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Gilgit,
por tercera vez nos hallamos en la casa de este viejo tahúr, nos sentamos
en la mesa listos para una nueva partida del "Gran Juego" que
supone el Himalaya. Shandur acaba de poner una ficha en la mesa:
"Doble seis". ¡Doble seis por fín!
"It is open" -"está
abierto"-, esas fueron las palabras exactas que nos dijo el guía. ¡Está
abierto, el paso Shandur está abierto! Sonó a gloria. Estas palabras
simbolizan el doble seis de este particular dominó. Es la primera vez que
el Shandur nos admite en la partida de Gilgit y abre el juego para
nosotros. Ahora es nuestro turno, hemos de ser cautos, "Él"
juega a ganar y a nuestro movimiento le seguirá uno suyo; una ficha cada
uno y por turnos alternativos sucesivamente. Así tendremos que ir
construyendo nuestro itinerario, así iniciamos una nueva partida por la
cordillera más alta del mundo. Lo malo del dominó himalayo es que no se
ponen las fichas horizontalmente sino verticalmente, cualquier movimiento
provocaría que todas las fichas se desmoronen y se acabe la partida.
Nosotros no moveremos el tablero ... ¿lo moverá "Él"?
Estamos en el PTDC de Skardu, hemos
ido directos a esta oficina de información del gobierno nada más llegar
de Khapulu tras un día de conducción ininterrumpida. Nada de buscar
donde comer o dormir esta noche, lo primero es lo primero: saber si el
paso Shandur a 3.734 metros está abierto. ¡Y lo estaba!, así nos lo
confirmó uno de los guías del PTDC. Los músculos se relajan y los
rasgos de la cara se suavizan, igual lo conseguíamos en este tercer
intento. Ahora sí que podíamos centrarnos en los "pequeños
detalles" de comer y dormir.
Nos instalamos en el Ibex Lodge, el
dueño nos reconoce y al igual que el pasado noviembre, nos permite dormir
en el parquing. Nos encantan los reencuentros, charlamos con él de todo
lo acaecido durante ese año y nos enseña las pegatinas de la Ruta de los
Imperios que pusimos en sus ventanas, ¡ahí siguen! El hotelito tiene un
restaurante con deliciosas especialidades afganas. Pedimos té, chapati
afgano, pinchitos de cordero a la brasa y "kabuli pulao", el
plato afgano que es la estrella del menú: arroz frito con carne estofada,
zanahorias, cebolla en tiritas y pasas. El té lo traen enseguida pero
mientras esperamos la comida -el local esta lleno de clientes- encendemos
el ordenador porque queríamos leer qué escribimos exactamente en la crónica
27, cuando en esta misma mesa nos vimos ante la imposibilidad de ir a
Chilas por el paso Shandur. Lo leemos a la vez:
"Desde Gilgit
intentamos llegar a Chitral por la ruta del paso de Shandur, a 3.810
metros. Este camino se trata de una pista que sigue el río Gilgit hacia
el oeste a través del espectacular Hindu Kush, son 450 kilómetros que
requieren un mínimo de tres días. Tan solo es usada por los locales, no
hay mantenimiento, y cuando llegan las nieves ... el puerto de Shandur
queda cerrado hasta el verano siguiente. El paso está a 300 km. de Gilgit
y hay que estar muy seguros de que está abierto antes de partir porque se
tarda dos días en llegar, casi todo el rato bordeando precipicios. ¡Cómo
para encontrárselo cerrado y tener que regresar por el mismo camino! Eso
sin contar con que puede haber una avalancha tras nosotros y quedarnos
atrapados. No es ninguna broma quedarse atrapado ahí, el frío nos podría
"despachar" porque el termómetro baja a una velocidad de vértigo
día a día. Preguntamos a conductores y comerciantes que suelen hacer
esta ruta, la respuesta es unánime: el paso ya está cerrado por las
nieves y es infranqueable. Es un callejón sin salida.
Nos hacía especial
ilusión llegar al valle de Chitral, se le describe como otro paraíso
himalayo y es el hogar de los kalash, un pueblo animista que sigue
practicando sus ritos ancestrales. Fue también uno de los valles
"sacrificados" en el 92 (no se puede ir a todos los sitios) y
nos habíamos propuesto alcanzarlo esta vez pero ... no puede ser. Ahí se
queda esa espinita y ahí nace la ineludible pregunta: "¿Volveremos
algún día a esta zona para alcanzar el valle de Chitral?". Quizás
pronto, quizás tarde, ... quizás nunca. El destino es un libro con sus páginas
en blanco y algunas páginas las escribimos nosotros mismos y otras
"nos las escriben".
-Quién lo iba a pensar, ¿verdad?
Aquí estamos otra vez, en esta ocasión ha ganado el "pronto"
frente al "tarde" o al fatídico "jamás" -le digo a
Marián con evidente alegría.
-Pues sí. Con un poco de suerte, estas páginas que el destino dejó en
blanco ... las escribiremos nosotros mismos ... ahora. Como hemos hecho
con Kaghan y Deosai. Me resulta increíble haber tenido la posibilidad de
regresar a estos lugares.
-Mira, pusimos el paso Shandur con 3.810 metros de altura. -le
comento tras darme cuenta de que ahora hablamos de 3.734 metros. Pero no,
