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Bajo
nosotros, los poderosos neumáticos ruedan sobre un lecho de asfalto
perfectamente uniforme y compacto. Ni una vibración, ni un bote. No se
notan para nada los 200 kilómetros por hora a los que nos estamos
desplazando por esta gran avenida desierta repleta de luces destellantes.
Acabamos de entrar en Singapur.
No conduzco yo y ... no estamos a
bordo de nuestro Mitsubishi Montero. Por primera vez en la Ruta de los
Imperios es otro vehículo el que nos introduce en un nuevo país. Es un
Boeing 747 de la British Airways el que nos ha traído a esta lejana
frontera, es la línea aérea con mayor número de destinos, sus pájaros
de hierro llegan a todos los confines del planeta. Cuando se detenga
frente a los pasillos telescópicos que se acoplarán al avión, el vuelo
BA 015 habrá concluido. Un vuelo maravilloso, inolvidable. Como
"descanso del guerrero" la British Airways nos acomodó en la
clase "Club World", una auténtica delicia que nos sumerge en
una comodidad sin igual. Butacas muy anchas totalmente articuladas y que
prácticamente se convierten en camas para dormir, gigantesco espacio
entre filas, monitor individual de televisión con 14 canales de vídeo y
otros tantos de música, neceseres completos con productos de marca, un
servicio esmerado y personalizado, una comida exquisita con varias
opciones, todo cuidado al detalle y todo pensado para que el viaje sea
algo que se disfrute. Pueden sentirse orgullosos, lo han conseguido.
Pero si nosotros dos hemos llegado
a Singapur "caídos del cielo" con todo tipo de comodidades ...
el tercer expedicionario viaja "envasado" y a oscuras en la
tripa de una ballena de acero. Siempre nos causa una gran incertidumbre
separarnos de nuestra fiel montura, especialmente cuando queda encerrada
en una gran caja de metal que no volveremos a ver hasta varias semanas
después. Los puertos y sus mafias no nos dan garantías de ningún tipo y
menos aun tantos desplazamientos del conteiner con grúas que lo balancean
como si fuese una pluma. Yo mismo supervisé el precintado y toda la
operación de amarre de nuestra montura dentro del conteiner pero ... el
mar y sus temporales dicen siempre la última palabra. Hay galernas en
alta mar que hacen saltar cualquier amarre y cuando se abre el conteiner
en destino ... el estado de la "mercancía" a la llegada nada
tiene que ver con el de partida. El mar es siempre un misterio y desde que
dejamos a nuestro compañero de viaje atado en las tinieblas de esa gran
arca viajera, nuestros corazones se encogieron un poco. Pero es una
inquietud inevitable, hemos de seguir hacia nuestro nuevo destino.
Confiemos que al abrir el pesado portón de su cárcel temporal ... lo que
veamos nos permita dibujar una sonrisa y que nuestros corazones recuperen
su dilatado tamaño natural.
Nuestro salto aéreo así como la
etapa marinera de nuestro Mitsubishi Montero desde Karachi a Singapur ha
sido necesaria porque tanto China como Birmania ponen todo tipo de trabas
y prohibiciones al tráfico terrestre de viajeros, no les interesan las
personas, tan solo les mueve el dinero y los intereses políticos y
propagandísticos de sus regímenes autoritarios. Se ve que el
acercamiento de los pueblos y el favorecer el entendimiento entre las
diferentes culturas y razas del planeta no va con ellos. Una vergüenza
para el siglo XXI y el tercer milenio de nuestra era.
Singapur no es tan solo una nueva
frontera, es nuestra puerta al Lejano Oriente, marca el inicio de una
nueva etapa tras el "gran salto", no solo en el espacio ...
también en el tiempo, estamos ya a siete horas de decalaje respecto a
España. Aquí también se nos combinarán de forma mágica los mismos
tres elementos que dan la vida al planeta: aire, agua y tierra. Nosotros
llegamos por aire, nuestra montura por agua y juntos proseguiremos por
tierra.
Al salir por la puerta del jumbo y
encaminarnos por el pasillo telescópico, un cúmulo de sensaciones
cosquillean en nuestro interior. Meditamos sobre esta nueva etapa inédita
para nosotros y para las ruedas de nuestro Montero. Nunca antes hemos
pisado ni nos hemos relacionados con sus gentes y caminos en esta parte
del mundo, la excitación y la incertidumbre nos mantiene expectantes y
ansiosos ante las novedosas vivencias que estamos a punto de comenzar a
experimentar por esta zona del globo terráqueo. Unas etapas que nos abrirán
un nuevo mundo de emociones, colores, sabores, rostros y paisajes muy
diferentes a los conocidos.
Estamos ya en tierra firme, nuestro
natural elemento. El aeropuerto es impresionante, decir impoluto sería
quedarse corto, podríamos decir "esterilizado". Parece que lo
estrenamos, todo impecable, el suelo brilla que casi hace daño, ni un
papel en el piso, los pasillos perfectamente señalizados, miles de luces
interiores y ni una sola fundida, cabinas telefónicas de llamadas
gratuitas para dentro de Singapur. Aparecen carteles sobre las especiales
leyes que rigen Singapur, todo está regulado hasta en los más mínimos
detalles ... y las multas figuran al lado de los avisos. En nuestras manos
