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Tan
solo faltaba el comandante Spok saludando con la mano desde la nave
interestelar Enterprise de la Federación. La aduana singapurense parece
un platillo volante sobre un espejismo inverosímil de cubículos asimétricos
que emerge a la entrada del puente que se eleva sobre el estrecho de Johor.
Seguimos las indicaciones que tan clara y eficientemente nos indican el
camino. Un cartel advierte a los coches singapurenses que no podrán salir
del país si su depósito está por debajo de los ¾ de su capacidad. En
Malasia el combustible está mucho más barato y Singapur no quiere perder
ni un céntimo. Nos acercamos al puente Causeway que une la isla con la
península malaya. Los grandes rascacielos de Johor Bahru compiten con los
rascacielos de Singapur. Es una batalla campal por conquistar las alturas.
El rascacielos más alto del mundo se halla en Kuala Lumpur -capital de
Malasia- como un escaparate al mundo del poderío económico de este país
pero ... en un momento dado no les debió de parecer suficiente. Hubo un
proyecto de levantar un rascacielos todavía más alto en Johor Bahru ...
con el escondido propósito de que se viese desde casi todo Singapur para
"chincharles" y que les llevase el mensaje de "aquí también
tenemos una economía envidiable". Desde la independencia de
Singapur, todos los gobiernos malayos se "pican" con el tren
imparable de la economía singapurense y hacen obras faraónicas. El
rascacielos de Johor Bahru ... se quedó nada más en un proyecto ... por
ahora.
Cuando
entregamos nuestros pasaportes, el funcionario aduanero coteja los datos
con el ordenador y comprueba que no nos hemos pasado en la fecha sellada a
la entrada. Pero cuando llega el momento de comprobar la entrada del coche
no le cuadran los datos. Hemos entrado sin coche y salimos con coche. El
misterio queda desvelado cuando comprueban que el coche entró como
mercancía en un carguero pero el carnet de passage abre totalmente las
puertas para que podamos seguir nuestro camino hacia el nuevo país.
En
el control malayo, las funcionarias conjuntan adecuadamente su pañuelo
islámico con el uniforme. Todo son sonrisas y amabilidad. Dos meses de
estancia sin necesidad de visado y sin pagar tarifa alguna. El carnet de
passage les sonaba a chino pero tras las indicaciones aclaratorias de
Vicente lo sellan correctamente. Un vistazo protocolario del policía
aduanero al coche y "Welcome to Malaysia". Todo se desarrolla
con parsimonia, claridad, organización, amabilidad, rapidez y
profesionalidad. Es como cruzar en coche una aduana europea, desde Turquía
no sentíamos una aduana "moderna". Se nota que entramos en un
país evolucionado.
El
cielo sigue desplegando su cotidiano velo gris monzónico, al menos hoy
todavía no ha caído una de sus pavorosas tormentas pero el calor es muy,
muy fatigoso. Las primeras impresiones sobre Malasia son cuanto menos
inesperadas. Se le cataloga como "país en vías de desarrollo"
pero es una expresión muy ambigua. También algunos economistas se
atreven en su osadía a considerar a la India como "país en vías de
desarrollo" y es evidente que se trata de un país del tercer mundo
muy lejos de la palabra "desarrollo", por mucha industria e
informáticos que tenga. Pero con Malasia es muy distinto, sí que podemos
utilizar la palabra "desarrollado" sin pudor, es como España a
finales de los años 70 pero ... pero con miles y miles de teléfonos móviles,
internet y autopistas. La gente es realmente amable y tranquila, nada
agobiante ni nerviosa. Muy solícita cuando se le pide ayuda y de sonrisa
fácil. Los malayos nos hicieron sentir a gusto desde el primer instante.
Nos
sumergimos en el tráfico pero... es tranquilo, ordenado, respeta las señales
de tráfico, ¡no tocan jamás la bocina!, salvo en ocasiones extremas,
por supuesto. Las salvajadas a las que sobrevivimos durante meses -antes
del "gran salto"- han desaparecido. Sólo hay un factor
discordante, los conductores de motocicletas que aparecen peligrosamente
de cualquier lugar a diestro y siniestro, arriesgándose hasta límites
insospechados, rozando retrovisores mientras adelantan o cruzándose de
repente sin preaviso. Eso sí, todos con su casco reglamentario, que su
complexión delgada les hace parecer la Hormiga Atómica. La ley es más
dura con el tema del casco que con las increíbles imprudencias que
cometen. Hay que ir con ojos hasta en el cogote.
Evitamos
la autopista que desde Johor Bharu, la segunda ciudad más importante del
país, cruza toda la costa oeste hasta la frontera con Tailandia.
Seguiremos las carreteras nacionales y comarcales para adentrarnos en los
rincones más recónditos de la Malasia rural. Ciudades urbanas como Johor
Bharu atraen a los singapurenses que van a pasar el fin de semana de
compras, en busca de diversión nocturna (y sexo) a precios más bajos que
en su caro país.
Nuestros
ojos se han fijado en la ciudad de Melaka, nos atrae por su denso pasado
histórico. Los sultanatos de Melaka son los que fraguaron lo que es la
actual Malasia. La tierra firme era gobernada por sultanes (antiguos rajas
hindúes convertidos al Islam) y las islas eran ... refugios de piratas
donde nadie se acercaba. Ptolomeo ya la había incluido en sus mapas como
la "Península de Oro" por el precioso material que atrajo no
solo a los romanos, también a indios y chinos que arribaron a sus costas
para conseguir ese codiciado metal. Portugueses, holandeses, británicos,
chinos, ... todos han dejado en mayor o menor medida su impronta. Cuando
llegamos a la Melaka, el ocaso ya ha hecho presa en ella y preferimos
hacer las presentaciones a la luz del día. Nos dirigimos al bosque de
Ayer Keroch, una espesa jungla que a 20 kilómetros de la ciudad seguro
que ofrece tranquilos lugares de acampada en plena naturaleza. Llegamos de
noche pero entre los faros y la amable complicidad de la luna encontramos
un lugar perfecto. La abigarrada vegetación asediada por altos y
abundantes árboles nos acogerán por varias noches entre sus brazos, la
primera de ellas, hoy, ... la de Navidad. La canción de esta Navidad no
iba a ser "Jingle bell" sino ... "Jungle bell".
DUENDES
DE LA JUNGLA
-¡Que
golpetazo, qué ha sido eso! -le pregunto a Vicente sobresaltada y recién
salida del sueño.
-No sé, algo pesado ha caído sobre el techo -me contesta rápido, también
medio incorporado y apenas despierto-. No es Papá Noel porque nos habría
aplastado con su panza. ¿Igual uno de sus duendes que se ha caído del
trineo?
Son
las ocho de la mañana, abro la cremallera y me asomo. Vi corriendo lo que
cayó sobre el techo de fibra de nuestra tienda. No era Papá Noel ni
ninguno de sus renos los que han decidido darse una vuelta por la húmeda
jungla malaya para desearnos Feliz Navidad y despertarnos. Pero sí que
era un duende, como Vicente bromeó. No un duende juguetero de los que
trabajan con Santa Claus sino un duende de la jungla: ¡un mono! Y sobre
