El funcionario que
se ha hecho cargo de nosotros se sienta en una mesa y empieza a mirar el
Carnet. Es el momento definitivo, el instante clave. Lo lee, pasa páginas
y finalmente nos dice: "Stamp here?" - "Sellamos aquí?"-,
señalando un círculo vacío del Carnet. "Yes,
here and here. You cut this for customs" -"Sí, aquí y aquí. Esta
parte la arranca para la aduana"-, le aclara Vicente. "OK!",
nos dice sonriente, empezando a rellenar los apartados correspondientes.
¡Lo estaba
rellenando y sellando! ¡Qué maravilla! Cuando termina, nos indica que
vayamos a por el coche para entrar en el país. No nos lo podemos creer,
así de fácil. ¡Lo hemos conseguido! Menos mal que decidimos luchar
hasta el final y arriesgarnos con otra frontera. A veces es cierto el
dicho "el que la sigue la consigue". Esto es realmente una tómbola
y esta vez nos ha tocado "premio". Si no llega a salir bien ...
estaríamos en un buen brete, bloqueados en tierra de nadie. Pero eso ya
no importa ... ¡estamos dentro! No sabemos si legal o ilegalmente pero ...
¡estamos dentro!, eso es lo que importa. Y si todo sale bien ... tan solo
quedará "salir", pero en estos países siempre es más fácil
salir que entrar. Estamos eufóricos, pletóricos de alegría. Que pena no
poder exteriorizarlo y tener que permanecer impasibles y naturales. Pero
las miradas que cruzamos Vicente y yo no pueden ser más explícitas de la
"procesión" que va por dentro de cada uno de nosotros.
Completamos en
quince minutos la declaración de aduana -un mero formulismo- y rápidamente
sellan nuestros visados de entrada. Por fin, a las once de la mañana de
un día radiante podemos decir finalmente "Good morning,
Vietnam".
Con la emoción
contenida avanzamos los primeros metros por Vietnam, una nube de cambistas
impacientes aguardan ansiosas. Sus gorras y largos guantes cubriéndoles
la piel a resguardo del sol no ocultan los tacos de billetes que agitan
nerviosamente. Nos esperan para cambiar dólares constantes y sonantes.
Pero menudas liantes.
Conocemos de
primera mano el cambio actual (1US$=14.500 dong) que rebajan
descaradamente (1US$ = 10.000 dongs) para sacar mejor tajada, claro.
Queremos cambiar sólo 20 US$, lo justo hasta que abran los bancos el
lunes. Cuando por fin fijamos el cambio siguen intentando engañar sin
cesar: primero con el cambio muy inferior al real, luego con sus juegos de
manos y posteriormente nos intentan liar con los ceros, nos dieron 29.000
dong en vez de 290.000, es decir se quedaban con el 90% de la transacción,
¡y lo hacen muy bien porque casi cuela con tanto ir y venir de billetes!
Cuando se les pilla por tercera vez -¡Ji, ji, ji!, risitas- vuelven a
aceptar el cambio pero dan 260.000 dong, cuando se les vuelve a pillar
dicen que no pueden dar más de 13.000 por dollar. Les devolvemos el
dinero, cuando nos vamos nos paran y aceptan por cuarta vez los 14.500
pero se "equivocan" al contar los billetes y faltan 15.000 dong.
¡Ji, ji, ji!, se vuelven a reír. Nos dan los tres billetes que faltan
para completar la suma y los unen a los otros. Revisamos otra vez la
cantidad y resulta que se volvieron a "equivocar", añadieron
tres billetes de mil en vez de tres de cinco mil. ¡Ji, ji, ji!, más
risitas. Al final hubo que contar todo de nuevo, meter el dinero en el
bolsillo y sin que lo volviesen a tocar, dar los 20 US$. Desgraciadamente,
esta actitud de intentar engañar una y mil veces al extranjero se repetirá
a lo largo de todo Vietnam, da lo mismo cambiar dinero que comprar plátanos
o coger un ferry. En ningún otro lugar del sudeste asiático ocurre esto,
se pueden dar casos aislados en los otros países pero en Vietnam es
sistemático y generalizado a casi toda la población.
LA CIUDAD DE LA
PAZ
Las ruedas de
nuestro Montero ruedan ya veloces por suelo vietnamita. La carretera no es
muy buena pero es el cielo si la comparamos con la que acabamos de hacer
en Laos y Camboya. Con el recuerdo de Camboya se nos viene a la memoria el
reciente e-mail de Marjolaine y David, los franceses con los que no
pudimos reunirnos en Vietnam por culpa del caciquismo del oficial de
aduanas de Moc Bai. Ellos fueron los que nos pasaron la información sobre
las carreteras de Laos y Vietnam y nosotros les dimos el informe completo
de Camboya y la parte de Tailandia que no habían recorrido todavía. Les
describimos sobre todo Camboya con pelos y señales ya que es el gran
desafío para el que va en 4x4 particular: etapas por horas (los kilómetros
no significan nada cuando no hay carretera), donde descansar, zonas
seguras, estado de cada tramo, ... concluyendo el informe con un
"cuidado, las condiciones son muy extremas". Acaban de salir de
Camboya y nos escriben: "Bonjour les amis.
Contents d'être de retour sur la terre ferme ! Dur,
le Cambodge, vraiment très dur ! En plus on a cassé 2 amortisseurs ! Quand
je pense que vous avez fait 2 fois le voyage! ",
"Hola
amigos. ¡Encantados de estar de nuevo en tierra firme! ¡Dura, Camboya es
realmente muy dura! ¡Además se nos han roto dos amortiguadores! ¡Cuando
pensamos que vosotros habéis hecho dos veces ese viaje! "
¡Dos veces! ¡Cómo nos vamos a olvidar de ese viaje, surge regularmente
en nuestras mentes! Y encima la segunda vez con la moral por los suelos.
Pero bueno, ya lo hemos pasado y ellos también han llegado a "tierra
firme" en Tailandia, aunque su todo terreno sí que resultó herido