no se trataba de un error, en realidad hay un buen baile de números
respecto a las alturas himalayas. El libro que teníamos ponía al Shandur
a esa altura pero en casa de Víctor -como buen montañero- había muchos
buenos libros sobre el Himalaya y decidimos comprobar todos los datos de
alturas antes de partir al norte. Tres de los cinco libros donde hablaban
del Shandur lo situaban a 3.734 metros así que optamos por aceptar
finalmente ese número.
Un sonriente camarero se presenta
con lo encargado. Le hacemos un hueco en la mesa y cerramos la sesión
retro de la crónica 27. El aroma de lo traído nos despierta un apetito
incontrolado y el estómago toma el control de nuestros actos. En un
santiamén el ordenador está recogido en su bolsa y nosotros comiendo los
sabrosos pequeños trozos de cordero ensartados en la brocheta. Fue una
cena deliciosa y una noche relajada, sin preocupaciones.
EL GRAN JUEGO
Gilgit es una ciudad-bazar, el punto vital de las comunicaciones y
comercio de las zonas del norte desde hace muchos siglos. Especialmente
adquirió relevancia por su estratégica posición durante la época del
"Gran Juego", nombre que se acuñó para designar la rivalidad
del Imperios Británico y el Imperio Ruso zarista durante el siglo pasado
por hacerse con el control de Asia Central, tan codiciada por entonces. Amén
de los propios gobernantes autóctonos como los sijs y el Rajá Dogra de
Jammu. Los británicos consiguieron vencer a los sijs y prometieron al rajá
gobernar en toda Cachemira si aceptaba el "Imperio", el rajá
aceptó. Era la primera vez desde el siglo XI que Gilgit era gobernada por
un no musulmán y se erigió como la frontera donde los grandes imperios
se disputaban a pulso sus futuros dominios.
La palabra "Gran Juego"
se oyó por primera vez hacia 1830 pero fue en 1870 cuando se comenzó a
utilizar con más frecuencia. Tras medio siglo adormecidas, las tensiones
se agudizaron en la zona y las piezas del tablero comenzaron a moverse y
dictar sus propias leyes. Además, por aquel entonces, el popular
descubrimiento de juegos como el cricket, el fútbol y el tenis desembocó
en una corriente que condujo a calificar cualquier actividad de masas en
un "juego". Pero fue realmente en la novela de Rudyar Kipling,
"Kim" (1901), cuando se disparó el uso de tal denominación.
Desde aquella época muchas
batallas y rivalidades se han desarrollado en la zona y no es nada
desechable tener en cuenta que aún hoy en día siguen produciéndose
disputas en Gilgit. En esta ocasión no se trata de imperios, el
"honor" corresponde a las sectas islámicas preponderantes que
habitan en la ciudad. Los sunitas y los shiítas han provocado desde 1988
varias muertes en sus violentas confrontaciones. Los ismaelitas (con los
que ya tuvimos contacto en los valles de Hunza y Khapulu) tratan de
mantenerse al margen pero su moderación y pacifismo a veces no es
suficiente y algún "mulá" de la zona la emprende contra ellos.
Su tolerante Islam les hace llevar una vida con más permisividades y sin
las obsesiones de los conservadores. Algo "intolerable" para los
integristas, siempre deseosos de conversiones al radicalismo ... por las
buenas o por las malas.
La historia de Gilgit a través de
los siglos hiela las venas cuando se trata de luchas y conquistas pero
fascina cuando nos centramos en las narraciones de los valientes
aventureros que lo exploraron o cuando nos centramos en su historia como
encrucijada caravanera himalaya, vemos maravillados lo que implica el gran
Buda esculpido en su pared rocosa o pensamos en la ramificación de Ruta
de la Seda que seguía el río Indo y hacía etapa en Gilgit. La
naturaleza que le rodea es impresionante y la gran variedad étnica de sus
gentes nos cautiva en cada visita. Al igual que pasa en Kashgar o en
Peshawar, es de los lugares donde nos podríamos pasar días viendo pasar
la gente delante de nosotros.
Pero la seducción de Gilgit se
para en su historia y sus gentes porque cuando miramos la ciudad no
encontramos ni un solo atractivo. La belleza de la ciudad es nula, podríamos
hasta ir más lejos, causa rechazo visual desde el primer momento,
realmente repele. Si bien el interior de los pequeños cubículos donde
los comerciantes exponen su mercancía tienen un componente de exotismo
que nos embelesa, cuando miramos el conjunto no vemos más que un
gigantesco bazar caótico de cemento, cables, postes y chapas de metal.
Las tiendas, horrorosos cubos de materiales modernos, se suceden sin cesar
y los medios de transporte públicos se desplazan ruidosamente para
acaparar clientes y llegar en una carrera desquiciada lo antes posible a
su destino. Pitidos, frenazos, acelerones y gritos se aderezan con humos
de vehículos y con pequeñas nubes blancas que parten de las decenas de
chiringuitos callejeros que chamuscan pollos y pinchitos en las brasas. Un
caos que es innato a todas las ciudades o pueblos pakistaníes.
