
- Fecha: 5 de junio de 2000 - Kilómetros recorridos desde Ceuta: 47.050 km. - Transmitido desde:Ooty (INDIA) - Posición: N 11º 24,270' E 76º 41,817' |
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Etapa:
India VII
LA BÚSQUEDA DEL TESORO
Crónica de Vicente Plédel
-¿Me acercas el agua, por favor? -le pido a Marián. Estoy asfixiado y quiero aprovechar la gran recta que tengo delante para beber. Tan solo con gran visibilidad podemos relajar un poco la conducción, el resto del tiempo nuestras cabezas se mueven como radares, intentando localizar algún "misil" que venga directo hacia nosotros.
-La del termo se ha terminado, la que queda está caldorra.
-¿Tu crees que dejando la costa nos libraremos del calor?- me pregunta
Marián, agobiada mientras le resbalan copiosamente gotas de sudor por toda la cara y el
cuello. Llegamos a Halebid, otro tesoro encontrado, ante nosotros se halla el templo de Hoysaleswara. Me cuenta Marián que se erigió durante la dinastía hoysala y que estuvieron durante 80 años esculpiendo sus paredes. Los templos de Halebid y Belur son la "crème de la crème" del arte religioso hoysala, erigidos en el siglo XII. Tienen el honor de rivalizar con las famosas esculturas de Khajuraho o Konarak o por compararlo con algo que nos suene más familiar a todos, con lo mejor del arte escultórico gótico europeo.
Son las tres de la tarde. La piedra quema como si fueran las llamas del infierno... porque encima hay que descalzarse para ascender hasta el templo. Se nos acercan unos vendedores ambulantes ofreciendo calcetines a precios desorbitados, ¡qué vivos son cuando quieren! Pero nosotros venimos preparados para todo. Mientras nos secamos el sudor de la frente y tragamos saliva, emprendemos el ascenso escalón tras escalón hasta la cima rocosa. Nos hemos calzado dos pares de calcetines para no abrasarnos la planta de los pies, los que suben descalzos del todo ascienden con breves pero intensos carrerones hasta alcanzar una sombra donde descansar los pies escaldados. A mitad del camino ayudo a Marián con el trípode porque el ascenso y el bochorno es insoportable. Sé que es imposible pero juraría haber oído al sol soltando carcajadas. Por fin alcanzamos la cima. Tratamos de recuperar el aliento y elevamos nuestra vista hacia lo alto de los 17 metros que mide la estatua de granito del supremo Bahubali completamente desnudo -símbolo de renuncia-, representado con hiedras que le trepan por todo el cuerpo como símbolo de la impasibilidad penitente. Las gotas de sudor se nos meten en los ojos y la sal nos produce escozor, nos los frotamos fuerte con los puños, como un niño al recibir las primeras luces de la mañana. Fue aquí donde el emperador que abandonó su reino para abrazar el jainismo, Chandragupta Maurya, acudió con su gurú. Siglos después sus seguidores levantaron esta inmensa figura que se dice es la escultura monolítica más grande del mundo. Una familia está sentada a la sombra de la columnata que rodea al gigante. El padre intenta rezar mientras su hija pequeña reclama su atención con juegos y risas. La madre prepara un tentempié, allí mismo montan un picnic. Dos fieles se acercan a la verja que hay a los pies de la efigie venerada. Un monje les atiende mientras entregan una ofrenda y reza una plegaria con ellos. Cuando terminamos de bajar los 619 escalones, esta vez con paso más ligero pues las bajadas resultan menos penosas, lo primero que hacemos es bebernos un litro de agua fría cada uno. El calor nos quita el apetito y sólo deseamos beber, la alimentación durante esta etapa está siendo un desastre. Ni siquiera la noche es capaz de mitigar este horrible bochorno que hoy ha alcanzado los 43ºC. Continuamos camino hacia Somnathpur pero cuando llegamos, ya de noche, no hay ni una luz en el pueblo, los constantes cortes de luz en la India son el pan de cada día. Tan solo hay una posibilidad de alojamiento: la "guest house" que regenta el Ministerio de Turismo de Karnataka. Su situación es realmente privilegiada y exclusiva puesto que se halla al lado mismo del templo pero parecía la casa de la calle Pájaro Burlón nº 13, el domicilio de la jocosa familia Munster. ¡Daba miedo! Pero bueno, tenía un gran jardín y ahí podríamos desplegar nuestra tienda-techo para dormir. ¡Eso hubiésemos querido! Nuestro hogar nómada es muy cómodo y está impoluto pero el aire caliente de la noche era sofocante.
