| Una
nueva página y un nuevo escalofrío. Un nuevo periódico cerrado y un nuevo pesar. Casi
da miedo coger el siguiente. "¿Queréis echar un vistazo a los diarios del
verano?", nos preguntó Namgyal hace cinco horas, "los tengo ahí amontonados
pero igual os interesa echarles un vistazo antes de que los tire", concluye. ¿Por
qué no?, nos interrogamos Marián y yo con la mirada, hace siglos que no tenemos acceso a
las noticias. Hoy iba a ser un día tranquilo, habíamos llegado ayer por la noche del
valle de Nubra y de cruzar por segunda vez el Kardung-La, queríamos reponernos un poco
antes de partir de nuevo. Aceptamos la invitación de esa improvisada lectura informativa
para ver como anduvo el mundo mientras nosotros estuvimos explorando los dominios de los
dioses.
Cinco horas después de esa decisión casi
nos habíamos arrepentido de ello. Las noticias de los últimos meses hunden la moral a
cualquiera, el planeta sigue igual de loco pero todo lo relativo a los monzones de este
año nos ponían los pelos de punta. En occidente nos llegan tan solo algunos ecos de esta
tragedia anual pero aquí es un tema prioritario que aparece diariamente, se trata de vida
o muerte para el presente y de prosperidad o hambruna para el futuro. Recordamos las
líneas de José Gutiérrez de Ceuta cuando nos escribió el uno de junio " Ya he visto que estáis con los monzones encima y
que os arriesgáis a que caiga todo el agua del mundo... ¡Ya veréis como la diosa
fortuna os protege y conseguís las rutas previstas! ", o
cuando el reciente cuatro de octubre nos informa y expresa su preocupación con "Ante todo, espero que las torrenciales lluvias y
las colosales inundaciones de la zona de Bihar en la India no os hayan afectado mucho,
porque lo que se está viendo por la televisión es verdaderamente preocupante. Confío
que lo importante (el alimento y el combustible) no os falte, pues en estos casos ya se
sabe que escasean. Sobre todo andad con mucho cuidado, pues estas situaciones límites
incitan al robo y al pillaje." Querido compañero de viaje, las inundaciones no nos han
aprisionado en la India y realmente la diosa fortuna nos ha protegido e inspirado cuando,
en la última semana de junio, tras muchos estudios de la zona decidimos ir al Himalaya
para no arriesgarnos a entrar durante los monzones en el sudeste asiático porque del
mismo modo que podían ser suaves podían ser devastadores -ver comienzo de la crónica
39- y atraparnos ... sino algo peor y acabar con la expedición. Como bien nos pone Pepe,
las situaciones límites incitan a que el hombre luche por su supervivencia y la raya
entre la vida y la muerte diluye las líneas entre el bien y el mal o lo propio y lo
ajeno, que en esas condiciones carece de sentido.
También recordamos las palabras de Vicente Bellés, cuando
desde Barcelona recibimos su e-mail el 19 de agosto: " Estuve preocupado pues según el plan inicial
teníais que pasar el sudeste asiático en pleno monzón. Afortunadamente vi que
cambiasteis para ir a Sikkim. Era lo lógico." El conoce bien Vietnam y sabe lo que significa "lógico" cuando
se habla de monzones en el sudeste asiático. Hay que seguir cumpliendo el famoso dicho:
"Cuanto más loca es la aventura, más cuerdo ha de ser el aventurero". Era
verdaderamente lógico resguardarse al amparo de la mayor cordillera del mundo y máxime
cuando desde ella leemos el cataclismo de este año: 6,5 millones de damnificados en la
zona de Tailandia, Vietnam, Laos y Camboya -donde se suponía que debíamos estar ahora-;
cientos de muertos; evacuaciones en masa; cientos de miles de hogares arrasados; el río
Mekong alcanza un nivel nunca visto y lo cubre todo; en la ciudad india de Hyderabad
-donde estuvimos en abril- ahora se circula en canoa; el estado de Bihar -que bordeamos
para ir a Sikkim- está anegado por las aguas; Bhutan -minúsculo país himalayo frontera
con Sikkim y que acabamos de dejar atrás- ya contabilizan 160 muertos (recorte en la
foto), y eso que está en el Himalaya; las inundaciones en Vietnam son las peores en los
últimos 40 años; en Camboya, si el 14 de septiembre se dijo que eran las peores
inundaciones en los últimos 70 años ... tan solo 4 días después, el 18 de septiembre,
ya se habían convertido en las peores de su historia; tan solo en Camboya 100.000
hectáreas de arrozales han desaparecido bajo las aguas; diques que ya han cedido y presas
en Tailandia a punto de reventar, la gigantesca presa de Lam Nam Oum está al 110% de su
capacidad y si sigue lloviendo y llega al 150% ... se desmoronará. Leemos las
declaraciones del primer ministro camboyano, Hun Sen: "He contribuido en parar los campos de matanzas, el genocidio
de Pol Pot, pero me es imposible parar este desastre natural". El calendario de los monzones, importante para
preparase ante esta lucha anual, tampoco fue respetado por el destino y un periódico pone
"Las lluvias intensas
comenzaron en julio, 45 días antes de la estación normal del monzón. Las
precipitaciones provocaron desbordamientos del Mekong, que atraviesa Camboya y Vietnam
hasta formar un delta".
Cada titular es una tragedia, las provincias
desaparecen: " En la
provincia vietnamita de Dong Thap, más de 100.000 viviendas fueron devastadas por las
inundaciones. La televisión estatal mostró escenas de la destrucción en esa provincia y
la de Long An, fronterizas con Camboya, donde vastos arrozales se habían transformado en
lagos." Otro diario explica "El 40 por ciento de las muertes infantiles
en Vietnam se produjeron en Dong Thap, donde el 95 por ciento de la provincia se encuentra
bajo las aguas, destacó Dang Ngoc Loi, director del Centro local de Coordinación para el
Desastre." Todas las previsiones
catastróficas se van cumpliendo: "El
nivel del agua en la confluencia de los ríos Mekong, Tonle Sap y un tercero en Phnom Penh
podría llegar el viernes a 11,20 metros. Si llegara a los 11,50 metros, se inundaría la