Pero el "está abierto"
de ayer, ese maravilloso "doble seis", nos permite avanzar ficha
para huir de la confusión y el ruido y comenzar a deslizarnos por la
pista que nos llevará al mítico paso de Shandur. No es uno de los más
altos, "sólo" está a 3.734 metros, pero los personajes que lo
han cruzado y sus especiales circunstancias lo hacen esencialmente
significativo.
El más famoso de ellos fue el
coronel británico James Kelly en 1895. La guarnición inglesa de Chitral
había sido atacada y los supervivientes se habían atrincherado en su
fuerte. Tenían escasas posibilidades de resistir mucho tiempo y todo
indicaba que las tropas asaltantes las pasarían a cuchillo en cuanto
venciesen. El desastre de Khartun (Sudán) estaba todavía muy reciente,
cuando los refuerzos que tenía que recibir el mayor Gordon llegaron dos días
tarde y se encontraron la ciudad repleta de cadáveres. Ni un
superviviente: ni locales, ni británicos, ni el propio mayor Gordon.
Nadie. La prensa británica puso el grito en el cielo porque las tropas
llegaron tarde por falta de determinación y rapidez en las decisiones del
gobierno. Los británicos no querían en Chitral un segundo "Khartun"
pero no había tropas en las inmediaciones. Tan solo el coronel Kelly se
encontraba en la zona de Gilgit pero sus tropas no eran de
"combate". Con el paso de Lowari (al sur de Chitral) cortado no
había otra opción, tan solo su unidad podía ir al recate de sus
compatriotas ... pero por una vía que los militares todavía no habían
utilizado nunca: el paso Shandur. Corría finales de marzo y con un
regimiento formado por soldados hindúes y musulmanes al mando del
teniente Cosmo Stewart y una batería montañesa de Cachemira se lanzaron
a la aventura de intentar alcanzar Chitral.
Al llegar al Shandur, seguramente
Kelly utilizaría adjetivos no muy halagüeños para Lockhart, el primer
occidental que cruzó el paso. El "Gran Juego" exigía
exploraciones de todas las montañas para su Sociedad Geográfica y para ...
encontrar los pasos susceptibles de ser utilizados para invasiones y
ataques sorpresas por lugares insospechados. Lockhart
era uno de esos exploradores solitarios, uno de los que sobrevivió
y cuyo informe llegó al Alto Mando. En su dosier afirmó que era un
camino que se podía recorrer incluso en invierno sin demasiadas
dificultades. Y allí estaba Kelly y sus tropas indígenas, a finales de
marzo, mirando el paso cortado por las nieves y con un frío que ya había
causado bajas por congelación. Pero no se rindieron, avanzaron abriendo
un pasillo en la nieve, bordeando precipicios, resbalando en cada paso,
cargando a hombros provisiones, compañeros imposibilitados, fusiles,
cajas de municiones y ... hasta los dos cañones imprescindibles para
levantar el sitio de Chitral. La narración de su paso por el Shandur es
espeluznante. Pero lo consiguieron, los dos oficiales y sus valientes y
estoicos hombres superaron el paso. Las tropas asaltantes se vieron
sorprendidas de ser atacadas desde un lugar que "no era
posible". Los dos cañones decidieron rápidamente el curso de la
batalla. Todo el Imperio se regocijó del salvamento de los sitiados de
Chitral. El coronel Kelly fue condecorado pero se le rindieron los honores
"justos", al igual que a sus hombres. Kelly no era de cuna noble
y sus tropas eran indígenas, ninguno de esos factores entusiasmó al
Imperio Británico, que se centró más en la acción que en los
verdaderos protagonistas. Con el tiempo la historia pondría las cosas en
su sitio.
ANTIGUAS RUTAS,
NUEVOS SIGLOS
Pero nuestro "Gran Juego" nada tiene que ver con el
enfrentamiento entre Imperios y las guerras, es una partida de jugadas
precisas para lograr avanzar por parajes insólitos, muchos de ellos
olvidados ... o ignorados. Nos toca poner ficha a nosotros y avanzamos.
Hasta el paso Shandur vamos a
serpentear al ritmo que marca el río Gilgit. Su impresionante color
esmeralda es lo que más vivamente recuerdo de los cientos de kilómetros
por una zona donde los tonos ocres y pardos dominan el paisaje. Hasta
Gupis el avance es un paseo, nada de precipicios ni rocas que apartar, es
una pista bien mantenida y seguramente abierta todo el año puesto que
hasta Gupis no llegamos a superar los 2.100 metros de altitud. Seguimos la
senda esmeralda que ha desgarrado las ciclópeas montañas de roca. Son
muchos los pueblos que encontramos por el camino, sus campos cultivados
salpican las orillas y sus terrazas escalonan las colinas bajas. Ahora ya
muestran la señal de la recogida de los frutos que tan generosamente les
ha brindado la tierra y con los cuales se mantendrán todo el invierno: maíz,
frutas, y cereales. Sus gentes llevan generaciones ubicadas en las orillas
del fértil río, de cuando sus ancestros, los pastores nómadas,
decidieron establecerse en tan prolífico valle.
Tras Gupis el paisaje se torna más
