Llamar "despacho" a aquel chamizo
requería un poco de buena voluntad, pero bueno, no es voluntad lo que nos falta. El calor
nos envolvía de nuevo y añorábamos las temperaturas que disfrutamos en Sikkim. En el
interior del "despacho" el bochorno era también agobiante, un potente
ventilador mantenía en vilo a toda la oficina con los papeles ondeando sobre las mesas y
sujetos con piedras para que no se volasen, había que combatir al calor aún a riesgo de
que todos los papeles planearan a su antojo por la habitación. Un agente de inmigración
examina los pasaportes.
-¿Dónde están sus visados? -nos pregunta
tras ojear dos veces los pasaportes y no encontrar nada.
-No tenemos visado, lo sacaremos ahora. La
embajada de Nepal en Delhi nos ha dicho que se puede emitir en la misma frontera de
entrada -le contesta Vicente. La mayoría de los viajeros suelen venir con el visado pero
la verdad es que como se puede tramitar, por el mismo precio, en la misma frontera
nosotros preferimos presentarnos sin él y adquirirlo al llegar a Nepal. El funcionario
nos devuelve los pasaportes y nos señala otra mesa, donde otro policía intenta dominar
un montón de papeles que el ventilador de techo transforma en una bandada de palomas que
intenta levantar el vuelo ... pero no pueden.
Ha oído la conversación con su compañero
así que sin preguntar nada saca la carpeta de los visados, unos sellos adhesivos que se
rellenan con los datos de fechas y viajeros y que se pegan en una hoja del pasaporte.
-El visado es 35 US$ (6.100 pts) cada uno
-nos dice el funcionario mientras empieza a rellenar el sello. Otros viajeros ya nos
habían advertido de las autopropinas que intentaban colar a los extranjeros. El visado
cuesta 30 US$, hay 5 dólares (800 pts. extras cada uno) que no están "claros".
-¿35 dólares, no son 30 dólares? -le
pregunto intentando poner cara de sorpresa.
-"Five dollars service" -
"cinco dólares por trámites" contesta raudo, como no dando importancia a la
natural ignorancia de los extranjeros sobre las "tasas de servicio".
-¿Esa tasa es nueva?
-Sí, es por la emisión del visado -sigue
sin levantar la cabeza.
-Bien, no hay problema pero necesitamos la
factura para justificar el gasto ya que el embajador de Nepal en Delhi nos dijo que sólo
eran 30 US$ y no estaba previsto ese gasto extra.
-La factura es el propio visado -prosigue.
-Ya, pero el visado tiene impreso 30 US$,
por ningún lado figuran esos 5 dólares de "tasas". Tenemos que justificar
todos los gastos en Nepal mediante facturas, tenemos que presentar un informe -le dice
Vicente para ponerle ya en un aprieto. La corrupción en Nepal, como pasa en India o
Pakistán, hacia los visitantes extranjeros y turistas es muy "light", no se
complican la vida. Lo intentan y si cuela bien y si no cuela ... lo dejan pasar, no
quieren líos.
-No puedo darle factura, no nos han llegado.
-¿Qué hacemos entonces? -ya le soltamos la
pregunta definitiva.
-Bueno, paguen sólo los 30 dólares
-concluye mientras nos entrega los pasaportes.
Esta vez no coló la "tasa" y
prefiere no insistir con estos extranjeros. Pagamos los 60 dólares y todo en regla,
permite una estancia de dos meses. Es la única desventaja de sacarse el visado en la
frontera, les encanta añadir un sobresueldo pero como tampoco van a luchar mucho por él,
merece la pena emitirlo en la aduana. Sacarse el visado a priori, en una embajada, puede
suponer dos mañanas, la del día de la entrega y la del día de recogida.