ciudad, dijeron las autoridades",
en estos momentos la capital de Camboya, Phnom Penh, ya está inundada. Otras
organizaciones de ayuda hablan de un futuro cercano pero sin demasiadas esperanzas:
"Los niveles de agua llegaron a su punto más alto, pero parece que no bajarán hasta
mediados de noviembre, siempre y cuando no se produzcan nuevas tormentas en las
inmediaciones."
-Desde julio hasta mediados de noviembre
-comento en voz alta-. Si no se alarga habrán sido cuatro meses y medio de infierno para
el sudeste asiático.
-Y nosotros llegaremos sobre esas fechas, ¿no? -me pregunta Marián tras posar un
periódico que daba más angustia que otra cosa.
-Sí, octubre está descartado, tras la lectura de hoy es evidente que es demasiado
pronto. Ni siquiera las organizaciones internacionales se pueden mover por tierra, todos
los desplazamientos los hacen con helicópteros y aviones. Tan solo ellas tienen medios y
capacidad de ayuda para esta pobre gente.
-¿Os habéis enterado de lo de la pista de Manali a Leh? -Era Namgyal el que acababa de
entrar súbitamente y nos interrogaba.
-No, ¿qué ha pasado?
-Se acaba de cerrar, las lluvias han provocado avalanchas que han destruido grandes tramos
de la pista y ya no se puede circular por ella.
-Pero es una vía militar -le digo-, los ingenieros la abrirán de nuevo, ¿no?
-Dicen que tienen para semanas de trabajo, igual no les da ni tiempo a reabrirla antes de
que lleguen las nieves y la cierren definitivamente hasta el año que viene. Vosotros
habéis pasado por los pelos.
Menudo día de noticias. Lo que dejamos
atrás -la India- con desbordamientos y lugares por los que avanzó nuestro Montero ahora
se circula en barca, donde estamos ahora -Ladakh- con avalanchas que cierran las pistas y
el futuro inmediato -sudeste asiático- arrasado por los despiadados monzones de ese año.
Es mucho para un solo día, le devolvemos los periódicos a Namgyal y le damos las
gracias. Seguramente le sirvan para encender diariamente la chimenea en cuanto llegue el
frío. Todas esas noticias se desvanecerán en humo en unos meses y nuevas letras sobre
celulosa volverán a dar noticias similares el próximo verano. Es un ciclo repetitivo que
nunca tiene fin. Tierra, agua y fuego, los tres elementos de la creación siguen estando
vigentes pero de una forma muy distinta al génesis de nuestro planeta. Primero se
disfruta la tierra, luego se padece el agua y finalmente, todas las historias de lo
ocurrido pasan por el fuego de los hogares y sus chimeneas las diluyen en la atmósfera.
-Vamos a darnos un paseo, necesito
despejarme -me dice Marián mientras se levanta de la mesa y aparta la silla-. Tengo como
una indigestión de malas noticias.
-Sí, mejor dejamos de leer y descansamos un poco. Necesitamos todas nuestras fuerzas para
mañana, tampoco será un día fácil.
-Bueno, por lo menos tus labios ya están bien. Se ha caído la gigantesca postilla y han
quedado como nuevos. Tu cabeza es la no ha quedado como nueva, ahora tiene más
"personalidad" -. Lo dice con rintintín, se refiere a que si bien mis capilares
craneales ya han vuelto a quedar ocultos por la piel, en la parte superior de la cabeza me
han quedado alguna que otra mancha de piel más clara y que no tienen pinta que vayan a
desaparecer nunca.
-Pues nada, así tengo un recuerdo "imborrable" de nuestro paseo por los cielos
de Ladakh. Oye, ¿quieres que visitemos ahora los dos gompas más cercanos de la ruta de
mañana? Eso nos ayudará a despejar la cabeza.
-Fenomenal, muy buena idea. Estos monasterios budistas y el afecto de sus monjes me sacan
de este mundo. Es justo lo que necesito, salir un rato de este mundo.
Dicho y hecho. Volvimos a deslizarnos por
los hogares terrenales que Buda ha conseguido diseminar por su feudo montañoso. Y de
nuevo los riscos nos mostraban recintos sagrados como el de Spituk o el de Phyang. En este
último los dos jóvenes lamas que se encargaban del monasterio nos atendieron con su
amabilidad acostumbrada. Eran dos hermanos pero solo uno de ellos -Tundup- hablaba inglés
y nos daba animada conversación. El mal de altura le traía de cabeza y en realidad su
destino de 6 meses en Leh lo había aceptado con la resignación que sus superiores le
habían impuesto. Deseaba volver al monasterio de las afueras de Delhi, su ciudad, pero en
lo que todos estábamos de acuerdo era en la belleza sublime que nos rodeaba, mirásemos a
donde mirásemos.
LA RUTA DE LAS CARAVANAS
El mágico emplazamiento de Leh provoca que
durante unos cuantos kilómetros su aplastada silueta siga viéndose por el retrovisor o
por la ventanilla cuando hay una curva cerrada hacia el sur. Y en un giro determinado, se
acabó. Leh es tragada por las montañas, desaparece de la vista aunque nunca
desaparecerá de nuestros corazones.
Los ríos están altos por el deshielo y en
Nimmu, la unión de las verdes aguas del río Indo y las pardas del río Zanskar es todo
un espectáculo. Remontando el curso del río Zanskar llegaríamos enseguida a Padum, la
capital de remoto valle de Zanskar, pero nadie puede remontar ese bravo río, bueno, eso
no es correcto, se puede remontar ... caminando sobre sus aguas ... cuando estas se
congelan en lo más frío del invierno. Pero los nómadas que no nos consideramos capaces
de superar temperaturas que 40º bajo cero para emular a Jesucristo tan solo tenemos una
ruta terrestre alternativa para llegar a ese valle perdido y que supone muchos cientos de
kilómetros de pistas de alta montaña. Una ruta caravanera que nos va a suponer el
desafío de superar tres nuevos míticos pasos -dos de ellos superiores a los 4.000
metros-, bordear dos picos de más de 7.000 metros, deslizarnos rozando precipicios,
saludar a gigantescos glaciares, nadar en mares de estupas, maravillarnos por históricos
gompas, movernos por pueblos recónditos, adentrarnos por gargantas, ... Y los últimos
300 kilómetros por partida doble porque Zanskar es un callejón sin salida, se sale por