agresivo y la pista aumenta en dificultad pero no hay motivo de preocupación,
ni siquiera engranamos el 4x4. Las piedras testimonian actividades nómadas
y cazadoras en los abundantes petroglifos desparramados entre Gupis y
Phandur. Petroglifos grabados en las rocas manifiestan las costumbres de
los pastores trashumantes, probablemente de la primera era cristiana,
revelando una gran similitud con los encontrados en la región de Pamir.
La ruta Gilgit-Chitral no se puede decir que esté exenta de referencias
históricas y geográficas de extraordinario calibre y tan reveladoras.
Una de las noches más destacadas
que pasamos durante esta ruta fue la noche que pernoctamos junto al Lago
Khalti. Con sus aguas esmeraldas y situado al pie de un gigantesco muro de
roca parecía esconderse del mundo y cuando llegamos a su vera fue como si
compartiese su refugio secreto con nosotros. Esta vez hemos encontrado
entre las arcaicas montañas himalayas un residuo geológico recién
nacido -nació hace menos de 20 años- que nos brinda sus aledaños para
disfrutar de una cena con trucha de sus aguas y con arroz de los campos
que inunda. La temperatura es fría pero la disfrutamos. Un fugaz aguacero
nos sorprende pero esta lluvia sirve para limpiar el polvo y las nubes del
cielo, que vuelve a resplandecer con una intensidad y fulgor inusitado.
Más adelante, la vida estalla en
el valle de Phandur, veinticinco kilómetros de fertilidad sin límite ...
para acto seguido volver a desaparecer del mismo modo que apareció. La
naturaleza salvaje toma el poder: pistas empinadas, picos nevados al
alcance de la mano, torrentes, paredes de roca desmenuzándose, ... La
ascensión era dura y tuvimos que engranar la reductora pero no la
encontramos especialmente dificultosa. Nada que ver con los espectaculares
peligros y dificultades que nos habían descrito, quizás tras la
experiencia del Babusar y los espeluznantes puentes de la semana pasada,
ya nada es como antes. Quizás el rasero de "situación
peligrosa" ha subido considerablemente.
La llegada al paso de Shandur
transcurre tranquila, sin grandes alardes ni ostentación. Era el cuarto
paso de alta montaña que alcanzamos en esta nueva etapa ...pero el
primero que no nos recibe con una ventisca de nieve y viento. Tan solo una
suave brisa y unas pocas nubes blancas sobre el cielo azul.
El paso Shandur no es el clásico
puerto de montaña, nos encontramos un altiplano con unos tranquilos lagos
rodeados de pasto del que daban buena cuenta una manada de recelosos yaks.
El altímetro del GPS nos señala 3.745 metros, que con los márgenes de
error aleatorio que introduce el ejército estadounidense (dueños del
sistema y que no quieren dar la exactitud total para evitar un uso militar
extranjero) podríamos decir que los 3.734 metros de altitud que nos
dieron los libros de Víctor podrían ser los reales.
Pero no estábamos solos, un grupo
de jinetes irrumpen en ese momento al galope. Superada la mutua sorpresa
de encontrarnos en ese lugar y tras saludarnos recíprocamente, nos
explican que se trata de un reunión de militares británicos de
vacaciones que recorrían nuestra misma ruta pero a caballo. La sorpresa
mayor fue cuando uno de ellos se acerca a nosotros gritando "Viva
España" y una señora con acento andaluz nos saluda con alegría.
Hay cosas que uno se cree hasta que no le queda más remedio que rendirse
a la evidencia. Se trata de Milagros, una andaluza casada con uno de los
oficiales. Rememoran la heroica hazaña que sus compatriotas, Kelly y
Stewart, realizaron hace más de un siglo. Siguieron su camino mientras
nosotros nos permitíamos un largo alto en tan histórico y famoso paso.
La verdad es que el lugar no nos
impresionó al entrar en él, lo vimos normal , por eso decidimos trepar
hasta la cima de una de sus colinas y tener una visión panorámica del
altiplano. ¡Ahí sí!, desde arriba era un espectáculo, se veían los
tres lagos, los yaks paseando por sus orillas, las cumbres del otro lado, ...
y un lugar perfecto para que el corazón y la respiración recuperasen su
pulso normal. Tras el esfuerzo estábamos que no podíamos ni articular
palabra. ¡Pero como pueden jugar al polo a esta altura! ¿Jugar al polo?
Sí, es cierto, se juega al polo. El paso guarda una peculiar instalación
con récord mundial: el campo de polo más alto de la tierra. Desde 1.936
se celebra anualmente un campeonato que reúne la elite de la sociedad y
del polo pakistaní. Los equipos de Gilgit y Chitral se enfrentan cada año
en un excitante partido de una dureza sin igual en la que ponen toda la
carne en el asador. Hombres y caballos dando lo más de sí a una altura
de más de 3.700 metros, todo un desafío.
Ahora todo está tranquilo,
solitario. Ni el viento se atreve a respirar, como si se hubiese congelado
la imagen aguardando el comienzo de la próxima temporada de polo, el
deporte himalayo por excelencia, que de nuevo despertará las más