Fueron 15 minutos para adquirir los dos
visados, luego 10 minutos más para el paso de las formalidades de aduana, donde sólo
sellaron el carnet de passage y comprobaron que el número de chasis correspondía con los
documentos de nuestro Mitsubishi Montero. En total, si añadimos los 10 minutos de la
aduana India que acabábamos de dejar atrás, fueron 35 minutos, un auténtico paseo donde
además todo el mundo fue muy amable, incluso mister "Five dollars service" fue
correcto.
-Que carretera tan buena, menuda diferencia
-me comenta Vicente con alegría-. Fíjate, rayas pintadas, no hay apenas baches, asfalto
sin deformaciones, rectas larguísimas ... Sí que han trabajado en ella, sí. La
recordaba hecha un desastre.
-Y yo. Y apenas hay camiones, que bien,
hasta vamos a poder estar relajados y todo -era cierto, el fluir de camiones y autobuses
era un lento goteo que no suponía tensión.
La verdad es que la carretera es como una
comarcal europea pero nosotros la vemos como una autopista. Casi todo Nepal está cubierto
por el Himalaya así que apenas se pueden hacer carreteras, hay un eje este-oeste que
surca la gran llanura del Terai -con alguna salida hacia poblaciones cercanas al eje-, la
zona de Pokhara y Kathmandu -con sus alrededores- y la carretera que une Kathmandu con
Lhasa, la capital del Tíbet ocupado. No hay más, cualquier nuevo trazado por las
montañas requeriría una inversión inabordable para la paupérrima economía nepalí. En
cuanto uno se sale de los ejes principales todo el avance es por pistas. Lo único bueno
es que al tener tan pocas carreteras son bastante fáciles de mantener en condiciones.
Fuimos afortunados entonces porque no había
carretera pero era la época seca y lo estamos siendo ahora porque estamos en los monzones
pero ... hay carretera.
ENTRE DOS MUNDOS
Salirnos de la carretera general nos permite
un contacto más íntimo con la naturaleza y la población. Nuestro Montero avanzaba
deslizándose entre dos mundos, el de las montañas que se perdían en las nubes, al
norte, y el de las zonas lacustres y marismas de la gran planicie, al sur. La antesala de
las grandes cumbres himalayas nos presentó un Nepal inédito y singular: la llanura del
Terai. Cuando uno piensa en este reino se imagina montañas altísimas y un aire fresco y
vivificante, pero nunca llanuras calurosas y subtropicales. No obstante, la mayoría de la
población del país vive actualmente en una estrecha franja de tierra llana y fértil,
entre la frontera India y las montañas.
Aves zancudas que buscan con frenesí su
comida entre el barro espigan sus cabezas cuando oyen el ruido de nuestro motor, pero su
curiosidad apenas dura unos segundos y sus picos vuelven a perforar el firme cenagoso con
implacable celeridad. Viven tranquilas, las traicioneras tierras movedizas que las rodean
mantienen alejados a los depredadores, incluido al peor de ellos: el hombre. Su chapotear
en el agua, su aletear confiado y sobre todo sus delicados trinos componían la melodía
de los pantanos. Estas marismas, junglas y palmerales nos trasladaban a un mundo
neoafricano de indígenas de piel quemada por el sol y chamizos de adobe y paja.
Nos vamos embebiendo de una filosofía de
vida totalmente dispar a la nuestra. Los agricultores trabajan tierras muy fértiles pero
se conforman con satisfacer sus necesidades básicas. Ni siquiera los cooperantes
internacionales que ayudan a los agricultores del Terai han podido convencer a éstos para
saltar de la economía de subsistencia a producir excedentes que les permitan tener
ingresos adicionales. El problema reside en que no creen que la recompensa merezca el
esfuerzo.