llevamos las tarjetas de inmigración que hemos de entregar firmadas al
control de policía; en ellas figura, en rojo y en grandes caracteres, que
el tráfico o posesión de droga se castiga con la pena de muerte. No
bromean y con esta medida de unir la firma y la notificación vienen a
decir a los viajeros: "ojito, están avisados".
"Welcome to Singapur" es
la frase que sigue al sellado de nuestro pasaporte, se nos concede un mes
de estancia sin necesidad de visado. Esta segunda etapa de la Ruta de los
Imperios se inicia en este pequeño país-isla, pero no se trata de una
isla tropical perdida y exótica al estilo de Robinson Crusoe, todo lo
contrario. Se trata de una isla hiperdesarrollada con tres millones de
habitantes, donde los rascacielos, el orden, la limpieza y la tecnología
punta de última generación está presente en cada esquina, entremezclada
con la verde y profusa vegetación tropical de mangos, palmeras, mangroves,
plantas y flores.
Salimos del aeropuerto y si el
calor nos sienta como una bofetada ... la humedad es como una paliza en un
callejón, los libros ponen que suele superar el 90% ... y no han
exagerado. En el taxi recuperamos el microclima que genera el aire
acondicionado, todo está con aire acondicionado en esta isla. Nada que
temer del taxímetro o de los engaños en las tarifas; las penas y multas
por estafas, artimañas, recorridos falsos, abultamiento de facturas o
corrupción son tan elevadas que posiblemente sea Singapur uno de esos
pocos países del mundo donde un recién llegado se puede subir tranquilo
a un taxi y despreocuparse de todo porque se le cobrará lo que marca la
ley, ni un céntimo de más.
La dirección que le damos al
taxista viene producto de otro de esos galimatías que a veces teje el
destino. En 1.993 realizamos la Ruta de los Vikingos, más de 10.000 kilómetros
que nos llevaron desde España hasta los países escandinavos para
terminar en el Cabo Norte tras cruzar el Círculo Polar Ártico y
atravesar Laponia. La base del "norte" fue Oslo, donde vivía en
aquellas fechas mi tía Dominique. Compartía la casa con su amiga Béatrice,
de la oficina comercial de la embajada francesa, y en ese breve paso por
Oslo la conocimos. ¿Y donde está ahora Béatrice? Pues nada más y nada
menos que en ... ¡Singapur! Menuda sorpresa cuando nos lo dijo Dominique
hace menos de un mes, al escribirle que la ruta iniciaba su nueva andadura
desde Singapur, donde llegaría por barco nuestro todo terreno. Resulta
increíble que tras Noruega la destinasen a Singapur ... y nos
reencontremos durante el desarrollo de otra ruta. Nos conocimos cerca del
gélido Círculo Polar Ártico y nos volvemos a reunir en las
inmediaciones del tórrido Ecuador. Realmente los milagros existen. ¿Será
la Navidad?
EXPEDICIONARIOS ... A
REAGRUPARSE
Su hospitalidad es desbordante y nos alojaremos en su casa todo el
tiempo que necesitamos para recuperar nuestro Montero y conocer la isla. A
su dirección llegó la documentación que desde Pakistán nos remitieron
para poder "liberar" nuestra montura. En su teléfono se
recibió la llamada que el agente de Singapur nos hizo para comunicarnos
la llegada del carguero que traía a nuestro compañero.
Cuando realizamos los trámites
portuarios y de aduana nos dimos cuenta del gran acierto que fue elegir
Singapur como puerto de desembarco. Realmente está a la altura de su
reputación. Es como una máquina eficiente, bien engrasada y rápida.
"Corrupción" es una palabra que no figura en el diccionario
singapureño, en su lugar nos encontramos honradez, transparencia,
organización y efectividad. Singapur se ha cosechado una fama de país
incorrupto, la mantiene a base de durísimas leyes que cortan de raíz
cualquier "extravío" ... y somos testigos directos de que la
realidad coincide con su merecida fama.
El momento estelar nos espera en el
puerto, cuando nos disponemos ante el funcionario de aduanas a
desprecintar el conteiner que ha transportado a nuestro fiel compañero.
Un empleado de la compañía naviera trae una cizalla y el precinto salta
en pedazos. Tan solo queda abrir el enorme candado que pusimos nosotros
como medida extra de seguridad. Yo hago los honores, tengo la única llave
que abre ese cierre. Empujo pero la llave no entra por mucho que empujo,
lo intento tres veces y nada. ¿Será mi candado? ¿Lo habrán cambiado?
Me estremece ese pensamiento. Examino minuciosamente la cerradura y el
candado. La llave no abre pero ... el candado sí que es el mismo, eso me
tranquiliza porque por lo menos tengo la seguridad que no lo han abierto.
El problema del cierre es que está muy oxidado, seguramente el conteiner
viajó en cubierta en vez de en la bodega. El viento, la humedad y el
salitre de la travesía se combinaron para hacer más inquietante este
momento. Empujo poco a poco y la llave va entrando hasta llegar al final.
Giro y la cerradura se resiste, el mecanismo no suelta el arco. Lo intento
una y otra vez hasta que ... ¡clac!, ¡ya está! El aro de acero se ha
liberado, lo retiro de sus argollas y giro rápidamente las barras de
