-Son
6,75 dinares.- Me dice el encargado de la gasolinera poniendo toda su voluntad por
encontrar como se decían esos números en inglés.-Aquí
están. -Le doy la cantidad exacta y las gracias por el esfuerzo de amabilidad que tuvo
por hacerse entender.
-Bueno, por lo menos no nos faltará ni combustible ni agua.
-Dije mirando a Marián.
-Ni sol ... -Puntualizó ella mientras miraba un cielo
especialmente azul.
Estamos en la gasolinera de Germa, la "moderna"
Garama, punto de abastecimiento y partida hacia Wadi Mathendous y Nabatir. 150 km. que
comienzan con 6 km. de perfecto pavimento, pasan rápidamente a convertirse en 25 km. de
pavoroso asfalto deteriorado que finalmente desembocan en pistas de tierra y arena dura
para acabar sobre ... desierto puro y duro donde es necesaria la navegación por GPS. Las
rodadas parecen las marcas dejadas sobre la arena por el deslizar zigzagueante de
serpientes en una carrera sin final. De vez en cuando aparecen algunas balizas que marcan
el camino, son enormes neumáticos que en caso de necesidad vital podrían quemarse y su
abundante y espeso humo negro indicaría el lugar del siniestro, para proceder al rescate.
El gran Erg de Murzuq nos queda al este y se produce uno de
esos momentos mágicos. Viramos en dirección oeste para llegar al wadi y un gigantesco
sol anaranjado se dispone a desaparecer tras la pared rocosa. Nos detenemos, paramos el
motor para respetar el silencio que requiere la contemplación del espectáculo. Giro
sobre mí mismo para admirar todo el entorno y me quedo perplejo ante el panorama.
-¡Marián, mira detrás!
La luna, sublime, con su blanco radiante de luna llena y tan
grande como el sol que se ponía ... acababa de aparecer por el este. No dábamos crédito
a la hermosura de las dos esferas que competían por ser la más bella, cada una en un
lado del horizonte. Hay espectáculos que sólo se pueden ver desde el aire ... o en el
desierto. Estos momentos son los que hacen olvidar las penalidades.
La luna se alza victoriosa en el firmamento, el sol se
acuesta y nosotros montamos el campamento bajo las ramas de una vieja acacia que se yergue
orgullosa en mitad del wadi Mathendous. La luna llena nos ilumina el lugar como si se
encendiese un fluorescente en el cielo y no nos hace falta ni encender la luz para
preparar la cena.
Amanece entre las 6 y 6.30 de la mañana y nos disponemos a
recorrer wadi Nabatir y wadi Mathendous. El ambiente cálido presagia un día caluroso.
Nos calzamos las botas altas en previsión de encontrarnos con serpientes o escorpiones,
tan prolíficos en los terrenos rocosos durante el verano(¡como ya tuvimos ocasión de
comprobar!).
Nos acercamos a las rocas y allí están: las jirafas (las
favoritas de Marián), el rinoceronte, el elefante, los avestruces, los búfalos, los
bovinos, en la roca más alta los extraños seres antropomórficos en actitud danzante,
gacelas, el enorme cocodrilo y su cría... son numerosos los animales salvajes que fueron
cincelados en la roca por manos milenarias (entre 6.000 y 10.000 años de antigüedad),
cuando esta zona desértica era una sabana repleta de agua, vegetación y vida. Subimos y
bajamos entre las rocas para ver, grabar y fotografiar cada una de estas obras de arte.
Estamos agotados y exhaustos por el calor y el esfuerzo. Ya casi no podemos ni generar
saliva. Nos llevamos la cantimplora a la boca y el agua casi nos quema los labios ... pero
no hay otra cosa.
Ya hemos terminado la recopilación de datos y,
afortunadamente, no nos encontramos ni un solo escorpión ni serpiente. Nos sorprendió,
porque hace dos años sí que había muchos y eso que era otoño, "temporada