con la experiencia camboyana. El nuestro salió intacto.
Marjolaine y David
ya han abandonado las pistas extremas, para nosotros tan solo se trata de
una tregua de varias semanas, en el norte de Laos volveremos a
"navegar" por las crestas de las olas de pistas infectas. Y no
tenemos informes de esos tramos, ellos no llegaron hasta ahí. Pero no
importa, ya veremos lo que nos encontramos. Por ahora, demos cuartelillo a
nuestra imparable montura y que disfrute mientras dure de un avance
sosegado por el asfalto y por las suaves pistas de Vietnam.
La guerra del
Vietnam se nos presenta en esta carretera, muy cerca de la zona
desmilitarizada (DMZ), era la vigilante del paralelo 17, la línea
divisoria que marcaba las fronteras entre el norte y el sur. Los viejos búnkers
abandonados salpican la zona.
Aunque no se ven
desde la carretera, los americanos la llenaron de bases para luchar contra
la guerrilla del vietcong y para intentar cerrar el flujo de soldados
norvietnamitas que transitaban por la indestructible pista de Ho Chi Minh,
al amparo de la espesa jungla laosiana.
Llegamos a Dong Ha
pero no iremos hacia el norte por ahora, tomamos rumbo sur, donde nos
esperan las raíces del verdadero Vietnam. Los emperadores Nguyen
(1802-1945) son los protagonistas de la primera -y más histórica- ciudad
en la que nos detenemos: Hué.
La capital imperial
nos hace recuperar de nuevo las expectativas sobre sus orígenes, la
historia antigua de otros periodos más esplendorosos que los de la manida
pero dolorosa guerra. Vietnam no resume su historia en una contienda
contemporánea, son varios milenios de memoria histórica los que atesora
en su rectilíneo territorio. Unos reinos que han dejado espectaculares e
indelebles huellas.
Poderosos atributos
rememoran su pasado: su enorme ciudadela -muy dañada por la guerra-, sus
majestuosas tumbas imperiales y su controvertida pagoda Thien Mu.
Controvertida porque, este tesoro artístico de 21 metros construido en
1.844 bajo el reino del emperador Thieu Tri, fue en los años 60 y
posteriormente en los 80 el lugar donde se gestaron las protestas sociales
y donde los bonzos (monjes vietnamitas) tuvieron un significativo
protagonismo. En el recinto interior de la pagoda se encuentra el coche,
un Austin, que transportó al bonzo Thich Quang Duc el día que se
autoinmoló en Saigón en 1.963. Fue su terrible protesta contra la política
religiosa discriminatoria del presidente de Vietnam del sur, Ngo Dinh Diem,
que favorecía descaradamente a los cristianos. Un fotógrafo captó el
instante tan terrible del bonzo ardiendo por los cuatro costados ... sin
abandonar su posición de loto. Una instantánea que dio la vuelta al
mundo en todos los medios de comunicación y fue galardonada con el premio
Pulitzer de ese año. El acto de Thich Quang Duc tuvo un eco que ni él
mismo podría haber imaginado, pasó a la historia y de esa misma tragedia
nació la expresión "quemarse a lo bonzo". Tras la silueta del
bonzo en llamas ... el Austin que le llevó al centro de Saigón y que
ahora tenemos ante nosotros.
Frente a la pagoda
discurre el río Perfume, es el que marca el pulso de la zona con su
serpenteante itinerario. Él ha sido el que ha dirigido el rumbo de
nuestra ruta para acceder a los tesoros artísticos de la ciudad. Durante
nuestra estancia su comportamiento ha sido ejemplar. Ha permitido que las
barcazas de los aldeanos se desplacen serenamente por sus aguas, ha regado
sosegadamente los extensos campos de arroz, ha tolerado que estos
forasteros se acerquen a las tumbas imperiales para conocer sus
intimidades y ha consentido a nuestro Montero cruzar de una orilla a otra
de sus fluctuantes dominios.
Y la "ciudad
de la paz" -significado del que deriva Hué-, el principal núcleo
cultural, intelectual y religioso del Sur de Vietnam, también representa
a otro sector de su híbrida población. Son varios los centros de culto
católicos entre los que destaca la Catedral de Nôtre Dame, donde acuden
más de 1.600 fieles a sus oficios religiosos desde que se erigió en
1.962.
EL OJO QUE TODO
LO VE
Cuando en dirección
sur hacia Danang pasamos por el puerto de Hai Van o de las Nubes (496
metros) el fantasma de un viejo fuerte francés -transformado en búnker
de la armada sudvietnamita y norteamericana- nos vigila mientras pasamos
sin parar junto a su vieja y dañada estructura. Ahora esa enorme mole
olvidada se bate en duelo con el hálito dañino de la humedad que ha
firmado un pacto con el tiempo para debilitarla lentamente.
Danang es la cuarta
mayor ciudad del país pero es un lugar tranquilo ... excepto a primera
hora de la mañana y a última de la tarde ... cuando circular es como
meter la mano en un avispero. Miles y miles de motos y bicicletas en un
movimiento anárquico y perpetuo se convierten en ruidosos insectos que no
respetan nada, conducen a lo loco, los peatones avanzan como pueden, los
enganches entre motos son constantes, se cruzan intempestivamente, ... y
siempre con el dedo pegado a la bocina. Para volverse locos. Nada más
entrar en el país ya notamos que son los más anárquicos y peligrosos
conductores del sudeste asiático y el silencio tan característico del
que hacen gala los otros países de la zona -que apenas usan la bocina-,
desaparece brutalmente al entrar en Vietnam ... y se convierte en locura