sujeción. La oscuridad del conteiner se desvanece cuando entra la luz de
la tarde y ... todo está tal y como lo recuerdo cuando lo cerré en
Pakistán, las cuerdas de amarre tensas, los tacos de fijación de las
ruedas en su lugar y nuestro Mitsubishi Montero intacto. El mar nos
devuelve nuestra montura sana y salva y rueda de nuevo por la tierra. Los
expedicionarios nos hemos reagrupado por fin, de nuevo juntos para
recorrer miles de kilómetros hasta donde nuestras inquietudes y
curiosidad innata nos lleve ... y hasta donde las regulaciones de ciertos
países nos permitan.
UN CUENTO DE NAVIDAD
Érase una vez unos viajeros (Miguel e Irstel) que vieron nuestra
pegatina en Isfahan (Irán), con sus mochilas a la espalda iban desde España
a Australia. Miguel es informático y le llama la atención la dirección
de internet en la pegatina. "Españoles de Ceuta realizando una
vuelta al mundo y narrándola en directo en una web", pensaría.
Entran en la web, les encanta, la leen, nos escriben, les contestamos, ...
Muchos meses después, nuestro
amigo Víctor de Islamabad -como un duende que va a hacer que todas las
piezas encajen- vuela a Shanghai para un congreso de todos los agregados
comerciales de España en Asia. Conoce en esa ciudad china a su colega en
Singapur. Como nosotros pasaríamos por Singapur nos da sus datos para
saludarle.
Un mes después la Ruta de los
Imperios llega a Singapur. Llamamos al Agregado Comercial de España para
saludarle y en la conversación surge que el hijo de un grandísimo amigo
suyo está en Singapur ... tras recorrer Europa y Asia con mochila. Por un
golpe de suerte encontró un trabajo estupendo, llevan casi seis meses
viviendo en Singapur y está ahorrando para regresar a España por tierra
visitando lo no visto en el camino de ida. "Lo hizo con su novia
holandesa", nos dijo. ¡Y es que son Miguel e Irstel! Están en
Singapur, nos da su teléfono y en breve se va a producir el primer
encuentro con alguien que nos ha conocido por la web mientras viajaba y
luego nos encuentra en ruta. ¡Increíble! Tan solo lamentamos no haber
podido ver la cara que puso Miguel cuando recibió nuestra llamada y poco
a poco le íbamos dejando adivinar quienes estábamos al otro lado de la línea.
Con fecha 4 de marzo del 2.000 y
desde Isfahan nos escribió en su e-mail: (...)
En la plaza Eman Khomeini todos os recuerdan con alegría - los de "Nomad",
Hussein y compañía, otro personaje llamado Iraj de la "Silk Road
Carpet Shop" también, y todos os envían muchos besos y abrazos.
Sé que no es fácil que coincidamos pero nos encantaría invitaros a
cenar algún día, en alguna parte y poder compartir unas horas con
vosotros. Para vuestra información, esperamos estar en Delhi a principios
de Abril. Enshala!, como dicen aqui! (...) No
fue en Delhi ... sino mucho más lejos, cuando ya nos habíamos perdido el
rastro y ninguno de los cuatro considerábamos como posible una
coincidencia de esta magnitud. Quedamos para conocernos y cenar, fue
nuestra primera comida típica singapurense ... y no nos permitieron
pagar. Fieles a su correo ... "algún día, en alguna parte" ...
, nos invitaron. Tras ese primer encuentro siguieron otros y Miguel e
Irstel nos enseñaron algunos de los lugares más emblemáticos de
Singapur.
El encuentro con Béatrice es algo
insólito pero lo de Miguel e Irstel se podría clasificar en el grupo de
los imposibles. Demasiadas casualidades se tuvieron que confabular para
este encuentro: una pegatina en Isfahan, el cariño que nos guardan en
"Nomad", el viaje de Víctor a Shanghai donde conoció a José
Luís de Singapur, que el padre de Miguel y José Luis fuesen íntimos,
que Miguel e Irstel encontrasen trabajo en Singapur, que nosotros mismos
llamásemos a José Luis, que hablase de ellos dos en la conversación
telefónica... Es como un cuento, como un cuento de Navidad, donde hasta
lo imposible se puede hacer posible.
UN PEQUEÑO GIGANTE
La primera impresión de este minúsculo país es que se trata de un
lugar aséptico, ordenado y reglamentado, es la ciudad de la legalidad y
las cosas bien hechas. Las leyes y edictos son las pautas que marcan el
pulso del país. Todo está regulado, nada es dejado al azar, la droga se
persigue con una fiereza sin igual, hay pena de muerte, algunos delitos se
castigan con bastonazos en la espalda, la televisión satélite está
prohibida (las cadenas aprobadas por el gobierno se reciben por satélite
en una central y se distribuye por cable a los abonados que lo deseen), la
pornografía perseguida, antes de dar permiso de trabajo a un extranjero
se le hace un reconocimiento médico completo y algunas enfermedades (como
el SIDA) producen la inmediata expulsión del país. La importación y
consumo de chicle está terminantemente prohibido por los desaguisados que
produce cuando se tira al suelo, multa si no se tira de la cadena al salir
de un servicio público, comer o beber en el metro son 500 dólares de
Singapur de multa (¡57.000 pts.!, 280 US$), fumar en lugar público o
prohibido son 1.000 dólares de multa (¡114.000 pts.!, 560 US$). Una
