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Una sensación estremecedora nos
invade cuando nos dirigimos hacia este nuevo país. Su historia reciente
dejaría helada a la persona más impasible del mundo. Cuando Camboya fue
tomada en 1975 por los Khemeres Rojos en España se vivía otro importante
cambio histórico. El fallecimiento del general Franco marcaba una nueva
era y nuestro país estaba, evidentemente, absorto con sus nuevas
expectativas de futuro. La mayoría ignorábamos lo que ocurría en este
pequeño y remoto país, mientras España avanzaba hacia la democracia, ...
un psicópata carnicero llamado Pol Pot se convertía en la bestia negra
de su propio pueblo. Las atrocidades, torturas y matanzas masivas fueron
la tónica general durante los tres años, ocho meses y veinte días que
implantaron su terror. Familias enteras desaparecieron para siempre.
CAMBOYA, AÑO
CERO DE LA ERA DEL INFIERNO
Como ahora están intentando hacer los talibanes en Afganistán con su
retorno al islamismo más primitivo, los khemeres rojos implantaron una
nueva era, "el año cero" le llamaron.. Con su comunismo extremo
querían volver a la autarquía agrícola, a una sociedad completamente
rural, nada de culturizar al pueblo. Todo lo que significara progreso,
cultura, pasado y futuro era aniquilado. Proclamaban no la vuelta al
"pasado" sino el regreso a las "raíces". Toda aquella
persona mínimamente instruida era suprimida, todo aquel que se opusiera
aunque fuera de pensamiento era torturado y asesinado... Se exterminaron
profesores, médicos, universitarios, arquitectos, cantantes, artistas,
escritores, periodistas, ... por el simple hecho de ser
"vestigios" de un pasado que había que eliminar. Se arrasaron
universidades, colegios, edificios históricos, fábricas, museos, ...
porque ya "no servían para nada". Se incentivaba a las mujeres
para que denunciasen a sus maridos, a los niños para que denunciasen a
sus madres, ante la más mínima denuncia se mataba al denunciado
"por si acaso era cierto". Si se fumaba un cigarrillo americano
se pertenecía a la CIA, si te tomabas un café-crème eras un espía de
Francia, ...
Tres años, ocho meses y veinte días
que acabaron con la vida de casi dos millones de personas. ¡Dos millones
de seres humanos! ¡Dos millones de almas de su propio pueblo! Salieron de
la jungla extremadamente resentidos por los salvajes y crueles bombardeos
que los Estados Unidos les hicieron padecer durante y tras la guerra del
Vietnam, cuando los B-52 vaciaban indiscriminadamente toneladas de bombas
en nombre del "mundo libre". Cuando cogieron el poder
desconfiaron de todos aquellos que no se habían lanzado a la selva para
unirse a ellos. Su paranoia les llevó a considerar
"colaboradores" a casi toda la población, los que no habían
cogido las armas no tenían estatus de personas sino que eran ganado. La
población en 1.975 era de siete millones, lo cual significa que en menos
de cuatro años exterminó a más del 20% de sus habitantes. Cientos de
miles de refugiados se agolpaban en la zonas fronterizas tailandesas
huyendo del horror.
En 1.978 Camboya es invadida por
los vietnamitas (con el apoyo de Moscú), que controlaron este país
militarmente y con un gobierno títere durante once años. Tampoco guardan
los camboyanos buenos recuerdos de esta "liberación". Se inicia
una guerra civil que durará hasta 1.991- entre cuatro facciones
camboyanas que luchan entre sí y contra los vietnamitas (las guerrillas
anti-vietnamitas eran apoyadas por Estados Unidos y China). Vietnam se
retira cuando la URSS, la Perestroika y Mijail Gorbachov cortaron el grifo
a los países comunistas que recibían sus "ayudas para el
progreso".
Cuando los vietnamitas tomaron el
control de Camboya en 1.978, los khemeres rojos pasaron a convertirse en
la más cruel facción guerrillera, atacaban desde la jungla del noroeste
de Camboya, al norte de la pista que une Tailandia con Siem Reap. Al menos
la locura sangrienta y devastadora del exterminio sistemático desde el
poder gubernamental se acabó. Durante el régimen de Pol Pot algunos
llegaron a escapar y cuando contaban lo que ocurría unos miraban a otro
lado y otros no se podían creer esa extrema crueldad sanguinaria, como
ocurrió con los testimonios de los judíos de los campos de exterminio
nazis. Cuando todo acabó, se comenzaron a recopilar las historias y a
comprobar su veracidad. Todo era cierto, las fosas comunes aparecían por
doquier (¡2 millones de cadáveres no son fáciles de esconder!) y las
autopsias revelaban las horrorosas formas de morir de muchos de ellos. ¿Cómo
un ser humano puede realizar tales atrocidades contra sus propios
hermanos?
En la novela "Los Gritos del
Silencio" ("The Killing Fields" en su versión original) se
narra la odisea de un camboyano que logró huir de esta bestial locura. Su
adaptación al cine (el celuloide tiene más influencia que la literatura)
supuso la comunicación oficial al mundo de lo que allí había ocurrido.
Cualquiera que la haya leído o visto seguramente se habrá horrorizado,
un nuevo holocausto (como los de Hitler y Stalin) que nunca creímos se
fuera a repetir... se repitió hace nada. La misteriosa muerte de Pol Pot
en 1.998 fue un alivio para la raza humana y sobre todo para Camboya. Su
desaparición supuso el final de la guerrilla khemer roja y el cierre de
este triste capítulo de la historia.
Ahora entramos en un país que vive
la paz naciente. La frontera terrestre entre Tailandia y Camboya ha sido
recientemente abierta, cuando los asaltos y asesinatos de los milicianos
khemer rojos "reconvertidos" al más salvaje bandidismo dejaron
de hostigar este camino. Eso fue en el año 1.998, lo que se dice
"hace nada". La pista, rodeada por la jungla hacía fácil una
acción rápida con una inmediata desaparición en la selva. También
extraían de ese mar de vegetación impenetrable su financiación: maderas
nobles y piedras preciosas. Tras el 98 se siguieron produciendo algunos
asaltos pero los bandidos tan solo querían las pertenencias de los
asaltados, si la víctima no se resistía no habría mayores
consecuencias, si se resistía ... acababan mal, muy mal. Hoy en día se
puede decir que la pista es segura durante el día pero jamás se debe
circular durante la noche.
También los Khemeres Rojos
convirtieron a Camboya en un gigantesco campo de minas, el mayor del
mundo. La ONU y el MAG intentar "limpiar" Camboya y a pesar del
gran número de organizaciones internacionales que proporcionan fondos
para encontrar y desactivar las minas existentes, ... aún hoy en día se
contabilizan ... ¡casi diez millones de minas ocultas y sin desactivar!
Listas para matar o mutilar a todo aquél que las pise. Muchos folletos y
carteles repiten hasta la saciedad "jamás salirse de los senderos y
pistas transitadas". A veces salta un búfalo, otras un agricultor, ...
otras un niño. La primera lección del colegio es "ir a casa siempre
por el mismo camino, jugar en los lugares habituales y jamás tocar nada
extraño". La gran cantidad de personas mutiladas en brazos y piernas
dan fe de que es una advertencia muy seria. Uno de cada 263 camboyanos
tiene algún miembro amputado como consecuencia de las minas.
Pero ahora reina la paz, la población
es tranquila y afable, quieren olvidar esa página negra de su reciente
historia y miran hacia delante. Sus rostros sonríen fácilmente y Camboya
ofrece unos tesoros que compensan con creces el desplazamiento a este
lejano punto del mundo. Sin campaña de ningún tipo (no hay fondos), con
tan solo el boca a boca de los que pasan por Camboya están consiguiendo
que este país incremente vertiginosamente el número de visitantes. Es un
país que deja huella.
SIGA LA ESTELA
DE POLVO, POR FAVOR
La frontera fue un paseo, las autoridades aduaneras y de inmigración
son amables, todo facilidades y bienvenidas. Ni miraron el todo terreno,
ni el clásico "algo que declarar", ni siquiera necesitamos el
"Carnet de Passage en Douane" del vehículo. Nada de nada, si el
visado está en orden lo sellan en cinco minutos y dan la bienvenida. Es
una maravilla encontrar fronteras así, que relajo. La primera impresión
no puede resultar más positiva.
La aduana es muy activa y los kilómetros
iniciales nos permiten comprobar el trasiego constante de gente yendo de
un lado a otro de las fronteras. Los camboyanos para vender frutas,