donde se entra. Todo ello para llegar a Zanskar, que por increíble que parezca, es un
enclave todavía más remoto que Ladakh, más inaccesible, muy pocas veces abierto, muchas
veces cerrado. Cuando las nieves hacen acto de presencia, todo se cierra y si la
población tiene que salir del valle no le queda más solución que esperar a que se hiele
el río Zanskar y caminar por el cauce helado hasta llegar al río Indo ... para entrar en
Ladakh, su hermano mayor. Era reino vasallo de Ladakh pero en la realidad era
prácticamente independiente por su aislamiento.
El ensordecedor ruido de un convoy militar
de 12 camiones y dos todo terrenos nos recuerdan que los vehículos militares van a ser el
pan de cada kilómetro hasta que salgamos de Cachemira, y más ahora, que la ruta
Manali-Leh está cerrada. Cuando se disipa la polvareda reiniciamos la marcha.
Pero si bien las pistas son un dominio
militar, las montañas y la población son de dominio budista. Las casas seguían
mostrando los estandartes inequívocos de sus banderolas de oración -las oriflamas-
ondeando en las cuatro esquinas de sus chatos tejados. Cada casa eleva sus propias
plegarias al cielo, pidiendo la tan necesaria protección, suerte, prosperidad y larga
vida.
El gompa de Bazgo perdió el esplendor del
cual gozó en otros tiempos, cuando fue la capital de Ladakh inferior antes de que el
reino se unificara en Leh. Con sus 400 años sigue encumbrado en su tortuoso risco
solitario. La mirada de la gente es directa y amistosa. Las sonrisas siguen siendo su
tarjeta de visita y cuando nos cruzamos con unas ancianas que iban a trabajar al campo con
su indumentaria típica y sus cestas colgadas a la espalda el encuentro nos traslada a
tiempos inmemoriales. Nos paramos y les preguntamos si quedaba mucho para el gompa de
Alchi. Tras hablar entre ellas y gesticular nos indicaron que estábamos muy cerca. No
hablaban inglés pero eran muy participativas y con su natural desenvoltura se explicaron
muy bien.
El gompa de Alchi es uno de los más
antiguos de Ladakh, del s.XI, y también es conocido como el gompa de la "Rueda del
Dharma", su originalidad con respecto a sus hermanos estriba en que se encuentra a
ras del suelo. El hervidero de monjes yendo de un lado para otro contrasta con la soledad
de los demás. Lamas rezando en el interior de las salas, novicios corriendo y jugando sin
cesar, preparando la comida, girando rodillos de oración.
Para Likir nos debimos desviar de la
carretera principal unos cinco kilómetros pero fue fácil encontrarlo al estar coronado
con una enorme estatua dorada de Buda. También conocido como "El Espíritu del
Agua", el gompa rinde honor con su nombre al poder del líquido elemento, más
vigoroso que las propias montañas. Tras la obra de los monzones asiáticos nadie duda que
tenga espíritu ... aunque muchas veces es demoníaco. Nuestro último alto por los
templos de Buda en el Indo fue en Rizong pero para llegar a él tuvimos que caminar
durante varios kilómetros cuesta arriba con todo el equipo. El tortuoso camino era un
lecho de piedras a través del corazón rocoso de un desfiladero. Y tras bordear jadeando
la última curva, aparece el monasterio como una cascada por la ladera interior de un
embudo. Se puede estar a 10 metros y no verlo, se halla totalmente oculto, tan solo se le
vislumbra si se penetra por la enjuta grieta por la que nos hemos adentrado o si se llega
por arriba al mismísimo borde del pequeño círculo de rocas donde se sumerge. Escondido,
solitario, sosegado, queriendo pasar desapercibido de los ojos humanos para solo dedicarse
a sus sagrados quehaceres. Todo era tan silencioso que los únicos sonidos que recuerdo
eran los de las risas de los novicios y los de una pareja de perdices que correteaban
entre las piedras huyendo de los inesperados caminantes que aparecimos de improviso.
Dieron la voz de alarma mediante estridencias agudas que eran contestadas por otras
compañeras de bandada. De pronto, un estruendoso trueno invade el sendero pedregoso y
comienzan a descender gruesas gotas de lluvia de las nubes grises que nos arropan. Fue tan
repentino y rápido el aguacero, que apenas nos dio tiempo a llegar al arco de la estupa
de la entrada. Todo transcurre en cinco minutos: primero el trueno, luego el diluvio y
finalmente la desaparición del agua entre las rocas. ¡No había ni charcos!, llegamos al
todo terreno secos y contentos por haber divisado aquel recóndito monasterio apartado.
ATRAPADOS EN EL TIEMPO
El permiso que nos ha concedido la
Magistratura del Distrito incluye el valle de Dah, cerrado hasta hace muy poco a los
extranjeros debido a la proximidad de las conflictivas zonas fronterizas. Y es un acceso
realmente restrictivo puesto que a la más mínima incidencia fronteriza -y hay muchas- se
prohibe el acceso. Sin ir más lejos, todo el pasado año estuvo cerrado por la guerra
artillera que libraron la India y Pakistán en este lugar. Tras dos años sin dar
autorizaciones -solo se puede acceder en verano- hemos tenido la suerte que la ausencia de
bombardeos este año nos ha permitido entrar. Entre el río Khalatse y las tierras
encajadas por los ríos Shyok -viejo amigo del valle de Nubra- e Indo -ya amigo de toda la
vida- vive un pueblo conocido como los Drok-pa que, aunque su nombre sea budista, son
cultural y racialmente diferentes del resto de los ladakhis. No son muchos, apenas
sobrepasan las dos mil personas pero son indo-arios que permanecieron sin mezclarse con
otras etnias en el transcurso de los siglos desde que abandonaron sus tierras originarias
en Gilgit, antes de la propagación del Islam. Sus prácticas religiosas son conocidas
como Bon-chos, manifestaciones pre-budistas muy antiguas. Y una de sus curiosas costumbres
es que aborrecen las vacas y todo los productos derivados de ellas. Pero en cambio el
íbex se convierte en su animal sagrado. Al paso de algunos de los poblados del valle