lista interminable y en ocasiones paranoica. Y los carteles de no fumar o
de arrojar basura al suelo (poniendo debajo la multa correspondiente) no
están simplemente de adorno, como ocurre en muchos casos en España, ...
es que aplican la ley a rajatabla, el que la hace la paga y el que no paga
... a la cárcel. Ni siquiera reconocen la inmunidad diplomática para que
nada impida la aplicación de la ley en su territorio.
Hay libertad (respetando la
"lista", claro), armonía, estabilidad, seguridad (el índice de
criminalidad es casi nulo) pero los que viven aquí nos confiesan que en
determinadas ocasiones sienten demasiado la opresión del sistema. También
es cierto que casi todos los ciudadanos de los países vecinos darían su
brazo derecho a cambio de poseer pasaporte de Singapur. Es la eterna
contradicción de los de "dentro" y los de "fuera".
Es una democracia pero el control
del estado es total. La renta per cápita es de las mayores del mundo, es
un país dedicado de lleno al sector terciario y se han hecho de oro
ofreciendo garantías y legalidad en todas las operaciones. Es capitalismo
salvaje ... pero siempre bajo la atenta vigilancia del "gran
hermano".
Su reducido tamaño hace pensar que
tiene que tratar con mucho tacto y permisividad a sus hiperpoblados países
vecinos para evitar ser atacados pero no es así. Son tres millones de
habitantes pero el servicio militar ronda los dos años y su ejército de
tierra es tecnológicamente perfecto, su aviación es la más avanzada y
poderosa de la zona, sus bases terrestres y la marina tienen los más
sofisticados sistemas de misiles. Son independientes y dejan bien claro
que lo van a seguir siendo, por las buenas o por las malas. El lema de las
Fuerzas Armadas deja bien claras sus intenciones: "Nothing comes
close", "NADA SE ACERCA". Desde su independencia en 1.965, ...
nadie con malas intenciones se les ha acercado.
CÓCTEL ORIENTAL
Pero paseemos por sus calles, ahí está el Singapur que buscamos,
el que realmente nos interesa. Un hombre de ojos rasgados hace gestos a un
taxi, un niño de piel muy morena va al colegio, unas chicas en minifalda
ríen en la terraza de un café, una mujer completamente cubierta pasa a
su lado. La población singapurense es una mezcolanza de comunidades china
(78%), hindú (7%) y malaya (14%), donde todas conviven pacífica y armónicamente
sin perder su identidad cultural. Por ello siguen conservando sus propios
barrios donde sus exclusivas peculiaridades se manifiestan elocuentemente.
Cuando Miguel e Irstel nos llevan
al barrio chino el sol aprieta de lo lindo. Sus inmuebles de dos pisos y
sus comercios en la primera planta alojan a los descendientes de los
emigrantes chinos que llegaron buscando una nueva vida, allá por el s.XIV.
Fue delante de uno de estos comercios donde tenemos la suerte de
presenciar la danza del dragón. El propietario de unos de los locales
celebra el aniversario de su establecimiento y un grupo de bailarines
ameniza la celebración con una danza muy bulliciosa de dragones
gigantescos de papel mientras timbales, platillos y tambores suenan
estridentemente marcando el ritmo del dragón. El actor principal porta la
cabeza y el resto de los bailarines componen el cuerpo del dragón. La
danza es realmente vibrante con la cabeza saltando sobre la espalda del
cuerpo.
Los trishaws (bicicletas con
sidecar para pasajeros) forman parte de la imagen de Singapur, su curiosa
estampa de otros tiempos se mueve entre Mercedes, Porches y miles de
lujosos coches. Sus sonrientes conductores nos tocan el timbre para
advertir de su presencia y que están disponibles. Otros han sustituido su
carroza por una plataforma para transportar frutas, verduras o cualquier
producto que se mueva por la zona. Su campo de acción suele limitarse a
cortas distancias dentro del pequeño barrio chino. Sus templos budistas
taoístas revelan su presencia no solo por sus coloridos techos en forma
de cuernos sino por las estelas de humos que se escapan de sus pequeñas
estupas incineradoras. Finas y etéreas hojas de papel rojas o amarillas,
impresas con oraciones, son quemadas por los fieles que quieren hacer
llegar sus peticiones y anhelos más íntimos a la morada divina de Buda.
En Arab Street, la mezquita del
Sultán con su enorme cúpula oriental lo dice todo sobre el barrio donde
nos encontramos. Sus mujeres cubren los cabellos con pañuelos de un rico
y vistoso colorido floral. Los malayos fueron los primeros habitantes de
Singapur que abrazaron el Islam hacia el siglo XV, por los contactos con
los comerciantes árabes que arribaron a sus costas. Sus calles repletas
de pequeños comercios de telas y hierbas medicinales que muestran cientos
de combinaciones posibles para remediar los males del cuerpo y del alma.
Little India es un pequeño trozo
de la India del Sur con sus templos presididos por los gopurans (torres)
llenos de decenas de dioses y diosas danzando eternamente. Fueron levantándose
desde mediados del siglo pasado, cuando los británicos trajeron mano de
obra de la India para los campos de té y las minas de estaño de Malasia.