apasionadas e impetuosas emociones. Ahora los únicos espectadores del
campo de polo más alto del mundo son las montañas, leales centinelas de
tan venerado terreno deportivo.
LOS ÚLTIMOS
REYES
Y tras el paso Shandur el paisaje se hace más y más hermoso. Poco
después que el control policial del puerto tomará nota de nuestro paso
comenzamos a descender colgados de la ladera de la montaña por una pista
abrupta y yerma que culminaba en un valle frondoso, en Sor Laspur. Desde
aquí seguimos el río Laspur hasta la villa de Mastuj. Este
impresionante oasis de montaña alberga un viejo fuerte, todavía habitado
por el coronel Khushwaqt ul-Milk, hijo de Shuja ul-Mulk, el mehtar de
Chitral. Un viejo militar octogenario que todavía conserva un dinamismo
increíble que pudimos comprobar cuando nos saludó personalmente y
estrechamos la mano a un capítulo de la historia que se cierra. Cuantas
historias habrá contado repetidamente a sus hijos y nietos sobre un época
ya pasada que vivió en persona y que el resto tan solo podemos leer en
los libros: la del último mehtar, el último rey de Chitral.
El emplazamiento del fuerte es en sí
mismo una fortaleza natural, la orografía eleva sus vastas y altas
murallas de piedra y roca sobre el río. La erosión del agua y el viento
han herido sus paredes de ladrillo con marcas indelebles que evidencian el
transcurso del tiempo del mismo modo que lo vimos en el arrugado rostro
del viejo coronel. Nuestra última noche por la emblemática ruta nos
confundían en sueños las historias pasadas con nuestra propia historia
personal.
El siguiente pueblo tras recorrer
el aluvión fluvial del Mastuj fue Buni, donde la carretera asfaltada por
fin hizo acto de presencia hasta conducirnos a Chitral. De nuevo las
estrechas calles de tiendas apretadas las unas contra las otras se abrían
paso a empujones. Chitral adquirió una gran importancia como encrucijada
en la ruta comercial entre Afganistán y China, pero no ha crecido de una
forma tan evidente como Gilgit.
De nuevo una naturaleza que quita
el habla. De nuevo el despropósito y la horrenda arquitectura de cemento,
cables colgando y metal en este pequeño burgo. Tan solo se salvan dos
edificios históricos: la mezquita Shahi y el fuerte. La mezquita es una
exquisita obra arquitectónica de estilo mogol cuyo emplazamiento, vistas
y hermoso diseño hace que merezca la pena un pequeño alto en Chitral.
Junto a la mezquita Shahi, el viejo fuerte que, aunque mantiene
dependencias en activo por los descendientes de la familia real, está en
su mayor parte abandonado y en estado tremendamente ruinoso. Una minúscula
puerta de la parte abandonada nos agasaja cuando al empujarla suavemente
gira sobre sus oxidados goznes y nos permite colarnos donde se supone que
no se puede entrar. Vemos el interior, no nos extraña que no esté
abierto al público, todo parece a punto de desmoronarse y reviste un
serio peligro para los que se atrevan a pasearse cerca de sus paredes o
dentro de sus dependencias. Ni tras la peor de las batallas el fuerte podría
presentar peor aspecto, dentro de poco ya no hará falta una restauración
sino una reconstrucción.
Pero sus muros rezuman historia,
siempre historias de batallas cruentas de unas tribus contra otras, unos
reinos contra otros, unos hijos contra otros o todos juntos contra el
Imperio. Se decía que quién poseía este fuerte tenía el poder del
reino. Los británicos no hicieron oídos sordos a tal enunciamiento y el
mayor George Robertson, ante la falta de acuerdos entre los 16 hijos del
mehtar recién fallecido para ocupar el poder, se hizo con el control del
fuerte. Su acción le acarreó a Robertson serios disgustos: el asedio por
parte la familia real que pronto olvidaron sus diferencias para unirse al
enemigo común. Este asedio fue lo que obligó al coronel Kelly en 1895 a
cruzar el puerto de Shandur para salvar a sus compatriotas, sorprendiendo
al bando real. El resto de las fuerzas de rescate llegaron desde Malakand
y Dir, culminando con éxito la toma de Chitral. Los británicos
finalmente asignaron a un hermano del mehtar muerto, Shuja ul-Mulk (un niño
de 14 años), como nuevo soberano aliado a su bando, el padre del viejo
coronel de Mastuj.
Pero
nuestra parada en Chitral perseguía otra todavía más anhelada intención.
Tras obtener el permiso pertinente en la oficina del Superintendente de
Policía ya estábamos listos para adentrarnos en nuestra última etapa
pendiente en el Himalaya, unos valles que nos fascinaron desde la primera
vez que leímos sobre ellos en 1.991. Tres nombres mágicos: Rumbur,
Bumburet y Birir. Unas remotas grietas entre Pakistán y Afganistán donde
un pueblo se refugia del mundo exterior. Una raza exótica con insólitos
ritos. Tres mil personas que comparten un origen misterioso. Si todo sale
bien ... pronto os podremos presentar a los kalash.