pudimos observar algunas rocas donde el sagrado rumiante aparecía grabado. Y cuantas
otras nos habremos perdido porque habrán sucumbido en el olvido o sepultadas bajos las
frecuentes avalanchas que son pródigas en esta zona. Todo sigue vivo y estos territorios
también siguen haciéndose día a día bajo los cálidos rayos de sol del verano y la
furia de las ventiscas del invierno. No me extraña que le llamen la tierra de los
interminables hallazgos.
El desfiladero serpentea por imponentes
montañas coronadas de nieve. Al fondo de la cual corre el Indo en forma de un torrente
flanqueado por unas paredes tan escarpadas en algunos tramos que a duras penas cualquier
ser humano podría trepar por ellas. Probablemente un íbex se habría encaramado sin
dificultad por tan inestable terreno.
La montaña rusa natural por la cual
culebreamos nos muestra la riqueza de este valle perdido y cuando llegamos a la población
de Dah, un control militar nos inspecciona el permiso y un oficial nos indica que si
queremos podemos seguir unos pocos kilómetros más pero que tendremos que regresar por
donde hemos venido, estamos ya demasiado cerca de la frontera en armas y tan solo los
militares tienen acceso, hasta los propios indios no residentes en la zona necesitan un
permiso para seguir avanzando. Es el momento de regresar a Khalsi para dirigirnos al gompa
de Lamayuru.
EL LUGAR DE LA LIBERTAD
Ni en los mapas que tenemos ni en los libros
figuraba que hubiese nada especial entre Khalsi y Lamayuru pero ya creo que lo había. La
pista antigua pasaba por la base del valle, junto al río, pero la estrechez -que
imposibilitaba el cruce de vehículos en esta vía de tráfico continuo- así como los
incesantes cortes debido a las crecidas del río y a las avalanchas había creado la
necesidad de la construcción de una nueva vía para unir Khalsi con Lamayuru y proseguir
posteriormente por la ruta habitual hasta Kargil.
La nueva ruta -abierta recientemente a
juzgar por su estado y el encuentro continuo con grupos de trabajadores con pala y pico en
ristre- es más ancha y transcurre a media ladera, lo que la hace menos sensible a los
cortes por desprendimientos y anula por completo la acción erosiva del torrente que
discurre por la base. Pero la ascensión ... la ascensión es un entramado inimaginable,
una escalada vertical a base de un paranoico zigzag de curvas y rizos espeluznantes y
sobrecogedores. La anchura permitía el cruce con otros vehículos en los tramos rectos
pero no así en las curvas, los que ascienden -en este caso nosotros- tenemos que pararnos
al borde del precipicio para permitir pasar a los que descienden. Cuando habíamos
ascendido un largo trecho nos encontramos con el primer convoy militar, lo pasamos tan mal
-en las curvas casi nos rozaban porque no les da el ángulo de giro y somos conscientes
que un simple toque de esos mastodontes nos tiraría pendiente abajo- que ya no hubo
segunda vez, en cuanto veíamos uno dejábamos caer el todo terreno marcha atrás hasta
alcanzar un tramo recto que permitiese su paso sin jugarnos la vida por un giro mal dado o
un despiste del conductor de alguno de esos titanes de metal kaki. Pero una vez arriba y
admirando el paisaje que nos rodea, esos dinosaurios mecánicos que bajaban por los rizos
se asemejaban a hormigas correteando por un hormiguero. La llegada a Lamayuru no podía
haber sido más teatral.
El gompa pertenece a la orden de los
kagyupa, otra de las muchas órdenes que existen dentro del budismo, una religión que es
muchísimo más compleja de lo que parece y que desgraciadamente no podemos explicar
porque sería demasiado extenso. Pero Lamayuru es también el gompa más antiguo de los
que se conocen en Ladakh, remontándose su construcción al s.X. Su antiguo nombre era
"Lugar de la Libertad" pues hace mucho tiempo se daba asilo hasta a los
criminales que pedían cobijo, pero dicha costumbre ha dejado de practicarse. El
monasterio es un precioso nido de águilas que se eleva sobre las colinas circundantes con
un porte distinguido sin igual.
A Lamayuru le sigue el paso Fatu-La con sus
4.147 metros, el de Namika-La con sus 3.760 metros y Mulbek, un faro budista. Los fieles,
en peregrinación santa o como viajeros ocasionales, acuden sin cesar a venerar este
gigantesco Buda de 8 metros, que labrado en una gran roca hace 700 años se yergue con sus
cuatro brazos y un rostro imperturbable que escudriña el futuro ... puesto que se trata
de Maitreya, el Buda del Futuro.
Nos vamos acercando a Kargil, famosa
internacionalmente por la última e inútil guerra indo-pakistaní que transcurrió hace
un año y que se llamó "la guerra de los altos de Kargil". Los poblados
comienzan a estar dominados por las mezquitas y sus minaretes. Las barbas pueblan las
caras de los hombres que con sus chaluar camise al estilo pakistaní pululan por las
calles. Y también el mundo femenino ha dado un súbito giro, hay muy pocas mujeres, todas
cubiertas y con andares y miradas esquivas y desconfiadas. A partir de ahora comienza el
territorio dominado por los musulmanes, su religión, sus costumbres, sus pueblos.
Cuando llegamos a Kargil nos encontramos con
un villorrio horrible y destartalado del cual intentaremos salir lo más rápidamente
posible. Si siguiésemos hacia el oeste nos adentraríamos en la cachemira musulmana allí
donde el terrorismo, las represalias, la guerra, los toques de queda, la sangre y las
lágrimas se funden para crear una vergonzosa espiral de violencia. No sólo nadie ha sido
capaz de detenerlo en los más de 50 años que dura el conflicto sino que en los últimos
10 años se ha transformado en un infierno de muerte y llantos. Tendremos que ir hacia el
oeste y pasar por Srinagar pero todavía no es el momento, ahora tenemos que adentrarnos
en el último valle ladakhi y Kargil es la única puerta de Zanskar.
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Ruta por Ladakh. (Detalle de la ruta en link)