nosotros ... más monos, muchos más. Toda una enorme familia de simios se
aleja saltando de rama en rama entre los numerosos árboles que nos
rodean. Era uno de ellos el que se había dejado caer sobre el techo de
nuestra tienda para descender al suelo. Un curioso despertar del 25 de
diciembre del año 2.000, la última Navidad del Siglo XXI y del Segundo
Milenio de nuestra era.
La
cena de ayer la celebramos en familia, nosotros dos, nuestro Mitsubishi
Montero y el pingüinito mascota que nos acompaña a todos lados. El menú
fueron "delicatessen" que tuvimos embaladas aparte desde que
partimos de España, hace ... un año y siete meses (Los sistemas de
envasado y las conservas hacen maravillas en nuestros tiempos). La fecha
de caducidad es muy lejana y pertenece a la caja "comida especial
para fechas señaladas si estamos en lugares aislados". Esta noche
cayeron la sopa francesa con queso, gulas, berberechos, bacalao a la vizcaína,
zamburiñas, pulpo, gambas al ajillo... un poco de toque de la tierra que
nos cobija con papaya y zumo de caña de azúcar así como el ineludible
... turrón, del duro y del blando, como manda la tradición española. ¿Quién
nos iba a decir que nos íbamos a comer el turrón estas Navidades en
medio de la jungla malaya?
Tampoco
hubiéramos imaginado pasar el día 25 recorriendo las estrechas y
tranquilas calles de Chinatown y Little India por Melaka. Los templos
chinos e hindúes humean, incienso y papeles de oración budista arden en
las urnas como ofrendas a Buda o a los miles de dioses de colores hindúes.
El
ladrillo rojo intenso que constituyen los elevados muros de la Iglesia de
Cristo (1753) en la Plaza de la Torre nos rememora el pasado holandés de
la villa junto al antiguo Ayuntamiento, un siglo más antiguo que su
templo. Entre los edificios coloniales holandeses, los muecines gritan
estridentemente por los altavoces de los minaretes, son las mezquitas
llamando a la oración del mediodía. Los llamativos trishaws (bicicletas
con sidecar para llevar viajeros "a la antigua") nos recuerdan
constantemente, con la sonoras radios que se han instalado, que pueden
pasearnos por el casco antiguo a golpe de escandalosas canciones chinas e
hindúes, es lo mas "in" del momento para los turistas.
Ascendemos hacia la colina de San Pablo, una estatua de San Francisco
Javier atestigua que su cuerpo reposó en esta iglesia antes de
trasladarse definitivamente a Goa (India) donde ya tuvimos ocasión de
visitarlo el año pasado. Colina abajo nos topamos con lo único que queda
del pasado portugués: la puerta de A’Famosa. Formaba parte de la
fortaleza que Alfonso de Albuquerque construyese en 1.512. Y muy cerca han
levantado una replica de un palacio de un sultán de Melaka del siglo XV.
Saltamos de un periodo colonial a otro con tan solo avanzar unos metros,
de un episodio histórico a otro con tan solo girar la cabeza.
De
nuevo, como ocurría en Singapur, la población malaya es una amalgama de
etnias que consiguen convivir amistosamente. Los malayos e indígenas
(estos últimos realmente pocos) constituyen el 58%, los chinos el 28%,
los indios el 9% y con otros orígenes el 5%. Los mayores recelos de los
malayos han sido siempre con la población china, que comenzó a llegar
desde principios del siglo XIX, íntegramente urbana, muy trabajadora,
dedicada al comercio y que desde siempre ha ostentado un poder económico
consistente. Incluso hay leyes que dan más derechos a los ciudadanos de
origen malayo que a los de origen chino, teniendo ambos la nacionalidad
malaya. Ese fue uno de los motivos por los que Malasia expulsó a Singapur
de la Federación Malaya, Singapur ... tenía demasiados chinos (78%) que
desequilibrarían "sus" urnas y rechazaron de plano las leyes de
más derechos para los malayos. Creyeron que Singapur se hundiría aislada
pero al final se convirtió en un gigante económico. Incluso el actual y
controvertido primer ministro Mahatir Mohamed (que lo es desde 1.981)
tiene sus propias "ideas" al respecto, ha lanzado el plan
Wawasan 2020 con la campaña de que Malasia tiene "poca" población
y quiere que los 20 millones de ciudadanos actuales se conviertan en ...
¡70 millones! ... en el 2.020. Una idea espeluznante (e imposible de
realizar en tan poco tiempo) porque la superpoblación y el paro es una
bomba de inestabilidad para cualquier país. Pero él apunta a otro sitio,
ese mensaje es para "todos" los malayos pero el sabe que tendrá
principal eco entre los musulmanes practicantes (que son de origen malayo)
y será ignorada por los chinos, más racionales y que tienen los hijos
que necesitan y se pueden permitir para ser felices. Es su
"idea" para ir haciendo más pequeña la "cuota china"
de votos. Pero por lo que vemos en las ciudades, la población musulmana
es moderna y no nos da la impresión de que quieran convertir sus hogares
en una "fábrica" de malayos tan solo para cumplir una premisa
política del primer ministro. Las propias chicas jóvenes musulmanas
visten a la occidental, con vaqueros, camisas y camisetas, las vemos
pasear con sus novios de la mano, charlar sin complejos en reuniones, etc.
Tan solo el pañuelo que siempre llevan sobre la cabeza las identifica
como musulmanas. El doctor Mahatir Mohamed es una las figuras vitales que
han hecho de Malasia un país moderno y con un futuro realmente prometedor
pero al igual que con nuestros propios políticos ... cuando se lleva
demasiado tiempo en el poder ... ideas extrañas comienzan a florecer.
Como en la vieja Europa, lo que pasa con los políticos de
"arriba" no tiene nada que ver con lo que nos encontramos
paseando por sus calles. Entramos en Chinatown.
Las
casas de las callejuelas del Barrio Chino son idénticas a las de
Singapur, siguen siempre el mismo modelo: la planta baja es el comercio y
la planta superior la vivienda. Hay pequeños restaurantes por doquier,
donde familias chinas degustan noodles, arroz frito con pato o un bol de
sopa laksa, la especialidad nonya (de los descendientes de chinos y
malayos).
Mientras
paseamos por el barrio comienza a llover cada vez más fuerte y nos
acabamos refugiando en un templo chino, los monzones nos siguen
martirizando. Los fieles que acuden a rezar a Buda encienden manojos de
varas de incienso después de reverenciar repetidamente su imagen. La sala
está muy distendida y el joven encargado nos anima amablemente a visitar
todas las estancias. De pronto desaparece y unos minutos después aparece
con un libro con las portadas en rojo sobre un curso de iniciación al
budismo en inglés. Los rostros de los grandes Budas dorados se difuminan
de nuevo debido al incienso que se quema a sus pies. La brusca tormenta se
va transformando en una fina llovizna que nos permite abandonar nuestro
tranquilo cobijo temporal para reunirnos con el Montero y volver a nuestro
refugio natural en la jungla.
POR
LOS CUERNOS DEL BÚFALO
Las