en las grandes ciudades.
Descansamos en un
antiguo y espartano hotel de Danang, construido a finales de los 60 para
acoger a militares americanos. Siempre ella, la sombra de la última gran
guerra aunque no se quiera. El desquiciado "avispero" de
motocicletas en el que ayer tarde nos sumergimos al llegar a la ciudad se
muestra más relajado esta mañana cuando nos dirigimos al templo caodai
(secta religiosa vietnamita) de Thanh That.
Entro por la puerta
izquierda, reservada a las mujeres y que vestidas de blanco también
acceden sigilosamente al templo. Vicente por la derecha siguiendo a los
hombres. El ojo divino que todo lo ve nos observa desde el altar mayor. En
una pintura observamos que los fundadores de las grandes filosofías
religiosas de Oriente y Occidente aparecen juntos: Jesús, Buda, Mahoma,
Lao Tse y Confucio. El monje Ngo Minh Chieu, allá por la década de los años
20, recibió una revelación divina e intentó fusionar los mejor de las
cinco religiones para crear el credo perfecto. Dicha manifestación le ha
proporcionado, desde su reconocimiento como religión oficial hace 75 años,
tres millones de adeptos.
El ruido de un
tambor nos hace desviar la mirada del conciliador cuadro para percatarnos
que el oficio religioso está a punto de comenzar. Los rezos, cánticos y
la percusión contundente del tambor que marca el ritmo de la ceremonia
inundan la sala. Ajenos a los extraños que les observamos discretamente
desarrollan su ritual armoniosamente hasta que abandonan respetuosamente
el recinto sagrado cuando toca a su fin. Poco después, también en
silencio, seguimos sus pasos.
El mercado está
repleto de gorros cónicos, es la mayor seña de identidad de las mujeres
vietnamitas, incluso algunos hombres también lo llevan. El sistema de
transportar la mercancía mediante un sistema de balancines -una caña
apoyada en el hombro con canastas planas colgado en ambos extremos a modo
de báscula- también se prodiga sin cesar por el mercado. Por cualquier
rincón, por cualquier calle siempre hay alguna mujer que se desplaza con
su basculante movimiento. Seguimos cruzándonos con ellas mientras
avanzamos entre el ruidoso sonido provocado por los pitidos interminables
del enjambre de motocicletas y bicicletas que se desplazan entre las
viejas pagodas budistas y la rosada catedral del Gallo que parece un
pastel de boda.
Hallamos la paz en
las riberas desérticas y kilométricas de Playa de China con su
reluciente arena blanca y sus pujantes olas nos lanzan un guiño de
complicidad para que nos zambullamos en sus aguas. Un emplazamiento de
relax para las tropas americanas antes que partiesen para entrar en
combate. Ahora son los turistas los que disfrutan de la relajante
serenidad y soledad de este lugar, un sueño para aquellos que huyen de
las playas abarrotadas.
ESENCIAS
ORIENTALES
Del relax del mar a
la deliciosa calma de las calles de Hoi An, unos kilómetros más al sur.
Las bicicletas y motocicletas continúan sirviendo para el desplazamiento
de sus habitantes pero está ostensiblemente mucho más descongestionada
que su abrumadora vecina.
Su acogedora atmósfera
romántica de pequeñas casas centenarias es lo que atrae a todos los
occidentales que nos paseamos por sus estrechas calles, más de 800
edificios históricos engalanan este pequeño pueblo. El turismo llega en
masa a este lugar: turistas occidentales, mochileros, grupos organizados
de tailandeses, hombres de negocios que se acercan a Hoi An a dar una
vuelta y hacer compras de textiles -cientos de sastres confeccionan traje
a medida de cualquier modelo en cuestión de horas-, ... somos muchos,
posiblemente demasiados ... los extranjeros que deambulamos por este
retazo de historia.
Entre los siglos
XVII y XIX se convirtió en el más importante puerto internacional del
sudeste asiático, contemporáneo a Macao y Melaka. Holandeses,
portugueses, españoles, filipinos, japoneses, chinos... arribaron a sus
puertos y comenzaron a dotarla de ese ecléctico ambiente que no le ha
abandonado aún. De entre todas, fue la comunidad china la que trazó más
claramente su personalidad. Las casas comunales de la colonia china se
prodigan por la ciudad conviviendo en sorprendente fraternidad y armonía
desde que diversas comunidades allí se asentaron. Resalto lo de la
fraternidad en este emplazamiento en concreto pues no siempre ha sido así
en todo el país, no en balde los chinos dominaron Vietnam durante más de
mil años (entre el 200 a.C. y el 938 d.C.) y la convivencia tuvo diversos
periodos virulentos que para variar, solían terminar en masacres.
La tenue luz de los
farolillos de colores se descuelgan de las fachadas de los edificios
durante nuestro vagabundeo nocturno por la ciudad y nos transmite la
sensación que hemos acortado esos años que nos distancian de su pasado.
Seda, cerámica, papel, hierbas medicinales, especias, cera de abeja, té,
nácar, muchos eran los productos que arribaban a su puerto para desde allí
distribuirse a todo los rincones del mundo. Hoy en día las sastrerías
que cuajan la ciudad con sus amplias ofertas de trajes y vestidos a medida
rememoran la vieja actividad comercial.
La última guerra,
conocida sobradamente por todos, no le afectó y aunque las crecidas del río
Thu Bon (Cai) durante los monzones le provoca serios daños regularmente,
todavía consigue mostrarnos sus bellezas centenarias que su orgullosa
