Son las seis de la tarde en Ghadames,
"la perla del desierto", y la ciudad va recuperando su pulso como el ave Fénix,
que renace de sus cenizas. -¡Ni
se os ocurra! Hacéis muy bien desechando la idea de ir a Ghat a través del desierto de
la frontera con Argelia. -Nos confirma Abdul, un tuareg que acabamos de conocer en el
cafetín-restaurante Sahdun-. Nadie os acompañaría e ir solos es suicida. -Prosigue.
Las comunicaciones por carretera en Libia son buenas pero el sur no
está comunicado entre sí y desplazarse en el eje este-oeste implica surcar cientos y
cientos de kilómetros por el desierto. Es el caso para ir de Ghadames a Ghat. Esta ruta
de 650 kilómetros a través del desierto y que realizamos en solitario hace dos años,
ahora no es realizable. El verano lo cambia todo.
Si surgen problemas, las
reservas de agua no durarían ni 48 horas frente a los 7 ó 10 días que podríamos
aguantar en invierno. Cuando al otro lado se percatasen de que un vehículo no ha llegado
... ya sería demasiado tarde. (El que hace ese tramo, sea verano o invierno, tiene que
inscribirse en la policía de frontera y presentarse de nuevo a la policía cuando llegue
al otro lado, tres o cuatro días después).
Las altas temperaturas que
ahora azotan la región son un enemigo implacable, sobre todo durante el tramo de 70 km.
de dunas. La arena está muy suelta y se transforma en una trampa infinita para las ruedas
de los todo terrenos y la intensa luz solar sobre la arena desdibuja por completo el
contorno de las dunas. Todo parece más homogéneo y confuso, con lo cual se hace
extremadamente complicado distinguir el camino para superarlas acertadamente y hay muchas
posibilidades de volcar ... y "quedarse ahí".
Si queremos evitar el rodeo
de 1.500 km. que da el asfalto, tan solo hay otra opción para ir a Ghat. También es a
través del desierto pero vía Dirj-Idri.
-Eso sí -nos ratifica Abdul- no es que sea
mucho más sencillo... pero no tendréis que cruzar el frente de 70 km. de dunas y os
permitirá avanzar con más posibilidades de éxito. ¿cómo conocéis esta ruta?.- Se
sorprende Abdul.
-Porque nos fascina el desierto y la última
vez que estuvimos en Libia estudiamos muchas de las numerosas posibilidades que ofrece el
territorio libio para disfrutar de él, pero lo hicimos en una estación más
benévola.-Le contesto entusiasmada.
Abdul se llena de orgullo. Le encanta que los extranjeros sientan esa
atracción por algo que el ama: el desierto. Es un medio muy duro pero la emoción que
siente el alma en medio de esos parajes es indescriptible.
Al amanecer del día siguiente vamos por asfalto a Dirj, 110 km. al este, y desde allí
atravesamos unos 450 km. de desierto dirección sudeste hasta Idri. Encontraremos dos
pozos por este yermo camino: Bir Rimit (donde reponemos el agua consumida) y Bir Gazeil,
que -seco desde hace tiempo- sólo sirve de punto de referencia e indica la antigua
posición del campo de aviación italiano, el centinela del desierto de la época
colonial.
El terreno duro y seco se
alterna con tramos de piedras y arena, donde esporádicos remolinos nos envuelven mientras
avanzamos. Antes de llegar a las arenas nos encontramos con otros vehículos, pero éstos
hace mucho tiempo que han dejado de circular. Calcinados por el sol, invadidos por las
arenas, forman parte inerte de una naturaleza implacable que los atrapó sin misericordia
convirtiéndoles en sus eternos rehenes.
Efectivamente los litros de
agua caen cuatro veces más rápidos que la última vez, el sudor también es cuatro veces
más desagradable que entonces. Chequeamos constantemente el rumbo en el GPS, el día
avanza y la luz solar es intensamente potente, el reflejo de los rayos en la arena es
cegador, tan sólo disminuye al caer la tarde. Sin llegar a las dimensiones del otro
tramo, esta ruta también presenta campos de dunas. La arena, lejos de presentar una
textura compacta, está totalmente suelta y dificulta el avance, finalmente en el tramo
aparentemente menos complicado nos atrapa, nunca hay que relajarse. Sacamos las palas y
nos ponemos a liberar las ruedas de esta ardiente trampa, desinflamos las ruedas hasta 1
kg. y activamos el blocante del diferencial trasero. Me seco la frente con el antebrazo y
compruebo que la arena se ha adherido al sudor. Miro a Vicente.
-Tócate cualquier parte descubierta ...
¡Parecemos dos filetes empanados con tanta arena pegada! -Pongo mi mejor sonrisa, aunque
se note que es forzada. Nunca hay que desmoralizarse.
-¡Pues como se levante el viento ...vamos a
parecer los abominables hombres de las arenas¡-Me comenta, tras comprobar que el también
estaba cubierto de arena.
-Prefiero no pensar en ello hasta que hayamos
salido de aquí y hayamos bebido un poco. -Le contesto- Tan solo tengo la idea fija de
llegar al terreno duro que veo a 300 metros.
-Bueno, vamos a probar así. Tenemos un solo
intento. O salimos o nos enterramos más y entonces tendremos que echar mano de las
planchas de arena. Pero esto no tiene mala pinta, creo que saldremos.
-¡Inch Allah! -recito la tantas veces
repetida frase en los países musulmanes, al tiempo que Vicente agarra el volante con
fuerza y decisión.
Hemos tenido suerte, las ruedas mordieron la arena y llegamos a las
piedras sin volver a quedar atrapados. El potente compresor que llevamos nos permite
