Bueno,
por lo menos nos hemos repuesto de la paliza del calor - me dice Marián cuando enfilamos
el morro del Montero por una carretera tremendamente inclinada y zigzagueante que baja
hasta Coimbatore.
-Sí, la verdad es que hemos
estado en la gloria estos tres días, no me extraña que los ingleses llamasen a Ooty el
"refugio del sur". Como no existía el aire acondicionado - ¡pues ale, a las
montañas! -le contesto riéndome.
-Bueno, pues en unas horas te
volverá a faltar el aire para reírte con ganas. ¿Vamos a Cochín directamente o
prefieres recorrer el lago Vembanad primero? -me pregunta.
-Yo iría a Cochín, me
apetece un bañito cultural tras este baño de naturaleza en las colinas de Nilgiri.
La conversación prosigue,
vamos decidiendo la ruta y los altos mientras los eucaliptos, los pinos y los arbustos de
té van quedando atrás para ser reemplazados por los arrozales, árboles de mango,
anacardos y los infinitos y omnipresentes cocoteros de la costa. El aire fresco de la
montaña se ha mutado a una brisa húmeda pero- el mar de nuevo lo inunda todo con su
majestuosa presencia. Mientras que los Ghats Occidentales, con sus enormes cerros y
barrancos, con sus cumbres envueltas en niebla y con sus copiosas selvas tropicales
protegían a Kerala de las invasiones del interior; el mar, por el contrario, fomentó la
presencia de otros pueblos venidos de muy lejos.
Se ven las huellas de los
pueblos tan dispares como los chinos, cuando los comerciantes de la corte de Kublai Khan
aportaron un sistema de pesca de redes en voladizo que todavía pueden verse desplegadas
en activo en las playas de Fort Cochín y en los backwaters. Durante la marea alta un
mínimo cuatro hombres se emplean a fondo para poder ponerlas en funcionamiento mediante
un sistema de contrapesos. Pero hoy las capturas han sido muy escasas a pesar del esfuerzo
empleado en ellas y los puestos ambulantes de la orilla apenas tienen género que ofrecer.
Los portugueses, que acabaron
con el monopolio de los árabes en el comercio de las especias, levantaron gran número de
iglesias y viviendas que luego recibieron la impronta de holandeses e ingleses. Sus
huellas no sólo quedaron en su historia también en las calles, en los apellidos y en los
rostros de sus habitantes, que reflejan un pasado muy cosmopolita.
Son muchas las historias que
Fort Cochín podría contar sobre su pasado desde las dinastías imperiales hindúes a la
llegada de la presencia europea. Pero su capítulo más original es el que protagonizaron
los judíos que hace muchos siglos arribaron a sus costas. Albergando una de las sinagogas
y comunidades judías más antiguas del mundo, pues su pasado se remonta a la Diáspora.
Cuando tras el fallido levantamiento contra la ocupación romana, los judíos huyeron de
Palestina hace dos mil años y un grupo de ellos llegaron a estas costas indias.
El mar fue el hilo conductor
de la llegada a tierra firme de nuevas costumbres, nuevas culturas, nuevas ideas, otras
religiones- desde los lugares más dispares de la tierra. Cristianos, judíos, musulmanes,
hindúes, cuatro comunidades que el mar y el comercio reunieron en esta zona del mundo.
Las circunstancias fueron diversas pero al fin y al cabo provocaron una atractiva mezcla
de culturas que es lo que le aporta su originalidad. Situación que nos vuelve a recordar
a nuestra lejana Ceuta, donde estas cuatro comunidades comparten una convivencia de larga
tradición que dotan a la ciudad de una singularidad especial.
EL
SABOR DE LA TRADICIÓN
Como no, de nuevo el agua nos
proporciona una serena y relajante experiencia en esta zona del mundo que descubrimos por
primera vez. Estamos mirando hacia el mar pero si nos damos media vuelta, tras nosotros -
seguimos teniendo agua, son los "backwaters", un increíble mundo acuático que
se despliega por todo un complejo rosario de lagos, lagunas encadenadas y una enrevesada
madeja de canales y ríos laberínticos. El agua se enreda con la tierra como infinitas
serpientes fluviales que se deslizan entre los cocoteros y bananeros, formando un pasillo
teñido de esmeralda sobre estas aguas dormidas.
