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-¡Terminé,
ya lo domino! - nos dice Vicente todo eufórico cuando se baja del coche.
Venía del hotel Soaltee y se reunía con mi hermano y conmigo en el
centro de Kathmandu.
-¿De verdad que ya has terminado? - mi sonrisa se abre ancha sin poder
evitarlo.
-Sí, ya nos podemos dedicar a Kathmandu y a Nepal.
Cuatro días. Durante cuatro largos días fue rehén de un recién llegado
repleto de chips y bytes: el nuevo ordenador. Es un aparato estupendo, un
Acer TravelMate 507T, un pentium II a 466 Mhz, 64 Mb de Ram, 4,8 Gb de
memoria, pantalla TFT, Cd Rom y disquetera incorporados (¡por fin
disquetera!), buenos altavoces y un montón de cosas más entre las que
figuraba un modem incorporado. Estaba ya configurado pero ahora había que
probar cada uno de los programas y aplicaciones antes de cantar victoria.
Era
más fácil decirlo que hacerlo. Los conocimientos básicos que tenemos
sobre informática no nos dan mucho margen de maniobra. ¿Y si al hacer
una prueba ocurre algo o el ordenador nos asalta con una pregunta de la
que no tenemos ni idea? Vicente llegó a la conclusión de que teníamos
que hacer todas las pruebas con alguien que entendiese realmente de informática
por si surgían problemas. Descartamos cualquier cibercafé o técnicos en
informática porque era una tómbola elegir uno, podía salir uno bueno o
uno chapucero. Y si ocurría algo seguro que se lavaban las manos. Tenía
que ser alguien más implicado con el tema de los viajes y expediciones,
alguien que se lo tomase como algo personal y se involucrase con nosotros
en obtener una operatividad del cien por cien. ¿Pero quién? Si aquí no
conocemos a nadie.
UN
PADRINO PARA EL "NIÑO"
Vicente
tuvo una idea para trabajar con tranquilidad. Mandó un e-mail a Jesús de
CATAI Tours para que nos remitiese la relación de hoteles donde alojan a
sus clientes en Nepal. Siempre eligen los mejores establecimientos de cada
lugar y todos los hoteles de lujo ya tienen un "business center"
con salas de congresos, centralitas propias, faxes,... y un centro informático
con conexión permanente a internet y todo tipo de asistencia técnica
para los clientes "informatizados". En Kathmandu, CATAI Tours
aloja a sus clientes en el Soaltee Crowne Plaza, posiblemente el más
esmerado y lujoso establecimiento de la capital de Nepal.
Cuando
entramos por el gran portal que daba acceso a su recinto nos dimos cuenta
que aquello no era un hotel convencional, era casi un pueblo: jardines por
doquier, piscina exquisitamente ambientada, cinco restaurantes, un ala
independiente con suites para personalidades, un edificio en forma de L
donde hay 283 habitaciones de lujo, otro edificio es el casino,... y
dentro, salas inmensas, enormes plantas, decoración muy selecta,
terrazas, fuentes,... Hacía tiempo que no veíamos tanta exhibición de
lujo, la verdad es que impresiona.
Nos
identificamos en recepción y pedimos hablar con el encargando del "business
center". Nos recibe Jugesh Shrestha y le explicamos todo sobre la
expedición así como el accidente del ordenador y que acabábamos de
recibir el nuevo pero... todavía teníamos que hacer todas las pruebas y
nos gustaría tener un buen técnico cerca por si surgían problemas sobre
la marcha. Afable y muy participativo nos presenta a su superior, Sunim
Tamang, jefe de marketing, y él mismo le explica el proyecto y la
inquietud que teníamos con las pruebas del nuevo ordenador. Realmente
cordial y entusiasta con los propósitos de la expedición nos brinda
inmediatamente la total asistencia de sus técnicos así como la utilización
ilimitada de la sala de ordenadores. Era un sueño, con este apoyo ya no
nos preocupaba nada. Jugesh nos lleva al "business center" y nos
presenta a Joshi y Manandhar, ellos atienden el centro de comunicaciones y
estaríamos codo a codo con ellos. Sunim aparece al poco con Sapkota
–jefe de informática del hotel- y Basyal, su ayudante. Todos son
encantadores y se prestan para todo lo que necesitemos.
Hay
lugares de auxilio realmente emblemáticos, como la Cyber City de
Islamabad (Pakistán), De Souza Group en Goa (India) y ahora el hotel
Soaltee en Kathmandu (Nepal). Tres grandes "flotadores" informáticos
que aparecieron en momentos de apuros tecnológicos. No sólo fueron
"ayuda", se convirtieron en nuestros "profesores". No
se limitaban a solucionar problemas sino que nos enseñaban cosas nuevas
que pensaban que nos serían muy útiles. Por ejemplo, fue la Cyber City
quién nos enseñó cómo realizar los mapas para las crónicas y gracias
a ellos todas las crónicas llevan ahora un mapa de la ruta. El "business
center" del Soaltee fue un caso similar, se convirtió en el primer
padrino de nuestro nuevo "niño".
LA
BATALLA DE LOS BYTES
Vicente
se pasó 4 días en el centro informático, aparecía sobre las 9 de la mañana
con unos sandwich para la comer allí mismo y no salía hasta la cena,
cuando nos iba a buscar. Probó hasta la saciedad todo lo instalado para
estar seguro de que más adelante no iba a dar problemas. Chequeó primero
el Photoshop, luego la descarga de las fotos de la cámara digital Olympus,
le siguieron la grabadora HP, la impresora Olivetti, la carga y descarga
de datos del GPS,... la lista es interminable. Todo iba de maravilla, tan
solo dos incidentes.
El
MS Word daba problemas, había comandos que no obedecían y de vez en
cuando se quedaba "colgado". Teníamos una copia de seguridad de
nuestro CD Office 97 pero... la salida de la expedición fue tan
estresante y agotadora que no pudimos probarla. Con la ayuda del Soaltee
hubiésemos podido desinstalarlo y volverlo a instalar pero... ¿y si el
CD no estaba bien y nos quedamos sin MS Word en español? No quisimos
arriesgarnos, como más o menos funcionaba decidimos seguir con lo
instalado, ya solucionaríamos el problema encontrando un Office 97 en
español en alguna embajada de España o bien le pediremos a alguien que
nos lo envíe a algún lugar de nuestra ruta.
El
otro incidente se centraba en la conexión satélite. No conectábamos con
el servidor de Ceuta. Vinieron Sapkota y Basyal, chequearon toda la
configuración y fuimos haciendo pruebas y nada, que no conectábamos. Era
la primera vez que tenían en sus manos una conexión con un teléfono satélite
directo pero se lo tomaron como un desafío. Al final lo encontraron, era