Pero hay un grupo especialmente
simbólico que, a pesar de que va reduciendo su número, siguen orgullosos
de sus raíces. Se trata de los llamados peranakan, los descendientes de
los primeros emigrantes chinos casados con mujeres malayas, pues a las
mujeres chinas les tenían prohibido salir del país (se ve que en China
les ha gustado la palabra "prohibir" desde siempre). Sus
descendientes han conservado la religión y el nombre del padre pero las
costumbres, vestimenta y lengua de la madre, un cóctel muy original. La
variedad étnica de Singapur se puede apreciar en cada rostro y en cada
calle que se recorre. Una sugestiva selección de lo que nos queda por
conocer en el sudeste asiático.
SINGAPUR, SIGLO
XXI
El resto de Singapur ... es una apología del siglo XXI:
omnipresentes rascacielos pero con gran profusión de zonas verdes y
setos, un tráfico denso pero civilizado (lejos de la insoportable
estridencia y locuras de los países que acabamos de dejar atrás) y los
teléfonos móviles acompañan a la mitad de las orejas que se desplazan
por las calles, como si la naturaleza les hubiese dotado de un nuevo e
indispensable miembro anatómico.
Hay sofisticados supermercados del
mismo modo que mercadillos, eso sí, en lugares legalmente aprobados para
tal efecto, nada de poner un chiringuito en la acera ... todo
"regulado". Un pestilente olor desvía nuestra atención y
nuestra mirada fijada en los altos rascacielos vuelve al nivel del suelo
en un puesto de fruta donde las colas de compradores se disputan las
mejores piezas. Son los durian, un fruto verde con abultamientos con púas
por toda su superficie y del tamaño de un melón. Su olor es tan fuerte
(y podríamos definirlo de pestilente) que ... ¡sorpresa, sorpresa! ...
se le ha legislado: no se puede transportar -bajo pena de multa- en los
transportes públicos y muchos de los hoteles importantes ponen carteles
de que los clientes no pueden traer durianes a sus habitaciones.
Francamente el olor es penetrante y horrendo pero lo mismo ocurre con
muchos quesos que desprenden su más terrible olor para esconder el más
exquisito sabor, le damos una oportunidad. Probamos el durian y no tiene
nada que ver con el olor, su sabor es muy suave y dulce y su textura es
cremosa. Esto le ha llevado a convertirse en la fruta reina por
excelencia, la más apreciada del panorama frutal del sudeste asiático,
especialmente ahora que estamos en plena temporada y aparecen montañas de
ellos por doquier.
Estamos muy cerca de Raffles, el
centro neurálgico de negocios y de los "yuppies" colgados al
teléfono. Pero Raffles es algo más que un nombre. Tras el paso de varios
colonizadores como los portugueses y holandeses, fueron los británicos
los que le sacaron el auténtico partido a la isla. Aunque a principios
del siglo XIX sólo había establecida una base comercial con el tiempo se
convirtió en una colonia del Imperio Británico en la que Sir Stamford
Raffles tuvo mucho que ver. Fue Raffles el que supo ver las fructíferas
posibilidades de esta pequeña isla repleta de marismas y malaria en el
interior y pequeños puertos de pescadores sin demasiadas pretensiones en
la costa. Llegó a decir que "Singapur se convertirá en el emporio y
el orgullo de Oriente". Esto transcurría allá a principios del
siglo XIX. Fue mimada, gobernada de forma separada al resto de Malasia y
en el siglo XX , exactamente en el año 1965, obtuvo la independencia. Se
configuró como la República de Singapur y las predicciones de Raffles no
pudieron ser más acertadas.
LA LEYENDA DE UN NOMBRE
Una joven princesa de la isla de Sumatra decidió visitar la isla
de Temasek ("la ciudad del mar", como antes se llamaba a
Singapur). Durante su tranquila visita divisó un león y lejos de
imaginar que pudiera ser un peligro y asustarse por la temida fiera, se
llenó de alegría porque presagiaba la prosperidad. ¡Un león en una
isla! Este buen augurio llenó de dicha a la princesa que decidió
rebautizarla con el nombre de "Singapura", la "Ciudad del
León". Nace una leyenda, nace un símbolo ... es un león, un león
marinero ... un león-pez. Es el "Merlion" -"mermade-lion"-,
el león-sirena. La isla ha sido rebautizada y el león-sirena la
representa.
Estamos en diciembre, el calor es
desagradable, pavorosas tormentas intentan aplastar con agua a la isla y
la humedad pega nuestra ropa al cuerpo pero hemos conocido un lugar
realmente singular. No solo por lo que es sino porque al final esta ínsula
ha significado para nosotros muchos encuentros: los expedicionarios nos
hemos reagrupado, Béatrice reaparece en la otra parte del mundo tras
siete años y conocemos a Miguel e Irstel tras una increíble cadena de
acontecimientos insospechados. Los días en Singapur han tocado a su fin,
un largo puente nos está esperando, vamos a saltar a la península malaya
y emprender una nueva singladura. Antes de partir de la isla, seguro que
la princesa se despidió del león. Cuando llega nuestra hora de partir,
nos despedimos del Merlion, que nos traiga tantos buenos augurios como vio
la princesa en su venturoso felino.