Pero será el lago Vembanad el
que nos introduzca en este fascinante mundo de angostos y selváticos cauces. Los
kettuvalam o barcazas han estado transportando por los lagos interiores de la costa de
Kerala las cosechas de arroz, las especias y los frutos que les ha ido concediendo esta
generosa y fértil tierra. Ahora algunas de estas barcazas, que recuerdan a los sampans de
la China meridional, se han transformado en barcas viviendas y nos transportan por estás
plácidas aguas. Mientras nos deslizamos por los canales descubrimos un universo que se
mantiene en equilibrio entre las lenguas de tierra que se elevan sobre las aguas que le
rodean. Allí, en esas estrechas franjas todo un ecosistema vive a sus anchas y los
lugareños levantan sus chozas con ramas de palma y barro, crían sus animales de granja,
pescan, cultivan y en las orillas se bañan, lavan la ropa, friegan sus utensilios...el
tiempo parece haberse detenido hace mucho tiempo, una vida sencilla pero con las
necesidades básicas cubiertas.
Aravind, uno de los marineros
que pilota la barcaza, la detiene en una de las estrechas franjas. Otro marinero salta a
tierra.
-¿Pero adónde va? -me
pregunta Marián intrigada.
-Ni idea, está palpando las
hojas de ese bananero.
-Mira, ya vuelve. Trae unas
hojas en la mano. ¿Para qué las quiere, si eso no se come?
El marinero sube de un brinco
y nos ve intrigados por su extraña acción. "Wait, wait" (espera, espera), nos
dice mientras se mete en la caseta de la barcaza. Al poco nos llama, nos estaba preparando
una comida típica de Kerala y las hojas de bananero... eran los platos. Todo muy
ecológico, platos orgánicos de usar y tirar. A Marián le encanta cocinar y no puede
evitar acercarse a la cocina y pedirle al cocinero que le enseñe como tritura el coco con
el pedernal pulido que maneja tan hábilmente.
Realmente disfrutamos la
comida, nos recomiendan comerla como los autóctonos -con las manos- ... pero el arroz
(imprescindible en cualquier comida india) cuando se le añade la salsa te coloca en una
situación un tanto engorrosa para tener que comerlo con las manos. El coco está presente
en casi todos los platos. Con la verdura (la espinaca roja con coco "redspinach
Toran"), el tomate al curry con leche de coco, el "mericoverti" (la ocra
aquí conocida popularmente como "lady finger"), "aviel" (mezcla de
verduras con pasta de coco) o con el postre con leche y zanahoria. Thomas ha estado
triturando el coco hasta hacerlo puré. El pescado al curry que saboreamos, "perl
spot", le ha sido arrebatado a las aguas sobre las que ahora navegamos. El pan,
papadam, es una deliciosa y finísima torta frita de harina de lentejas y especias. No hay
carne, el sur es la cuna del vegetarianismo. Y tras engullirnos una refrescante piña
tropical, nos tomamos un tradicional té masala que nos permite seguir saboreando un
pedazo de su historia culinaria. Comer en la India es una experiencia única de una
variedad ilimitada pero hasta los platos más deliciosos pueden resultar una tortura
cuando el cocinero es un fanático del picante y lo "asesina", lo que suele
ocurrir en muchas ocasiones, afortunadamente no en esta.
Al caer la tarde los
habitantes de los backwaters se conceden un descanso para observar como transcurre la vida
por esas aguas que les dan la vida a ellos. Ahora los observados somos nosotros, que
pasamos ante ellos mientras nos contemplan inalterables ya que en pocos minutos nos
perderemos por otro de los brazos del dilatado lago sin que apenas hayan reparado en
nosotros. En cambio nosotros, premeditados "voyeurs" del fascinante mundo que
estamos recorriendo, no perdemos detalle de lo que acontece a nuestro alrededor. La brisa
que nos proporciona la barcaza mientras avanza sofoca el calor y la humedad que invade
esta zona en esta época del año.
Regresamos a tierra firme con
el ocaso y observamos una actividad interesante en un pequeño escenario junto a un
restaurante. Si los backwaters y la comida sureña nos ha permitido acercarnos a sus
costumbres cotidianas, el "kathakali" nos permitirá introducirnos en un
espectáculo con más de 500 años de antigüedad. Esta espectacular danza-teatro comenzó
a escenificarse en los patios de los templos y los pueblos. En el momento que llegamos los
bailarines de kathakali se encuentran maquillándose cuidadosamente. Emplean para ello
elementos naturales. Con el aceite de coco mezclan los colores mientras que con el coco
quemado se pintan de negro la zona alrededor de los ojos. Con la corteza de ciertos
árboles hecha pulpa y teñida con frutas y especias se hacen las pelucas. Y se colocan
flores de berenjena bajo los párpados para que el blanco de los ojos se les vuelva de
color rojo oscuro. Algunos minerales pulverizados y la savia de algunos árboles le
proporcionan el brillante efecto facial. ¡Extraordinario!