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Ruta por el Himalaya de Pakistán. Ampliación en link.

Rostros de Gilgit. Al igual que pasa en Kashgar o en
Peshawar, es de los lugares donde nos podríamos pasar días viendo pasar la
gente delante de nosotros.

"It is open" -"está abierto"-, esas fueron
las palabras exactas que nos dijeron en el PTDC. ¡Está abierto!, sonó a
gloria. Estas palabras simbolizan el "doble seis" de este
particular dominó. Iniciábamos una nueva partida por la cordillera más
alta del mundo. Hasta el Shandur vamos a serpentear al ritmo que marca el río
Gilgit. Seguimos la senda esmeralda que ha desgarrado estas ciclópeas montañas
de roca. Ese impresionante color esmeralda -algo más apagado cuando se
nublaba el cielo- es lo que más vivamente recuerdo de los cientos de kilómetros
por una zona donde los tonos ocres y pardos dominan el paisaje. Los frágiles
puentes colgantes siguen siendo el único modo de sortear el poderoso Gilgit.

Una de las noches más destacadas que pasamos durante esta ruta
fue la noche que pernoctamos junto al Lago Khalti. Con sus aguas esmeraldas
y situado al pie de un gigantesco muro de roca parecía esconderse del mundo
y cuando llegamos a su vera fue como si compartiese su refugio secreto con
nosotros. Esta vez hemos encontrado entre las arcaicas montañas himalayas
un residuo geológico recién nacido -nació hace menos de 20 años- que nos
brinda sus aledaños para disfrutar de una cena con trucha de sus aguas y
con arroz de los campos que inunda.