inflar velozmente las ruedas a sus habituales 2,5 kg., algo imprescindible para evitar
pinchazos por el terreno pedregoso que se presentaba ante nosotros. En ese aspecto nos iba
realmente bien, a pesar de la cantidad de pistas de piedra que hemos surcado desde que
salimos de Ceuta... todavía no hemos pinchado ni una vez ... ¡toco madera!.
Suaves colinas salpican el
camino, ellas nos permitirán acampar a su abrigo. Nos queda un día de desierto y vamos
bien de agua. Reponer el agua en Bir Rimit fue una bendición. Nos permitimos el lujo de
una modesta ducha (3 litros cada uno), pero no puede ser de agua fría, el agua de aseo
-que va en la baca, junto a los bidones de combustible- está más que caliente tras
recibir durante todo el día los abrasivos rayos de sol. Al menos tenemos agua.
Un nuevo día que kilómetro a kilómetro nos
acerca a una pista perfectamente definida hasta los mismos edificios impersonales con los
mismos puntiagudos minaretes, que aparecen como fotocopias por todo el país. Idri es la
ciudad que alcanzamos, pero desde allí seguimos hasta Brak para unirnos a la carretera
principal que nos llevará hasta el corazón del Fezzan: Sabha.
Un alto en Brak nos permite beber
agua helada, el "caldo" de los días pasados se aleja como un mal sueño. El
antiguo castillo otomano de Brak conserva su aspecto sólido con numerosas troneras (ahora
selladas) y cañones apostados en la puerta pero el encanto queda roto porque,
lamentablemente, sus aledaños se han convertido en vertedero. Nos introducimos en el
palmeral del oasis y ante nosotros aparece la antigua medina, ahora abandonada. Volvemos a
pasear por una nueva ciudad fantasma.
AL CORAZÓN DEL IMPERIO GARAMANTE
Sabha es la capital del
Fezzan, una ciudad tan impersonal como el resto de las conocidas hasta ahora, pero es el
punto de partida de todas las expediciones que desean adentrarse por esta apartada región
del sahara. La historia más primitiva de este incógnito territorio salió a la luz
cuando se iniciaron las primeras exploraciones europeas hace apenas dos siglos. Su
distanciamiento y hostilidad la mantuvo olvidada para Occidente, y la suerte que corrieron
la mayoría de estos pioneros fue reiteradamente desafortunada. William Lucas, Friederih
Honemann, Dr. Joseph Ritchie, Capitan Georges Francis Lyon, Clapperton, Denham, Oudney, la
hermosa holandesa Alexine Tinne,... hasta un total de 150 exploradores dieron la vida por
explorar esta recóndita zona del mundo. Su fin, algunas veces fue debido al desierto,
otras por los tuaregs, por un sultán o por bandidos pero su denodado empeño y valor nos
ha permitido ahora, a las puertas de este nuevo milenio que se echa encima, de acceder a
tesoros que el tiempo y el olvido han conseguido paradójicamente preservar.
El Imperio Garamante es uno
de esos imperios olvidados que injusta y sorprendentemente la gente desconoce, y nos
incluímos los primeros pues no supimos nada de él hasta que nos encontramos cara a cara
en el emplazamiento de su antiquísima capital: Garama.
Esta gigantesca termitera,
que sólo es la triste sombra donde se ubicó la tribu de los Garamantes, ahora se
desvanece lentamente bajo el sol y las tormentas de arena pero su pasado se remonta a
¡miles de años! atrás. El propio Imperio Romano llegó hasta ella, concediéndole
estatus de vital etapa caravanera de la ruta transahariana entre el Mediterráneo y
interior del África Negra. Su privilegiada ubicación en el Wadi al-Hayat, con grandes
reservas acuíferas, les permitió construir un importante y complejo sistema de canales
subterráneos (fugaras) poblando y cultivando ampliamente la región.
Sus orígenes (que les relacionan
con los egipcios por su similar culto a Ra) y su desaparición son un interesante enigma,
que a pesar de las estudios efectuados, siguen representando un misterio por resolver y al
mismo tiempo le otorga una naturaleza más sugestiva a su ya atractiva historia.
El sol se pone, la temperatura baja unos
grados. Acampamos en el palmeral, muy cerca de las dunas del erg de Ubari. Hay que
descansar, mañana emprenderemos una nueva etapa: los petroglifos prehistóricos de wadi
Mathendous y Nabatir, un libro de historia en la piedra.
 
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"Ruta por Libia"

"El avance por el desierto
requiere constantes chequeos del rumbo."

"Las fatídicas trampas de
arena son inevitables y el trabajo para liberar nuestra montura, bajo el implacable sol,
es una de las tareas más duras que exige el avance por estas inhóspitas tierras."

"Los altos para reponer el
agua de las cantimploras son constantes pero el agua de los bidones es un líquido
ardiente."

"No es extraño encontrarse
con turismos que intentaron llegar a algún punto del desierto a través de pistas ... y
no lo lograron. Invadidos por las arenas, se han convertido en auténticas balizas que
señalan la ruta y vamos referenciándolas para crear un rutómetro fiable.."

"El fuerte turco de Brak,
otra herencia del pasado en el corazón del desierto del Fezzan."

"La antigua medina de Brak
es un pueblo fantasma y va desapareciendo poco a poco. Tan solo la mezquita ha sobrevivido
al paso del tiempo."

"La silueta de Garama marca
el emplazamiento de la capital del Imperio Garamante."
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