realmente fácil de encontrar... cuando se sabe. El teléfono satélite
Inmarsat Ibérica tiene modem incorporado así que se puede usar incluso
con un ordenador sin modem, lo cual es una gran ventaja. El Acer venía
con modem incorporado y la salida de datos estaba conectada por defecto a
la salida de clavija telefónica del propio ordenador... pero el teléfono
estaba conectado al puerto de serie así que no recibía la señal. El
mundo informático es realmente proceloso y ladino. Cambiaron de modem y
de puerto y... funcionó de maravilla.
Ya
se entusiasmaron y nos enseñaron como conectar nuestro modem a una línea
telefónica standard, enlazar con un servidor local y usar nuestro propio
ordenador para conectar con el servidor de Ceuta a través de una llamada
local (y no una internacional como hasta ahora). Así, si alguien nos
"presta" su servidor local y su clave, podríamos recibir
nuestro correo personal del servidor de Ceuta. Un entendido en ordenadores
diría "es obvio" pero para nosotros todo era nuevo, vamos
apuntando todo en nuestro cuaderno "informático". Nos dan una línea
telefónica exclusiva para nosotros, nos conectan el ordenador a ella y
hasta nos dan la clave de acceso a su servidor para gozar de total
libertad para usar internet o mandar y recibir correo sin tener que estar
dependiendo de sus ordenadores, que igual están ocupados por clientes del
hotel.
La
última lección informática le costó a Sapkota, Basyal y Vicente toda
una tarde. El Olivetti seguía operativo e íbamos a seguir usándolo pero
como la disquetera no funcionaba había que conectar los dos ordenadores
para poder extraer la información; además queríamos volcar todo el
disco duro al nuevo ordenador y así tener el trabajo en dos discos duros
independientes. No había cables de conexión en todo Kathmandu porque es
algo que no pide nadie, ni cortos ni perezosos le quitaron el cable de
conexión a dos equipos suyos y lo usaron para conectar nuestros dos
ordenadores. Primero probaron la conexión a través del programa Lap Link
para MS DOS pero renombraba todos los archivos al tener todos los nombres
largos y mezclaba todas las carpetas. Luego probamos con windows y tuvimos
que rebautizar los dos ordenadores porque los dos fueron llamados igual (¡Qué
casualidad!) y no aceptaban la conexión, y mil cosas más imposible de
describir. Y como siempre, Sapkota y Baysal vencieron a la máquina y nos
enseñaron como hacerlo. Todo iba sobre la seda, estábamos maravillados,
nos dedicaban un tiempo que jamás hubiésemos podido imaginar. No solo
resolvían los problemas sino que convirtieron a Vicente en su alumno y no
paraban de enseñarle cosas prácticas que podría necesitar en el futuro.
El propio Baysal, al ver que iba a ser imposible encontrar un cable de
conexión entre ordenadores y el que habíamos usado tenía que volver al
equipo original... fabricó otro en el taller y nos lo regaló. Será
realmente difícil de olvidar el hotel Soaltee.
Tampoco
Sunim Tamang perdió el tiempo, por su cuenta organizó una rueda de
prensa para que en Nepal se conociese la expedición. Convocó a los más
importantes periodistas y se celebró la reunión, de un modo informal, en
la gran cafetería de la entrada. Realmente se involucró con la Ruta de
los Imperios, nos sentíamos muy honrados y agasajados.
ÁGORAS
DE DEVOTOS
Los
nubarrones informáticos se disipan del todo y cuál ave Fénix, la
expedición retoma el vuelo y se deja absorber por la atmósfera de
Kathmandu. Nos perdemos por sus callejuelas, un mundo chocante se va
desvelando ante nosotros tres. La pobreza es patente pero siempre hay en
algún rincón donde se oyen unas risas, niños jugando divertidos ajenos
a la dura vida que les espera de adulto, gente rezando en muchos de los múltiples
templos que se levantan por todos los rincones... y cuando por fin
alcanzamos la admirada Durbar Square -"Plaza del Palacio"-, nos
dejamos seducir. ¿Quién se podría resistir a tanta belleza?
Esta
concurrida plaza concentra los fastuosos templos que tan merecida fama han
dado a Nepal. Y las escenas habituales de ciclorickshaws corriendo con
pasajeros de un lado para otro, mujeres en las escalinatas de los templos
pagodas vendiendo verduras y frutas se entremezcla con los comerciante que
han preferido dedicarse a vender recuerdos a los viajeros que llegan hasta
este lejano país. Un repentino aguacero nos obliga a resguardarnos bajo
el techo de uno de sus hermosos templos. Esta eventualidad nos permite
dedicarle más tiempo a contemplar los detalles de su minucioso trabajo en
madera. En los puntales que soportan los techos han alojado escenas eróticas.
Aunque no están finamente talladas, representan de una forma natural y
sencilla una escena más del ciclo de la vida en el que de una forma u
otra participamos todos. Es evidente que el intercambio de creencias
budistas tibetanas e hindúes se entremezclan en el arte como lo hacen día
a día es sus vidas cotidianas. A los pies del templo, desde lo alto de la
escalinata vemos correr de un lado para otro a viajeros, ciudadanos o
vendedores intentando resguardarse de la lluvia. Cuando finalmente el
cielo nos libera de nuestro sagrado refugio, el bullicio comienza a
desplegarse de nuevo por calles y escalinatas con la misma prontitud con
la que se comenzó todo.
Patan
-o Lalitpur, la "Ciudad de la Belleza"- es la segunda ciudad más
importante del valle y está separada de la capital tan sólo por el río
Bagmati. Ciudad hermana de Kathmandu tiene el aliciente de ser más
apacible por la razón de no poseer tantos hoteles, restaurantes y tiendas
para turistas como su vecina. Los templos siguen siendo los dueños y señores
del encanto que encierra esta urbe, en su Durbar Square, el perfil de las
puntas de flecha de sus tejados es la corona de este ágora de peregrinaje
y devoción. Estamos en el centro de un campo de pagodas que se enarbolan
como saetas listas para despegar hacia el hogar de los dioses.
La
tercera ciudad más importante es Bhaktapur -o Bhadgaon, la "Ciudad
de los Devotos"- y en ella, al estar algo más alejada de la capital,
se respira un ambiente totalmente medieval. Su herencia arquitectónica de
templos, palacios, pagodas... nos fascina con un arte en filigrana único
en el mundo. Si seductora es su arquitectura de otros tiempos no es el único
de sus atractivos. Quizás tenga hasta mayor aliciente el simple hecho de