aguas de la costa del mar de Andamán en Port Dickson nos van a despedir
por unos días, un destino tremendamente turístico por sus playas, que
ahora se encuentran bastante turbias y agitadas por los malditos monzones
de invierno. Aunque el "invierno" solo hace honor a la palabra
por el mes en el que nos encontramos porque a pesar de seguir rumbo norte
alejándonos del ecuador, seguimos sudando y tostándonos como si estuviéramos
sumergidos en un tórrido y pesado verano. Nos vamos a dejar llevar por el
sosiego y sencillez de los pequeños pueblecitos donde se sigue
conservando la tradición minangkabau.
¿Tradición
minangkabau? Su legendaria historia nos atrajo tanto como la original
forma de los techos de sus casas. Llegaron desde la isla de Sumatra allá
por el siglo XV cuando gobernaba la zona el sultanato de Melaka y desde
entonces sus casas con tejados en forma de cuernos de búfalo se diseminan
por la región. La tradición de la nominación que ostentan y la forma
del tejado de las casas viene motivada por una leyenda. Cuando los
habitantes de la isla de Java intentaron dominar a los de Sumatra
propusieron un enfrentamiento que evitara un absurdo e inútil
derramamiento de sangre. La opción: una lucha entre búfalos. Los de Java
soltaron en la arena un espectacular y enorme búfalo. Los de Sumatra,
para sorpresa de todos, arrojaron a la arena a un ternero con unos cuernos
de acero fijados en su cabeza. Ni con esos cuernos era rival para el búfalo
de Java. Pero el ternero ... había sido separado de la madre hacía
varios días y al ver a otro búfalo, sin preguntarse si era su madre o
no, macho o hembra ... se arrojó con todas sus fuerzas al vientre del búfalo
de Java en busca de unas hipotéticas ubres. Las astas de acero en sus
compulsivos movimientos de la búsqueda de ubres ... reventaron al enorme
búfalo de Java, que no se esperaba algo así. Venció el ternero y la
gente, ante el estremecedor espectáculo que acababan de presenciar no
paraban de gritar "minangkabau, minangkabau" (minang significa
vencer y kabau búfalo de agua) y desde entonces se les conoce con ese
nombre. Saliendo de la leyenda y entrando por comarcales es fácil
encontrarse con las casas-búfalo en pequeños claros ganados a la copiosa
vegetación.
Hay
mucha calma pero el día se hace cada vez más oscuro debido a la
nubosidad que se va acumulando, aviso indiscutible de la certera cita
vespertina que cada día nos anuncia la tediosa visita pluviosa.
Efectivamente, cuando intentamos sacar unas instantáneas del palacio del
sultán en Sri Menanti, el Istana Besar, comienzan a bombardearnos, porque
aquello no era llover, eran gruesos goterones que en apenas unos segundos
son capaces de empaparte hasta el alma. En un momento la lluvia que cae
sobre la luna del todo terreno apenas nos permite intuir la carretera por
la que avanzamos alejándonos de Sri Menanti, la capital real de los
Minangkabau.
LAS
TORRES DE BABEL
De las raíces profundas de los pueblos malayos a la urbe moderna y
aglomerada de Kuala Lumpur. ¿Aglomerada? ¿Dónde se ha metido la gente
en la capital? En Kuala Lumpur apenas encontramos tráfico, el que hay
discurre tranquilo. Hay sitio para aparcar y todos los comercios están
cerrados. Apenas hay nadie por las calles. Tras estacionar el coche nos
dirigimos a los parques que rodean el Triángulo Dorado de la ciudad y allí
comienzan a aparecer los ciudadanos. ¡¡Happy
Hari Raja!! Efectivamente,
el Ramadán ha tocado a su fin y hoy lo están celebrando en todo el país
y qué menos que vestirse de gala la capital y acudir a los parques para
deleitarse. Las familias musulmanas se pasean luciendo sus mejores trajes.
Las mujeres con el colorido estampado que les caracteriza en pañuelos,
blusones y faldas. Los hombres con sus trajes, modelo pijama de seda
rojos, verdes o amarillos y sus gorritos tipo kepí sin visera de color
negro. Este año las Navidades y el fin del Ramadán se han dado la mano.
Luego vendrá el año nuevo chino (el de la serpiente) y por último las
festividad hindú del Thaipusam (de la purificación). Las cuatro
religiones han coincidido este año con fechas cercanas en sus máximas
celebraciones, los calendarios lunares y gregorianos se han confabulado en
este cambio de milenio para coincidir en un corto lapso de tiempo. Entre
unas fiestas y otras, durante semanas todo el país está en fiesta
continua.
En
este babel de religiones, las dos torres gemelas Petronas son el símbolo
de la Malasia moderna y futurista. Son las más altas del mundo, el último
intento humano por alcanzar el cielo con sus 88 plantas y 452 metros de
altura. Las torres Petronas (empresa estatal petrolífera) se inauguraron
el 31 de agosto de 1999 (ya habíamos iniciado la Ruta de los Imperios y
estábamos en el Sinaí) y fue entonces cuando consiguieron vencer en
altura a los rascacielos hasta entonces más altos del mundo: el World
Trade Center de New York y a la torre Sears de Chicago. También su torre
de televisión ostenta un buen número en el ranquing mundial, es la
cuarta más alta del mundo. Otros muchos rascacielos se elevan sobre la
ciudad pero se convierten rápidamente en espejismos cuando abandonamos la
metrópolis para dirigirnos a los montes Cámeron. ¡Ojalá encontremos en
sus alturas ese frescor tan ansiado que nos reponga del bochorno incesante
de este invierno tropical!
UNA
NUEVA ERA
De
nuevo nos movemos por los kampung (pueblos) malayos que siguen estando
repletos de las casas tradicionales a modo de palafitos para aislarse de
la humedad y de las intempestivas riadas de los monzones. Pueblos rurales
como Kampung Bota Kiri o Kampung Pasir Salak, con sus grandes ventanas con
cortinas de vivos colores. Muchas de las viviendas tradicionales han
sustituido el techo de madera por chapa ondulada aunque han tenido el
detalle de cuidar el color y hacerlas marrón oscuro, con lo cual es menos
ofensivo a la vista.
Antes
de ascender a las montañas Cameron pasamos ante el singular castillo de
Kellie, un rico propietario de plantaciones británico que como colmo de
las previsiones comenzó a construir la casa para la boda de su hijo antes
de que éste hubiese nacido. Mandó traer 70 artesanos hindúes desde Madrás
(India) pero una epidemia causada por una enfermedad misteriosa casi acaba
con toda la mano de obra. Kellie les aconsejó levantar un templo hindú y
todos los males desaparecieron. Los indios, sorprendidos por lo ocurrido
incluyeron la imagen de William Kellie (vestido con su salacot y su fusil)
entre la de sus dioses. Muy agradecidos los empleados hindúes que
elevaron a su amo a rango de dios. Por el templo jugaban unos niños hindúes
con tirachinas, los descendientes de aquellos trabajadores hindúes que a
pocos días de comenzar un nuevo milenio, intentan recaudar fondos para
restaurar el deteriorado templo que sus antepasados levantaron para que
sus dioses les protegiesen de las epidemias.
El
calor de hoy ha sido horroroso. El sol castiga más de lo normal, como
