Dejar
tras nosotros a Turquía fue fácil desde el punto de vista burocrático, apenas 20
minutos, pero no resulta tan fácil dejarla atrás en cuanto a lo que significa para
nosotros: hospitalidad y cálidos sentimientos... pero Georgia nos tiene reservada gratas
sorpresas en este sentido aunque no así en el aspecto policial...
A través de Georgia y Armenia iniciamos una etapa de "última
hora". No figura ni siquiera en el programa de la web de LA
RUTA DE LOS IMPERIOS, la idea nació justo antes de partir y gracias a los
informes de nuestro amigo Jorge Ester, un intrépido viajero que ha realizado una gran
ruta terrestre desde España a Thailandia.
Este tramo no estaba incluido porque cuando Georgia obtuvo la
independencia de la ex-URSS (en 1.992 oficialmente) le estalló una cruenta guerra de
secesión con dos de sus provincias (Abjasia y Osetia del Sur). La guerra había terminado
"oficialmente" pero Georgia no pudo vencer a Abjasia y ésta se ha autodeclarado
república independiente. Esa frontera es un polvorín con fuerzas militares por todos
sitios y campos de minas por doquier. El conflicto con su otra provincia -Osetia del Sur-
terminó de otro modo, volvió a formar parte del territorio georgiano (con unos estatutos
autonómicos que permitieron la paz). Todo esto es la versión oficial de los noticiarios
que veníamos siguiendo pero tras la guerra civil vino la anarquía, atentados,
hundimiento de la economía, milicias provinciales, mafias, bandidismo, ... y en 1.997 eso
dejó de interesar a los noticiarios y ya no hubo forma de saber que pasaba allí. No
consideramos que el país pudiese recuperar algo de estabilidad para 1.999 así que
desechamos la idea de cruzarla (al igual que hemos suprimido Irak y Afganistán). Una
historia similar ocurre con Armenia pero eso pertenece a la siguiente etapa.
La idea volvió a nuestra cabeza cuando Jorge, a finales de 1.998, nos
dio información actualizada sobre esos países. ¡Era posible cruzarlos! Iniciamos el
estudio acelerado de Georgia y Armenia y quedaron incluidos en LA RUTA DE LOS IMPERIOS un
mes antes de nuestra partida ... si no estallaban en guerra durante los 5 meses que
tardaríamos en llegar. No ha sido así y dedicamos a Jorge esta crónica ya que fue él
el que nos dio la idea de hacer este desvío.
La frontera georgiana, en Sarpi, nos recibía con un enorme cartel de
"welcome" en ruso, turco y georgiano (disponen de un propio y exclusivo alfabeto
que nada tiene que ver con los 13 alfabetos restantes existentes en el mundo). El
insólito recorrido de esta ruta produce a veces algunas curiosidades dignas de mención.
Por ejemplo, desde Turquía hasta Turkmenistán tenemos que cruzar 5 países ... ¡y cada
uno con un alfabeto distinto! Turquía con el latino, Georgia con el georgiano, Armenia
con el armenio, Irán con el alfabeto árabe y Turkmenistán con el cirílico que todavía
siguen usando. Y si logramos llegar a China -¡y entrar!-, otro nuevo. Nada es sencillo en
una ruta que da la vuelta al mundo.
Pero el "welcome" arropa la avidez de sus ambiciosas arcas,
como podrían comprobar en breve nuestros bolsillos. Las sonrisas han dejado de dibujarse
en los rostros de los funcionarios y policías, la seriedad se hace dueña del ambiente en
cuanto pasamos la barrera que nos indica la salida de Turquía. En inmigración un cartel
pone: "COMPUTER SERVICE. Todos los vehículos y visitantes extranjeros deben de
inscribirse en inmigración y para la toma de datos los funcionarios utilizan un
ordenador. La utilización de ese ordenador debe de ser abonada por los visitantes: 10 US$
(1.600 pts.) para inscribir un vehículo y 3 US$ (480 pts.) para inscribir a cada
persona." Sobran los comentarios. Pagamos los 16 US$ (2.560 pts.) por el lujo del
"Computer Service" y pasamos a la aduana.
En cuanto al registro del coche, nos metieron en una especie de hangar
individual y lo cerraron. Un soldado comenzó a registrarlo por todos sus recovecos. Las
típicas preguntas si llevábamos armas o drogas, pero no nos obligó a abrir caja por
caja. De nuevo llega el sonido de la caja registradora, hay que volver a pagar, esta vez
una tasa de tráfico por uso de sus carreteras de 33US$ (5.280 pts.). Doy un billete de 50
US$ y me redondean la factura a 40US$ (o sea 7US$ = 1.100 pts. de propina) porque "no
tenía cambio" (¡menudo redondeo!). No tragué, para estos casos llevamos un montón
de dólares en billetes pequeños, no le hizo gracia cuando recuperé mis 50 US$ y le di
los 33 US$ exactos. Luego la declaración de moneda (tenemos que contar el dinero que
llevamos y declararlo) y acto seguido querían un "recuerdito". Al principio
querían dólares y empezamos a bromear con lo que habíamos recorrido desde Ceuta y lo
que quedaba. Les caímos bien y una pegatina de la expedición pareció bastarles...
sorprendentemente.
