Seguimos
apesadumbrados por el accidente de nuestro ordenador pero hemos de enfocarlo como una
desventura que cualquier expedición tiene que asumir. El infortunio es otro de los
factores contra los que hay que luchar en cualquier aventura ... y la nuestra no iba a ser
una excepción. Y dentro de la desgracia hemos tenido suerte, el parte dado hace unos
días se ha mantenido: el ordenador está seriamente dañado pero las funciones más
importantes siguen operativas y podemos seguir trabajando y transmitiendo. La web no se
verá afectada, eso es una buena noticia y nos anima. Pero nuestro ritmo de vida sí que
se verá seriamente alterado porque tendremos que comenzar a recortar gastos para afrontar
el pago del nuevo portátil y por la planificación de la logística de comprar otro
ordenador y hacerlo llegar a nosotros. Y entre la compra y el envío hay que configurarlo,
nuestros conocimientos de informática no son suficientes para realizarlo nosotros mismos,
todo es realmente complicado y el ordenador, antes de partir hacia el punto donde nos
hallemos en Asia, deberá de pasar unos días en el centro de Proceso de Datos de Ceuta
para cargar los últimos programas y chequear que todo vaya bien. Lo que llamaríamos
"simple contrariedad" cuando estamos en casa se puede transformar en una
avalancha de problemas cuando estamos en una expedición. Y gracias al cielo tenemos unos
amigos que no es que nos ayuden es que "están aquí", les sentimos con nosotros
en cada momento. Yo creo que la única parte positiva de los problemas es que se vive muy
de cerca el apoyo, el cariño y los desvelos por ayudar de los amigos de verdad.
Pero la ruta sigue, las
palmeras de Goa arropan nuestro todo terreno hasta hacernos sentir en un túnel labrado
por nuestro destino. Y por fin el mar, nuestro querido y ansiado mar. Ese conquistador
nato que tiene ganado por excelencia el amor incondicional de los que hemos en su regazo y
hace soñar con acariciarlo a todos aquellos que nunca han podido sumergirse en él.
Llevamos más de seis meses sin atisbarlo, cuando en la ciudad costera de Badami, en
Georgia, le perdimos de vista. Y por fin nos reencontramos de nuevo con el gran azul en el
mar de Arabia. Detenemos nuestra montura frente a una playa, las palmeras son como manos
que nos saludan con sus suaves movimientos, las redes de los pescadores se mecen con el
viento y las olas bailan con su espuma blanca delante de nosotros.
El calor húmedo y pegajoso de
la costa eclosiona por todo nuestro cuerpo como si un manantial hubiese brotado
incontrolado en nuestro interior. Eclosiona tanto como la exuberante vegetación tropical
que cada vez se hace más omnipresente a nuestro alrededor. La aridez del altiplano del
Deccan, donde la maleza y los desarbolados bosques -frecuentemente carbonizados por
incendios intempestivos- van desapareciendo de nuestras retinas al tiempo que reciben una
explosión de color al zambullirnos en un mar esmeralda de cocoteros, bananos, mangos,
papayas, anacardos, arbustos de pimienta, cardamomo, clavo, canela estamos en la costa
tropical de las especias pero esto lo sabían muy bien los portugueses.
Lisboa.
Año 1497. Vasco de Gama inicia su odisea marina hacia las Indias, descubriendo la ruta
marítima que desde Europa le llevaba hasta el país de las especias por el cabo de Buena
Esperanza. De esta forma, acaba con el monopolio de los árabes en el comercio de las
especias entre Oriente y Europa. Los portugueses entran en juego ganándole una batalla al
mar y siendo la primera potencia europea en llegar a la India.
Acampamos cuando el sol se ha
escondido tras el brumoso horizonte que anuncia que los monzones se acercan imparables,
fieles a su cita anual. Lentos pero seguros, un año más castigarán implacablemente
durante meses esta zona del planeta. Acampamos cuando la brisa marina acaricia las ramas
de los cocoteros rebosantes de enormes cocos cargados de su prodigiosa agua, una brisa que
no puede sofocar el bochorno reinante. Acampamos mientras las olas se siguen rompiendo en
las playas de arena blanca en la que hace cuatro siglos recalaron las carabelas
portuguesas.
...en
el año 1501 Alfonso de Albuquerque llega a las costas indias siguiendo la ruta abierta
por su compatriota Vasco de Gama y le arrebata la ciudad de Panjim a Yusuf Adil Shah (el
fundador de la dinastía musulmana de Bijapur), creando sobre aquella una nueva ciudad
conocida como "Velha Goa", Vieja Goa. España, absorbida por completo en
organizar sus territorios en el Nuevo Mundo (América), no se entromete en las posesiones
asiáticas de los portugueses.
Ceuta, año 1640. Los