Una nueva página y un nuevo escalofrío. Un nuevo periódico cerrado y un nuevo pesar.
Casi da miedo coger el siguiente. Era verdaderamente lógico resguardarse de los
devastadores monzones al amparo de la mayor cordillera del mundo y máxime cuando desde
ella leemos el cataclismo de este año: 6,5 millones de damnificados en la zona de
Tailandia, Vietnam, Laos y Camboya -donde se suponía que debíamos estar ahora-; cientos
de muertos; evacuaciones en masa; cientos de miles de hogares arrasados; el río Mekong
alcanza un nivel nunca visto y lo cubre todo; en la ciudad india de Hyderabad -donde
estuvimos en abril- ahora se circula en canoa (foto en el periódico); el estado de Bihar
-que bordeamos para ir a Sikkim- está anegado por las aguas; Bhutan -minúsculo país
himalayo frontera con Sikkim que acabamos de dejar atrás- ya cuenta contabiliza 160
muertos (recorte en la foto), y eso que está en el Himalaya; las inundaciones en Vietnam
son las peores en los últimos 40 años; en Camboya, si el 14 de septiembre se dijo que
eran las peores inundaciones en los últimos 70 años ... tan solo 4 días después, el 18
de septiembre, ya se habían convertido en las peores de su historia (recorte en la foto);
tan solo en Camboya 100.000 hectáreas de arrozales han desaparecido bajo las aguas;
diques que ya han cedido y presas en Tailandia a punto de reventar, la gigantesca presa de
Lam Nam Oum está al 110% de su capacidad y si sigue lloviendo y llega al 150% ... se
desmoronará. (Más fotos en link)