vengándose por los días que le han mantenido cautivo las nubes y la
lluvia. Pero cada curva que nos acerca a las Cámeron la temperatura
desciende para nuestra felicidad. La lluvia de nuevo ha atacado pero ya no
estamos sudando, ya no se derraman gotas de sudor por todo nuestro cuerpo,
ahora el frescor de la montaña será el que mande en el termómetro.
Encontramos
el acceso con coche a la Father’s Guest House realmente por casualidad.
En una pequeña colina sobre la ciudad de Tanah Rata, la principal urbe de
las Cámeron, se encuentra esta encantadora y tranquila pensión con un
terreno enorme donde instalaremos nuestro campamento con unas vistas sin
igual. Lo dirige Gerard, un joven siempre amable, risueño y bromista que
consigue que el lugar funcione de maravilla y todo el mundo se sienta a
gusto. Un emplazamiento idóneo para el encuentro de viajeros a mochila
donde la información que se intercambia no puede ser más fresca y
actualizada. La primera impresión te deja un poco perplejo porque las
habitaciones se hallan en una sucesión de estructuras de uralita semicilíndrica
que le da el aspecto de un campamento de refugiados pero al entrar en su
recinto y superar los prejuicios de la uralita ondulada, este sencillo
lugar ... se convierte en algo familiar. Quedamos prendados de la "guest
house", sus gentes, su tranquilidad, sus vistas y ... su temperatura.
Posee un pequeño restaurante económico con especialidades locales y
occidentales, sala de vídeo con sucesivos pases de películas para huéspedes,
biblioteca donde se pueden alquilar libros a precios ridículos, servicio
de internet, salón común y varias terrazas al aire libre. El lugar es
perfecto para nosotros, alejado del bullicio de la ciudad pero accesible
en poco más de cinco minutos. La temperatura deliciosa, 20-22ºC también
es perfecta para relajarse y trabajar en condiciones físicas y mentales
despejadas. Eso sí, las tormentas monzónicas diarias son fijas y no
paran a partir de las dos o tres de la tarde, descargando agua como si
fuera la última vez que tuviese oportunidad de llover de lo lindo ...
pero no, al poco somos testigos de que puede llover todavía más fuerte.
Las
Cámeron se convirtieron en una estación balnearia de montaña décadas
después de que en 1.885 el topógrafo William Cameron llevará a cabo el
trabajo de confeccionar los planos de la zona. Tras él llegaron las
plantaciones de té con los obreros hindúes que los ingleses trajeron
para encargarse de su cultivo y recolección, luego los comerciantes
chinos con su infalible olfato para los negocios y finalmente aquellos que
intentaban huir del calor de las tierras bajas. A este último motivo nos
hemos unido nosotros con esta afortunada y acertada elección.
Las
dos semanas que pasamos en la montaña nos permiten recuperar el aliento
perdido con el calor de la última etapa. Llegamos hasta el pico más alto
de Tailandia, el Gunung Brinchang con sus 2.032 metros. La flor que
representan a Malasia, el hibiscus (en sus tonos rojos y rosas), es una de
las muchas flores que crecen prolíficamente por la zona mientras se posan
sobre ellas enormes y espectaculares mariposas. Recorremos los caminos que
nos llevan hasta los arbustos de té cuando el sol le arranca sus más
bellos tonos a las colinas recubiertas de ese verde manto reluciente que
desprende la aromática infusión.
Las
tazas de té son nuestras compañeras en la Father’s mientras tecleamos
sin piedad las teclas del ordenador para contestar los e-mails que se nos
han ido acumulando, recopilando las notas tomadas durante la ruta malaya y
preparando la crónica de este nuevo país. Vicente se emplea a fondo
confeccionando el mapa de la ruta y ordenando y seleccionando las decenas
de fotos tomadas en Malasia mientras la grabadora HP va salvaguardando
toda la información en cd roms que se mandarán a España cuando se tenga
ocasión.
Finalmente
será aquí donde celebremos el cambio de año, de siglo y de milenio. En
estas montañas que nos han permitido recobrar la serenidad de la intensa
actividad de las llanuras. Una semana antes no hubiésemos podido
contestar a esa pregunta, vamos improvisando sobre la marcha. Nada es
previsible, es la aventura.
El
31 de diciembre del 2.000 fue un día donde hasta los monzones se portaron
bien, no cayó ni una gota durante las horas que pasamos frente a la
hoguera que Gerard encendió como colofón a la deliciosa cena malaya al
aire libre que nos ofreció a todos los viajeros que allí nos alojamos.
Mucho tardaremos en olvidarnos de la deliciosa salsa de cacahuetes que
acompañaba a las satay -brochetas de pollo y cordero- que se tostaron al
fuego del carbón, de las verduras cocinadas de mil maneras así como de
otras delicias. Todo ello acompañado de ... una botella de Rioja que
reservábamos desde hace mucho tiempo para esta especial ocasión. El
cielo quiso obsequiarnos con miles de estrellas que no se velaron por la
amenaza cotidiana de lluvia, que bien que hoy se tomasen el día de
fiesta. Pensamos en nuestros seres más queridos a los que enviamos a través
de las estrellas nuestros más cariñosos deseos de felicidad. Imaginamos
a José Enrique quemando el papel de oración chino que le enviamos hace
unos días en la hoguera de su chimenea rodeado de su numerosa familia ...
el humo de nuestra hoguera se confunde con la imagen del humo de su
chimenea en España.
Las
doce de la noche están muy cerca, preparamos nuestras pasas -a falta de
uvas-. Recordamos la entrada al año 2.000, también con pasas y en compañía
de Víctor, Reyes y Cristina en Islamabad gritando a voz y en grito las
doce campanadas para una cadena de radio mexicana. Increíble ... ¿ya ha
pasado un año desde aquellas 12 pasas? El milenio nos llegará a nosotros
siete horas antes que a nuestras familias y que a todos esos grandes
amigos que nos ayudan y se desvelan por nosotros desde miles de kilómetros,
siete usos horarios nos separan de Michel y Marie Laure, de Reyes y
Marcial o de Pepe de Ceuta, cuya ayuda es inestimable y ya forma parte de
los "pilares" en España de la Ruta de los Imperios. Poco a poco
... la familia crece y crece.
Nos
acordamos de todos, brindamos por ellos y por el lejano reencuentro en el
2.002, cuando la expedición concluya. Pero no estamos nostálgicos,
estamos alegres y con ganas de proseguir. Echamos la vista atrás pensando
en todo lo vivido en la ruta y nos estremecemos... pero aún más con la
incertidumbre y sorpresas de todo lo que nos queda por delante.
Ha
llegado el momento. A golpe de bip-bip del reloj de Vicente nos tomamos
las "pasas de la suerte". Un canadiense nos acompaña al
parecerle divertido nuestro curioso ritual hispánico. Australianos,
canadienses, británicos, alemanes, holandeses, malayos, ... y estos dos
españoles comparten los últimos y los primeros segundos de este
inolvidable cambio histórico en nuestro calendario y brindamos todos