observar los intemporales y, en apariencia, inmutables rituales de la vida
cotidiana.
De
pronto la plaza se inunda por una horda de pequeños que han terminado sus
clases y abandonan el colegio. Corretean incontrolados de una lado para
otro. En las escalinatas de uno de los templos de la Plaza Real, las
estatuas inmóviles de unos rinocerontes, leones, caballos y todo tipo de
seres mitológicos aparecen cabalgadas por unos improvisados jinetes. Los
niños juegan sobre ellas como si estuvieran en un parque de atracciones y
sus risas alocadas retumban en las piedras con forma animal. Vuelven a
desaparecer todos como si nunca hubiesen estado allí y el regio lugar
vuelve a impregnarse de esa paz y tranquilidad que le convierte en una
fantasía intemporal.
La
vida sigue, el grano se seca al sol, la gente recoge el agua o se lava en
las fuentes públicas, las madejas de hilo tintado se tienden al aire
libre para secarse, las tiendas exponen sus mercancías, los alfareros
hacen girar el barro, las mujeres muelen el grano... Una señora con paso
quedo avanza por una callejuela junto a nosotros, lleva una cesta de
mimbre en la espalda sujeta a la cabeza por una cinta. En su interior
lleva verduras pero ¿cuánto tiempo llevan repitiendo la misma escena? Lo
hizo su madre, su abuela, su bisabuela... podríamos viajar trescientos años
atrás y comprobar que esa misma postura, ese mismo gesto, esas mismas
arrugas se han perpetuado a lo largo de los siglos ¡Hay tanto que ver! ¡Hay
tanto por descubrir en cada cara, en cada ademán! La pretérita atmósfera
de Bhaktapur es capaz de sumir al viajero en un sueño irreal.
Pero
el ciclo de la vida y la muerte se cierra en Pashupatinath, a orillas del
Bagmati, el río más sagrado de Nepal y afluente del Ganges, el "don
de Shiva". Caminar sobre sus ghats, escaleras que se introducen en el
río, supone una revelación prodigiosa del sentimiento religioso y
densidad espiritual del concepto de la muerte en los hinduistas. La
ceremonia de la cremación es lo que confiere a Pashupatinath esa extrema
santidad y la asocia directamente al mecanismo del pensamiento bramánico
del ciclo de la "samsara" (reencarnación sin fin) fundada sobre
la inexorable ley del "karma" y es por eso que el deseo más
ansiado en los corazones de los hindúes es esperar que su "atman"
(alma individual) sea llevada al cielo a través del fuego funerario. Ese
pensamiento es lo que lleva a miles de creyentes a realizar su peregrinación
y posterior incineración a orillas del Ganges y de sus afluentes, donde
Shiva le confiará la "mantra" (formula mágica) que romperá el
ciclo de la reencarnación para instalarse en el cielo.
Observamos
como los cuerpos llegan cada poco tiempo, se hacen los rituales con el
agua del Bagmati, se amontona la leña en el atar, se instala el cuerpo
del difunto sobre ella y el fuego se inicia. La leña está húmeda, arde
muy lentamente, amontonan más paja para que las llamas envuelvan más rápidamente
al cuerpo. Al lado, otra incineración acaba de finalizar, recogen las
cenizas y las arrojan al Bagmati. Para esa persona, este ciclo de su vida
terrenal acaba de concluir y según la vida que haya llevado... su atman
se alojará en el cielo... o se reencarnará de nuevo en un ser terrenal.
LOS
OJOS DEL VALLE
El
valle que se extiende más allá de las ciudades ha cambiado con el paso
de los años pero afortunadamente se han preservado aspectos de la tradición
local, puesto que los habitantes del valle se ganan la vida cultivando la
tierra, y espectaculares templos siguen constituyendo el epicentro de su
existencia. Las estaciones se suceden y las exigencias de los campos, la
familia y los dioses son, todavía las mayores prioridades.
El
templo budista de Swayambhunath es conocido con el nombre del "Templo
del Mono" debido a la gran profusión de monos que custodian la
colina y divierten a visitantes y devotos con sus trucos. Esa banda
itinerante e insaciable -muchas veces irritante- se apodera de cualquier
alimento que le ofrezcan los peregrinos con la misma facilidad con que
arrebatan un bolígrafo o una cámara de vídeo. Pero los monos no son más
que la anécdota puesto que la estupa es uno de los lugares más sagrados
de todo el valle. Sobre ella, los vigilantes ojos de Buda fijan su vista
hacia los cuatro puntos cardinales y escrutan el Himalaya en todas
direcciones, son los ojos del valle. A sus pies, los rodillos de oraciones
y las "oriflamas" -banderas de plegarias- en perpetuo movimiento
se unen a un gran despliegue de ruidos, cánticos y trompetas que nos
recuerda de forma constante la santidad del lugar.
Una
serie de pueblos fortificados poseen un pasado tan atrayente como
sangriento. A estos últimos pertenece la ciudadela de Kirtipur, enclavado
en las estribaciones de un risco. Hoy en día es un retiro apartado de las
rutas habituales y ajeno al s.XX, pero hubo un tiempo en que este enclave
fue un diminuto reino y las mudas piedras de su poderosa muralla parecen
querer relatarnos su terrible historia, cuando el rey Gorkha Narayan Shah
conquistó todo el valle en 1770. Su privilegiada posición prácticamente
inexpugnable provocó un largo y sanguinario asedio, la resistencia fue
ardua pero finalmente fue tomada y sus desafortunados habitantes pagaron
muy caro su tenaz resistencia. El rey ordenó cortar los labios y nariz a
todos los varones de Kirtipur pero el monarca, tan cruel como práctico,
perdonó, de este doloroso castigo, a los que sabían tocar instrumentos
de viento.
Pero
el pasado histórico no siempre ha de ser violento y la visita a la estupa
de Bodhnath nos devuelve al misticismo tibetano. Estamos frente a la mayor
estupa de Nepal y una de las más grandes del mundo. Rafa se empeña en
ascender hasta lo más alto de la colosal estupa y desde su cima nos
saluda satisfecho de la magnífica vista y ambiente que desde arriba
disfruta mientras gira en el sentido de las agujas del reloj con un grupo
de sonrientes lamas.
Es
el centro religioso más importante para la numerosa población tibetana
de Nepal y varios monasterios prósperos de su entorno nos lo demuestran.
Buena parte de los tibetanos son refugiados que abandonaron su país tras
la fracasada rebelión contra los invasores chinos en 1959. Desde entonces
se han mostrado emprendedores y afortunados y aunque no pueden ver la
tierra de sus antepasados, este hospitalario país les ha ofrecido un