El Terai, granero del Nepal, que ocupa sólo
el 17% de la superficie total pero que alberga el 45% de la población, es la parte menos
visitada del reino. Fantásticos trekking o rafting descubren a los trotamundos los
secretos más ocultos del Himalaya, pero casi todos los viajeros que se trasladan a este
reino ni siquiera se percatan de la existencia de este insólito Nepal. Esta gran llanura
nos deleitó con la belleza de tranquilos poblados y saris de vivos colores entre vastas
extensiones de arroz de un verde intensísimo. También se encuentra el extraño y
cautivador mundo de los canales de Sapt Kosi, con millares de aves acuáticas, aldeas de
chozas de paja y hectáreas de jacintos y lirios de agua. Su suave discurrir generador de
vida no es más que uno de los muchos ríos caudalosos, grises y turbulentos, irrigados
por aguas de deshielo y lodo que surcan los llanos y recorren más de mil kilómetros
hasta la Bahía de Bengala.
La vida humana en las rústicas aldeas
discurre con pocas emociones y la llegada de extranjeros es siempre un acontecimiento.
Enviados de "Médicos sin fronteras", "UNICEF" u organizaciones
similares desarrollan una gran labor culturizando al pueblo para que sus medidas de
higiene, sobre todo de cuidado con el agua, no acorte sus vidas. Lo irónico del Terai es
que en medio de un mundo acuífero hay problemas de agua. Las fuentes potables escasean y
los largos desplazamientos para conseguirla provoca que muchos aldeanos ignoren su
peligrosidad y se avituallen en los manantiales cercanos a sus chozas o granjas.
Cruzamos un canal y observamos una actividad
muy practicada por estas tierras. Tres o cuatro hombres, con agua fangosa hasta los
muslos, se deslizan lentamente uno junto al otro. Arrastran la red intentando atrapar
algún escuálido pez que llevarse a la boca a la hora de la comida.
El día ha dado mucho de sí pero todavía
nos tiene reservada otra sorpresa. Cuando intentamos captar con nuestras cámaras un
pequeño poblado del Terai rodeado de campos de arroz, el cielo súbitamente se viste de
una espesa capa de nubes grises que no preludian nada bueno. Un rabioso viento nos azota
sin aviso y casi nos tumba. Sujeto fuertemente el trípode, comienzo a plegarlo mientras
Vicente protege las cámaras. Los gruesos goterones de lluvia no tardan en aparecer. Nos
refugiamos en el Montero y seguimos nuestro camino. La lluvia se ha convertido en una
horrible tromba de agua azotada por un huracán, nuestros limpiaparabrisas no dan abasto.
Muchos árboles han sido mutilados por el severo vendaval y algunos de ellos han sido
abatidos sobre la carretera obstaculizando el avance, obligándonos a salir de la
carretera para meternos en los barrizales de los que hablábamos en el 92.
Muchos agricultores que fueron sorprendidos
cuando se desplazaban en sus carros o bicicletas se parapetan contra los árboles.
Mujeres, que transportabann sobre sus cabezas las pesadas cargas del producto recolectado,
ahora usan los mismos para resguardase. El monzón no perdona y cuando necesita descargar
su furia no se anda con protocolos de presentación. Por fin acaba la pesadilla y la
naturaleza vuelve a respirar tranquila. Mañana será otro día.
El cielo se ha engalanado con una capa
azabache salpicada de infinitas lentejuelas, un traje elegante que viste muy pocas noches
durante los monzones. El ambiente es sereno, el amo de las sombras está sosegado y su
respiración es suave, aunque calurosa y húmeda.
Como aves migratorias en su lento peregrinar
hacia las cumbres, nos ha llegado la hora de construir el nido. Inmersos en las tinieblas,
levantamos el campamento en la foresta del parque nacional Parsa.
LA DIOSA MADRE DEL MUNDO
Tras nosotros, los recuerdos y las imágenes
del insólito Nepal de las llanuras; frente a nosotros, la muralla natural más
sobrecogedora del mundo: el Himalaya. La serena belleza en el inicio del ascenso se
transformará súbitamente en un torrente de imágenes alterables y agresivas en cada una
de las sucesivas cerradas curvas que caracterizan la antigua ruta de montaña que une
Hetauda y Kathmandu. Este itinerario está en desuso debido a una nueva carretera
construida con los alemanes y que bordea por Mugling este hervidero enfermizo de curvas.