verduras, hortalizas, portear equipaje de viajeros... o lo que puedan. Los
tailandeses para visitar Angkor o para dejarse los cuartos en algunos de
los ¡7 casinos! que nada más cruzar la frontera se levantan en el lado
camboyano. En Tailandia el juego está prohibido y la existencia de estas
casas de juegos es una fuerte entrada de divisas para Camboya. Resulta
impactante ver un lujosísimo casino al lado de la caseta de aduana y
rodeado de tanta desolación y polvo.
Dejamos atrás la aduana de Poipet
y tomamos rumbo a Siem Reap, la ciudad satélite del emplazamiento arqueológico
de la histórica e inigualable Angkor. El aeropuerto de Siem Reap es el
que recibe a casi todos los viajeros que desean vivir la magia de Angkor y
por ese motivo la ruta terrestre es tan solo para uso local, ... con todo
lo que eso implica. Los 160 kilómetros que nos separaran son en realidad
una pista de pesadilla y polvo (ahora que no llueve, claro). Constantes y
horribles boquetes, socavones y un muestrario de puentes medio caídos y
parcheados hasta la saciedad. El informe de Silke y Ernst no era exagerado
pero podíamos seguir avanzando, a pasito lento pero constante. Nuestro
Montero no encontró nada que no pudiese superar.
Treinta minutos de espera en un
puente, una pick-up acaba de encajar una de sus ruedas entre las traviesas
sueltas del puente y no hay forma de liberar el vehículo empujando. No se
les nota contrariados y actúan con extrema precisión con el gato,
maderas y piedras. Deducimos que debe ser una eventualidad muy frecuente.
Ya liberado, los restos de aceite que va dejando por los maderos no
presagian nada bueno para su futuro funcionamiento. Se paran al poco y
arreglan la fuga frotando una pastilla de jabón, eso bastará hasta que
encuentren un taller con soldadura. Nuestro turno, las recién estrenadas
ruedas Bridgestone giran lentas sobre los resbaladizos maderos sueltos, el
dibujo nuevo de las cubiertas, la reductora y las indicaciones de Marián
desde fuera hace que superemos esta nueva prueba sin incidentes, aunque a
cámara lenta. Estamos en una de las arterias principales del país pero
su abandono es total, no hay fondos para las comunicaciones terrestres.
Algunos califican las carreteras de Camboya como las peores del mundo pero
no es cierto, la red viaria está en tal estado de abandono que no se la
puede clasificar como la peor del mundo, simplemente "no hay red
viaria".
Ahora nos encontramos en la estación
seca, las pistas son transitables pero se convertirán en un calvario en
cuanto comiencen las primeras lluvias y en un infierno terrenal con la
llegada de los monzones. Todo se inunda, los ríos se desbordan, los
puentes se caen, las casas se desmoronan, ... el país quedará un año más
cortado en mil pedazos incomunicados entre sí. Ninguna ciudad ni pueblo
se librará de la furia de los monzones anuales (ver crónica 49) y no será
posible avanzar por muchas de las pistas o "carreteras".
Por el camino nos cruzamos con el
transporte más frecuente, las pick-up repletas de pasajeros que se
amontonan encima de la carga, tragando polvo, siendo machacados por los
miles de botes que se dan durante el camino. Se les ve llegar fácilmente,
la estela de polvo los delata desde lejos y a nosotros nos señala por
donde avanza la pista en el horizonte.
Lo normal es visitar Camboya en avión,
pero los viajeros individuales que deciden entrar al país por tierra
acompañan a los locales en sus incómodas ubicaciones y el polvo pegado
en sus caras sudorosas apenas permiten distinguir los rasgos de unos y
otros, aunque los locales ya tienen la prudencia de cubrirse con pañuelos,
gorros o verdugos. Las motos y bicicletas tampoco faltan por el camino,
transportando todo tipo de productos ¡hasta enormes y corpulentos cerdos!
que llevan atados en el asiento trasero de las motos.
Avanzamos muy lentamente, no
queremos machacar el todo terreno innecesariamente, no estamos en un
ralley para intentar ganar una carrera, surfeamos por este océano de
boquetes con cuidadosa precaución. Llegamos muertos con tanto bote y
balanceo y encima somos afortunados porque al menos nosotros disponemos de
suspensión regulable y el aire acondicionado permite "sellar"
el interior del Montero. Aún así, creo que hasta dos días después no
se recolocaron todos los huesos en su sitio.
Pero Siem Reap no tenía nada que
ver con la cantidad de pueblecitos rurales con casas sobre pilotes que se
convierten en palafitos durante los monzones (si no se los llevan por
delante los vientos). Al terminar la primera etapa de nuestro convulsivo
camino nos encontramos una "isla": gasolineras impolutas,
hoteles de todas las categorías (algunos soberbios como el City Angkor),
restaurantes con todo tipo de comida, tiendas de recuerdos ... todo
girando alrededor uno de los lugares más impresionantes del mundo. Eso sí,
las motos siguen siendo las reinas del tráfico, especialmente las
moto-taxis que son el transporte público más popular para moverse por la
ciudad o por Angkor, a tan sólo 10 kilómetros de Siem Reap.
EL SECRETO DE LOS DIOSES
Decir Camboya, es decir Angkor, es hablar de una de las
maravillas del arte y de la historia universal. Como Petra en Jordania o
la Capadocia en Turquía, Angkor es un lugar que merece el desplazamiento
en sí mismo.
El Imperio Khemer (siglos IX al
XIII) creó un auténtico tesoro moldeando la piedra. Cuando llegamos al
Angkor Wat ("templo de Angkor") no pudimos evitar recordar
intensamente el arte hindú del sur de la India. De hecho, el Imperio
Khemer es heredero de la influencia que la India ejerció fuertemente en
esta parte del mundo. Cada vez se encuentran más aspectos que le
relacionan con sus orígenes hindúes: religión (los khemeres adoptaron
el budismo e hinduismo), realeza (el culto a un semidiós), el arte
religioso e incluso la danza son muy similares. Pero evidentemente, la
impronta camboyana se deja ver en los rasgos, en la vestimenta y en una de
sus señas de identidad más espectaculares: los serenos rostros de sus
reyes semidioses que, emulando a Buda, se hallan esculpidos en las torres
de sus templos y palacios. Y también son exclusivas las
"apsaras", las ninfas celestiales, las eternas danzantes que darían
una activa vida sexual a los héroes khemeres y hombres santos cuando éstos
alcanzaran el cielo. Sus danzas amenizaban el paraíso khemer así como
las paredes de sus templos y palacios terrenales. Su imagen con ostentosas
piezas de joyerías, cuidados tocados y sofisticados peinados así como
sus vaporosas vestiduras se prodigan por muros, columnas y paredes sin
restricciones.
De este inmenso y valioso complejo
arqueológico hay lugares que son preferentemente más espectaculares.
Angkor Wat es su máxima estrella. Treinta años tardaron en construirlo y
es contemporáneo a Nôtre Dame de París. Avanzamos por sus largas
avenidas bajo un sol de justicia y no son gárgolas -como en la catedral
parisina- las que nos observan, son las feroces "nagas"
(serpientes multicéfalas) las que acechan petrificadas durante todo el
camino. Las escalinatas están presididas por los guardianes del templo,
los "singhas" (leones) y seguidos nuevamente por otras nagas
protectoras. Alrededor de su galería exterior sus muros están surcados
por enrevesados y espectaculares bajorrelieves que dejan sin habla. Se
narran historias de los libros sagrados hindúes Ramayana y Mahabharata,
leyendas sobre Vishnu que son reminiscencias de los Imperios Chola y
Palava, de los que ya hablamos cuando recorrimos el sur de la India. Sus
cinco torres representan los cinco picos del monte sagrado Meru, el centro
del universo hindú. La imagen de sus tres torres principales es el
emblema que han adoptado como el símbolo del país: en su bandera, en las
insignias policiales y militares, en la cerveza, una marca de tabaco...
Angkor es la esencia de Camboya.
LA SONRISA
PETRIFICADA
Un nuevo día, nuevas historias y de nuevo el encuentro con los dioses
de piedra. Nos detenemos ante el arco de la puerta sur del Angkor Thom,
estamos flanqueados por dioses y demonios sujetando el vigoroso y largo
cuerpo de Naga, la deidad protectora con forma de serpiente. Sobre
nuestras cabezas: Buda. No tiene cuerpo, tan solo está esculpida su cara.
Tampoco es un rostro, son cuatro rostros que escrutan los cuatro puntos