población cuida con esmero.
El puente cubierto
japonés, que la comunidad originaria de ese lejano archipiélago
construyese sólidamente en el año 1.593, ha demostrado la habilidad
nipona con sus técnicas antiterremotos para que sus construcciones
aguanten el empuje de los calamidades. La idea del pequeño puente se
materializó para establecer una vía de comunicación con el barrio chino
situado al otro lado del río y ahí sigue comunicando ambas orillas después
de más de cuatro siglos.
Pero nos sorprende
encontrar algunas calles cortadas. Unos carteles en inglés y vietnamita
nos explican el por qué. Una película extranjera está siendo rodada y
este encantador pueblo forma parte de sus escenarios reales. Como me
desplazo por la ciudad con el trípode en ristre un extranjero me aborda
creyendo que formo parte del equipo técnico de la película y quiere
saber con quien tiene que hablar para intervenir como extra en la misma.
Tras sacarle del error es entonces cuando nos enteramos que se trata de la
película "El americano impasible", basada en la novela del
mismo título de Graham Greene, la más famosa obra literaria sobre el
Vietnam colonial, ambientada en el último período de la Indochina
francesa. Sin comerlo ni beberlo nos encontramos repetidamente de frente
con sus dos actores principales: Michael Caine y el norteamericano Brandan
Frasier ("La Momia"). ¡Esto es Hollywood!
El estómago
reclama su bien ganado rancho. La ciudad tiene una especialidad gastronómica
de la que también se sienten muy orgullosos. Y como no nos resistimos a
las sorpresas culinarias vamos a su encuentro. El "cao lau" es
una mezcla de noodles (especie de tallarines), tallo de bambú, brotes de
judías y vegetales verdes, tropezones de pan tostado y trozos de carne de
cerdo acompañado de un crujiente papel de arroz. Su caldo está
confeccionado con el agua proveniente de un determinado pozo de la ciudad.
Prácticamente en cualquier restaurante de la ciudad es posible saborearlo
y es una delicia.
MEMORIAS DE UN
IMPERIO
Pero mucho más
remotas son las construcciones que se levantan a poco más de 25 kilómetros
de Hoi An. Seguimos los irregulares carteles que indican el camino a My
Son. Al menos los caracteres latinos ayudan muchísimo, Vietnam es el único
país de la zona que utiliza el alfabeto latino para su escritura. Fue un
misionero francés, Alejandro de Rhodas, el que llegó a las costas
vietnamitas en el siglo XVII y decidió dotar de una escritura completa y
reglamentada a la lengua vietnamita. Lo hizo con caracteres latinos e
infinidad de acentos (¡hasta las consonantes pueden tener acentos!) y ha
perdurado hasta nuestros días. Esto nos hace la vida mucho más fácil a
los occidentales que viajamos por libre.
Para acceder a las
ruinas de My Son abandonamos por unas horas nuestro Montero ya que el
camino esta interceptado por un estrecho y endeble puente de un metro de
ancho que solo permite el paso de personas. El emplazamiento arqueológico
fue intensamente bombardeado por los americanos en respuesta al vietcong
que había elegido la zona como base para efectuar ataques de guerrilla.
Entre unos y otros consiguieron infringirle serios daños, además hay que
sumar el pillaje que en siglos pasados sufrieron. A pesar de todo han
logrado sobrevivir unos 20 edificios de los 68 que se han encontrado
huella. Unos explícitos carteles advierten que no sigamos los senderos
que se adentran en la selva. Los valles y las colinas que rodean el lugar
fueron rigurosamente minados y bombardeados y a pesar de intensas labores
de limpieza todavía aparecen alguna minas y bombas sin desactivar ... a
juzgar por las vacas o búfalos que muy de vez en cuando saltan por los
aires.
My Son fue la
capital religiosa e intelectual del dilatado Imperio Champa (siglo IV al
XIII) y sus torres, en el momento de máximo esplendor, llegaron a estar
recubiertas de oro. Ahora el brillante resplandor del preciado metal está
sustituido por el rezumante musgo de la poderosa jungla que avanza
impetuosa por el apartado lugar. Una figura nos resulta familiar, es Shiva,
fundador y protector religioso de las dinastías Champa, de nuevo la
influencia hindú -como también vimos en Angkor- quedan patentes entre
sus muros. Los edificios más dañados por la guerra son ahora habitados
por pequeños reptiles que se cuidan, a veces torpemente, de las culebras
que salen a su encuentro para almorzar.
El radiante cielo
con el que nos recibió Vietnam hace varias jornadas se ha ido tornando
con los días en una atmósfera anubarrada y tormentosa de la que difícilmente
conseguimos librarnos. Finalmente un aguacero nos obliga a resguardarnos
en el interior del kalan (santuario) de Bhadresvara. El lingam de su
interior nos manifiesta que es a Shiva a quién pertenece el templo, el símbolo
fálico le identifica. Cuando por fin escampa nos reunimos de nuevo con
nuestra montura pero ya es tarde, no nos apetece conducir de noche, mejor
quedarnos aquí. Ya no hay turistas y la gran explanada entre árboles que
marca la entrada al recinto arqueológico es un lugar perfecto para
acampar. Y qué mejor enclave que la capital intelectual y religiosa del
Imperio Champa para concluir esta primera etapa por Vietnam. El Vietnam
del siglo XXI casi no nos deja entrar y al final dormiremos al amparo del
Vietnam del siglo IV.