Nuestro solitario camino va sorteando los altivos picos rocosos, bosques de espléndidos
rododendros y torrentes que desatan toda su devastadora furia para abrir estrechos
pasillos en la roca y poder bajar sus puras pero gélidas aguas hasta el llano. Todo el
recorrido aparecerá surcado por un enjambre de caminos, terrazas cultivadas y muros de
contención cuyo levantamiento debe de haber costado un esfuerzo sobrehumano.
No existe ni un sólo pueblo en los 110 km
de esta escarpada ruta, sólo las pequeñas granjas diseminadas de los valientes tamangs,
que han convertido estas cimas en sus aliados desde tiempos inmemoriales. La llegada al
puerto de Daman (2.400 m) marca el máximo esplendor de la ruta. Posee, sin lugar a dudas,
el mirador más espectacular sobre el Himalaya. Pero el punto más alto de la tierra: el
Everest, en tibetano "Chomolunga" -"La Diosa Madre del Mundo"-, no ha
querido revelar su presencia oculto por el velo de una espesa capa de nubes. Los monzones
crean una atmósfera impenetrable de nubosidad que nos priva del espectacular panorama que
desde este punto disfrutamos en nuestra primera cita, cuando vimos la tierra penetrando en
el cielo. Lo más asombroso es que la placa tectónica india continua empujando la parte
inferior de la placa asiática, provocando que el Himalaya siga ganando altura a un ritmo
de 1 cm cada 5 años. Podemos decir que realmente nos hallamos ante la cima del mundo, un
niño muy grande ... que sigue creciendo.
EL VALLE DE LA ESPADA
El valle de Kathmandu se va descubriendo
ante nosotros y los mitos se vuelven a entremezclar con la realidad. Una antigua leyenda
nos relata que el originario lago de Kathmandu perdió sus aguas cuando el dios Manjushri
esgrimió su espada mágica y de un certero tajo abrió el desfiladero de Chobar para
desecar el gran lago y crear el valle tal y como lo conocemos hoy en día. Estos y otros
muchos relatos mitológicos, junto a las estupas budistas y los intemporales
templos-pagodas, confieren a todo el valle un ambiente embriagador.
También el origen de su población sigue
siendo un misterio aunque todo parece indicar que desde tiempos remotos un crisol de
culturas y de pueblos procedentes tanto del este como del oeste se iban instalando
progresivamente en el valle. Su fusión dio lugar a la extraordinaria cultura newari,
responsable del espléndido arte y la magnífica arquitectura del valle.
Y por fin, el corazón del valle: Kathmandu.
Una ciudad sorprendente que se asemeja a una grandiosa y sofisticada escultura que ha
permanecido intacta desde la Edad Media. Es un mosaico de sensaciones que nos traslada a
otra época; sus pintorescas imágenes, sus singulares sonidos, los callejones con
balcones de madera tallada, los animados mercados con apetecibles frutas y verduras y un
constante fluir de muchedumbre nos mantiene hipnotizados.
Kathmandu no es solo la capital de Nepal, es
la esencia de este nuevo reino himalayo. Estamos ante nombres que siempre han sido
sinónimos de exotismo, belleza y valles perdidos (la mayoría tan solo accesibles con
días de marcha ... o en helicóptero). Un lugar remoto que ha creado increíbles fábulas
en la mente de exploradores y aventureros durante siglos, un lugar enigmático que tan
solo se podía ver en sueños durante los 135 años que permaneció cerrado a cal y canto
a los extranjeros (1816-1951), eso sin contar que antes de esa fecha se "podía"
entrar ... pero salir era otra historia, porque había que sobrevivir a las tribus de
montañeses, a los ejércitos privados de pequeños monarcas independientes, a las
invasiones de los "vecinos", a los bandidos, ...