cardinales, cuatro sonrisas dulces y etéreas que lo inundan todo.
Grandioso. Algo único. Angkor Wat es la estrella "oficial" pero
las torres con los cuatro rostros de Buda son para nosotros la verdadera
"cara" de Angkor, el elemento distintivo y exclusivo de la
capital imperial khemer. Lo que verdaderamente nos captura y hechiza. A
sus pies el tiempo no pasa, somos el primer todo terreno español en
llegar a Angkor y este es el lugar que buscábamos para inmortalizar el
momento. La bandera de nuestra ciudad, Ceuta, vuelve a sentir el aire de
un lugar lejano e insólito.
Traspasamos la puerta del
gigantesco Angkor Thom, decenas de nuevas sonrisas petrificadas nos
esperan en el Bayón. El rostro de Jayavarman VII (emperador khemer que
instauró el budismo como religión oficial del Imperio Khemer) en su
forma budista se multiplica en todas y cada una de las torres del recinto
sagrado. Todo comienzan a cobrar vida cuando surge un monje con túnica
azafrán y rostro apacible que se detiene delante de una de las recias
efigies. Tras él surgen otros que deambulan entre las torres de las
cuatro caras. Los monjes budistas, siempre tranquilos y pacíficos. Otras
víctimas de la sed de sangre de los khemeres rojos; cuando tomaron el
poder en 1.975 había 64.000 monjes en Camboya ... 62.000 de ellos fueron
asesinados a sangre fría, "no servían" para los intereses del
estado y al igual que si fuesen ganado sobrante en una implacable economía
de mercado ... se les llevó al matadero y exterminó junto a otros muchos
que tampoco nunca llegaron a saber "por qué".
Cuando salimos del Bayón, un pequeño
templo acogía a un numeroso grupo de monjes que sentados en el suelo
emprendían oraciones hacia su reverenciado Buda. Al otro lado, monjas
budistas con sus túnicas blancas y sus cabezas también afeitadas se
balanceaban sentadas en el suelo siguiendo sus cánticos sagrados.
UNA TÓRRIDA PASIÓN
Es en el templo de Ta Prohm donde la magia de Angkor captura los espíritus
de los visitantes. Va más allá de la subyugación por la historia y la
arquitectura, más allá del poder de la naturaleza. Es la amalgama de
ambos en la íntima fusión de sus cuerpos. El hombre creó una
maravillosa obra en este lugar y cuando la abandonó ... la jungla atrapó
la piedra de los palacios y templos como si fuera una amante celosa que
solo quiere poseerlo para ella sola.
El camino va serpenteando,
retorcido y tortuoso. Pero a medida que avanzamos somos nuevamente
testigos que los imperios crecen y se hunden para dejar paso a otros, que
a su vez se volverán grandes y poderosos para caer posteriormente en el
olvido ¿Es acaso la inmortalidad nada más que un sueño? Aquí está Ta
Prohm, reservado, silencioso, petrificado para los siglos venideros, mudos
testigos de lo acontecido. La naturaleza ha vuelto a lo que fue suyo y
poco a poco también se ha posesionado de este camino con sus poderosos
tentáculos. Pero si el tiempo ha desfigurado el rostro de la perfecta
arquitectura khemer, esos nuevos rasgos la convierten en más misteriosa y
atrayente. Está prácticamente virgen, casi como cuando fue descubierto.
Las ruinas visten capas verdes de musgo, helechos y lianas, los árboles
se yerguen sobre muros y torres como cetros de poder, las raíces penetran
sus gruesos dedos entre las carnes de su amante de piedra, como muestra de
un amor eterno que nadie podrá romper. Este lugar es el que mejor refleja
lo que debió sentir el naturalista y explorador francés Henri Mouhot al
descubrir para occidente el lugar en 1861, lo consideró más grandioso
que cualquiera de los tesoros que han aportado el Imperio Griego o Romano.
Y todo es piedra, ese contundente y
soberbio elemento que en manos de exquisitos e ingeniosos artistas
consigue arrebatarle una de las más extraordinarias maravillas escultóricas
y arquitectónicas de la tierra. Angkor Thom, el Bayón, la Terraza de los
Elefantes, la Terraza del Rey Leproso, el Phimeanakas, Preak Neak Pean, Ta
Keo, Prasat Kravan... durante páginas y páginas se podría estar
hablando de las sensaciones y describir los detalles que el sitio de
Angkor contiene pero solo hay una manera más de acercarse a su misterio,
acudir a su llamada.
Fueron varios días los que nos
deleitamos en este fantástico entorno que nunca olvidaremos. No solo por
su arqueología, sus gentes y sus monjes les proporcionaron la humanidad a
este mágico paraje que ya cuenta con alma propia.
LA FUENTE DE LA VIDA
Si Angkor es el alma de Camboya, el gran lago Tonlé Sap es su corazón.
Alquilamos una pequeña barca en el pueblo flotante de Chong Khneas y
emprendemos el recorrido por las prolíficas aguas lacustres. El olor a
pescado secándose al sol al comienzo del trayecto es tan terriblemente
fuerte que llega a aturdir. Las casas-botes se suceden sin cesar: las
mujeres y hombres aparecen cocinando, limpiando el pescado, charlando,
cuidando de los bebes, bañándose, reparando redes, pescando, vendiendo
verduras, frutas, refrescos.
Pero nada es normal en Camboya y el
río Tonlé Sap es también un fenómeno único: sus 100 kilómetros de
cauce ... cambia de forma natural el flujo de sus aguas cada seis meses,
algo único en la tierra. Durante la estación seca (a partir de
noviembre) actúa como un afluente normal, parte del lago Tonlé Sap para
vertir sus aguas al río Mekong pero en la época de lluvias invierte su
flujo y le sirve al Mekong como una válvula de escape. Esta inversión
natural de la corriente proporciona tres maravillosas ventajas: primero,
que ayuda a restar las crecidas del delta del Mekong en Vietnam y
disminuir las devastadoras crecidas anuales; segundo, es el soporte de una
gran parte de la producción de arroz; y tercero, que quizás sea el lago
que más densidad de pescado produce en el mundo (10 toneladas de pescado
por kilómetro cuadrado y cuatro millones de personas dependen de él para
su subsistencia, el 40 % de la población de Camboya). Sin duda alguna el
lago Tonlé Sap significa mucho para los camboyanos, convirtiéndose en el
corazón que bombea el flujo de la vida rural, que es la realidad del país.
Llega el momento de enfrentarse de
nuevo a la red de carreteras, perdón, de pistas; no, tampoco son pistas
porque hay que improvisar constantemente rutas alternativas. Lo llamaremos
... no sé como llamarlo, quizás simplemente "camino". Para
llegar a Phnom Penh, la capital, serían unos 350 kilómetros. El tramo
hasta Kompong Thom es donde se encuentra el peor ramal del camino, mucho más
duro que el que hicimos desde Tailandia a Siem Reap. La ruta es demencial
y el estado de los puentes es catastrófico, muchos impracticables pero ...
al ser la estación seca se pueden sortear de mil maneras: unas veces con
un sencillo vadeo y las más por el lecho seco del cauce. Otras nos
tenemos que meter físicamente dentro de granjas para sortear el puente,
los niños nos abren y cierran los portones de madera mientras gorrinos y
gallinas se cruzan correteando delante de nosotros. Sorteamos mujeres que
cocinan en el patio así como los aperos de labranza o pesca diseminados
por el suelo. En cuanto lleguen los monzones, el río y las lagunas cerrarán
esos desvíos y todo quedará cortado.
Tras descansar una noche en Kompong
Thom emprendimos la ruta hacia la capital por un asfalto en un lamentable
estado de conservación pero que fue mejorando hasta convertirse en una
carretera excelente a medida que nos acercábamos a Phnom Penh. Esto es
una buena señal, la red de carreteras se ha comenzado a construir. Con
tan solo cuatro tramos bien asfaltados ... se podría decir que el país
está comunicado y ayudaría mucho al desarrollo y levantamiento de
Camboya. El problema de aprovisionamiento es tremendo porque cuesta tanto
tiempo y esfuerzo llevar material o provisiones que los precios son altísimos
en destino. Eso provoca que los pueblos sobrevivan con lo que tienen
alrededor porque pocos pueden comprar lo que llega en camiones.
El robusto puente que se levanta
sobre el Tonlé Sap -afluente del Mekong- nos introduce en la ciudad
sumergiéndonos en una corriente circulatoria repleta de motocicletas que
van y vienen sin descanso en todas las direcciones. Circular por la ciudad
es fácil en cuanto a la orientación pero mareante en cuanto a la enmarañada
red de ciclomotores. También es fácil aparcar porque apenas hay automóviles.