Y basándose en historias de
sus libros sagrados como el Ramayana y el Mahabharata entran en escena acompañados por
unos músicos y un cantante, perfectamente ataviados y maquillados. Su sola presencia es
en sí todo un acontecimiento y cuando comienzan a desarrollar toda la amplia gama de
gestos rituales y movimientos de las manos el espectáculo está servido. Mientras un
locutor explica el simbolismo de las expresiones faciales que uno de los danzantes no para
de gesticular.
EL
AROMA DE LAS ESPECIAS
El zigzag en el que se ha
convertido nuestra ruta por Karnataka y Kerala nos traslada de nuevo a la montaña. Y
aunque perdamos de vista de nuevo al mar, la temperatura más benigna de Thekkady nos
concede un respiro al pegajoso calor que hemos dejado unos cientos de metros más abajo.
Los arbustos de té invaden con su capa de terciopelo verde las numerosas colinas que
rodean nuestra marcha hacia la reserva natural de Periyar, justo al sur de Thekkady. Las
especias se prodigan por sus colinas como regueros de pólvora... aromática, la reina del
lugar es con diferencia el cardamomo. En este lugar tiene lugar el mercado más importante
de compra-venta del cardamomo en la India, hasta tal punto, que la subasta semanal de los
jueves marca el precio del cardamomo para el resto de este gigantesco país. Por él se
llegan a pagar cantidades astronómicas (por un kilo del cardamomo de la mejor calidad se
puede llegar a pagar hasta 4.000 pts -23 US$- el kilo,) y el jueves por la mañana se
hallan en el almacén central... miles y miles de kilos. Eso en pesetas es ... es
... ¡muchísimo!
También aprovechamos las
benignas temperaturas para redactar las crónicas (el cerebro trabaja mejor con fresquito)
e ir contestando los e-mails que nos van llegando... y se van acumulando. Teníamos
pendiente desde hace tiempo un e-mail del primer ceutí que se unió a la expedición ...
virtualmente: nuestro apreciado Pepe Gutiérrez, que nos escribe muy regularmente
dándonos noticias y para "charlar". Uno de los párrafos de su último e-mail
nos llama la atención. Ah! se me olvidaba comentaros una cosa: Hay pequeños
detalles que creo serían interesantes de saber como los solucionáis. Por ejemplo: el
lavado de la ropa, la adquisición de algunos productos de primera necesidad, las posibles
averías (¿las hay? nunca habláis de ellas, aunque sean pequeñas), los cambios
obligatorios de aceites, filtros, etc. (¿donde lo conseguís?) y así un sinfín de
pequeñas cosas que aunque a vosotros os parezcan una tontería, son tan importantes como
otros.(por ejemplo: ¿Vicente, te cortastes el pelo en alguna ocasión? ¿donde? ¿como?. ¿Igual tiene
razón y más de uno se pregunta por esos detalles? Pues le contestaremos en
"abierto".
¿el
lavado de la ropa?
A mano, hijo mío, a mano,
así es la vida.
¿adquisición de algunos productos de primera necesidad? Solemos encontrar los productos de primera necesidad pero si no lo
encontramos ... le quitamos el título de "primera necesidad" y lo rebautizamos
como "para cuando lo encontremos"
¿las posibles averías (¿las hay? nunca habláis de ellas, aunque
sean pequeñas)
Pues para nuestra vergüenza
... no tenemos ni idea de mecánica, lo cual es un orgullo para Mitsubishi porque puede
presumir de que uno de sus Montero de serie está intentando dar la vuelta al mundo en
manos de dos personas que no entienden nada de motores ni de sistemas eléctricos del
automóvil ... ¡eso sí, sabemos de mantenimiento y la conducción 4x4 es nuestra
especialidad, el coche es como nuestro "hijo"! Bueno, a fin de cuentas es como
ser un buen padre sin tener ni idea de medicina.
¿Hay averías,
aunque sean pequeñas?
Tocamos madera, nada de nada,
varias decenas de miles de kilómetros ... y nada, ni un fusible.
¿los cambios obligatorios de aceites, filtros, etc., donde lo conseguís?