Al abrirse de nuevo en 1951 se convirtió en
la meca de muchos bohemios que decían huir del materialismo de occidente, era el nirvana
de los hippies, el paraíso de los que desertaban de su vida anterior, el elíseo de los
que buscaban el misticismo y el encuentro con unos espíritus y dioses muy distintos a los
impuestos por su sociedad al nacer, un lugar para perderse y nunca más ser localizado,
... exploradores, alpinistas, documentalistas se mezclaban con vagabundos, nómadas sin
rumbo, fumadores de alucinógenos, gurus, sadhus, ... y nepalíes.
Es un mundo aparte que nada tenía que ver
con el resto del planeta, era un lugar único, en un enclave exclusivo, un Himalaya muy
singular, una población sorprendente. No es un país, es un mito. No es una cordillera,
es la cima del mundo, de las diez montañas más altas de la tierra ... ocho se acceden
desde Nepal. Ya no es meca de occidentales que se expatrían en busca de su propio
"yo", ahora peregrinan escaladores, reporteros y cadenas de televisión,
senderistas, deportistas amantes de la navegación límite en impactantes torrentes y ...
turistas, muchos turistas, muchísimos turistas. Tiendas de recuerdos, hoteles,
restaurantes y cazadores de turistas aparecen por doquier pero no consiguen mitigar el
hechizo del ambiente. Entrar en este lejano país encajado en las nubes sigue
trasladándonos a otro universo y es un lugar embrujado que jamás se olvida.
DOCTOR, MI AMIGO HA PERDIDO UN
TORNILLO
Pero Kathmandu va mucho más allá para
nosotros. Fue la meta de nuestra primera gran expedición terrestre con sus siete meses de
duración. Han pasado casi 8 años pero parece que fue ayer cuando nos entrevistábamos
con el alcalde de Kathmandu para entregarle una carta de su homónimo de Ceuta así como
unos presentes transportados por todo Asia hasta llegar al Himalaya. Desde sus cercanías
vimos por primera vez el techo del mundo, el Everest. Nos emociona pensar que fue en este
prodigioso lugar donde celebramos nuestro primer aniversario de boda, en plena expedición
Ceuta-Kathmandu. Hemos regresado en el 2.000 y el presente también nos ofrece una
atmósfera mágica que lo convierten en un momento inolvidable: nos reunimos con mi
hermano Rafa mañana, recuperamos la tranquilidad con un ordenador nuevo y nos
adentraremos en algunos lugares que no pudimos recorrer en la anterior visita.
También para nuestra querida montura es un
momento de felicidad, iba a pasar un chequeo de salud. Para Vicente, el Montero es un
miembro de la familia y creo que le falta poco para llamar doctor al mecánico que lo
examina. Era el momento perfecto para visitar a un representante Mitsubishi.
A 90 km. de Kathmandu se soltó una pletina
de la amortiguación trasera, el tornillo se debió caer al desenroscarse paulatinamente
con las continuas vibraciones producidas durante decenas de miles de kilómetros de pistas
e infectas carreteras ... y no nos dimos cuenta. Revisamos toda la zona y el tornillo,
arandelas y topes de goma no aparecieron. Posiblemente se cayeron en otro momento pero la
pletina se mantuvo en su sitio hasta que se hartó de permanecer en su lugar sin una pieza
de amarre. Realmente tuvimos suerte porque esas piezas no las tenemos como repuesto y en
la India -donde hicimos 13.000 km.- no hay talleres Mitsubishi, el estado establece todo
tipo de trabas a la importación para proteger su producto nacional: los vehículos Tata.
Cuando se soltó la pletina, estábamos a menos de 100 km. de Kathmandu, donde hay un
distribuidor y taller oficial de Mitsubishi. ¡Que más se puede pedir! Vicente lo llamó
"esguince" en la pierna y tras examinarlo llegó a la conclusión de que
podíamos seguir sin problemas si íbamos despacito.
Al llegar a Kathmandu fuimos directos al
doctor Mitsubishi para curar el "esguince" a nuestro infatigable compañero.