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Singapur. Ampliación en link.

A casa de Béatrice nos llega la documentación que desde Pakistán nos
remiten para poder "liberar" nuestra montura. En su teléfono
recibimos la llamada que el agente de Singapur nos hizo para comunicarnos
la llegada del carguero que traía a nuestro compañero.
Cuando realizamos los trámites portuarios y de aduana nos dimos cuenta
del gran acierto que fue elegir Singapur como puerto de desembarco.
Realmente está a la altura de su reputación. Es como una máquina
eficiente, bien engrasada y rápida. "Corrupción" es una
palabra que no figura en el diccionario singapurense, en su lugar nos
encontramos honradez, transparencia, organización y efectividad.
En el puerto abrimos el conteiner, ¡ahí está nuestro compañero! El mar
nos ha devuelto nuestra montura sana y salva y rueda de nuevo por la
tierra. Los templos chinos de Singapur nos dan la bienvenida en los
primeros kilómetros que rodamos por esta nueva zona del mundo. Los
expedicionarios nos hemos reagrupado por fin, de nuevo juntos para
recorrer miles de kilómetros hasta donde nuestras inquietudes y
curiosidad innata nos lleve.

UN CUENTO DE NAVIDAD.
Érase una vez unos viajeros (Miguel e Irstel) que
vieron nuestra pegatina en Isfahan (Irán), con sus mochilas a la espalda
iban desde España a Australia. Miguel es informático y le llama la
atención la dirección de internet en la pegatina. "Españoles de
Ceuta realizando una vuelta al mundo y narrándola en directo en una web",
pensaría. Entran en la web, les encanta, la leen, nos escriben, les
contestamos, ...
Muchos meses después, nuestro amigo Víctor de Islamabad -como un duende
que va a hacer que todas las piezas encajen- vuela a Shanghai para un
congreso de todos los agregados comerciales de España en Asia. Conoce en
esa ciudad china a su colega en Singapur. Como nosotros pasaríamos por
Singapur nos da sus datos para saludarle.
Un mes después la Ruta de los Imperios llega a Singapur. Llamamos al
Agregado Comercial de España para saludarle y en la conversación surge
que el hijo de un grandísimo amigo suyo está en Singapur ... tras
recorrer Europa y Asia con mochila. Por un golpe de suerte encontró un
trabajo estupendo, llevan casi seis meses viviendo en Singapur y está
ahorrando para regresar a España por tierra, visitando lo no visto en el
camino de ida. "Lo hizo con su novia holandesa", nos dijo. ¡Y
es que son Miguel e Irstel! Están en Singapur, nos da su teléfono y se
produce el primer encuentro con alguien que nos ha conocido por la web
mientras viajaba y luego nos encuentra en ruta. ¡Increíble! Tan solo
lamentamos no haber podido ver la cara que puso Miguel cuando recibió
nuestra llamada y poco a poco le íbamos dejando adivinar quienes estábamos
al otro lado de la línea.