"Fenomenal, muy buena idea. Estos monasterios budistas y el afecto de sus monjes me
sacan de este mundo. Es justo lo que necesito, salir un rato de este mundo", me dice
Marián. Y era cierto, la prensa que leímos era para deprimir a cualquiera. Dicho y
hecho. Volvimos a deslizarnos por los hogares terrenales que Buda ha conseguido diseminar
por su feudo montañoso. Y de nuevo los riscos nos mostraban recintos sagrados como el de
Phyang (en la foto), encajado en lo más profundo de un pequeño valle de las cercanías
de Leh. (Más fotos en Link)

Gompa de Spytuk. ¿Quién no se siente lejos del mundo cotidiano cuando se sube a una
terraza así y se dispone de estas vistas?

Los ríos están altos por el deshielo y en Nimmu, la unión de las verdes aguas del río
Indo y las pardas del río Zanskar es todo un espectáculo. Remontando el curso del río
Zanskar llegaríamos enseguida a Padum, la capital de remoto valle de Zanskar, pero nadie
puede remontar ese bravo río, bueno, eso no es correcto, se puede remontar ... caminando
sobre sus aguas ... cuando estas se congelan en lo más frío del invierno. Pero los
nómadas que no nos consideramos capaces de superar temperaturas que 40º bajo cero para
emular a Jesucristo tan solo tenemos una ruta terrestre alternativa para llegar a ese
valle perdido, una ruta caravanera transformada en pista y que supone muchos cientos de
kilómetros repletos de glaciares, precipicios, cruces de ríos, gompas, pasos que superan
los 4.000 metros de altura, ... Un "bonito" paseo. (Detalle en link)