Nadie habla inglés, solo georgiano y ruso. Es difícil comunicarse
pero los policías son muy hábiles para hacerse entender en cuestión de dinero, no así
para explicar por qué se debe pagar ese dinero. En la última barrera, controlada por 5
policías que no se levantaban para nada, surgió una misteriosa tasa de 20US$ (3.600
pts.). No puedo aducir que no tengo dinero puesto que tienen acceso a mi declaración de
moneda. Pido recibo (todo lo anterior ha sido con factura) y me dicen que no, que es una
tasa sin recibo. Insisto y me lo explican así de claro con gestos: 20 US$ y abren la
barrera, sin 20 US$ no abren la barrera. Contamos que no nos quieren abrir la barrera a
otros funcionarios y aduaneros y nos dicen que ese es un tema de la policía, que ellos no
están para nada. Y tuvimos que pagar el "peaje". La barrera se abrió pronta y
eficazmente a golpe de esos dólares que entraron a toda velocidad en el bolsillo del que
llevaba la voz cantante. Y creo que todavía tenemos que estar contentos porque no vieron
ni el ordenador ni el resto del equipo, de lo contrario estoy seguro que empiezan a surgir
misteriosas tasas por doquier.
Entrábamos en Georgia, "gamarjoba" (hola). Brillaba un día
espléndido y nuestros bolsillos iban más ligeritos. Los bosques siguen poblando
sugestiva y generosamente todo nuestro recorrido. Campos de té, pinos, rododendros,
nogales, albaricoqueros, pinos... es increíble lo fértil que es toda esta zona que
contrasta horriblemente con los clónicos edificios destartalados de chapa ondulada y
hormigón. Incluso muchos bloques de viviendas estaban completamente recubiertos de la
horrible chapa oxidada. Visión que se irá repitiendo por todo el país.
El asfalto es un continuo desafío donde debemos sortear sin descanso
infernales socavones o baches camuflados, sin contar con la gran cantidad de ganado vacuno
que se pasea tranquilamente en medio de la carretera con la parsimonia e indiferencia que
les caracteriza. Los Niva y los Lada invaden el tráfico rodante como en sus tiempos lo
hicieron los 600 o los 2 caballos en España. Los coches de marcas alemanas tan solo se lo
pueden permitir unos pocos, muy pocos, la "élite".
BUENOS DÍAS, SEÑOR AGENTE
Unos pocos kilómetros de recorrido por la costa hacia Batumi y una
barrera. Es un control policial enorme, más de 15 agentes, 3 vehículos, alambradas,
barrera de paso a nivel cortando la calzada, una caseta para cada dirección, etc. Nos
piden los pasaportes y papeles del coche y me llevan a la caseta. Hay que inscribirse.
Todo en regla, inscriben nuestro paso en un libro enorme y tras ello nos exigen ¡22US$
(3.520 pts.)! por "servicios de inscripción". ¡No se cortan! Desde luego no
son modestos con sus "auto-propinas". En la aduana nos tenían cogidos porque
tenían acceso a la declaración de moneda pero aquí no estábamos dispuestos a ceder a
este nuevo chantaje.
-No tenemos dólares, en España se maneja la peseta. -Le contesto.
-Tienen que pagar la "tasa" para poder proseguir. También
pueden pagar en marcos alemanes. Son 40 marcos. -Me replica, orgulloso de conocerse el
cambio y de dar una "solución estupenda". Me planto, no me da la gana ceder a
este tipo de abuso uniformado.
-Tampoco tenemos marcos. En España es muy difícil conseguir divisas y
viajamos con pesetas, travelers checks y tarjeta Visa. -Saco de mi bolsillo los travelers,
3.000 pts. en billetes de mil y la tarjeta Visa con un montón de recibos de Turquía.
Pongo todo encima del mostrador sabiendo que no pueden aceptarlo porque es un dinero que
al hacerlo efectivo "deja rastro" y podría causarles problemas. Lo toquetea
todo con cuidado y prosigue.
-Eso no se lo van a aceptar en Georgia.
-El Banco Nacional de Georgia en Tbilisi canjea los travelers y
también acepta sacar dinero con la Visa. -Prosigo sin saber si es cierto o no.
-Pero aquí eso no vale. Hay que pagar en dólares o en marcos. No
puedo dejarles seguir. Y además, ¿cómo van a llegar a Tbilisi si no pueden cambiar
hasta llegar allí? -Prosigue el policía, que tampoco quiere rendirse.
-No necesitamos cambiar. Tenemos suficiente combustible para llegar
allí sin problemas. -Le contesto.
-Esto va a ser un problema. Tienen que quedarse aquí hasta que
encontremos una solución. -Concluye. El uniforme que lleva le da poder pero nuestra
paciencia es infinita.
-No hay problema, voy a quitar mi todo terreno de la barrera y lo
aparco en el margen de la carretera. -Recojo todo el dinero del mostrador y me dirijo al
Montero. Ya no hay vuelta atrás, hemos dicho que no tenemos dólares y tenemos que
mantenernos ahí.