Tenían todas las piezas así que en 15 minutos nuestra montura estaba lista para ponerse
a trotar de nuevo cual brioso alazán. También pedimos al equipo médico habitual que
hiciesen un chequeo completo a nuestro cómplice de aventuras pero tan sólo le hizo falta
cambiar las pastillas de freno (que ya tenían 60.535 km. a sus espaldas, de los cuales
52.690 km. durante la expedición), el filtro del gasoil (15.000 km. de uso desde
Islamabad) y el imprescindible cambio de aceite y su filtro tras los 6.750 km recorridos
desde el cambio de aceite Goa. Todas las correas, la transmisión, los sistemas mecánicos
y electrónicos seguían como nuevos. Ni la arena de los desiertos ni los botes en las
pistas habían sido capaz de hacer mella en nuestra montura. Los amortiguadores, que son
los que trae de serie, dábamos por hecho que habría que cambiarlos debido al trato tan
duro que sufrieron en las tremendas pistas de la India, Sikkim y sobre todo de Pakistán,
pero tras chequearlos... seguían estando operativos. Así pues, la mayoría de nuestros
repuestos seguirían bien guardados e intactos al fondo de nuestro cofre y los tres
filtros usados hoy serán sustituidos con los que traiga Rafa. Era un gran alivio para lo
que nos pudiese ocurrir más adelante.
Nosotros también tendríamos en Nepal una
"puesta a punto", al menos psicológicamente. La India es uno de los países
más fascinantes que hemos conocido y en ningún momento hemos dejado de maravillarnos:
naturaleza, costumbres, multitud de etnias, gastronomía, unos restos arqueológicos e
históricos sin igual en número y estado de conservación pero ... es un país que
"desgasta", una prueba de fuego para los nervios y la paciencia de los viajeros
de larga duración y que deja agotado a cualquiera. Hemos pasado bastantes meses en la
India y consideramos a Nepal el lugar perfecto para reposar y recuperarse.
OPERACIÓN KATHMANDU
Y llegó el día, ese momento que tanto
deseaba y esperaba. Iba a reencontrarme con mi hermano, Rafa. Se ha trasladado a miles de
kilómetros desde nuestra querida Ceuta para reunirse con nosotros y compartir juntos un
tramo de la expedición. Hace más de un año que nos despedimos con la secreta esperanza
de volvernos a ver en algún lugar del ancho mundo que nos disponíamos a recorrer... y
ahora por fin había llegado ese momento. El aeropuerto de Kathmandu es el escenario del
encuentro, aunque debido a las obras que está sufriendo parece los suburbios de la
ciudad. Pero nada importaba, por fin íbamos a reunirnos.
Un fuerte y cálido abrazo y como siempre,
la sensación de que realmente no ha transcurrido todo ese tiempo que, efectivamente, sí
que hemos pasado separados. Mil cosas que contar, mil cosas han acontecido y las risas y
las conversaciones dan un salto de un tema a otro. Rafa está aun aturdido de la cantidad
de horas que se ha pasado volando y deambulando por los aeropuertos: en helicóptero desde
Ceuta a Málaga, en avión desde Málaga a Madrid, luego a Londres, despega hacia Qatar y
finalmente llega a Kathmandu.
Además, alcanzamos la culminación de lo
que quedamos sarcásticamente en llamar "Operación Kathmandu" a través de la
cual Rafa se convirtió en el mensajero encargado de entregarnos el nuevo ordenador (¡por
fin la web estaba a salvo!), el nuevo objetivo para la cámara, un cargamento de
películas de diapositivas Agfa, ¡chorizo y salchichón! que nos manda nuestra
comprensiva y admirable madre -"comer bien", nos dice-, más libros y mapas y
otros encargos que le hicimos a Reyes. La cena de hoy tendría un invitado especial y
todos nos sentimos felices. Mañana comenzará una etapa muy especial de la Ruta de los
Imperios.