-¿Las habitaciones tienen ventilador en el techo? -le pregunto al
encargado, un anciano muy sonriente que no paraba de mirarnos desde que entramos hace
media hora. Mysore es todo lo contrario al remoto y pequeño Somnathpur, es una gigantesca urbe con tráfico alocado, contaminación, caos, griterío, ... pero que posee tres perlas que son dignas de admiración. Por un lado el templo de Sri Chamundeswari, que si bien su arquitectura no se puede comparar con lo que acabamos de ver los días precedentes sí que es único en lo que respecta a la afluencia de fieles que visitan el lugar, una escenografía sin igual con un gentilicio de los más variado: fieles de clase alta haciendo cola junto a indigentes, sacerdotes poniendo el "tika" (lunar de pintura) en medio de la frente, procesiones que giran alrededor de su gran gopuram (torre) de siete pisos, rituales frente a los ídolos, cánticos que inundan la atmósfera, sadhus sobre pinchos que piden limosna, ... Para llegar a él hay mil escalones de subida para aquellos que deseen purificar su karma pero como nosotros ya lo "purificamos" en el ardiente Sravanaetcétera ... decidimos llegar a él en coche. Los nombres nos están volviendo locos, los tenemos que llevar siempre apuntados en un papel. En el sendero que une la llanura con el templo se halla un gigantesco toro Nandi (vehículo de Shiva) excavado en roca viva en 1.659, con sus cinco metros de altura es uno de los más grandes de la India. Los peregrinos desfilan sin cesar y ofrecen "prasaad" (ofrendas de alimentos) al sacerdote custodio del lugar, éste les bendice y les pone un "tika". Estamos embriagados por el ambiente, nos hallamos inmersos en otra dimensión del mundo.
Del mundo espiritual bajamos al mundo terrenal y en la llanura ... la
tercera perla: un palacio, la sede de los marajás de Mysore. Sus hermosos jardines están
abiertos al público y esta fastuosa obra preciosista de estilo indosarraceno es ahora un
museo, aunque un ala del mismo sigue siendo habitado por el antiguo marajá.
Nunca pensamos que el altímetro fuese sinónimo de euforia mientras nos indicaba que íbamos subiendo a 1.000 metros, a 1.100, a 1.200, ... tampoco pensamos nunca que el termómetro fuese sinónimo de excitación mientras nos indicaba su descenso a 32ºC, a 27ºC, a 23ºC... a 18ºC ... ¡hasta 14ºC llegó a indicar el termómetro del Montero! Paramos el coche para disfrutar esa maravillosa sensación de frescor entre la vegetación de eucaliptos australianos que poblaban estas colinas a una altura de 2.240 m. Un grupo de luciérnagas titubeantes que revoloteaban a nuestros alrededor nos permitió imaginarnos que nos hallábamos en un bosque encantado. Marián tuvo que buscar su camisa para ponérsela por encima de la camiseta de tirantes. Fue todo un acontecimiento, ¡tenía que abrigarse! La luz de la mañana nos descubrió un puerto de montaña que los británicos convirtieron a finales del siglo pasado en una isla de descanso y frescor cuando el bochorno castigaba a conciencia en las llanuras. Somos testigos directos de que es fácil entender que huyeran de los rigores del calor para practicar un deporte que introdujeron hace más de 100 años por estas latitudes: el golf. Los habitantes de esta pequeña población presumen de tener el campo de golf más antiguo de la India. Las casitas y las iglesias parecen el decorado de una película rodada en la campiña inglesa.
Pero esta tregua que el calor nos ha concedido por estas latitudes se
esfuma de nuevo cuando volvemos a la llanura para reunirnos con otro distinguido entorno,
con la Costa de las Especias.
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Tiene que ser el de Belur -me dice Marián mientras me señala un templo bajo entre la vegetación. Estaba en lo cierto, era el templo Chennakeshava de Belur. Esta joya de piedra, enorme pero esculpida como si se tratase de una delicada caja de marfil, es un santuario envuelto por cintas interminables de procesiones inmovilizadas por algún extraño encantamiento. Hay desfiles de ofrendas y todo un palco de héroes de epopeyas hindúes, reyes y dioses ... como esperando que se reanuden las apasionadas danzas de las voluptuosas bailarinas que fueron congeladas en su momento álgido. Tenemos ante nosotros una de las obras cumbre de la escenografía hindú. (Detalles en link). Llegamos al templo Hoysaleswara de Halebid, se está celebrando una animada procesión en la que el dios dará varias vueltas al templo para finalmente volver a su nicho y seguir recibiendo ofrendas de los devotos. Me cuenta Marián que se erigió durante la dinastía hoysala y que estuvieron durante 80 años esculpiendo sus paredes. Los templos de Halebid y Belur son la "crème de la crème" del arte religioso hoysala. Erigidos en el siglo XII, tienen el honor de rivalizar con las famosas esculturas de Khajuraho o Konarak o por compararlo con algo que nos suene más familiar a todos, con lo mejor del arte escultórico gótico europeo. ¡Es una auténtica burbuja de piedra! -me dice Marián, cautivada ante esa inusual mole de roca semiesférica- y en la cumbre se ve claramente el templo y una titánica estatua emergiendo de su interior, es increíble -prosigue mientras voy leyendo la historia del lugar. -¿Qué hay que subir 619 escalones al sol para alcanzar la estatua de Sravanabelagola?