segundo hogar donde prosperar, las enormes casas que circundan Bodhnath
dan fe de ello. Mientras la opresión política y religiosa persiste en el
Tíbet ocupado, este es uno de los pocos lugares del planeta donde la
cultura tibetana es accesible y manifiesta al mismo tiempo.
Desde
siempre se ha relacionado a Bodhnath con Lhasa y al budismo tibetano. Una
de las rutas comerciales principales desde la capital del Tíbet, Lhasa,
llegaba aquí a través de Sankhu y Bodhnath. Es fácil imaginar a los
mercaderes dando las gracias por su venturoso viaje a través del Himalaya,
o rezando por un feliz regreso. Aun hoy acude gente para rezar antes de
emprender un viaje por el Himalaya. También para nosotros fue el último
alto en el inolvidable valle de Kathmandu antes de reemprender nuestro
camino hacia Pokhara a través del Himalaya.
GORKHA.
CUNA DE LA LEYENDA
Las
panorámicas que se suceden a lo largo de la carretera constituyen un
desafío constante para la vista: se alternan gargantas rocosas y ríos,
colinas ondulantes, arrozales dispuestos en terrazas y retazos del
Himalaya como telón de fondo. Puentes colgantes nuevos y otros prácticamente
desplomados, que exigían grandes dosis de equilibrismo.
Un
pequeño desvío, hacia el norte, nos conducirá hasta Gorkha, residencia
de ocho generaciones de los reyes Shah hasta que el noveno -Narayan Sha-
emprendió su exitosa conquista del valle de Kathmandu.
Gorkha
también dio nombre a los temibles soldados que luchaban a las ordenes del
rey Narayan Shah. Los llamados "Gorkhas" se convertirían en una
leyenda y serían reclutados posteriormente por todo el país, no sólo en
Gorkha. Sus epopeyas nacieron en Gorkha hace siglos pero su historia todavía
pertenece al presente, sus gestas se mantuvieron vivas y sus proezas hacían
crecer su prestigio. Sirvieron en los ejércitos británicos e indio donde
confirmaron su reputación de hombres valientes y duros. Intervinieron en
el transcurso de las dos guerras mundiales y otros muchos conflictos y
siempre hacían honor a su reputación, el más famosos de los últimos
episodios protagonizados fue durante la Guerra de las Malvinas. El propio
Kipling, en la novela "El hombre que llegó a ser rey", rindió
honores a uno de estos duros y fieles soldados como el único
superviviente de una expedición inglesa que se adentró en las montañas
tribales del Himalaya. Dos ex-oficiales británicos en busca de aventuras
y riquezas se encuentran con él, que vivía integrado con la población
local, y entre los tres casi crean un reino ... con la ayuda de la leyenda
de otro europeo que pisó estas tierras hace más de veinte siglos: "Sikander",
nombre con el que bautizaron en oriente a... Alejandro Magno.
Sikander,
que bonito nombre para una leyenda que forma parte de la historia de
Europa, África y Asia a la vez. Cuando en el 92 nos salimos del
itinerario histórico de Sikander y decidimos seguir la expedición hasta
Kathmandu... no pudimos acceder al fuerte superior de Gorkha porque una
avalancha -¡una más!- nos cortó las alas a este nido de águilas. El
2.000 ha sido más generoso con nosotros, aunque a medias, los monzones
han convertido el eslalom del acceso en una pista de patinaje sobre barro,
incluso con la reductora el todo terreno se deslizaba hacia atrás en
muchas curvas cerradas. En algunos momentos pensamos que tampoco alcanzaríamos
nuestro destino pero fue tan solo eso, un fugaz pensamiento que la tracción
de nuestra montura nos quitaba de la cabeza dos segundos después, cuando
mordía el barro e iba superando, impasiblemente, todas las dificultades
que se ponían ante ella. Si en el 92 la vimos en la lejanía y con dolor
de cuello por estar mirando durante largo rato hacia arriba, en el 2.000
la miramos cara a cara, directamente a los ojos y nuestro semblante
testimonia satisfacción y gozo.
El
complejo que admiramos supone un triunfo de la arquitectura nepalí
-colgado como un nido de águilas sobre la localidad en una posición
defensiva invencible-, con excelentes vistas a valles que se extienden
muchos metros más abajo y al impresionante Himalaya. Resulta fácil
imaginarse a un ambicioso príncipe asomado a este sobrecogedor panorama
mientras sueña con gobernar todo cuanto alcanza su vista... y más. Pero
la actividad que hoy se desarrolla en el templo de la histórica fortaleza
es bien distinta. Una procesión de peregrinos no cesa de llegar, muchos
llevan consigo algún animal, que ignorante del inmediato destino que les
espera, acompañan dócilmente a sus amos. Cabras y gallinas, borregos y
palomas con la marca de color rojo sobre sus cabezas se aproximan al
templo para su ineludible fatalidad, en breve notarán el frío acero en
sus gargantas y aunque ellos no sepan lo que pasa sus dueños sí, están
ante Shiva y es un sacrificio en su honor para pedir prosperidad y
ventura.
A
LOS PIES DEL GIGANTE INVISIBLE.
Si
en el Valle de Kathmandu, los templos erigidos por el hombre rodean al
visitante por los cuatro costados, en Pokhara seremos rodeados por los
templos erigidos por la naturaleza: la cordillera del Annapurna. Este
pequeño paraíso, salpicado de prodigiosos lagos es uno de los destinos
predilectos de alpinistas y senderistas que buscan la paz y una fusión
total con uno de los rincones naturales más accesibles y seductores del
Himalaya.
Será
en Pokhara donde más brutalmente seremos azotados por el monzón que
llega impetuoso sin que nadie pueda pararle. Es como un ciclo meteorológico,
todas las mañanas comienzan soleadas pero el horizonte y todos los picos
están cubiertos por la bruma; hacia las tres de la tarde un manto gris lo
inunda todo y al poco comienza el diluvio. No se ve nada, interminables
litros y litros de agua caen en forma de cascada desde el cielo, el viento
se convierte en cómplice de las nubes y convierte en olas al torrente
vertical que cae sobre nuestras cabezas. El todo terreno se mece como una
barca en medio del temporal. Puede durar una hora o doce horas pero cuando
termina, la vida regresa casi al instante. Los animales salen de sus
refugios y comienzan a pastar de nuevo, muchas aves extienden sus alas
para secarlas, los lugareños y comerciantes caminan por las calles
inundadas, los agricultores... los agricultores no se mueven, siguen en
sus casas, ellos tienen un reloj distinto a los comerciantes y saben que