reinos de Portugal y España tras una alianza de 60 años (1580-1640), se separan
definitivamente. Ceuta había sido portuguesa desde 1415, durante más de doscientos años
fue una ciudad lusitana y dada la relevancia del acontecimiento histórico -la ruptura de
la alianza de los reinos peninsulares- se le deja total libertad al pueblo de Ceuta para
decidir su futuro: unirse a Portugal o a España. Los ciudadanos, por plebiscito popular,
deciden permanecer junto a España.
También Goa tuvo su
plebiscito cuando cuando le tocó decidir su futuro. El 19 de enero de 1967, mediante un
referéndum, la población goanesa rechaza su incorporación al estado indio de
Maharashtra, prefiriendo conservar su idiosincrasia indo-portuguesa y ser ellos mismos.
No hemos podido evitar
rememorar las similitudes de la historia de nuestra ciudad y la del territorio de Goa en
el que acabamos de entrar. Ambas compartieron la presencia portuguesa en una época en que
en el mundo vio competir dos poderosos imperios, el Imperio Español y el Imperio
Portugués, los cuales se disputaban la supremacía marítima de las principales rutas
comerciales.
LA
BUENA ESTRELLA
Nos paseamos por las
cercanías del fuerte de Aguada, todo es muy turístico, los hoteles, restaurantes,
chiringuitos y tiendas de recuerdos se suceden sin descanso pero nos llama la atención el
complejo turístico Aldea Santa Rita. Es distinto, es como un pequeño pueblo portugués
inmerso entre lujuriante vegetación autóctona, cada casita independiente tiene dos pisos
y está pintada de un color pastel distinto a las de alrededor. Nos encanta ese toque
romántico. Otros centros vacacionales casi me hacen sentir cerca de mi tierra, se
asemejan a los más esmerados y cuidados complejos de la Costa del Sol con su arquitectura
de blanco reluciente, repletos de arcos, terrazas y barandas, no les falta ni un detalle y
el mantenimiento es impecable. Todo está pensado para el turismo de ocio y descanso.
Por azar nos detenemos delante
de unas oficinas, un empleado nos empieza a hacer preguntas sobre el coche y nosotros, no
es habitual ver vehículos de matrícula europea en Goa. Nos invita a un té y entramos en
las oficinas. Allí conocemos a Mario da Rocha y a los hermanos De Souza, Norman y Ralph,
los dueños del grupo empresarial De Souza Group. Todos ellos son la amabilidad
personificada, se interesan en conocer los objetivos y entresijos de nuestra expedición y
nos brindan su ayuda incondicional, conquistados con el proyecto que hemos forjado y
estamos haciendo realidad día a día.
Su ofrecimiento no pudo llegar
en mejor momento, su cordialidad nos levantó un poco la moral -que andaba bastante baja-
y sus ordenadores y conexión a internet nos permitieron dar un gran salto en el trabajo
que se iba amontonando. Durante días, los e-mails iban y venía de España sin descanso,
desde sus oficinas enviamos informes y centenares de fotos para el Centro de Proceso de
Datos de Ceuta, para la prensa y para José Enrique. Conseguimos que esta crónica llegase
en la fecha estimada, salvaguardamos lo más importante de nuestro trabajo y lo enviamos a
España, con esta operación ya nos quedábamos más tranquilos. Nos sentimos un poco
mejor.
Y con Mario da Rocha
compartimos momentos relajantes tras el cansancio y la tensión vivida las jornadas
anteriores. Su extrovertida y simpática personalidad nos arranca más de una carcajada
que nos alivia la tensión cuando descansamos tras la labor en "nuestro"
despacho. Nos descubre rincones que solo un lugareño conoce para la diversión (las
noches de Goa son legendarias entre los viajeros desde los 60) y también rincones para
dejarse llevar por la magia de la costa de las especias mientras se contempla
plácidamente una puesta de sol desde un promontorio rocoso.
Goa.
Año 1553. El aventurero escritor Camoëns desembarca en este prodigioso rincón del mundo
exaltando en su poema épico de "Lusiadas" los descubrimientos y enclaves
portugueses en el mundo, bautizando a la ciudad como la Reina de Oriente. No en vano
cuentan que Velha Goa llegó a rivalizar con Lisboa en esplendor.
Goa. Año 2.000. Las casas
coloniales lusitanas nos acompañan dejándose entrever por la abundante vegetación
tropical en nuestro camino hacia el mar de Arabia. Algunas familias siguen habitando en
las viejas mansiones coloniales desde que las levantaron sus antepasados y en otras
ocasiones, personalidades locales recuperan del olvido una herencia histórica que no
desean perder y que les hace sentir singulares. La familia De Souza nos brindó la
oportunidad de conocer una de estas mansiones coloniales desde dentro. Ralph de Souza se
preocupó en restaurar a lo largo de cinco años una vieja mansión que ahora se ha