Las calles principales están asfaltadas pero cuando callejeas un poco te
vuelves a encontrar con los boquetes y socavones que tantos recuerdos nos
traen de las pistas dejadas atrás. Los ciclorickshaws (triciclos con una
butaca para pasajeros) y las moto-taxis siguen presentando sus servicios
al primer ciudadanos que levanta la mano. No hay taxis, tan solo servicios
de coches de alquiler con conductor que se contratan por agencia o en
hoteles de lujo. Apenas hay tráfico de coches con lo cual los atascos no
existen y el flujo de la circulación es muy ágil, tan solo hay que tener
extremo cuidado con las motos y bicicletas que son como nubes de
mosquitos.
Todo ello nos permitió llegar muy
rápido y sin perdernos a la embajada de Vietnam para pedir cuanto antes
el visado que nos permita entrar al nuevo país. En tres días volveríamos
a recogerlo y nos volveríamos a ver con Úrsula y Michael, los alemanes
que conocimos en Tailandia y que también planean entrar en breve en
Vietnam. Nos habíamos citado por e-mail en esa embajada para hablar de
los planes a corto plazo y mantenernos informados mutuamente.
También escribimos a Silke y Ernst
para decirles que habíamos logrado llegar a Phnom Penh con nuestro todo
terreno. Al día siguiente nos contestan desde Australia con un simpático
saludo: "Hello You brave Spanish-Montero-Devils
!", "Hola valientes
demonios españoles del Montero". No podemos menos que reírnos
con ese nuevo título de "demonios españoles".
UN NUEVO FUTURO
Mientras esperamos a que se tramiten nuestros visados nos disponemos a
conocer la capital del territorio camboyano. Pero no hemos entrado en el
museo Tuol Sleng, las clases de este High School se convirtieron en el
centro de tortura e interrogación conocido como la Prisión de Seguridad
21. Más de 20.000 personas pasaron por aquí antes de ser enviadas al
campo de exterminio de Choeung Ek y otro número desconocido
murieron mientras fueron torturados. Sólo 7 prisioneros sobrevivieron, ¿por
qué? Muy sencillo, porque eran escultores y podrían hacer los bustos de
Pol Pot. Marián todavía recuerda la angustia y rabia que le causó
entrar hace unos años en los crematorios de Auschwitz (Polonia) donde
cientos de miles de judíos fueron gaseados e incinerados por los nazis
durante la segunda guerra mundial, que barbarie. No, no está dispuesta a
pasar por lo mismo viendo las fotos, dibujos y objetos de tortura que allí
exhiben las brutalidades que cometieron otros salvajes. Sus víctimas
eran fotografiadas y numeradas y ahora todos sus rostros cubren las
paredes del museo. No, no queremos ver más muestras del horror que este
pueblo padeció de manos de sus propios hermanos. Realmente junto con
Hitler y Stalin, Pol Pot ha conseguido ser el tercero de la trilogía del
siglo XX que refleja la cota más execrable de lo que el ser humano puede
llegar a hacer a sus semejantes.
Preferimos no entrar, pero es por
un tema de sensibilidad, no es para olvidar, somos de los que pensamos que
es mejor no olvidar para que no se vuelva a repetir. Nos alejamos para
seguir empapándonos del día a día que viven en la actualidad los
camboyanos en la capital. En los mercados donde compran y venden los
productos que la tierra y el río les proporcionan; cómo los degustan con
avidez en sus restaurantes populares de las pequeñas y estrechas
callejuelas del Mercado Ruso. Cómo se acelera la actividad junto al río
Tonlé Sap y el Mekong cuando llegan las barcazas cargadas de pescado o
verdura desde la otra orilla; cómo lo amarran en los rickshaws o en las
motocicletas para repartirlo por los mercados; cómo las mujeres discuten
el precio de los calabacines y mientras las observas de pronto te lanzan
una amistosa sonrisa de complicidad; cómo unos niños se lo pasan en
grande viendo lo que Marián acaba de grabar en el vídeo y se reconocen
unos y otros... eso es lo que ahora preferimos palpar. Esa es la realidad
presente, la alegría de vivir de las nuevas generaciones, la amabilidad y
la simpatía que se respira. Un nuevo futuro.
Por unas horas el Palacio Real nos
traslada al siglo pasado, cuando los franceses construyeron esta joya
preciosista como residencia del rey Norodom. Su anexo es la Pagoda de
Plata, de increíble belleza y cuidados jardines, la pequeña estatua del
Buda esmeralda es admirada por visitantes y venerada por los fieles. Los
extranjeros, camboyanos y estudiantes con uniforme nos entremezclamos en
este apacible y precioso lugar. Los camboyanos intentan con optimismo y
todas sus fuerzas rehacer su país. Un pueblo inminentemente rural y
empobrecido pero con ganas de alcanzar un futuro que le recompensará por
el esfuerzo con el que ahora se entregan. Es curioso comprobar que los niños
en las escuelas casi desconocen todo lo acontecido con los khemeres rojos
y es que era un capítulo tan terrible y reciente de la historia que
preferían apenas abordarlo. Acaba de salir en la prensa de Phnom Penh que
en los próximos meses aparecerán en las librerías los nuevos libros de
texto que aclararan ese capítulo de su historia que apenas conocen.
Pero si durante el día los monjes
con su colorida vestimenta trasiegan de una lado para otro junto con el
resto de la amable y tranquila población sin causarte ningún problema,
por la noche todo da un vuelco. Hemos sido advertidos reiteradamente de no
pasear cuando la noche se echa encima por la capital. Los atracos a mano
armada parecen ser el pan de cada día y no suelen bromear, no se andan
con chiquilladas y te aflojan el bolsillo pistola en ristre en un santiamén.
Pero como ocurriría en cualquier ciudad (sin ir más lejos en ciertos
barrios de Europa o América), el sentido común y las precauciones obvias
cuando llega la noche son las que nos evitaran pasar por ese desafortunado
trance.
Pero Camboya nos ha llegado al
alma. Su gente encantadora, con una optimista y sincera sonrisa a pesar
del sufrimiento que les infringieron no hace mucho y de la dura situación
económica actual del país. Pero lo importante es que creen en su futuro.
Las escuelas, institutos se llenan de escolares dispuestos a aprender con
avidez y sueñan con un futuro mejor que el que les pretendieron imponer
los señores de la guerra. Donaciones de organizaciones internacionales
han levantado universidades, centros de formación profesional,
hospitales, escuelas rurales, ... todo empieza de nuevo. Todo tiene menos
de quince años de antigüedad, muchos centros tan solo cinco años o
menos. El turismo está proporcionando muchos puestos de trabajo y lo
mejor de ello es que siguen siendo atentos y amables, carecen de esa
malicia que muchas veces hace que la población se vuelva exclusivamente
interesada por el dinero fácil. Con la paciencia que caracteriza a los
pueblos de esta zona del mundo lo conseguirán, aunque el camino todavía
es largo.
PUERTA CERRADA
El día citado nos encontramos con Úrsula y Michael, al día
siguiente partirán para Vietnam, nosotros ya contamos con los visados
pertinentes pero queríamos dejar listo todo el trabajo de fotos digitales
y la crónica de Camboya antes de entrar en Vietnam. La sorpresa la
recibimos 24 horas después de que la pareja alemana partiera para
Vietnam. El teléfono suena y lo descolgamos rápidamente.
-¿Vicente?, soy
Úrsula.
-¿Qué ha pasado? ¿Dónde estáis? -le pregunto
preocupado porque no era normal que nos llamasen, nos solemos comunicar
por e-mail. Lo primero que me vino a la cabeza es que habían tenido una
avería y estaban tirados en algún sitio. Quizás necesitaban que les
llevásemos algo urgentemente, ellos sabían que en un par de días partiríamos
en su misma dirección.
-Estamos todavía en Camboya. Tenemos muy malas
noticias. No dejan entrar coches extranjeros en Vietnam. No nos han dejado
pasar el nuestro.
-¿Pero cómo es eso posible, si tenemos el Carnet de
Passage?
-Les da lo mismo, no lo reconocen. No ha habido manera.
Ayer estuvimos tres horas intentando convencerles y nada. Como no podíamos
volver hacia atrás porque ya habían sellado la salida en el visado de
Camboya ... hemos dormido hoy en la "tierra de nadie". Por la mañana
hemos vuelto a la carga explicando las regulaciones internacionales, que
ya no era posible la marcha atrás porque el visado de Camboya ha sido
sellado e invalidado al salir del país. Les daba lo mismo todo. Un trato