La población singapurense es una mezcolanza de comunidades china (78%),
hindú (7%) y malaya (14%), donde todas conviven pacífica y armónicamente
sin perder su identidad cultural. Por ello siguen conservando sus propios
barrios donde sus exclusivas peculiaridades se manifiestan elocuentemente.
Cuando Miguel e Irstel nos llevan al barrio chino el sol aprieta de lo
lindo. Sus inmuebles a dos pisos y sus comercios en la primera planta
alojan a los descendientes de los emigrantes chinos que llegaron buscando
una nueva vida, allá por el s.XIV. (Más fotos en link)

Fue delante de uno de los comercios de chinatown donde tenemos la suerte
de presenciar la danza del dragón. El propietario de unos de los locales
celebra el aniversario de su establecimiento y un grupo de bailarines
ameniza la celebración con una danza muy bulliciosa de dragones
gigantescos de papel mientras timbales, platillos y tambores suenan
estridentemente marcando el ritmo del dragón. El actor principal porta la
cabeza y el resto de los bailarines componen el cuerpo del dragón. La
danza es realmente vibrante con la cabeza saltando sobre la espalda del
cuerpo.

En Arab Street, la mezquita del Sultán con su enorme cúpula oriental lo
dice todo sobre el barrio donde nos encontramos. Los malayos fueron los
primeros habitantes de Singapur que abrazaron el Islam hacia el siglo XV,
por los contactos con los comerciantes árabes que arribaron a sus costas.

Las mujeres musulmanas de Singapur se siguen cubriendo el pelo, algunas
veces con colores lisos y otras con pañuelos de vistoso colorido floral.
Las calles del barrio musulmán están repletas de pequeños comercios de
llamativas telas y pañuelos para la cabeza.

Little India es un pequeño trozo de la India del Sur con sus templos
presididos por los gopurans (torres) llenos de decenas de dioses y diosas
danzando eternamente. Fueron levantándose desde mediados del siglo
pasado, cuando los británicos trajeron mano de obra de la India para los
campos de té y las minas de estaño de Malasia.

SINGAPUR, SIGLO XXI. El resto de Singapur... es una apología del siglo
XXI: omnipresentes rascacielos, edificios inteligentes, tecnología punta
en construcción, exaltación de las comunicaciones. (La ciudad de los
rascacielos en link)

Los contrastes de las escenas de calle en Singapur. Tan pronto nos
encontramos con mujeres musulmanas descansando en la acera como con una
"Mamá Noel" (bueno, más bien la hijita del Sr. Noel) bailando
sobre una tarima en la concurrida plaza Raffles para promocionar helados.
Vender helados no sabemos si venderían ... pero sí que congregó mucho público
... que se olvidó de las prisas que siempre caracteriza a los peatones de
Singapur.