convertido en su hogar.
Cuando nos hizo pasar a la
sala, el tiempo de pronto pareció volver atrás. Una amplísima estancia con numerosas
lámparas de cristal en techos y paredes, muebles de maderas nobles -con un palanquín que
bajo uno de los ventanales transportó algún noble de la época- una chaisselonge junto
al aparador, las paredes de un blanco inmaculado y no demasiado recargadas era la moda-,
macetas llenas de vida en el dormitorio una cama con dosel se refleja en el amplio espejo
que porta el corpulento armario de época. Las ventanas ojivales estaban coronadas por
cristales coloreados que jugueteaban con los rayos del sol de poniente sobre las pulidas
baldosa pintadas del suelo. Contigua a ella no podía faltar un pequeño altar con la
figura de un santo, el pasado y el presente cristiano de esta familia así lo exigía. Las
vitrinas acristaladas muestran piezas de porcelana y cristal que en aquella época
procedían de intercambios comerciales con la China. Sin duda alguna, una esmerada y
exquisita restauración que ha conseguido reproducir fielmente el ambiente de la época,
incluso los postigos de las ventanas fueron recuperados de un anticuario, están
elaborados con caparazones de almejas desmenuzados.
CRUCES
EN EL PARAISO
Las fachadas de las iglesias
no dejan de emerger en cualquier curva o colina descrestando entre la desmesurada selva
costera de extensos y profusos palmerales. A los conquistadores le siguieron los religiosos, sobre todo los jesuitas. El
jesuita español San Francisco Xavier, discípulo de San Ignacio de Loyola, llegó a Goa
en 1542. Organizando misiones apostólicas que personalmente dirigía por Malasia, las
Molucas, Japón y China, donde murió. Su cuerpo fue depositado en la Basílica de Bom
Jesus de Velha Goa siendo proclamado patrón de la ciudad.
Serían las tres de la tarde
cuando entramos en la Basílica donde se encuentran los restos del cuerpo incorrupto de
San Francisco Xavier. Recuerdo el momento porque el sol apretaba de lo lindo y mire el
reloj en ese instante, para comprobar cuantas horas restaban para el ocaso mientras
resoplaba cargando con la cámara de vídeo desplegada sobre el trípode. Dentro, entre
las capillas barrocas de profusa decoración, nos recreamos en las escenas que por las
paredes revelaban los viajes del santo. Los restos del cuerpo se encuentran dentro de un
ataúd de plata y son expuestos cada 10 años (así se estableció en el siglo pasado) a
millones de fervorosos peregrinos que desfilan ante él, un santo español patrón de un
territorio de la India.
Cruzamos la calle y entramos
en el jardín que rodea la Catedral de Se, la mayor iglesia de Goa, que alberga en su
torre la "campana de oro" así llamada por su bello sonido. Contiguos a ella
está el convento y la iglesia de San Francisco de Asís con el suelo hecho a base de
tumbas esculpidas sobre la pequeña capilla que ocho frailes franciscanos construyeron en
1517 y son muchas otras pequeñas iglesias, ermitas o capillas las que brotan por
cualquier rincón de un paraíso llamado Goa.
Es fácil ver mujeres con
faldas y vestidos entremezcladas con los saris de sus vecinas hinduistas. El barroquismo
portugués se conjuga con la extravagancia hindú y el resultado no puede ser más
elocuente. Los ritos populares, hinduistas o cristianos, a veces se confunden en una
sinfonía de color y sonido que indistintamente se despliegan en cada manifestación
popular de ambas religiones. Es fascinante comprobar la mezcolanza que se produce cuando
culturas tan diversas se encuentran y conviven. Aunque los portugueses no destacaron
precisamente por su tolerancia religiosa (destruyeron muchos templos hindúes imponiendo
convulsivamente la religión católica), sí que promovieron la mezcla de razas (para así
afianzar más sólidamente su presencia en el futuro) empezando por el propio virrey
Albuquerque... y el tiempo y la cohabitación han hecho el resto.
MIENTRAS
CALIENTA EL SOL
... aquí en la playa. Las
playas de Goa se extienden infinitas hacia el norte desde Aguada, Candolim, Calangute,
Anjuna, Chapora, Vagator hasta Arambol y hacia el sur por Dona Paula, Vasco de Gama,
Benaulim, Cavelossim hasta Palolem... y en muchas de ellas es fácil encontrar viejos
fuertes defendiendo la desembocadura de un río o un cabo rocoso, algunos medio
desmoronados, con sus características e inevitables estancias: mazmorras, fosos o faros.
Nuestra infatigable montura
terrestre hoy va a descansar, es hora de navegar, rendiremos honores al medio que
convirtió este cabo en Reina. En el embarcadero de Fuerte Aguada una pequeña balandra de