baja" para esos indeseables seres. Posiblemente hacía tanto calor que estarían al
fondo de las grietas en vez de bajo las piedras.
Miro a Marián y la veo con la mirada fija en la cima de la
pared rocosa, no apartaba la vista de los danzantes. Se vuelve y me dice:
-Voy a subir a los danzantes. En el 96 subiste tú y yo me
quedé con las ganas.
-Pues bebe un poco antes, lo necesitarás.- Le contesto,
mientras le acerco la cantimplora. Me encanta verla tan entusiasmada.
-No, la sudaría al instante. Beberé cuando baje, lo
prefiero.
-Ten cuidado donde pones las manos, agárrate sólo a las
rocas al sol, no metas las manos en ninguna grieta. No tengamos un disgusto en el último
momento.
Realizamos "La Última Gran Ruta Nómada del
Milenio" alrededor del mundo en nombre de Ceuta pero hay tres lugares que también
los hacemos en nombre del "The Explorers Club" de Nueva York y el primero de
ellos son los petroglifos prehistóricos de Wadi Mathendous. Marián coge las dos banderas
antes de iniciar la ascensión. Es una pared de unos 30 metros pero la dificultad estriba
en el calor, los "animalitos" y que la roca está muy desmenuzada y suelta.
Desde abajo veo como no puede estar más de tres segundos
con la mano apoyada en la piedra, seguramente las rocas a las que se agarra quemen como
ascuas. No es de extrañar, llevan expuestas al sol desde el amanecer y ya son las 3 y
media de la tarde.
Por fin corona la roca y comienza a soplar un viento suave y
que solo ella disfruta desde allí arriba. Muy oportuno, esto permite ondear la bandera de
Ceuta. No le veo bien la cara con el teleobjetivo de mi cámara pero seguro que en estos
momentos piensa en Rafa, su hermano, y del día en que nos dio la bandera de Ceuta.
Quería que fuese su bandera la que viajase con nosotros y que la desplegásemos en los
lugares que más emblemáticos. Éste era uno de ellos.
Saco la foto. Acto seguido Marián repite la operación con
la bandera del "The Explorers Club". Es la bandera 138 y la entregaremos en mano
en Nueva York justo antes de embarcarnos hacia España y dar por finalizada la expedición
... allá por el año 2.001 ... si todo sale bien y logramos concluir satisfactoriamente
esta vuelta terrestre al mundo.
Terminadas las fotos ... Marián sigue arriba, disfrutando
como una "niña chica". Es increíble cómo le fascina este lugar desde la
primera vez que lo vio hace dos años y medio y se prometió volver. Es la única
respuesta para que haya sido capaz de trepar por las rocas, con el bochorno que estamos
padeciendo. Le encanta pasar los dedos con suavidad por las estrías de los animales
grabados en la roca. Con un delicado cuidado, como si se tratase de una cicatriz aun
doliente y en realidad de eso se trata, de una vieja cicatriz del tiempo, de la memoria
colectiva. Desde arriba divisa toda la meseta de Seffatef, ennegrecida, infinita, yerma,
vacía, pero repleta de una extraña belleza inerte que le fascina. Eleva los brazos y se
deja acariciar por la brisa.
- Marián, tienes que bajar, te va a dar una insolación.
- Ya voy, tu ya subiste la otra vez. Dejamé un poco más
disfrutar de este momento, no sé cuando podremos volver de nuevo.
Parece la imagen del cartel de la película
"Titanic", pero en la proa de este barco de roca no figura el nombre del
legendario transatlántico sino unos danzantes de hace miles de años ... y el mar es una
vasta llanura rocosa carcomida por el sol.
Por fin se decide a bajar y comenzamos a cruzar a pie el
lecho arenoso. Mezclamos nuestras huellas con las de los camellos que se acercaron a beber
de una poza que todavía sobrevive desde las pasadas crecidas invernales (4 veces se