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Ruta por
Vietnam. Detalle de la ruta en link.

Los emperadores Nguyen (1802-1945) son los
protagonistas de la primera -y más histórica- ciudad que nos detenemos:
Hué. La capital imperial nos hace recuperar de nuevo las expectativas
sobre sus orígenes, la historia antigua de otros periodos más
esplendorosos que los de la manida pero dolorosa guerra, son varios
milenios de memoria histórica los que atesora en su rectilíneo
territorio. Unos reinos que han dejado espectaculares e indelebles
huellas. Poderosos atributos rememoran su pasado: su enorme ciudadela -muy
dañada por la guerra-, sus majestuosas tumbas imperiales y la pagoda
Thien Mu (en la foto) a las orillas del río perfume, un tesoro artístico
de 21 metros construido en 1.844 bajo el reino del emperador Thieu Tri.

La pagoda Thien Mu fue una de las pagodas que durante
los años 60 y posteriormente en los 80, se gestaron las protestas
sociales y donde los bonzos (monjes vietnamitas) tuvieron un significativo
protagonismo. En el recinto interior de la pagoda se encuentra el coche,
un Austin, que transportó al bonzo Thich Quang Duc el día que se
autoinmoló en Saigón en 1.963. Fue su terrible protesta contra la política
religiosa discriminatoria del presidente de Vietnam del sur, Ngo Dinh Diem,
que favorecía descaradamente a los cristianos. Un fotógrafo captó el
instante tan terrible del bonzo ardiendo por los cuatro costados ... sin
abandonar su posición de loto. Una instantánea que dio la vuelta al
mundo en todos los medios de comunicación y fue galardonada con el premio
Pulitzer de ese año. El acto de Thich Quang Duc tuvo un eco que ni él
mismo podría haber imaginado, pasó a la historia y de esa misma tragedia
nació la expresión "quemarse a lo bonzo". Tras la silueta del
bonzo en llamas ... el Austin que le llevó al centro de Saigón y que
ahora tenemos ante nosotros. (Más fotos en link)