madera nos permitirá ver Goa desde fuera, con las vistas que divisaban eufóricos los
navegantes que desafiaban al océano y a los piratas. Atisbar este litoral significaba
seguridad, descanso, diversión, ... tras semanas o meses de incertidumbre.
El capataz de la barca hace
señas a su único marinero para que vire, los dos delfines que nos acompañaban
jugueteando con nuestra estela se alejan mar adentro. Hemos atracado en la playa de
Anjuna, una mujer de la tribu de los lamani se acerca con una cesta de mimbre llena de
piñas y bananas. Su vestimenta es de vivos colores rojos, azules y naranjas. Sus orejas,
su nariz, su cuello, sus brazos, sus tobillos, los dedos de los pies y de las manos se
encuentran profusamente atiborrados de pendientes, collares, anillos, pulseras y
tobilleras que desencadenan al desplazarse un tintineo muy singular. Es la primera señal
de que estamos en el día "especial" de Anjuna.
Hoy es miércoles, el
"Mercado de las Pulgas" se ha desplegado cerca de la playa. Comerciantes de
todos los rincones del país se dan cita para exponer a los lugareños y a los viajeros
occidentales productos de uso cotidiano así como la artesanía más variada: marionetas
de pasta de papel y bordados del Rajastán, instrumentos musicales budistas de Ladak,
figuras y barritas de sándalo de Kerala... el espectro artesanal y étnico del país es
de lo más seductor pero el calor es asfixiante. Es obvio que existe una época benévola
para visitar la costa y no es precisamente la primavera. Justo entre octubre y febrero sí
que podríamos hablar de encontrarnos en un auténtico paraíso climatológico donde se
disfrutaría plenamente de las playas, las palmeras, el ambiente, la sabrosa comida
costera... pero ahora... tan sólo la travesía en barca nos proporciona una brisa que
alivia el sofocante calor.
Todas las falúas de los
poblados pesqueros que vamos vislumbrando languidecen sobre la arena. La
"siesta", herencia ibérica exportada por los portugueses a estas lejanas
tierras, es sagrada y los pescadores brillan por su ausencia. Sus embarcaciones se tuestan
en la playa esperando que refresque para cumplir una noche más su labor pesquera.
Los bosques de tierra adentro
son de una rebosante fertilidad que bien le convirtieron en tan codiciada joya. Cardamomo,
clavo, pimienta, canela, jengibre, nuez moscada... bananas, piñas, mangos, papayas,
arrozales, limones, té, café... cuando
Vasco de Gama volvió a Lisboa con dos de los cuatro barcos que le sobrevivieron cargados
de especias obtuvo un beneficio de 60 veces más de lo que invirtió en su intrépida y
venturosa expedición. Portugal no iba a desperdiciar este extraordinario descubrimiento.
AGUAS
CON DIENTES
Goa es tierra de marineros
incluso tierra adentro, los ríos se encargan de ello y convertían a aventureros,
exploradores y viajeros en marineros de agua dulce. Salimos de Calangute por la mañana
temprano, cruzando uno de los puentes que se extienden sobre el río Mandovi. De nuevo
acoplados en un barco avanzamos por uno de los estuarios en busca de un huésped muy
especial. Cuentan los viejos del lugar que los portugueses arrojaron cocodrilos traídos
de África a las aguas del río Zuari para protegerse de las incursiones indígenas y
desde entonces se justifica la extraña presencia del escurridizo animal por estas
latitudes.
El lodo de las orillas y las
raíces retorcidas de los árboles les brindan el camuflaje perfecto para casi pasar
desapercibidos. Parecen estatuas de barro secadas por el sol pero su desconfianza les
delata y cuando nos acercamos a las orillas para localizar algún ejemplar, sus
convulsivos movimientos para lanzarse al agua les descubre irremediablemente. Su tamaño
no es descomunal pero sus fauces siguen siendo tan eficaces y sobrecogedoras como las de
cualquier otro espécimen. No hay ningún cartel pero es obvio que... "las
autoridades desaconsejan los baños en estas aguas".
Pasamos bajo el puente de que
une Panjim con la zona norte del pequeño territorio de Goa cuando de nuevo la puesta de
sol se desluce bajo la copiosa calima vespertina y nos priva del espectáculo de ver como
el sol como una bola de fuego incandescente ríela sobre el mar que baña la costa de las
especias. Atraca el barco y nos bajamos en una atmósfera que huele fuertemente a pescado,
un pescado que sus recolectores han secado al sol y ahora introducen en sacos para
venderlo en el mercado. Los nombres lusitanos y algunos carteles en portugués se prodigan
por todos los rincones: "Estrela do Mar, Casa Esmeralda, Paraiso de Praia, Lua Nova,
Villa Fatima, Longuinhos Beach, Villa Rodrigues..." atestiguando una herencia de
cuatro siglos y medio que no parecen querer olvidar.