Los trishaws (bicicletas con sidecar para pasajeros) forman parte de la
imagen de Singapur, su curiosa estampa de otros tiempos se mueve entre
Mercedes, Porches y miles de lujosos coches. Sus sonrientes conductores
nos tocan el timbre para advertir de su presencia y que están
disponibles. Otros han sustituido su carroza por una plataforma para
transportar frutas, verduras o cualquier producto que se mueva por la
zona. Su campo de acción suele limitarse a cortas distancias dentro del
pequeño barrio chino.

A la sombra de los rascacielos, también los cristianos tienen sus
templos. En la foto, la catedral de San Andrés. El gobierno de Singapur
es sumamente respetuoso con todos los credos y da todo tipo de facilidades
y grandes subvenciones a todas las religiones. No hay ningún tipo de
discriminación ya se trate de musulmanes, budistas, cristianos,
hinduistas o cualquier otra creencia.

Singapur "reglamentada". Los carteles dejan bien clara la relación
"causa-efecto". Uno se lo piensa dos veces antes de encender un
pitillo cuando supone 114.000 pts. de multa (de multa de verdad, no es un
cartel de adorno como ocurre en muchos países). ¿Y comer palomitas o un
bocadillo en el autobús? Las 57.000 pts. de multa ayudan a aguantar el
hambre a cualquiera. Y cuando uno se va de camping a Malasia ... mejor no
llevar la cocinilla camping-gas en el metro porque son ... 570.000 pts. de
multa, como cualquier líquido o gas inflamable. La señal de tráfico
azul que figura en la foto aparece repetidamente antes de llegar a la
frontera y recuerda a los conductores singapurenses que no van a poder
salir del país si su depósito está a menos de 3/4 de su capacidad. El
combustible en Malasia está a mitad de precio y no permiten la picaresca
de "entrar y salir" para llenar el depósito. Nada se deja al
azar, todo está estudiado y regulado.

Hay sofisticados supermercados del mismo modo que mercadillos, eso sí, en
lugares legalmente aprobados para tal efecto, nada de poner un chiringuito
en la acera ... todo "regulado". Así nos encontramos con el
durian, un fruto verde con abultamientos con púas por toda su superficie
y del tamaño de un melón. Su olor es tan fuerte (y podríamos definirlo
de pestilente) que ... ¡sorpresa, sorpresa! ... se le ha legislado: no se
puede transportar -bajo pena de multa- en los transportes públicos.
Francamente el olor es penetrante y horrendo pero lo mismo ocurre con
muchos quesos. Probamos el durian y no tiene nada que ver con el olor, su
sabor es muy suave y dulce y su textura cremosa. Esto le ha llevado a
convertirse en la fruta reina por excelencia, la más apreciada del
panorama frutal del sudeste asiático. (Detalle en link)

Los restaurantes son caros pero se obtiene una maravillosa relación
calidad precio en las abundantes y variadas "food court", un
recinto con muchas mesas compartidas por todo tipo de casetas de comida
especializada, zumos y bebidas que exponen sus platos en vitrinas
acristaladas. Por pocos dólares se puede degustar infinidad de sabrosos
platos. La comida singapurense es muy variada por los grupos étnicos que
la habitan. (Detalles en link)

El puerto de Singapur, un mosaico embarcaciones, donde los dragones de las
embarcaciones de recreo se entremezclan con las pequeñas barcas que
llevan pasajeros de una orilla a la otra.
Una joven princesa de la isla de Sumatra decidió visitar la isla de
Temasek ("la ciudad del mar", como antes se llamaba a Singapur).
Durante su tranquila visita divisó un león y lejos de imaginar que
pudiera ser un peligro y asustarse por la temida fiera, se llenó de alegría
porque presagiaba la prosperidad. ¡Un león en una isla! Este buen
augurio llenó de dicha a la joven princesa que decidió rebautizarla con
el nombre de "Singapura", la "Ciudad del León". Nace
una leyenda, nace un símbolo ... es un león, un león marinero ... un león-pez.
Es el "Merlion" -"mermade-lion"-, el león-sirena. La
isla ha sido rebautizada y el león-sirena la representa.
Antes de partir de la isla, seguro que la princesa se despidió del león.
Cuando llega nuestra hora de partir, nos despedimos del Merlion, que nos
traiga tantos buenos augurios como vio la princesa en su venturoso felino.
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