juntos al unísono mientras las llamas de la hoguera danzan
insinuantemente... ¡¡FELIZ AÑO NUEVO, FELIZ SIGLO NUEVO, FELIZ MILENIO
NUEVO!!
EL
DESCENSO DEL CIELO
Los
montes Cámeron se han convertido en esta ocasión en nuestro particular
balneario. Ha sido tan reconfortante y fructífero que salimos con las
fuerzas renovadas y el trabajo de nuevo al día. Ahora bajamos de nuestro
cielo para zambullirnos de nuevo en las llanuras costeras. De la montaña
al mar, del frescor revitalizante de la montaña con sus 24ºC de máxima
al calor bochornoso de la llanura con sus 34ºC a la sombra. La brisa
marina tampoco ayuda, aporta una humedad que nos deja todavía peor.
Ipoh
es la primera etapa y a pesar de ser la tercera ciudad más importante del
país nos sorprendió gratamente por su calma y tranquilidad. De nuevo las
casitas chinas a dos pisos son el alma de la ciudad aunque la impronta
británica dejó su huella con edificios victorianos de un blanco
reluciente. Y en las afueras de la ciudad, los templos chinos con su
explosión de colores, guardianes con sables atemorizantes y caras
desencajadas protegen a las apacibles y serenas figuras de Buda en
meditación. Templos excavados en la roca calcárea que caracteriza a toda
la región. Enormes colinas cubiertas de espesa y exuberante vegetación
que esconden en su corazón los lugares de culto que los fieles seguidores
de Buda excavaron a conciencia hace varios siglos.
El
templo de Perak Tong nos impresionó al verlo por fuera pero más aún
cuando vimos su interior excavado en la roca a través de una verja que no
se abriría hasta el día siguiente a las 8 de la mañana, ya lo habían
cerrado. Decidimos acampar ahí mismo. Su gran explanada frente al lago de
carpas sagradas (que un grupo de hindúes pescaban con descaro) nos sirvió
de refugio por esta noche. El guarda, un profesor de música durante el día,
nos obsequia con una bolsa de fruta y nos dice que durmamos tranquilos,
que Malasia es muy segura y que si necesitamos cualquier cosa ... el vive
a 100 metros. Su casa estaba realmente ahí mismo, era un pequeño
edificio adosado al templo.
Cuando
a la mañana siguiente penetramos en las entrañas de la montaña calcárea,
los Budas, dioses y demonios van llenando las cavidades rocosas naturales
pero lo que hace realmente único a este templo son sus descomunales
pinturas murales. Estas fueron ejecutadas en las paredes de la cueva por
artistas llegados a lo largo de los siglos de todos los rincones de Asia.
En
Kuala Kangsar saltamos de nuevo al mundo musulmán. La mezquita Ubadiah
llama a la oración del medio día, sus cúpulas doradas destacan como un
faro entre los palacios que ponen de manifiesto el carácter de ciudad
real, cuando el sultán de Perak la eligió en el siglo XVIII como su
lugar de residencia. Y más allá, Taiping, la "Ciudad de la Paz
Eterna", que nació como centro minero de estaño y que llegó a
convertirse en una poderosa urbe. Poco a poco fue perdiendo importancia
transformándose en la tranquila y apacible ciudad que encontramos a
nuestro paso y donde el aluvión de lluvia cotidiano nos caza en el día
de hoy.
LA
PERLA DE ORIENTE
Desde
los montes Cámeron toda la ruta ha sido sencilla y confortable a través
de carreteras muy bien señalizadas y perfectamente asfaltadas, como es tónica
general en Malasia. Pero los 13,5 kilómetros que estamos recorriendo tras
Butterworth son muy especiales, son por encima del mar. Rodamos por uno de
los puentes más largos de Asia, espectacular y que da la sensación de no
acabarse nunca. Al arribar a la otra orilla... estamos en Penang, una exótica
isla que se ha convertido en otro baluarte turístico de Malasia y que la
denominan como "Perla de Oriente".
Está
oscureciendo y la capital, Georgetown, a los pies de sus enormes
rascacielos es ante todo de carácter netamente chino. Sus callejuelas con
sus templos budistas y las calles comerciales con copiosos carteles con
grandes caracteres chinos que casi ocultan las fachadas no pueden ser más
elocuentes. Su gente sigue siendo amable y atenta, predispuesta al auxilio
en cada pregunta que hacemos para poder orientarnos, el inglés está muy
extendido y casi no existen problemas de comunicación. También la línea
costera está repleta de rascacielos hoteleros, todavía no se regulan las
alturas para el respeto de la estética de esta isla repleta de playas y
palmeras. Preferimos alojarnos en las afueras, en las arenas de las playas
de Batu Ferringhi, en el norte de la isla. Encontramos un lugar tranquilo,
al borde mismo del mar y nos servirá de base durante varios días
mientras exploramos la isla, sus pequeños pueblecitos de pescadores, sus
bahías y sus templos. En el mercado nocturno, los chiringuitos se
multiplican por las aceras sin cuartel y venden reproducciones de relojes
Rolex o Guggi, imitaciones de perfumes famosos, ropa de marca así como
copias piratas de CD,s con música de última hora. El aroma de los
restaurantes con los productos del mar invitan a sentarse a saborear unos
calamares, gambas o almejas al estilo malayo. Un vaso de té con leche
helado pone el sabor de despedida de una calurosa noche suavizada por la
brisa marina.
La
isla de Penang no es espectacular pero es un importante centro turístico
de indiscutible relevancia. Los monzones lo estropean todo y la lluvia así
como el color de las aguas revueltas no invitan a bañarse. La climatología
no nos ha acompañado por Malasia pero hemos disfrutado el país gracias
al descubrimiento de una mezcolanza de culturas realmente peculiar y entrañable
así como de la amabilidad, simpatía y cordialidad de sus gentes.
La
historia basada en sultanes y piratas de este país ha seguido derroteros
muy diferentes. Los sultanes siguen existiendo y el pueblo les respeta
porque les considera los portadores de la tradición del país aunque en
las últimas décadas sus abusos de privilegios y corrupción han dañado
su imagen. Y los legendarios y perversos piratas que asaltaban el intenso
tráfico marítimo de los barcos cargados de valiosos productos hace
mucho, mucho que dejaron de campear a sus anchas. Los bajeles de temibles
piratas se han transformado en pequeñas escuadras de barcos pesqueros que
atracan ordenadamente en pacíficos y románticos pueblos de la costa. Los
"sandokanes" solo son posibles encontrarlos en los libros de
aventura y de historia y en las pinturas de los museos que recrean los
vetustos capítulos de su historia.
Los
dorados reflejos del sol rielando en el mar han brillado por su ausencia,
en su lugar, la inagotable lluvia siempre estaba impaciente por reunirse
con la densa masa de agua salada que le espera en la tierra. Contemplamos
el tormentoso espectáculo aparcados frente al mar, resguardados en la
estructura de metal de nuestro leal compañero de fatigas mientras
pensamos en el antiguo reino de "Siam" que nos espera al otro
lado de la frontera. A él, a la tierra de los hombres "libres",
nos dirigiremos mañana.