Nuestro más
sincero y cariñoso agradecimiento a Norman y Ralph de Souza así como a Mario da Rocha y
a todo el De Souza Group por su afectuosa (nos trataron como si fuésemos familia),
espontánea (no les conocíamos de nada), inapreciable (hay cosas que no se pueden
valorar) y desinteresada (por su desbordante solidaridad) ayuda a la Ruta de los Imperios.
|
 Ruta hacia Goa. (Ampliación en link)

Seguimos
apesadumbrados por el accidente de nuestro ordenador pero hemos de enfocarlo como una
desventura que cualquier expedición tiene que asumir. El infortunio es otro de los
factores contra los que hay que luchar en cualquier aventura ... y la nuestra no iba a ser
una excepción. Pero la ruta sigue, bajo nuestros pies la arena roja de Goa y sobre
nuestras cabezas las palmeras arropan nuestro todo terreno hasta hacernos sentir en un
túnel labrado por nuestro destino.

Y por
fin el mar, nuestro querido y ansiado mar. Ese conquistador nato que tiene ganado por
excelencia el amor incondicional de los que hemos nacido es su regazo y hace soñar con
acariciarlo a todos aquellos que nunca han podido sumergirse en él. Llevamos más de seis
meses sin atisbarlo, cuando en la ciudad costera de Badami, en Georgia, le perdimos de
vista. Y por fin nos reencontramos de nuevo con el gran azul en el mar de Arabia.
Detenemos nuestra montura frente a la playa de Vogator, las palmeras son como manos que
nos saludan con sus suaves movimientos, las redes de los pescadores se mecen con el viento
y las olas bailan con su espuma blanca delante de nosotros. (Más fotos en link).