Esa es otra historia, es algo
imprescindible y no podemos fiarnos de encontrar repuestos originales en cualquier lugar
del mundo ¡y nosotros vamos a sitios raros y remotos! así que para evitar disgustos los
llevamos con nosotros y vamos reponiendo los gastados cuando alguno de nuestros queridos
amigos de fatigas que nos ayudan desde España vienen a visitarnos cada 5 ó 6 meses. Se
están ganando el cielo. Con este sistema, hasta ahora no nos hemos visto en la necesidad
de buscar ningún filtro de los usados, es lo único que hemos cambiado desde que salimos
de España: filtro de aire (según etapas y tipo de pistas pero el snorkel que llevamos
hace que llegue muchísimo menos polvo a la admisión de aire y duren más), filtro de
aceite (cada 7.000-8.000 kilómetros) y filtro de gas oíl (cada 15.000 ó 20.000 km, este
lo cambiamos antes de lo que marca la casa Mitsubishi porque tendríais que ver las
gasolineras donde tenemos que repostar, tienen que tener en el gas oíl hasta vida
orgánica). Los cambios los hacemos en garajes normalitos (es muy sencillo) pero lo
supervisamos todo para que no nos hagan ninguna pirula.
¿Vicente, te
cortastes el pelo en alguna ocasión? ¿donde? ¿como?.
¿Qué pelo? ¿Te has fijado
bien en las fotos donde aparezco? Bueno, los cuatro pelos que me quedan ... pertenecen
plenamente a la jurisdicción de Marián y tiene poderes plenipotenciarios sobre ellos
(hasta les ha puesto nombre a cada uno de ellos). Contestando a tus preguntas ...
¿ te cortastes el
pelo en alguna ocasión? Sí, lo hizo Marián. ¿donde? Normalmente en una acampada, al aire libre, no sea que las enormes
cantidades de pelambrera que caen cortadas obstaculicen alguna carretera. ¿como? Pues con las
tijeras de cortar el celo, no sea que melle las buenas.
Pero el trabajo con el
ordenador, los e-mails de los amigos (conocidos o desconocidos, pero que se van uniendo a
nosotros por Internet), las especias que nos rodean y nos envuelven con sus fragancias
dejan paso en el día de hoy a otros personajes que se mueven por estos dominios. Periyar
es un santuario natural de elefantes, búfalos y de unos reservados tigres y leopardos que
no se dejan ver con la frecuencia que todos desearíamos. Otros muchos animales como
jabalíes, ardillas voladoras, ciervos, osos pueblan su amplia superficie. A las orillas
del lago que estamos recorriendo en barco tenemos la suerte de ver varias de estas
especies que se acercan a beber: algunos corpulentos elefantes, todo tipo de cérvidos,
una inquieta familia de jabalíes y descomunales búfalos.
Por entre las aguas, como
tentáculos inesperados, se yerguen los troncos de árboles secos sobre los que se posan
algunos cormoranes con las alas desplegadas. Unos pequeños kingfisher, con su intenso
color azulón, rompen el gris del cielo que hemos tenido casi todo el día. Los negros
nubarrones que planean sobre nuestras cabezas no presagian nada bueno y aunque se les
escapan algunos gruesos goterones nos conceden una tregua hasta que alcanzamos tierra
firme. Mientras nos trasladamos a buen resguardo hacia nuestro refugio, las nubes
comienzan a descargar sus impacientes aguas en una fuerte tormenta crepuscular. Los
monzones se nos echan encima, debemos emigrar hacia el norte. ¡Ya!

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.jpg) Ruta por Karnataka Sur y Kerala.
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¡Y llegamos a
Cochín! De nuevo el mar de Arabia ante nosotros. Se ven las huellas de los pueblos tan
dispares como los chinos, cuando los comerciantes de la corte de Kublai Khan aportaron un
sistema de pesca de redes en voladizo que todavía pueden verse desplegadas en activo en
las playas de Fort Cochín (en la foto). Durante la marea alta, un mínimo cuatro hombres
se emplean a fondo para poder ponerlas en funcionamiento mediante un sistema de
contrapesos. (Más fotos en link)
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Los
portugueses, que acabaron con el monopolio de los árabes en el comercio de las especias,
levantaron gran número de iglesias y viviendas que luego recibieron la impronta de
holandeses e ingleses. Sus huellas no sólo quedaron en su historia, también las calles,
los apellidos y los rostros de sus habitantes reflejan un pasado muy cosmopolita. En la
foto tenemos la asombrosa catedral de la Santa Cruz en Fort Cochín. (Más fotos en link)
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Una
tierra sorprendente, tan pronto estamos rodeados de cruces como de coloridos templos
hinduistas. (Detalle en link)
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"Por
favor, miren donde ponen los pies, hay seres arrastrándose por las escalinatas".