grosero, peyorativo y prepotente. La única solución que nos daban era
entrar en Vietnam sin el coche, dejándolo ahí, ir a Saigón para sacar
un nuevo visado de Camboya y marcharnos por donde hemos venido. -me
explica en detalle. Yo no daba crédito a lo que estaba oyendo.
-¿Pero no se puede hacer nada para entrar el vehículo?
-Nada de nada.
-¿Pero si sabemos a ciencia cierta que dos amigos
franceses entraron hace menos de un mes en Vietnam con su coche y el
Carnet de Passage sin problemas? -le digo refiriéndome a Marjolainne y
David, los franceses que conocimos en Delhi y reencontramos en Nepal.
También unos meses antes entró una familia francesa con su coche
europeo, la "net" que hemos ido creando con la gente que vamos
conociendo en el camino funciona de maravilla. Por eso estábamos
tranquilos respecto a Vietnam, sabíamos de dos casos (¡de gente que
conocíamos personalmente, no eran rumores!) que el Carnet bastaba para
entrar en Vietnam.
-Ya nos lo dijiste en Phnom Penh -me contesta Úrsula-
y se lo hemos repetido hasta la saciedad a los aduaneros vietnamitas pero
nada. Nos dijeron que esa ley es de ahora mismo, que igual entraron
"justito" antes de las restricciones o que igual tuvieron
"suerte", pero que ya nadie pasa por ninguna frontera sin una
importación en toda regla a través de no sé qué ministerio. Vamos, que
el Carnet no les sirve. No te puedes imaginar lo duro que hemos peleado
para que nos dejasen entrar.
-¿Y estáis en Camboya, ahora?
-Sí. Regresamos a la aduana camboyana y les explicamos
la prohibición para coches y el trato recibido por la aduana vietnamita.
No se lo podían creer. Las autoridades fronterizas camboyanas se han
portado maravillosamente y nos han ayudado mucho. Redactaron una carta
oficial ahí mismo explicando lo que había pasado con Vietnam, que nos
habían borrado del "libro de salidas" por Moc Bai y que aunque
el visado tiene los sellos de "salida" e "invalidado"
que seguía siendo válido y podíamos permanecer en Camboya hasta la
fecha que figuraba en el mismo y salir por cualquier otra frontera.
-¿Menos mal, no? Han sido realmente amables.
-Majísimos, son los que nos han sacado del apuro. Por
eso hemos podido volver a Camboya.
La conversación sigue con más y más
detalles del pavoroso día que han tenido hasta tener que despedirnos, nos
citamos para dentro de unos días en Phnom Penh. Esa llamada nos ahorró
360 kilómetros (entre ida y vuelta) de una nueva "pista"
camboyana y tener que sufrir esa pavorosa bofetada fronteriza en nuestras
propias carnes.
Esto da un giro inusitado a nuestra
ruta, si no es posible entrar en Vietnam ... la faena es tremenda. Si de
buenas a primeras los vietnamitas han suprimido que los extranjeros puedan
usar el Carnet de Passage Internacional para entrar en Vietnam su vehículo
... ¡nos hacen polvo! Hemos cruzado todo Camboya jugándonos el tipo (y
la salud de nuestra montura) por todo tipo de caminos y puentes derruidos
y estamos atascados como Vietnam no nos deje entrar. Camboya es un callejón
sin salida: no tiene frontera con Laos y tan solo una frontera con Vietnam
... donde no nos dejan pasar. Si al final no logramos entrar supondría
volver a Tailandia, hacia atrás. Tendríamos que cruzar de nuevo todo
Camboya por el mismo camino (para morirse) y luego cruzar media Tailandia
para llegar a Laos.
No nos vamos a rendir tan fácilmente.
Iremos a la embajada de Vietnam para que nos expliquen qué pasa y si de
verdad los aduaneros pueden impedirnos la entrada, igual la embajada nos
puede dar algún tipo de carta que nos abra las puertas.
A las 9 de la mañana ya estábamos
en la embajada pero nuestro gozo acaba en un pozo muy rápidamente.
Nuestra particular guerra del Vietnam tiene muy mala pinta, la embajada
"no puede" dar ningún tipo de carta. Tan solo podrían
tramitarnos la petición al Ministerio de Asuntos Exteriores en Hanoi. Mal
asunto, burocracia y más burocracia, eso podría suponer una espera
interminable. Cursamos la petición de todos modos. A la par, y sin
decirles nada, iniciamos trámites con la agencia gubernamental de turismo
vietnamita, con sede también en Hanoi.
La espera se hace eterna, la cabeza
baraja todo tipo de posibilidades como ninguna de las dos tramitaciones
consiga la entrada para el Montero. Pero no hay muchas opciones, si no
entramos tan solo hay una palabra que se ajuste a la decisión que debemos
tomar, la horrible palabra "retirada".
Úrsula y Michael pasan por Phnom
Penh y nos dicen que ellos no tienen tiempo para cursar y esperar
peticiones burocráticas, su calendario se les echa encima. Regresan a
Tailandia, visitarán Laos y embarcarán su todo terreno hacia Pakistán
para iniciar el regreso a su tierra. Nos despedimos todos muy
efusivamente, desde ese curioso encuentro entre las raíces de un árbol
milenario de Tailandia hasta hoy nos hemos encontrado ocho veces en el
camino, unas citándonos por e-mail y otras por puro azar. Adiós compañeros,
buen viaje y feliz regreso a Alemania.
La embajada no da señales de vida
durante días pero la Vietnamtourism contestó rápido. Para una importación
temporal de nuestro Mitsubishi Montero así como para un carnet temporal
de conducir vietnamita pedían todos los datos imaginables y por imaginar
del vehículo, sobre nosotros, cartas de presentación, fotocopia del
visado de Vietnam, de los papeles del coche, ... todo. Hasta ahí todo
bien porque lo tenemos todo en regla, lo malo vino cuando nos dicen que
los trámites pueden durar de una semana a un mes y lo rematan pidiéndonos
que les demos el programa por Vietnam "día a día" así como
las reservas de los hoteles donde dormiremos cada día. ¡Una locura! Son
igual que los chinos, eso fue exactamente los que nos pidieron los chinos
para cruzar la provincia de Xin Jiang desde Kirguistán a Pakistán. Se ve
que los casi mil años de gobierno chino en Vietnam ... ha dejado sus
"posos" en los genes.
Explicamos a Vietnamtourism que el
visado de Camboya se nos acaba esta semana (¡no podemos esperar un mes!)
y que el programa "exacto al 100%" no es posible: si las
carreteras son malas vamos más lentos, si un lugar es más hermoso de lo
esperado alargamos la estancia para recorrerlo en profundidad, si hay un
problema de salud nos paramos hasta estar bien. Vamos, lo lógico. Del
mismo modo y por las mismas razones es imposible cerrar un programa de
hoteles "al día", además del hecho de que la mayoría de las
noches acampamos. Con las explicaciones les enviamos un programa
aproximado de la ruta con la confianza de que lo comprendan y puedan
cursar la autorización sin necesidad de tanta "exactitud".
La verdad es que no tenemos muchas
esperanzas que acepten ese programa así como entrar en Vietnam con coche
sin darles las reservas de hoteles día a día pero tenemos que
intentarlo. La mentalidad del gobierno es muy cerrada pero hay que luchar
hasta el final. Puede existir la derrota pero no la rendición.
Son días malos, tensos, llenos de
preocupación. Si al final no nos dejan entrar sería la primera marcha
atrás de la Ruta de los Imperios tras más de un año y nueve meses de
ruta. La primera marcha atrás tras haber cruzado 23 países, infinidad de
lugares, hasta esquivado bandidos, avalanchas de rocas, puertos de montaña
casi cerrados por la nieve e inundaciones; no nos detuvieron los 50ºC del
norte de África, ni los 10ºC bajo cero del Himalaya ... y al final igual
es la "burocracia" la que por primera vez en la ruta nos hace
retroceder. El invierno de 1.999 nos cerró algunos valles himalayos pero
siempre había una ruta alternativa, nunca retrocedimos. Igual aquí sí.
¡Y en qué lugar! Quizás tengamos que escribir a Silke y Ernst que no sólo
hicimos la ruta desde Tailandia a Phnom Penh con nuestro Mitsubishi
Montero sino que además la repetimos. "¿Qué no quieres sopa? ¡Pues
toma dos tazones!"
Así
es la aventura. Lo imprevisible surge en cualquier momento y hemos de
estar preparados y asumirlo. Por mucho que duela. La espera se hace larga
y el visado de Camboya expirará en breve. Por lo menos estamos en un país
entrañable, Camboya es cálida y amistosa. Cruzamos los dedos, no tenemos
muchas esperanzas pero lo que ocurra no está en nuestras manos.
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Camboya. Detalle de la ruta en link.