Acampamos
cuando la brisa marina acaricia las ramas de los cocoteros rebosantes de enormes cocos
cargados de su prodigiosa agua, una brisa que no puede sofocar el bochorno reinante.
Acampamos mientras el oleaje se rompe en las playas de arena blanca en la que hace cinco
siglos recalaron las carabelas portuguesas.

Hemos
atracado en la playa de Anjuna, una mujer de la tribu de los lamani se acerca con una
cesta de mimbre llena de piñas y bananas. Su vestimenta es de vivos colores rojos, azules
y naranjas. Sus orejas, su nariz, su cuello, sus brazos, sus tobillos, los dedos de los
pies y de las manos se encuentran profusamente atiborrados de pendientes, collares,
anillos, pulseras y tobilleras que desencadenan al desplazarse un tintineo muy singular.
Es la primera señal de que estamos en el día "especial" de Anjuna.

Hoy es
miércoles, el "Mercado de las Pulgas" se ha desplegado en la playa de Anjuna.
Comerciantes de todos los rincones del país se dan cita para exponer a los lugareños y a
los viajeros occidentales productos de uso cotidiano así como la artesanía más variada:
marionetas de pasta de papel y bordados del Rajastán, instrumentos musicales budistas de
Ladak, figuras y barritas de sándalo de Kerala... el espectro artesanal y étnico del
país es de lo más seductor. (Más fotos en link)

Nos
paseamos por las cercanías del fuerte de Aguada, todo es muy turístico, los hoteles,
restaurantes, chiringuitos y tiendas de recuerdos se suceden sin descanso pero nos llama
la atención el complejo turístico Aldea Santa Rita. Es distinto, es como un pequeño
pueblo portugués inmerso entre lujuriante vegetación autóctona, cada casita
independiente tiene dos pisos y está pintada de un color pastel distinto a las de
alrededor. Nos encanta ese toque romántico. (Más fotos e información en link).

Goa turística,
Sun Village. Otros centros vacacionales casi me hacen sentir cerca de mi tierra, se
asemejan a los más esmerados y cuidados complejos de la Costa del Sol con su arquitectura
de blanco reluciente, repletos de arcos, terrazas y barandas, no les falta ni un detalle y
el mantenimiento es impecable. Todo está pensado para el turismo de ocio y descanso.
(Más fotos e información en link).

Goa
histórica. A los conquistadores le siguieron los religiosos, sobre todo los jesuitas. El
jesuita español San Francisco Xavier, discípulo de San Ignacio de Loyola, llegó a Goa
en 1542. Organizando misiones apostólicas que dirigió personalmente en Malasia, las
Molucas, Japón y China, donde murió. Su cuerpo fue depositado en la Basílica de Bom
Jesus de Velha Goa siendo proclamado patrón de la ciudad. (Más fotos en link).

Cruzamos
la calle y entramos en el jardín que rodea la Catedral de Se (dcha.), la mayor iglesia de
Goa, que alberga en su torre la "campana de oro", así llamada por su bello
sonido. Contiguos a ella está el convento y la iglesia de San Francisco de Asís (izda)
con el suelo hecho a base de tumbas esculpidas sobre la pequeña capilla que ocho frailes
franciscanos construyeron en 1517... y son muchas otras pequeñas iglesias, ermitas o
capillas las que brotan por cualquier rincón de un paraíso llamado Goa.

Las
casas coloniales lusitanas nos acompañan dejándose entrever por la abundante vegetación
tropical en nuestro camino hacia el mar de Arabia. Algunas familias siguen habitando en
las viejas mansiones coloniales desde que las levantaron sus antepasados y en otras
ocasiones personalidades locales recuperan del olvido una herencia histórica que no
desean perder y que les hace sentir singulares. La familia De Souza nos brindó la
oportunidad de conocer una de estas mansiones coloniales desde dentro. Ralph de Souza se
preocupó en restaurar a lo largo de cinco años una vieja mansión que ahora se ha
convertido en su hogar. (Más fotos en link).

Playa de
Palolem, otro paraíso oriental. El sol castiga sin piedad a los mortales en esta época
del año y todas las falúas de los poblados pesqueros que vamos vislumbrando languidecen
sobre la arena. La siesta, herencia ibérica exportada por los portugueses a estas lejanas
tierras, es sagrada y los pescadores brillan por su ausencia. Sus embarcaciones se tuestan
en la playa esperando que refresque para cumplir una noche más su labor pesquera. (Más
fotos en link).

El ocaso
reactiva la vida y las embarcaciones de nuevo sienten los abrazos del mar.

Danza de
las velas en Palolem. La danza, con sus centenares de variantes posee en cada región sus
propias connotaciones tradicionales y sobre las arenas de Goa las noches adquieren una
nueva dimensión.

Goa es
tierra de marineros incluso tierra adentro, los ríos se encargan de ello y convertían a
aventureros, exploradores y viajeros en marineros de agua dulce. De nuevo acoplados en un
barco avanzamos por uno de los estuarios en busca de unos huéspedes muy especiales: los
cocodrilos. Cuentan los viejos del lugar que los portugueses arrojaron cocodrilos traídos
de África a las aguas del Zuari para protegerse de las incursiones indígenas y desde
entonces se justifica la extraña presencia del escurridizo animal por estas latitudes. No
hay ningún cartel pero es obvio que... "las autoridades desaconsejan los baños en
estas aguas".
|