inundó) pero ahora presenta su cara más árida. Recogemos nuestro equipo. Nos volvemos a
despedir del mágico lugar, un auténtico libro de historia con páginas de piedra.
ENCRUCIJADA DE
CARAVANAS
400 km al suroeste de la capital Garamante, se encuentra
Ghat, la ciudad tuareg del desierto. Desde ella pretendemos introducirnos en el Akkakus.
Cuando llegamos a la ciudad, todas las agencias que se encargan de tramitar los permisos
para el Akkakus están cerradas, es normal, no es la época y se sorprenden al vernos.
Levantamos la vista y vislumbramos el fuerte italiano que
sobre la colina más alta parece todavía querer vigilar la ciudad. Decidimos pasearnos
por la antigua medina y meditar sobre nuestro objetivo. Desde lo alto de un tejado
divisamos los montes Akkakus y la gran duna que parece acechar la ciudad.
-Mira que extraño -me dice Marián- parece como si el
Akkakus tuviese calima y no puede ser, para eso se necesita humedad.
-Será el sol el que provoque ese efecto de algún otro
modo. -Contesto sin prestar demasiada atención.
Estaba recordando las experiencias que vivimos la última
vez por sus dominios: cuando franqueamos la gran duna (la puerta de
"bienvenida"), las extrañas formaciones rocosas, las pinturas rupestres al
abrigo de las rocas, las acampadas junto al fuego con nuestro guía tuareg Mohamed... poco
a poco comienza a levantarse un viento suave y en pocos minutos una tormenta nos envuelve
y corremos para refugiarnos de ella en una vieja casa abandonada. Menudo panorama.
-¡No era calima, era arena lo que veíamos en el Akkakus!
-Me dice Marián.
Era el "yabli", el terrible viento del desierto
que provoca unas pavorosas tormentas de arena. Su velocidad puede alcanzar hasta los 150
kilómetros por hora, enterrando en arena y destruyendo todo lo que encuentra a su paso.
No es la época, suelen aparecer en agosto, septiembre y octubre pero el desierto no
respeta los calendarios.
Esta tormenta de arena no era de las más fuertes pero lo
malo es que pueden llegar a durar días y anular por completo la visibilidad.
Llevábamos ya tres horas refugiados en esa casa abandonada.
No pude evitar pensar en alto.
-Nos pilla un "yabli" de varios días cuando
estamos en el Akkakus y nos da algo. La última vez que miré el termómetro del Montero
marcaba una temperatura exterior de 53ºC.
-Estaba pensando en lo mismo -me dice. Cómo tengamos que
pararnos varios días, ¡o aunque sólo sean 6 horas!, en mitad de la nada, a cincuenta y
pico grados y esperando a que termine una tormenta ... ¡No quiero ni pensarlo!
-Ya hemos superado la travesía de Dirj-Idri y el bochorno
asfixiante de Mathendous, las señales que nos lanza el destino son bastantes elocuentes y
determinantes. ¡Y menos mal que nos ha pillado fuera! El riesgo es demasiado grande, creo
que lo mejor es dejar nuestra segunda visita al Akkakus para una ocasión en la que haya
más posibilidades de salir indemnes.
-Es lo mejor, el Akkakus es una ratonera y los remolinos
entre los macizos de roca son todavía peor que en la llanura.
El "yabli" seguía soplando con furia, como si
quisiese echarnos de allí. Matojos, botes vacíos y hojas de palma circulaban por calles
golpeando todo lo que pillaban a su paso. Llegamos al Montero y nos metimos los dos por el
lado que no sopla el viento para evitar que entrase aún más arena en nuestro todo
terreno.
Ghat parece una ciudad fantasma cuando la dejamos atrás,
pero la figura furtiva de un tuareg nos contradice. Se nos cruza con el rostro cubierto
con su característico che-che, sólo le descubre la mirada, una penetrante mirada. De
nuevo nos ponemos en camino para dirigirnos en la costa.
CIVILIZACIÓN
GRIEGA
El desierto libio se extiende hasta la mismísima orilla de