¡Logramos llegar a Angkor! Nos detenemos ante el arco de la puerta sur del
Angkor Thom, estamos flanqueados por dioses (a la derecha en la foto) y
demonios sujetando el vigoroso y largo cuerpo de Naga, la deidad protectora
con forma de serpiente. Coronando la gran puerta ... sobre nuestras cabezas:
Buda. No tiene cuerpo, tan solo está esculpida su cara. Tampoco es un
rostro, son cuatro rostros que escrutan los cuatro puntos cardinales, cuatro
sonrisas dulces y etéreas que lo inundan todo. Grandioso. Algo único.
Angkor Wat es la estrella "oficial" pero las torres con los cuatro
rostros de Buda son para nosotros la verdadera "cara" de Angkor,
el elemento distintivo y exclusivo de la capital imperial khemer. Lo que
verdaderamente nos captura y hechiza. A sus pies el tiempo no pasa, somos el
primer todo terreno español en llegar a Angkor y este es el lugar que buscábamos
para inmortalizar el momento. La bandera de nuestra ciudad, Ceuta, vuelve a
sentir el aire de un lugar lejano e insólito. (Detalle en link)

Pero antes de llegar al sueño de Angkor tuvimos que pasar duras pruebas, la
pista era una pesadilla de polvo aderezada con constantes y horribles
boquetes, socavones y un muestrario de puentes medio caídos y parcheados
hasta la saciedad. Treinta minutos de espera en un puente, una pick-up acaba
de encajar una de sus ruedas entre las traviesas sueltas del puente y no hay
forma de liberar el vehículo empujando. No se les nota contrariados y actúan
con extrema precisión con el gato, maderas y piedras. Deducimos que debe
ser una eventualidad muy frecuente. Ya liberado, los restos de aceite que va
dejando por los maderos no presagian nada bueno para su futuro
funcionamiento. Se paran al poco y arreglan la fuga frotando una pastilla de
jabón, eso bastará hasta que encuentren un taller con soldadura. (Más
puentes en link)