Para el Gompa de Likir nos debimos desviar de la carretera principal unos cinco
kilómetros pero fue fácil encontrarlo al estar coronado con una enorme estatua dorada de
Buda. También conocido como "El Espíritu del Agua", el gompa rinde honor con
su nombre al poder del líquido elemento, más vigoroso que las propias montañas.
(Panorámica de Likir y gompa de Bazgo en link)

Unos candados con unas hermosísimas y exóticas llaves son los custodios de las salas
sagradas. Pero siempre hay una mano amiga y hospitalaria que nos abrirá el acceso a los
tesoros interiores de los gompa. (Detalle de las llaves en link).

Y tras los candados ... los tesoros murales que narran las historias y creencias del
budismo así como la propia historia del lugar. En la foto tenemos la pintura mural que
representa al propio monasterio budista de Likir y a uno de sus santos. (Más pinturas del
gompa de Likir en link)

El gompa de Alchi es uno de los más antiguos de Ladakh, del s.XI, y también es conocido
como el gompa de la "Rueda del Dharma", su originalidad con respecto a sus
hermanos estriba en que se encuentra a ras del suelo y que posee una obra de esculturas de
madera en el exterior que no tiene igual en todo el valle. El hervidero de monjes yendo de
un lado para otro contrasta con la soledad de los demás. Lamas rezando en el interior de
las salas, novicios corriendo y jugando sin cesar, preparando la comida, fieles girando
rodillos de oración, mujeres con sus tradicionales vestimentas...