durante los monzones sólo se puede trabajar por las mañanas. Los
Annapurna los presentimos cerca, próximos... pero las celosas nubes no
nos permiten verlos.
Ascendemos
al monasterio budista tibetano de Pokhara, otro gompa erigido por monjes
tibetanos que huyeron de la masacre china en la tierra que los vio nacer.
Unos ancianos no paran de dar vueltas alrededor de la gran estatua sentada
del Buda dorado que descansa entre otras dos figuras. Fue un flechazo
cuando un monje nos ofreció una oriflama al llegar a la entrada del gompa,
"si la cuelgan les proporcionará suerte, prosperidad y larga
vida", nos dijo el lama al extenderla. Era de amarillo brillante, el
cuadrado donde estaban escritas las oraciones y los dibujos alusivos a sus
figuras sagradas se repetía cinco veces. "Cinco veces, cinco
destinos", pensó Vicente en voz alta.
-Es
perfecto, las oriflamas han estado hondeando en estas cimas desde tiempos
inmemoriales y siempre transmiten paz y sosiego -prosigue.
-Creo
que ya entiendo lo que te ronda por la cabeza -le digo, segura de haber
acertado.
-Son
cinco fragmentos del mismo texto sagrado pero estampados en una pieza y
unidas en el mismo fin. Casi habla por sí sola, el destino de esta
oriflama lo he visto claro. -Vicente me sonríe, paga al monje y éste le
envuelve la bandera de oración y se la entrega.
En
breve cortaremos la oriflama en 5 partes, cada una de ellas contendrá uno
de los cuadrados con inscripciones, tres se las llevará Rafa a España
para hacerle llegar una a José Enrique en Valladolid, otra a Reyes y
Marcial en Madrid y la tercera a Michel y Marie Laure en Campo Real. Las
otras dos nos las quedaremos nosotros... por el momento. Cuando lleguemos
a Islamabad, la cuarta se la entregaremos personalmente a Víctor, que se
ha convertido ya en parte de la expedición por Asia. La quinta nos la
quedaremos nosotros para que siga la ruta alrededor del mundo. Cada
segmento seguirá su destino en lugares muy dispares.
"Cinco
fragmentos independientes pero que pertenecen a la misma pieza y están
unidos en el mismo fin". Creemos que nada puede expresar mejor la
idea de lo que representan las personas más allegadas a la Ruta de los
Imperios. Casi nos sentimos unos niños haciendo esto, cuando hace mucho
tiempo cortábamos en pedazos un escrito y nos los repartíamos para
quedar vinculados para siempre. Pero a nosotros nos gusta, nos hace sentir
bien y quizás dentro de algunos años logremos reunir los cinco pedazos
en una cena.
Vicente
echa un último vistazo a la oriflama y la introduce en su bolsa de
fotografía. El maestro de los pequeños monjes budistas se acerca a
nosotros y nos avisa que los rezos están a punto de comenzar y nos invita
a presenciarlos. Unos minutos después nos encontramos sentados en uno de
los pasillos de la sala de oraciones como testigos directos del desarrollo
de las plegarias. Trompetas, tambores y oraciones se suceden al tiempo que
un nuevo huracán vespertino parece que anuncia el juicio final. Se
cierran todas las ventanas y puertas. La virulenta tormenta arranca
oriflamas del exterior, arrastra todo lo que no está anclado, golpea los
cristales de tal modo que nos alejamos de las ventanas porque parece que
los vidrios van a saltar de un momento a otro, se provoca un corte de luz
que nos sume en la oscuridad... pero la ceremonia continua su ritmo bajo
la tenue luz titubeante de unas pocas velas. El momento no puede ser más
fascinante. Finalizan los rezos pero la lluvia sigue castigando a los
mortales, hablamos con los monjes, es fácil entenderse, casi todos hablan
un poco de inglés. El fin del mundo no es para hoy, el cielo se
tranquiliza, la tierra vuelve a recuperar su pulso y nos despedimos de
todos. Bajamos raudos las escaleras mientras esquivamos auténticas
marismas y prestamos la máxima atención para no resbalar, queremos
descender dignamente de las cumbres de Buda.
Pero
inevitablemente llega el momento de la partida de Rafa. Lo hemos pasado
muy bien y nos hemos reído un montón con sus divertidas historias y
singulares ocurrencias. La pequeña avioneta de la Bhuda Air está a punto
de despegar con sus 22 pasajeros hacia Kathmandu. El cielo está
despejado, afortunadamente, porque la vida se para mientras duran los
violentos temporales, el bimotor no sería más que un juguete de papel en
medio de la tormenta monzónica. Nos damos dos fuertes abrazos, uno de
ellos es para mi madre, a la que llevo sin abrazar hace más de un año.
Su
avión hacia Kathmandu va desapareciendo entre las incipientes nubes que
comienzan a acercarse hacia Pokhara. Seguro que por su mente y su espíritu
se suceden agolpadas un sin fin de imágenes y emociones... las vendedoras
de verduras en las escalinatas de los templos de Kathmandu, el ascenso con
los monjes a la estupa de Swayambhunath, las colas de hinduistas en la
ofrenda de animales en el templo del castillo de Gorkha, el regateo con
los vendedores, el sonido de las trompetas budistas las oraciones en el
monasterio tibetano de Pokhara... De nuevo la eterna pregunta como cuando
despedimos a Michel en Estambul y a José Enrique en Delhi ¿cuándo nos
volveremos a ver de nuevo?
Pero
los Annapurna le han robado el deseo de poder admirar uno de los espectáculos
más impresionantes de este rincón del mundo y dos días después de su
marcha, en un gesto de soberbia han aparecido improvisadamente ante
nuestros sorprendidos ojos en una tarde inesperadamente diáfana. Quizás
con el reto de hacerle volver de nuevo, en otro momento de su vida. Uno
tras otro van esquivando las nubes hasta mostrarnos su espléndida
belleza, allí estaba el Annapurna I, con sus 8.091 metros, el Annapurna
II con sus 7.937 metros, el Annapurna III con sus 7.556 metros, el
Annapurna IV con sus 7.525 metros, el Annapurna Sur con sus 7.219 metros,
el Machhapuchhere con sus 6.993 metros, el..., todos son vasallos del
cielo pero reyes en la tierra. El paisaje que se divisa es sencillamente
sobrecogedor, una panorámica limpia y clara nos cautiva al tener ante
nosotros una infinita capa blanca, fusión de todos los picos nevados que
intentan alcanzar el cielo. En esos momentos comprendemos la seductora
palabra "Himalaya", que significa la "Morada de las
Nieves", puesto que aquellos que quedaron deslumbrados, como ahora lo
estamos nosotros, ante este radiante manto blanco difícilmente podrían
haber elegir otro nombre.