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Malasia
peninsular. Ampliación en link.

Cuando
llegamos a la Melaka el ocaso ya ha hecho presa en ella y preferimos hacer
las presentaciones a la luz del día. Nos dirigimos al bosque de Ayer Keroch,
una espesa jungla que a 20 kilómetros de la ciudad seguro que ofrece
tranquilos lugares de acampada en plena naturaleza. Llegamos de noche pero
entre los faros y la amable complicidad de la luna encontramos un lugar
perfecto. La abigarrada vegetación asediada por altos y abundantes árboles
nos acogerán por varias noches entre sus brazos. La primera de ellas, hoy,
... la de Navidad. La canción de esta Navidad no iba a ser "Jingle
bell" sino ... "Jungle bell". ¿Quién nos iba a decir que nos
íbamos a comer el turrón estas Navidades en medio de la jungla malaya?.

Tampoco
hubiéramos imaginado pasar el día 25 recorriendo las estrechas y tranquilas
calles de Chinatown y Little India por Melaka. Los templos chinos e hindúes
humean, incienso y papeles de oración budista arden en las urnas como
ofrendas a Buda o a los miles de dioses de colores hindúes. Las casas de las
callejuelas del Barrio Chino son idénticas a las de Singapur, siguen siempre
el mismo modelo: la planta baja es el comercio y la planta superior la
vivienda. Hay pequeños restaurantes por doquier, donde familias chinas
degustan noodles, arroz frito con pato o un bol de sopa laksa, la
especialidad nonya, de los descendientes de chinos y malayos. (Más fotos del
barrio chino en link)