Decir Camboya es decir Angkor, es hablar de una de las maravillas del arte y
de la historia universal. Como Petra en Jordania o la Capadocia en Turquía,
Angkor es un lugar que merece el desplazamiento en sí mismo. El Imperio
Khemer (siglos IX al XIII) creó un auténtico tesoro moldeando la piedra.
De este inmenso y valioso complejo arqueológico hay lugares que son
preferentemente más espectaculares. Angkor Wat ("templo" de
Angkor) es su máxima estrella. Treinta años tardaron en construirlo y es
contemporáneo a Notre Dame de París ... pero en la otra punta del mundo. .
Sus cinco torres representan los cinco picos del monte sagrado Meru, el
centro del universo hindú. La imagen de sus tres torres principales es el
emblema que han adoptado como el símbolo del país: en su bandera, en las
insignias policiales y militares, en la cerveza, una marca de tabaco...
Angkor es la esencia de Camboya.

Las "apsaras", las ninfas celestiales de este particular credo
budista khemer, las eternas danzantes que darían una activa vida sexual a
los héroes khemeres y hombres santos cuando éstos alcanzaran el cielo. Sus
danzas amenizaban el paraíso khemer así como las paredes de sus templos y
palacios terrenales. Su imagen con ostentosas piezas de joyerías, cuidados
tocados y sofisticados peinados así como sus vaporosas vestiduras se
prodigan por muros, columnas y paredes sin restricciones. (Más fotos en
link)