Llegamos a la ciudadela imperial de Hué, construida
por el emperador Gia Long en el 1.804 es el símbolo máximo del esplendor
precolonial. (Más fotos en link)

Símbolo chino de la longevidad, un anagrama que se
prodiga con profusión incontrolada por todos los templos, pagodas,
mausoleos y palacios. El de la foto pertenece al palacio de la ciudadela
de Hué para desear larga vida al emperador. (Más detalles en link)

El recinto monumental que arropa el mausoleo de Minh
Mang es el más impresionante de todos los complejos palaciego-funerarios
de Hué. (más fotos en link)

Como hilo conductor del paseo imperial por los
alrededores de Hué: el río Perfume, que es el que marca el pulso de la
zona con su serpenteante itinerario. Él ha sido el que ha dirigido el
rumbo de nuestra ruta para acceder a los tesoros artísticos de la ciudad.
Durante nuestra estancia su comportamiento ha sido ejemplar. Ha permitido
que las barcazas de los aldeanos se desplacen serenamente por sus aguas,
ha regado sosegadamente los extensos campos de arroz, ha accedido a que
estos forasteros se acerquen a las tumbas imperiales para conocer sus
intimidades y ha consentido a nuestro Montero cruzar de una orilla a otra
de sus fluctuantes dominios.