las playas mediterráneas. Durante los 1.500 Km. de largo camino desde Ghat, pasando por
Al-Aweinat, Ubari, Sabha, los oasis de Hun y Waddan y finalmente la ciudad costera de
Sirt, el desierto siempre ha estado omnipresente, siempre el desierto. El tráfico aumenta
cerca de la costa pero por el resto del camino los encuentros fueron fortuitos. Al
atardecer algunos de los vehículos se detienen en los márgenes y sus conductores inician
uno de sus ineludibles deberes como musulmanes, el momento de la oración. Se posicionan
en dirección a la Meca y con el sol ocultándose tras ellos en el diluido horizonte
inician sus plegarias.
La noche cae de nuevo, la humedad de la costa se hace
palpable. Los coches nos hacen señales con las luces avisándonos de la presencia de
camellos en la carretera, es de agradecer. Un bulto inesperado en el camino nos
sobresalta, no es una lengua de arena, se trata de un ¡enorme camello atropellado!. Lo
esquivamos a tiempo. Acampamos bajo una luna que empieza a menguar. La brisa fresca nos
deleita y nos anuncia la cercanía de la costa.
Cirenaica es la provincia de las Montañas Verdes (aliadas
perfectas para los problemáticos e incómodos grupos islámicos contrarios al gobierno),
y un nombre lo suficientemente elocuente para definir la imagen paisajística de esta
región que dista mucho de un país que se encuentra casi totalmente cubierto por el
desierto. Después de su homóloga romana en Tripolitania -Leptis Magna-, Cyrene es la
más sobresaliente metrópoli griega de la antigüedad: templos, una gigantesca
necrópolis, gimnasium, ágora, mausoleos, fuentes, propíleos, ... van apareciendo ante
nosotros y delatan su importancia. Esta gigantesca ciudad formaba parte de la pentápolis
griega y Apolonia, a orillas del mar, era su principal puerto. Y aquí sí que es posible
bucear entre los restos de las antiguas ciudades griegas, un auténtico privilegio para
los amantes del submarinismo.
Desde este simbólico emplazamiento, chequeamos todo el
equipo electrónico para comprobar como ha soportado la dura prueba del traqueteo de las
pistas y las altísimas temperaturas. El ordenador, la grabadora de CD-ROM, la impresora,
el teléfono satélite , ... todo está bien. Respiramos con alivio profundamente e
iniciamos el trabajo de clasificación de las centenares de fotos digitales y a redactar
la presente crónica.
Todavía tenemos fijadas en nuestras retinas las columnas
griegas del Templo de Apolo, escoltadas por sus fuentes y estatuas pero ya estamos
preparando la etapa que nos llevará a uno de los imperios más duraderos y de más bella
expresión artística de la Historia de la Humanidad: el Imperio Egipcio. |

"Ruta por Libia"

"En las infinitas hamadas sin referencias
orográficas, las balizas son imprescindibles para los que navegan sin GPS y no conocen la
zona."

"El campamento de Wadi Mathendous, cobijo de
impresionantes petroglifos prehistóficos."

"Posicionando en GPS petroglifos de jirafas. Unas
manos milenarias los cincelaron cuando este wadi era rico en agua y vegetación."

"La bandera de Ceuta hondeando en la proa de este
barco de piedra. A sus pies, las figuras de los danzantes."

"El petroglifo del cocodrilo con su cría y la
bandera 138 de "The Explorer Club". Hemos alcanzado la primera de las tres metas
marcadas."

"Entrando en la antigua medina de Ghat. En la
colina más alta, el antiguo fuerte italiano parece que quiere seguir siendo el centinela
de esta ciudad tuareg."

"Tuareg en la medina de Ghat."

"Cyrene, la más
espectacular ciudad griega en todo el norte de África. Libia sigue sorprendiendo."
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