Traspasamos la puerta del gigantesco Angkor Thom, decenas de nuevas sonrisas
petrificadas nos esperan en el Bayón. El rostro de Jayavarman VII
(emperador khemer que instauró el budismo como religión oficial del
Imperio Khemer) en su forma budista se multiplica en todas y cada una de las
torres del recinto sagrado. Todo comienzan a cobrar vida cuando surge un
monje con túnica azafrán y rostro apacible que se detiene delante de una
de las recias efigies.

Boda con trajes tradicionales en Angkor, el lugar predilecto de las parejas
camboyanas que quieren unir el día que marcará su futuro con el lugar más
emblemático de su pasado.

Es en el templo de Ta Prohm donde la magia de Angkor captura los espíritus
de los visitantes. Va más allá de la subyugación por la historia y la
arquitectura, más allá del poder de la naturaleza. Es la amalgama de ambos
en la íntima fusión de sus cuerpos. El hombre creó una maravillosa obra
en este lugar y cuando la abandonó ... la jungla atrapó la piedra de los
palacios y templos como si fuera una amante celosa que solo quiere poseerlo
para ella sola. Así es Ta Prohm, reservado, silencioso, petrificado para
los siglos venideros, mudos testigos de lo acontecido. La naturaleza ha
vuelto a lo que fue suyo con sus poderosos tentáculos. Pero si el tiempo ha
desfigurado el rostro de la perfecta arquitectura khemer, esos nuevos rasgos
la convierten en más misteriosa y atrayente. Está prácticamente virgen,
casi como cuando fue descubierto. Las ruinas visten capas verdes de musgo,
helechos y lianas, los árboles se yerguen sobre muros y torres como cetros
de poder, las raíces penetran sus gruesos dedos entre las carnes de su
amante de piedra, como muestra de un amor eterno que nadie podrá romper. (Más
fotos en link)

Y todo es piedra, ese contundente y soberbio elemento que en manos de
exquisitos e ingeniosos artistas consigue arrebatarle una de las más
extraordinarias maravillas escultóricas y arquitectónicas de la tierra.
Angkor Thom, el Bayón, la Terraza de los Elefantes (en la foto), la Terraza
del Rey Leproso, el Phimeanakas, Preak Neak Pean, Ta Keo, Prasat Kravan...
durante páginas y páginas se podría estar hablando de las sensaciones y
describir los detalles que el sitio de Angkor contiene pero solo hay una
manera más de acercarse a su misterio, acudir a su llamada. (Más fotos en
link)

Las danzas camboyanas alcanzan su máximo esplendor en las representaciones
dentro de las ruinas. Apsaras de carne y hueso entre apsaras petrificadas.

Si Angkor es el alma de Camboya, el gran lago Tonlé Sap es su corazón.
Alquilamos una pequeña barca en el pueblo flotante de Chong Khneas y
emprendemos el recorrido por las prolíficas aguas lacustres. El olor a
pescado secándose al sol al comienzo del trayecto es tan terriblemente
fuerte que llega a aturdir. Las casas-botes se suceden sin cesar: las
mujeres y hombres aparecen cocinando, limpiando el pescado, charlando,
cuidando de los bebes, bañándose, reparando redes, pescando, vendiendo
verduras, frutas, refrescos.

Barquera del pueblo flotante de Chong Khneas, a orillas del lago Tonlé Sap.
Las canoas de las vendedoras se acercan para ofrecer sus productos puerta a
puerta y evitan a los residentes tener que salir a navegar para hacer las
compras. (Detalle en link)

La inocente frase de los niños "mamá, salgo a la calle a jugar"
se convierte en Chong Khneas en "mamá, salgo al canal a jugar". Y
si la madre contesta "¡no te olvides el abrigo para no coger frío"
en Chong Khneas dirían ... "¡no te olvides la palangana para no
mojarte!".

Ahora, rumbo a Phnom Penh. El tramo hasta Kompong Thom es donde se encuentra
el peor ramal del camino, mucho más duro que el que hicimos desde Tailandia
a Siem Reap. La ruta es demencial y el estado de los puentes es catastrófico,
muchos impracticables pero ... al ser la estación seca se pueden sortear de
mil maneras: unas veces con un sencillo vadeo y las más por el lecho seco
del cauce. Otras nos tenemos que meter físicamente dentro de granjas para
sortear el puente, los niños nos abren y cierran los portones de madera
mientras gorrinos y gallinas se cruzan correteando delante de nosotros.
Sorteamos mujeres que cocinan en el patio así como los aperos de labranza o
pesca diseminados por el suelo. Otras veces es imposible rodearlos y los
puentes destruidos que han sido "reconstruidos" con maderos,
tablas y cuerdas (en la foto). Todo vibra al pasar por encima.

Llegamos a Phnom Penh, su Palacio Real nos da la bienvenida. Como uno de los
escasos edificios no destruido por los khemeres rojos, el Palacio Real nos
traslada al siglo pasado, cuando los franceses construyeron esta joya
preciosista como residencia del rey Norodom. Los extranjeros, camboyanos y
estudiantes con uniforme nos entremezclamos en este apacible y precioso
lugar. (Detalles en link)

Anexo al Palacio, la Pagoda de Plata nos deleita con su increíble belleza y
cuidados jardines. En su interior, la pequeña estatua del Buda esmeralda es
admirada por visitantes y venerada por los fieles. (Más fotos en link)

No todo es arte, nos paseamos sin cesar para empaparnos del día a día que
viven en la actualidad los camboyanos en la capital, la realidad presente,
la alegría de vivir de las nuevas generaciones, la amabilidad y la simpatía
que se respira. Cómo se acelera la actividad junto al río Tonlé Sap y el
Mekong cuando llegan las barcazas cargadas de pescado o verdura desde la
otra orilla; cómo lo amarran en los rickshaws o en las motocicletas para
repartirlo por los mercados; cómo las mujeres discuten el precio de los
calabacines en el embarcadero. Vamos a los mercados donde compran y venden
los productos que la tierra y el río les proporcionan; cómo los degustan
con avidez en sus restaurantes populares de las pequeñas y estrechas
callejuelas del Mercado Ruso (en la foto). Mientras los observas, de pronto
te lanzan una amistosa sonrisa de complicidad. (Más fotos en link)

Los monjes budistas, siempre tranquilos y pacíficos, son también otro
signo identificativo de Camboya. Sus coloridas túnicas ondean por doquier y
en los centros de rezo crean auténticos mares de olas azafranes.(Más fotos
en link)
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