Y la "ciudad de la paz" -significado del que
deriva Hué-, el principal núcleo cultural, intelectual y religioso del
Sur de Vietnam, también representa a otro sector de su híbrida población.
Son varios los centros de culto católicos entre los que destaca la
Catedral de Nôtre Dame, donde acuden más de 1.600 fieles a sus oficios
religiosos desde que se erigió en 1.962. Su arquitectura es una mezcla de
gótico moderno con elementos estructurales de las pagodas de oriente.

El desquiciado "avispero" de motocicletas en
el que ayer tarde nos sumergimos al llegar a Danang se muestra más
relajado esta mañana cuando nos dirigimos al templo caodai (secta
religiosa vietnamita) de Thanh That.
Entro por la puerta izquierda, reservada a las mujeres y que vestidas de
blanco también penetran sigilosamente en el templo. Vicente por la
derecha siguiendo a los hombres. El ojo divino que todo lo ve nos observa
desde el altar mayor. En una pintura observamos que los fundadores de las
grandes filosofías religiosas de Oriente y Occidente aparecen juntos: Jesús,
Mahoma, Buda, Lao Tse y Confucio. Ngo Minh Chieu, allá por la década de
los años 20, recibió una revelación divina e intentó fusionar los
mejor de las cinco religiones para crear el credo perfecto. Dicha
manifestación le ha proporcionado, desde su reconocimiento como religión
oficial hace 75 años, tres millones de adeptos. (Detalles en link)

El mercado de Danang, a orillas del mar del sur de
China, está repleto de gorros cónicos, es la mayor seña de identidad de
las mujeres vietnamitas, incluso algunos hombres también lo llevan.

El sistema de transportar la mercancía mediante un
sistema de balancines -una caña apoyada en el hombro con canastas planas
colgado en ambos extremos- también se prodiga sin cesar por el mercado.
Por cualquier rincón, por cualquier calle siempre hay alguna mujer que se
desplaza con su basculante movimiento.

Encontramos la paz en las riberas desérticas y kilométricas
de Playa de China con su reluciente arena blanca y sus pujantes olas nos
lanzan un guiño de complicidad para que nos zambullamos en sus aguas. Un
emplazamiento de relax para las tropas americanas antes que partiesen para
entrar en combate. Ahora son los turistas los que disfrutan de la
relajante serenidad y soledad de este lugar, un sueño para aquellos que
huyen de las playas abarrotadas. (Más fotos en link)

Del relax del mar a la deliciosa calma de las calles de
Hoi An, unos kilómetros más al sur. Las bicicletas y motocicletas continúan
sirviendo para el desplazamiento de sus habitantes pero está
ostensiblemente mucho más descongestionada que su abrumadora vecina.
Su acogedora atmósfera romántica de pequeñas casas centenarias es lo
que atrae a todos los occidentales que nos paseamos por sus estrechas
calles.

El agua ... ya sea en forma de mar, ríos, canales
artificiales o lluvia, es el que marca el pulso de la mayoría de la
población vietnamita y siguen abundando las pequeñas casas-barca. Son
los nómadas de Vietnam.

Entre los siglos XVII y XIX, Hoi An se convirtió en el
más importante puerto internacional del sudeste asiático, contemporáneo
a Macao y Melaka. Holandeses, portugueses, españoles, filipinos,
japoneses, chinos... arribaron a sus puertos y comenzaron a dotarla de ese
ecléctico ambiente que no le ha abandonado aún. De entre todas, fue la
comunidad china la que trazó más claramente su personalidad. Las casas
comunales de la colonia china se prodigan por la ciudad conviviendo en
sorprendente fraternidad y armonía desde que diversas comunidades allí
se asentaron. En la foto la casa comunal de la congregación china de Cantón.
(Más fotos en link)

Pero mucho más remotas son las construcciones que se
levantan a poco más de 25 kilómetros de Hoi An. Seguimos los irregulares
carteles que indican el camino a My Son, la capital religiosa e
intelectual del dilatado Imperio Champa (siglo IV al XIII). Sus torres en
el momento de máximo esplendor llegaron a estar recubiertas de oro, ahora
el brillante resplandor del preciado metal está sustituido por el
rezumante musgo de la poderosa jungla que avanza impetuosa por el apartado
lugar.
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