Algunas fotos son "comprometidas", con riesgo de pisoteo en los higadillos.
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También el
vídeo nos "complica" a veces la vida y para conseguir determinados ángulos...
nuestro Mitsubishi Montero se transforma temporalmente en un trípode móvil.
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Redes
chinas también en los "backwaters". Estamos ante un increíble mundo acuático
que se despliega por todo un complejo rosario de lagos, lagunas encadenadas y una
enrevesada madeja de canales y ríos laberínticos. El agua se enreda con la tierra como
infinitas serpientes fluviales que se deslizan entre los cocoteros y bananeros, formando
un pasillo teñido de esmeralda sobre las aguas dormidas. Al fondo, el "bus"
acuático, el único modo de ir de un lugar a otro por este laberinto fluvial.
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Bueno, las
barcas no son el único medio para ir de un lado a otro de los backwaters...
también tienen el detalle de construir "robustos" puentes para cambiar de
ribera en los canales. Cuando los tenemos que cruzar... mejor que no sople ninguna
brisa que los haga tambalear... "No te preocupes Marián, que me han dicho que
aquí no hay cocodrilos como en Goa"
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A través del lago
Vembanad nos introduciremos en este fascinante mundo de angostos y selváticos cauces. Los
kettuvalam o barcazas han estado transportando por los lagos interiores de la costa de
Kerala las cosechas de arroz, las especias y los frutos que les ha ido concedido esta
generosa y fértil tierra. Ahora algunas de estas barcazas, que recuerdan a los sampans de
la China meridional, se han transformado en barcas viviendas y nos transportan por estás
plácidas aguas. Mientras nos deslizamos por los canales descubrimos un universo que se
mantiene en equilibrio entre las lenguas de tierra que se elevan sobre las aguas que le
rodean.
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El marinero
sube de un brinco y nos ve intrigados por su extraña acción de saltar a la orilla para
arrancar hojas de bananero "que no se comen", como bien matizó Marián.
"Wait, wait" (espera, espera), nos dice Thomas mientras se mete en la caseta de
la barcaza. Al poco nos llama, nos había preparado una comida típica de Kerala y las
hojas de bananero... eran los platos. Todo muy ecológico, platos orgánicos de usar y
tirar. (Zoom en el "menú del día" en el link, merece la pena cotillear)
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El "kathakali" nos permitirá introducirnos en un
espectáculo con más de 500 años de antigüedad en Kerala. Esta ostentosa danza-teatro
comenzó a escenificarse en los patios de los templo y los pueblos y la sola presencia de
los actores es en sí todo un espectáculo debido a su aparatoso y laborioso maquillaje.
Su representaciones, acompañadas de músicos y un cantante, se basan en sus libros
sagrados, principalmente el Ramayana y el Mahabharata. (Detalles y otras danzas en link)
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Una
procesión cristiana en camino hacia la inauguración de una nueva iglesia. Encontrarnos
con ella fue como un salto en el espacio; el ropaje y el desfile de paraguas de vivos
colores y grandes cruces de plata nos hacían sentir en el Timkat ("epifanía")
de Etiopía, cuando durante la Ruta Reina de Saba (97-98) fuimos testigos de la mayor
fiesta religiosa de ese país tan distante y enigmático. Quizás el mundo no sea tan
grande como creemos. (Detalle en link)
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Y al
poco... una procesión hinduista. Los paraguas y los saris siguen ahí pero las medallas
del cuello se han convertido en guirnaldas y las cruces en bandejas de ofrendas. Mil
millones de habitantes, incontables idiomas, manifestaciones de todo tipo de religiones,
infinitas etnias, crisol de culturas de oriente, ...forman un indescriptible rompecabezas
que se llama "India". (Detalle en link)
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De nuevo en
las montañas y de nuevo navegando, estamos en las aguas del Parque Nacional Periyar, un
santuario natural donde tenemos la suerte de ver varias de las especies que la pueblan:
algunos corpulentos elefantes, todo tipo de cérvidos, una inquieta familia de jabalíes y
descomunales búfalos. Unas nubes comienzan a descargar sus impacientes aguas en una
fuerte tormenta crepuscular. Los monzones se nos echan encima, debemos emigrar hacia el
norte. ¡Ya!
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