- exclamo con los ojos desencajados y tratando de que no se me atragante el impronunciable nombrecito de marras, mientras ella sonríe sarcásticamente y asiente con la cabeza. (Más fotos en link). Y por supuesto que subimos, con la piedra ardiendo ... ¡y sin zapatos!, como exige la santidad del lugar. Cuando alcanzamos la cima, tratamos de recuperar el aliento -y la sensibilidad en los pies- mientras elevamos la vista hacia lo alto de los 17 metros que mide la estatua de granito del supremo Bahubali completamente desnudo -símbolo de renuncia- y representado con hiedras que le trepan por todo el cuerpo como símbolo de impasibilidad penitente. Fue aquí donde el emperador Chandragupta Maurya, que abandonó su reino para abrazar el jainismo, acudió con su gurú. Siglos después sus seguidores levantaron esta inmensa figura, es la escultura monolítica más grande del mundo. (Más fotos en link). ¡Y como no! El show de los autos locos que desafían a la muerte sigue presente. La conducción sigue tensa, seguimos esquivando "balas perdidas" que no nos han alcanzado. Casi todo el tiempo nuestras cabezas se mueven como radares, intentando localizar y esquivar algún "misil" que venga directo hacia nosotros. Estamos solos cuando a primera hora de la mañana entramos en el templo Sri Channakeshara de Somnathpur. No hay hueco en este santuario hoysala que no esté recubierto por la imagen de algún dios, animal, flor o escenas que recrean algún acontecimiento cotidiano, palaciego o guerrero. Palpamos las esculturas, las filigranas, las escalinatas, los dioses, ... de este nuevo tesoro. No existe el muro liso, cada centímetro de piedra es un pedazo del alma de la India. (Detalles en link). Un demonio hindú con la mano en su serpiente venenosa (grupo de la derecha). El demonio Mahishasura (siempre el de la derecha y que solo tiene bigote) marca la entrada al recinto del templo Sri Chamundeswari de Mysore. Su inseparable serpiente venenosa (de las dos, la que no tiene piernas) también se yergue amenazante ante los visitantes y peregrinos. Lo más destacable del templo de Sri Chamundeswari de Mysore es la afluencia de fieles que visitan el lugar, una escenografía sin igual con un gentilicio de los más variado: fieles de clase alta haciendo cola junto a indigentes, sacerdotes poniendo el "tika" (lunar de pintura) en medio de la frente, procesiones que giran alrededor de su gran gopuram (torre) de siete pisos, cánticos que inundan la atmósfera, sadhus sobre pinchos que piden limosna (en la foto), rituales frente a los ídolos, ... (Más fotos en link). En el sendero que une la llanura con el templo se halla un gigantesco toro Nandi (vehículo de Shiva) excavado en roca viva en 1.659, con sus cinco metros de altura es uno de los más grandes de la India. Los peregrinos desfilan sin cesar y ofrecen "prasaad" (ofrendas de alimentos) al sacerdote custodio del lugar, éste les bendice y les pone un "tika". Estamos embriagados por el ambiente, nos hallamos inmersos en otra dimensión del mundo. Del mundo espiritual bajamos al mundo terrenal y en la llanura ... la tercera perla: un palacio, la sede de los marajás de Mysore. Sus hermosos jardines, repletos de esculturas, están abiertos al público y esta fastuosa obra preciosista de estilo indosarraceno es ahora un museo, aunque un ala del mismo sigue siendo habitado por el antiguo marajá. (Más fotos en link). ¡Ahí, ahí, ... justo debajo de la oreja! ¡Que ricoooo! El sol empezaba a declinar inundando de tonos dorados las plácidas aguas del río Moyar cuando surgieron los elefantes cruzando la carretera, tras ellos, sus mahouts, "conductor y maestro" del elefante. Lentamente eran introducidos por la orilla mientras con gestos y palabras rotundas y precisas les ordenaban meterse en el agua. Se apoyan en la trompa y muy lánguidamente, como si fueran a cámara lenta, los elefantes se iban tumbado sobre el lecho del Moyar. Entonces comenzaba la tarea del baño. Con un buen cepillo de púas le iban frotando la dura y áspera piel. Los elefantes parecían disfrutar de lo lindo a juzgar por los suspiros que lanzaban mientras sus amos se empleaban a fondo para restregarles la piel con energía. (Más fotos en link). La luz de la mañana nos descubrió en Ooty un puerto de montaña que los británicos convirtieron a finales del siglo pasado en una isla de descanso y frescor cuando el bochorno castigaba a conciencia en las llanuras. Las casitas y las iglesias parecen el decorado de una película rodada en la campiña inglesa. (Más fotos en link). El balcón de Ooty, el hotel Holiday Inn Gem Park Ooty, que desde un estratégico lugar en las colinas Nilgiri permite dominar casi toda la zona. Todo un espectáculo de naturaleza a nuestros pies. (Más información y fotos en link). |