Tras Gupis, el paisaje se torna más agresivo y la pista aumenta
en dificultad pero no hay motivo de preocupación, ni siquiera engranamos el
4x4. Las piedras testimonian actividades nómadas en los abundantes
petroglifos desparramados entre Gupis y Phandur. Petroglifos grabados en las
rocas que manifiestan las costumbres de los pastores trashumantes,
probablemente de la primera era cristiana, revelando una gran similitud con
los encontrados en la región de Pamir. La ruta Gilgit-Chitral no se puede
decir que esté exenta de referencias históricas y geográficas de
extraordinario calibre y tan reveladoras. Anotamos las posiciones del GPS de
los grabados más importantes. (Más petroglifos en link)

La fundación Aga Khan está realizando una soberbia labor en
todos estos valles recónditos: escolarización, mecanización de la
agricultura, búsqueda de agua, higiene, sanidad y un largo etcétera. Un
cartel de esa fundación en Teru sobre la protección de la infancia nos
vuelve a recordar el gran abismo que separa el tercer mundo del próspero
occidente. Los "accidentes evitables" de los niños pakistaníes
hablan por sí solos: no dejar las armas de fuego al alcance de los niños,
vigilar que no toquen los quinqués de gasolina, que no se les aplaste al
compartir la cama, no dejar solo al niño con el fogón de leña, evitar que
los niños suban por las escaleras de madera que llevan al tejado (allí se
seca lo cosechado), no permitir que los niños se acerquen demasiado a la
acequia donde la madre lava la ropa, etc.

El valle de Phandur entre gigantes estériles de roca y
gravilla, veinticinco kilómetros de una estrecha y fértil llanura que el río
Gilgit da vida. Tras él ... la vida desaparece casi por completo y la
naturaleza salvaje toma el poder: pistas empinadas, picos nevados al alcance
de la mano, torrentes, ... hasta que llegamos a su culmen, el paso Shandur.