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Llegada a
Nepal. Ampliacion de sector en link.

El hotel Soaltee Crowne Plaza, con su "Business
Center"
fue un
flotador informático para la reactivación del nuevo
ordenador,
se convirtió el primer padrino de nuestro nuevo
"niño".
Pero su apoyo no se paró ahí, Sunim Tamang, por
su cuenta
organizó una rueda de prensa para que en Nepal
se conociese
la expedición. Convocó a los más importantes
periodistas
y se celebró la reunión, de un modo informal, en la
gran
cafetería de la entrada. Realmente se involucraron con
la Ruta de
los Imperios, nos sentíamos muy honrados y
agasajados.
En la foto, la noticia de la expedición en el
Kathmandu
Post, el periódico de mayor tirada en Nepal.
(Ampliación
en link)

Los nubarrones informáticos se disipan del todo y cuál ave
Fénix, la
expedición retoma el vuelo y se deja absorber por la
atmósfera de
Kathmandu. Cuando llegamos a la admirada
Durbar
Square -"Plaza del Palacio"-, el flechazo es inmediato.
Un
gigantesco "Garuda" alado -vehículo de Vishnu- nos
saluda
frente a un templo dedicado a esta deidad.

Esta concurrida Durbar Square de Kathmandu concentra
los
fastuosos templos que tan merecida fama han dado
a Nepal. Las
escenas habituales de las prisas del mercado,
los
ciclorickshaws arroyando todo a su paso, los empujones
de los
porteadores que corren porque casi no pueden con
el peso que
transportan, los gritos de los vendedores, los
carritos que
transportan el abastecimiento del mercado,
contrasta de
sobremanera con los que se instalan en las
escalinatas
y partes altas de los templos, que ajenos al
mundo que
transcurre a sus pies se dedican a meditar, hacer
ofrendas a
sus dioses o simplemente a descansar al amparo
de las
pagodas.