Las mujeres ladakhis nos llaman nuestra atención a nosotros pero "nuestras
chicas" también les llaman la atención a ellos y era habitual que ladakhis (hombres
o mujeres) así como los monjes se acercasen para curiosear a la "extranjera" o
ver lo que hacía. El cazador cazado de nuevo.

Nuestro último alto por los templos de Buda en el Indo fue en Rizong pero para llegar a
él tuvimos que caminar durante varios kilómetros cuesta arriba con todo el equipo. El
tortuoso camino era un lecho de piedras a través del corazón rocoso de un desfiladero. Y
tras bordear jadeando la última curva, aparece la estupa que anuncia el monasterio, una
cascada de edificios tibetanos que se encaraman a la ladera interior de un embudo. Se
puede estar a 10 metros y no verlo, se halla totalmente oculto, tan solo se le vislumbra
si se penetra por la enjuta grieta por la que nos hemos adentrado o si se llega por arriba
al mismísimo borde del pequeño círculo de rocas donde se sumerge. Escondido, solitario,
sosegado, queriendo pasar desapercibido de los ojos humanos para solo dedicarse a sus
sagrados quehaceres. Todo era tan silencioso que los únicos sonidos que recuerdos eran
los de las risas de los novicios y los de una pareja de perdices que correteaban entre las
piedras huyendo de los inesperados caminantes que aparecimos de improviso. (Detalle en
link)

El permiso que nos ha concedido la Magistratura del Distrito incluye el valle de Dah,
cerrado hasta hace muy poco a los extranjeros debido a la proximidad de las conflictivas
zonas fronterizas. Y es un acceso realmente restrictivo puesto a que a la más mínima
incidencia fronteriza -y hay muchas- se prohibe el acceso, sin ir más lejos, todo el año
pasado estuvo cerrado por la guerra artillera que libraron la India y Pakistán en este
lugar. El desfiladero, un nuevo Shangri-La repleto de oasis de montaña, serpentea por
imponentes montañas, al fondo de las cuales corre el Indo en forma de un torrente
flanqueado por muros escarpados o por paredes de piedra suelta que no paran de
desmoronarse. (Detalle en link)

Avanzamos por el valle de Dah, la población sigue siendo acogedora y aparecen grabados
rupestres idénticos a los que nos encontramos en las zonas de Chilas, Skardu y Chitral en
Pakistán. Y cuantos otros nos habremos perdido porque habrán sucumbido en el olvido o
sepultadas bajos las frecuentes avalanchas que son pródigas en esta zona. Todo sigue vivo
y estos territorios también siguen haciéndose día a día bajo los cálidos rayos de sol
del verano y la furia de las ventiscas del invierno. No me extraña que le llamen la
tierra de los interminables hallazgos. (Detalle en link)

Ni en los mapas que tenemos ni en los libros figuraba que hubiese nada especial entre
Khalsi y el gompa de Lamayuru pero ya creo que lo había. La ascensión es un entramado
inimaginable, es alpinismo automovilístico de una pared vertical de cientos de metros a
base de un paranoico zigzag de curvas enredadas con espeluznantes y sobrecogedores rizos.
(Detalle en link)

El monasterio budista de Lamayuru es un precioso nido de águilas que se eleva sobre las
colinas circundantes con un porte distinguido sin igual. Es también el gompa más antiguo
de los que se conocen en Ladakh, remontándose su construcción al s.X. Su antiguo nombre
era "Lugar de la Libertad" pues hace mucho tiempo se daba asilo hasta a los
criminales que pedían cobijo, pero dicha costumbre ha dejado de practicarse. (Detalles en
link)

A Lamayuru le sigue el paso Fatu-La con sus 4.147 metros, el de Namika-La con sus 3.760
metros y Mulbek, un faro budista. Los fieles, en peregrinación santa o como viajeros
ocasionales, acuden sin cesar a venerar este gigantesco Buda de 8 metros, que labrado en
una gran roca hace 700 años se yergue con sus cuatro brazos y un rostro imperturbable que
escudriña el futuro. (Detalle en link). |