Tan solo algunos esporádicos rebaños de yaks aparecen allí
donde la roca permite un retazo de tierra y el agua hace brotar un poco de
vegetación ... que los yaks iban engullendo sin descanso.

El paso Shandur no es el clásico puerto de montaña, nos
encontramos un altiplano con unos tranquilos lagos rodeados de pasto (ahora
amarillos por un otoño moribundo) del que daban buena cuenta una manada de
recelosos yaks. Era el cuarto paso de alta montaña que alcanzábamos en
esta nueva etapa ...pero el primero que no nos recibía con una ventisca de
nieve y viento. Tan solo unas pocas nubes blancas sobre el cielo azul y una
suave brisa. Trepamos hasta la cima de una de sus colinas para tener una
visión panorámica del altiplano. Desde arriba era un espectáculo, se veían
los tres lagos, los yak paseando por sus orillas, las cumbres del otro lado,
nuestro Montero ... minúsculo por la distancia recorrida ... Tras el
esfuerzo estábamos que no podíamos ni articular palabra pero también un
lugar perfecto para que el corazón y la respiración recuperasen su pulso
normal. ¡Pero como pueden jugar al polo a esta altura!

Sí, es cierto, se juega al polo. El paso guarda una peculiar
instalación con récord mundial: el campo de polo más alto de la tierra.
Desde 1.936 se celebra anualmente un campeonato que reúne la elite de la
sociedad y del polo pakistaní. Los equipos de Gilgit y Chitral se enfrentan
cada año en un excitante partido de una dureza sin igual en la que ponen
toda la carne en el asador. Hombres y caballos dando lo más de sí a una
altura de más de 3.700 metros, todo un desafío. Ahora todo está
tranquilo, solitario. Ni el viento se atreve a respirar, como si se hubiese
congelado la imagen aguardando el comienzo de la próxima temporada de polo,
el deporte himalayo por excelencia. Ahora los únicos espectadores del campo
de polo más alto del mundo son las montañas, leales centinelas de tan
venerado terreno deportivo.

Y tras el paso Shandur el paisaje se hace más y más hermoso.
Poco después que el control policial del puerto tomará nota de nuestro
paso comenzamos a descender colgados de la ladera de la montaña por una
pista abrupta y yerma que culminaba en un valle frondoso, en Sor Laspur. ¿Por
qué será que para llegar a los lugares más hermosos siempre hemos de
bordear precipicios?

¡Pero merece la pena! Cuando uno toma una "inocente"
curva y se encuentra con valles como el de Sor Laspur ... no importan las
dificultades que hayamos tenido que superar.

El río
Laspur nos lleva hasta la villa de Mastuj. Este impresionante oasis de montaña
alberga un viejo fuerte, todavía habitado por el coronel Khushwaqt ul-Milk,
hijo de Shuja ul-Mulk, el mehtar de Chitral. El emplazamiento del fuerte es
en sí mismo una fortaleza natural, la orografía eleva sus vastas y altas
murallas de piedra y roca sobre el río. La erosión del agua y el viento
han herido sus paredes de ladrillo con marcas indelebles que evidencian el
transcurso del tiempo pero la familia ha emprendido obras de restauración.

Chitral adquirió una gran importancia como encrucijada en la
ruta comercial entre Afganistán y China, pero no ha crecido de una forma
tan evidente como Gilgit. La mezquita Shahi es una exquisita obra arquitectónica
de estilo mogol cuyo emplazamiento, vistas y hermoso diseño hace que
merezca la pena un pequeño alto en Chitral. (Detalles en link)

Junto a la mezquita Shahi, el viejo y enorme fuerte que, aunque
mantiene dependencias en activo por los descendientes de la familia real,
está en su mayor parte abandonado y en estado tremendamente ruinoso.

La puerta del fuerte, una obra impresionante. Parece más la
puerta de una misión jesuita de Sudamérica que de un fuerte himalayo. Una
minúscula puerta nos agasaja cuando la empujarla suavemente gira sobre sus
oxidados goznes y nos permite colarnos donde se supone que no se puede
entrar. Vemos el interior, no nos extraña que no esté abierto al público,
todo parece a punto de desmoronarse y reviste un serio peligro para los que
se atrevan a pasearse cerca de sus paredes o dentro de sus dependencias.
(Interior en link)
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