Un repentino aguacero nos obliga a resguardarnos bajo
el techo de
uno de sus hermosos templos. Esta eventualidad
nos permite
dedicarle más tiempo a contemplar los detalles
de su
minucioso trabajo en madera. En los puntales que soportan
los techos
han alojado escenas eróticas. Aunque no están
finamente
talladas, representan de una forma natural y
sencilla una
escena más del ciclo de la vida en el que de una
forma u otra
participamos todos.

Patan -o Lalitpur, la "Ciudad de la Belleza"-, ciudad
hermana de
Kathmandu tiene el aliciente de ser más
apacible y
los templos siguen siendo los dueños y señores
del encanto
que encierra esta urbe al otro lado del río
Bagmati. En
su Durbar Square, el perfil de las puntas de
flecha de
sus tejados es la corona de este ágora de
peregrinaje
y devoción. Estamos en el centro de un campo
de pagodas
que se enarbolan como saetas listas para
despegar
hacia el hogar de los dioses. Es un lugar místico
y exclusivo,
es el lugar que elegimos para desplegar de
nuevo la
bandera de Ceuta y que represente a la Ruta
de los
Imperios en Nepal.

Llegamos a Bakhtapur - la "Ciudad de los Devotos"- y
en
ella, al
estar algo más alejada de la capital, se respira
un ambiente
totalmente medieval. De pronto la plaza se
inunda por
una horda de pequeños que han terminado
sus clases y
abandonan el colegio. Corretean incontrolados
de una lado
para otro. En las escalinatas de uno de los
templos de
la Plaza Real, las estatuas inmóviles de unos
rinocerontes,
leones, caballos y todo tipo de seres mitológicos
aparecen
cabalgadas por unos improvisados jinetes.
Los niños
juegan sobre ellas como si estuvieran en un parque
de
atracciones y sus risas alocadas retumban en las piedras
con forma
animal. Vuelven a desaparecer todos como si
nunca
hubiesen estado allí y el regio lugar vuelve a
impregnarse
de esa paz y tranquilidad que le convierte en
una fantasía
intemporal.