El ladrillo
rojo intenso que constituye los elevados muros de la Iglesia de Cristo
(1.753) en la Plaza de la Torre nos rememora el pasado holandés de la villa
junto al antiguo Ayuntamiento, un siglo más antiguo que su templo. (Malasia
colonial en link)

Entre los
edificios coloniales holandeses de Melaka, los muecines gritan
estridentemente por los altavoces de los minaretes, son las mezquitas
llamando a la oración del mediodía. Algunas de ellas, como la histórica
Kampung Kling, se han construido al estilo de Sumatra. De nuevo, como ocurría
en Singapur, la población malaya es una amalgama de etnias y religiones.

También hay
zonas prohibidas y curiosos carteles en cuatro idiomas (malayo, chino, indio
e inglés) lo ponen bien claro. Y si se habla otro idioma o no se sabe leer
... un dibujo muy "explícito" deja claro que "por ahí no se
puede pasar". Un cartel que impresiona.

La Malasia
de los sultanes, en Sri Menanti como en otros lugares, grandes portales con
sus escudos de armas señalan la proximidad de algunos de sus palacios.
(Palacios de sultanes en link)

La Malasia
del siglo XXI. Las dos torres gemelas Petronas son el símbolo de la Malasia
moderna y futurista. Son las más altas del mundo, el último intento humano
por alcanzar el cielo con sus 88 plantas y 452 metros de altura. Las torres
Petronas (empresa estatal petrolífera) se inauguraron el 31 de agosto de 1999
(ya habíamos iniciado la Ruta de los Imperios y estábamos en el Sinaí) y fue
entonces cuando consiguieron vencer en altura a los rascacielos hasta
entonces más altos del mundo: el World Trade Center de New York y a la Torre
Sears de Chicago.