Pero el ciclo de la vida y la muerte se cierra en
Pashupatinath,
a orillas del Bagmati, el río más sagrado
de Nepal y
afluente del Ganges, el "don de Shiva". Caminar
sobre sus
ghats, escaleras que se introducen en el río,
supone una
revelación prodigiosa del sentimiento religioso
y densidad
espiritual del concepto de la muerte en los
hinduistas.
La ceremonia de la cremación es lo que confiere
a
Pashupatinath esa extrema santidad y la asocia
directamente
al mecanismo del pensamiento bramánico del
ciclo de la
"samsara" (reencarnación sin fin). Al finalizar,
recogen las
cenizas y las arrojan al Bagmati. Para esa
persona,
este ciclo de su vida terrenal acaba de concluir y
según la
vida que haya llevado - su atman (alma individual)
se alojará
en el cielo - o se reencarnará de nuevo en
un ser
terrenal. (Más fotos en link)

El templo budista de Swayambhunath es conocido
con el
nombre del "Templo del Mono" debido a la
gran
profusión de monos que custodian la colina y
divierten a
visitantes y devotos con sus trucos. Esa
banda
itinerante e insaciable - muchas veces irritante- se
apodera de
los alimentos que ven con la misma
facilidad
con que arrebatan un bolígrafo o una cámara
de vídeo.
Pero los monos no son más que la anécdota
puesto que
la estupa es uno de los lugares más sagrados
de todo el
valle, los fieles acuden a millares diariamente
y durante el
día, manos devotas hacen que los rodillos de
oración sean
poseídos por el giro perpetuo.

Algunos rodillos de oración budistas van más allá de lo
imaginable y
adquieren unas dimensiones espectaculares,
como el que
se yergue altivo en el Templo Dorado de Patan.

La visita a la estupa de Bodhnath nos devuelve al
misticismo
tibetano. Estamos frente a la mayor estupa de
Nepal y una
de las más grandes del mundo. Es el centro
religioso
más importante para la numerosa población tibetana
de Nepal y
varios monasterios prósperos de su entorno
nos lo
demuestran. Buena parte de los tibetanos son
refugiados
que abandonaron su país tras la fracasada
rebelión
contra los invasores chinos en 1959. Sobre ella, y
escoltados
por centenares de oriflamas, los vigilantes ojos
de Buda
fijan su vista hacia los cuatro puntos cardinales
y escrutan
el Himalaya en todas direcciones, son los ojos
del valle.

Peregrinos budistas de todos los rincones del mundo
van
apareciendo, los cánticos y rezos se oyen por todo
el recinto,
el fuerte viento sacude las oriflamas a latigazos
y los
zumbidos de los rodillos de oración crean el sonido de
una colmena
gigante. Pero nada incomoda ni rompe el
rance de los
que han venido a meditar.

Partimos hacia Pokhara y las panorámicas que se suceden
a lo largo
de la carretera constituyen un desafío constante
para la
vista: se alternan gargantas rocosas y ríos,
colinas
ondulantes, arrozales dispuestos en terrazas y
retazos del
Himalaya como telón de fondo. Larguísimos
puentes
colgantes, algunos nuevos y otros
prácticamente
desplomados, que exigían grandes dosis
de
equilibrismo.

Pero los monzones no son solo agua... siempre vienen
con sus
amigas las avalanchas, unas "amigas" que
pueden
cortar una carretera durante horas ...o días. Hay
operarios de
mantenimiento que trabajan a mazazos para
desmenuzar
la roca... hasta que lleguen los refuerzos.
(Más fotos
en link)

El complejo que admiramos en el fuerte de Gorkha
supone un
triunfo de la arquitectura nepalí, colgado como
un nido de
águilas en una posición defensiva invencible.
Una
procesión de peregrinos no cesa de llegar, muchos
llevan
consigo algún animal, que ignorante del inmediato
destino que
les espera, acompañan dócilmente a sus amos.
Cabras y
gallinas, borregos y palomas con la marca de
color rojo
sobre sus cabezas se aproximan al templo para
su
ineludible fatalidad. En breve notarán el frío acero en
sus
gargantas y aunque ellos no sepan lo que pasa, sus
dueños sí,
están ante Shiva y es un sacrificio en su honor
para pedir
prosperidad y ventura.

Ascendemos al monasterio budista tibetano de Pokhara,
otro gompa
erigida por monjes tibetanos que huyeron de
la masacre
china en la tierra que los vio nacer. El maestro
de los
pequeños monjes budistas se acerca a nosotros y nos
avisa que
los rezos están a punto de comenzar y nos
invita a
presenciarlos. Unos minutos después nos
encontramos
sentados en uno de los pasillos de la sala de
oraciones
como testigos directos del desarrollo de las plegarias.
Más fotos en
link).

A los pies del Gompa, unos ancianos no paran de dar
vueltas
alrededor de la gran estatua sentada del Buda
dorado que
descansa entre otras dos figuras. Los rodillos
de oración
tan solo descansan de su eterno destino de
rotar el
tiempo que tardan los ancianos en volver a llegar
a ellos y
darles un nuevo impulso.

Si en el Valle de Kathmandu, los templos erigidos por el
hombre
rodean al visitante por los cuatro costados, en
Pokhara
seremos rodeados por los templos erigidos por
la
naturaleza: la cordillera del Annapurna. Este pequeño
paraíso,
salpicado de prodigiosos lagos es uno de los
destinos
predilectos de alpinistas y senderistas que buscan
la paz y una
fusión total con uno de los rincones
naturales
más accesibles y seductores del Himalaya. En
esos
momentos comprendemos la seductora palabra
"Himalaya",
que significa la "Morada de las Nieves",
puesto que
aquellos que quedaron deslumbrados, como
ahora lo
estamos nosotros, ante este radiante manto
blanco
difícilmente podrían haber elegir otro nombre.
(Perfil de los
Annapurna en Pokhara en link)
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