Pero
llegamos a Kuala Lumpur un día muy especial. La esperábamos caótica y
aglomerada y nos encontramos una ciudad fantasma. ¿Dónde se ha metido la
gente en la capital? Apenas encontramos tráfico, el que hay discurre
tranquilo, se puede aparcar sin problemas y todos los comercios están
cerrados. Tras estacionar el coche nos dirigimos a los parques que rodean el
Triángulo Dorado de la ciudad y allí comienzan a aparecer los ciudadanos. ¡¡Happy
Hari Raja!! Efectivamente,
el Ramadán ha tocado a su fin y hoy lo están celebrando en todo el país y qué
menos que vestirse de gala la capital. Las familias musulmanas se pasean
luciendo sus mejores trajes. Las mujeres con el colorido estampado que les
caracteriza en pañuelos, blusones y faldas. Los hombres y niños con sus
trajes, modelo pijama de seda rojos, verdes, amarillos o salmón y sus
gorritos tipo kepí sin visera de color negro. (GENTES DE MALASIA en link)

De nuevo nos
movemos por los kampung (pueblos) malayos que siguen estando repletos de las
casas tradicionales a modo de palafitos para aislarse de la humedad y de las
intempestivas riadas de los monzones. Pueblos rurales como Kampung Bota Kiri
o Kampung Pasir Salak, con sus grandes ventanas con cortinas de vivos
colores. Muchas de las viviendas tradicionales han sustituido el techo de
madera por chapa ondulada aunque han tenido el detalle de cuidar el color y
hacerlas marrón oscuro, con lo cual es menos ofensivo a la vista. (Más fotos
en link)

El calor hoy
ha sido horroroso. El sol castiga más de lo normal, como vengándose por los
días que le han mantenido cautivo las nubes y la lluvia. Pero cada curva que
nos acerca a las Cámeron la temperatura desciende para nuestra felicidad. Las
Cámeron se convirtieron en una estación balnearia de montaña décadas después
de que en 1.885 el topógrafo William Cameron llevará a cabo el trabajo de
confeccionar los planos de la zona. Tras él llegaron las plantaciones de té
con los obreros indios que los ingleses trajeron para encargarse de su
cultivo y recolección. El oleaje verde y recortado de los arbustos de té (en
la foto) recubrieron sinuosamente la mayor parte de las colinas. Luego
llegaron los comerciantes chinos con su infalible olfato para los negocios y
finalmente aquellos que intentaban huir del calor de las tierras bajas. A
este último motivo nos hemos unido nosotros con esta afortunada y acertada
elección. Finalmente será en este entrañable y sosegado lugar donde
celebraremos el cambio de año, de siglo y de milenio. En estas montañas que
nos han permitido recobrar la forma física y mental así como la serenidad de
la intensa actividad y el calor de las llanuras. Una semana antes no
hubiésemos podido contestar a la pregunta de donde íbamos a pasar este cambio
histórico, vamos improvisando sobre la marcha. Nada es previsible, es la
aventura. (Plantaciones de té y casas coloniales en link)

La flor que
representan a Malasia, el hibiscus (en sus tonos rojos y rosas), es una de
las muchas flores que crecen prolíficamente por la zona mientras se posan
enormes y espectaculares mariposas.

El templo de
Perak Tong en Ipoh nos impresionó al verlo por fuera pero más aún cuando
vimos su interior excavado en la roca a través de una verja que no se abriría
hasta el día siguiente a las 8 de la mañana, ya lo habían cerrado. Decidimos
acampar ahí mismo. Su gran explanada frente al lago de carpas sagradas nos
sirvió de refugio por esta noche. (Iconografía de templo chino budista en
link)

Cuando a la
mañana siguiente penetramos en las entrañas de la montaña calcárea que
alberga el templo de Perak Tong, los Budas, dioses y demonios van llenando
las cavidades rocosas naturales pero lo que hace realmente único a este
templo son sus descomunales pinturas murales. Estas fueron ejecutadas en las
paredes de la cueva por artistas llegados a lo largo de los siglos de todos
los rincones de Asia. (Más pinturas murales en link)

En Kuala
Kangsar saltamos de nuevo al mundo musulmán. La mezquita Ubadiah llama una
vez más a la oración del medio día, sus cúpulas doradas destacan como un faro
entre las palmeras. Los palacios de las cercanías también ponen de manifiesto
el carácter de ciudad real, cuando el sultán de Perak la eligió en el siglo
XVIII como su lugar de residencia. (Detalles de la mezquita en link)

Desde los
montes Cámeron toda la ruta ha sido sencilla y confortable a través de carreteras
muy bien señalizadas y perfectamente asfaltadas, como es tónica general en
Malasia occidental. Pero los 13,5 kilómetros que estamos haciendo tras
Butterworth son muy especiales, son por encima del mar. Rodamos por uno de
los puentes más largos de Asia, espectacular y que da la sensación de no
acabarse nunca. Al arribar a la otra orilla... estamos en Penang, una exótica
isla que se ha convertido en otro baluarte turístico de Malasia.

En la
romántica isla de Penang también entran en conflicto la naturaleza de
hermosas playas y palmerales, el pasado con sus admirados edificios
históricos y un presente no muy bien regulado con rascacielos que conquistan
las alturas. En la foto, la espléndida mansión de Cheong Fatt Tze (el rico
comerciante chino que la erigió en 1.870) dominada por una de las torres
hoteleras que tanto abundan. La eterna lucha de lo romántico y lo práctico en
un país que se desarrolla muy rápidamente.

La historia
basada en sultanes y piratas de este país ha seguido derroteros muy
diferentes. Los sultanes siguen existiendo y el pueblo les respeta porque les
considera los portadores de la tradición del país aunque en las últimas
décadas sus abusos de privilegios y corrupción han dañado su imagen. Y los
legendarios y perversos piratas que asaltaban el intenso tráfico marítimo de
los barcos cargados de valiosos productos hace mucho, mucho que dejaron de
campear a sus anchas. Los bajeles de temibles piratas se han transformado en
pequeñas escuadras de barcos pesqueros que atracan ordenadamente en pacíficos
y románticos pueblos de la costa.
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