Teníamos comida, agua y dormimos encima del todo terreno así que
estábamos dispuestos a resistir el "asedio". También sabemos que tarde o
temprano pasará algún policía o militar de graduación honrado al que le llamará la
atención el vehículo extranjero parado en el arcén, se abochorne de esta retención
ilegal y monte un escándalo con el jefe del puesto. Así operábamos en el África negra
cuando se producían situaciones similares. Este tipo de incidentes se resuelven con mucha
paciencia, casi siempre ganan porque los occidentales tenemos la mala costumbre de ir con
prisa a todos los sitios. Solo se vence cuando ven que el tiempo no es un problema.
Ni siquiera me dio tiempo a girar la llave de contacto. Me dio de malos
modos el pasaporte y los papeles del coche, silbó al que controlaba la barrera para que
la abriese y nos dijo de irnos. No se lo hicimos repetir dos veces, arrancamos y salimos
raudos.
Tras 15 km. vemos, en el margen de la carretera, un coche de policía
con dos agentes. Nada más vernos el silbato comienza a pitar enfebrecidamente y paramos.
"Gamarjoba" y el ritual "ingliski, americaniski", y nosotros
contestando: "españoliski". Que si hablamos "ruski" y nosotros que no
que sólo ingliski, franchoski o españoliski. Y nos tratan de explicar que necesitamos
una escolta para continuar hasta Tbilisi, y que sólo nos saldría por 40US$ (6.400 pts.).
Insistimos en que no tenemos dólares y que no nos hace falta ninguna escolta, que sabemos
cual es el camino. Nos enseñan un billete georgiano, un lari, para indicarnos que les
teníamos que dar algo. Nosotros le enseñamos una moneda de cinco duros que lleva dos
meses dando vueltas por la guantera, para indicarles que era lo que había. Pues fue lo
único que se quedaron tras intentar que también les enseñáramos otro tipo de divisa.
No insistieron más, eran menos persistentes que los anteriores. Como no consiguen dinero,
que si tenemos tabaco (no fumamos) y finalmente tras hablar entre ellos y lanzarse una
risas de complicidad, nos dejan marchar. "Nakhvamdis" y "madlbot"
(adiós y gracias). Y allí se quedaron parando a otro vehículo nacional, mientras
enarbolaban la porra y hacían pitar irritantemente de nuevo el silbato.
- Menudo panorama nos espera con los controles y los policías. Esto no
puede seguir así, con tantos controles no avanzamos nada. -Me dice Marián.
-Ya me doy cuenta. Estoy pensando en empezar a saltármelos. -Le
contesto, irritado por la situación.
Dicho y hecho, el resto del recorrido fue como el juego del gato y el
ratón. Comenzamos a saltarnos todos los altos de los agentes cuando se trataba de un
grupo inferior a tres. El agente aislado o el grupo pequeño son los peores porque no
tienen ninguna misión específica y no se dedican a otra cosa que hacer que ir sacando
"propinillas" a los que pasan o dólares si son extranjeros. Nos saltamos
decenas de ellos, Marián miraba el mapa y yo miraba a otro lado para hacer que no les
veíamos y tener algo a lo que agarrarnos en caso de complicarse las cosas. Los tremendos
pitidos que nos dedicaban todavía resuenan en nuestra cabeza pero su pereza era mayor que
su codicia y nunca nos persiguieron con su vehículo ni llamaron por radio a otra
patrulla. Los controles con barrera eran distintos, eran controles
de verdad y había que pararse, pero de ese tipo sólo nos encontramos con otros dos más
y también salimos victoriosos con la estrategia de pesetas, travelers o visa.
Seguimos por una comarcal en Maltakva hacia Samtredia, abandonando la
carretera nacional. Pensamos que sería más interesante, y total, el deterioro de la
carretera no puede ser mayor ¿o sí?. La vida es totalmente rural, casas cortadas por el
mismo patrón de chapa y cemento con pequeños cultivos contiguos a la vivienda, ganado
que se cruza en la carretera sobre todo de cerdos, sí cerdos. Estamos en territorio
cristiano y el cordero deja de ser el rey de los pastos.
En plena región de Imereti, alcanzamos su principal centro urbano,
Kutaisi. La ciudad más antigua del reino de Colchis (el nombre dado a Georgia por los
griegos y romanos). Eurípides nos dejó una emotiva tragedia de la hija del rey de
Colchis, titulada "Medea". Por otro lado las leyendas nos proporcionan relatos
emocionantes sobre estos mismos personajes. Se cuenta que el Reino de Colchis (entre los
s.VI al I a.C.) posee infinitos y valiosos vellones de oro pero el más poderoso es el que
posee el rey Ayetes. Según los augurios, aquel que lo posea conseguirá detener la
extensión de su reino. Jason y sus argonautas emprendieron un viaje a través del mar
Negro hacia las costas de Colchis (Georgia) con mil y una aventuras por el camino. Y
aunque no consiguieron el vellón dorado, Jasón consiguió a la hija del rey, Medea, a la
que desposó y se llevó con él a su Grecia natal.
Han transcurrido muchos siglos y muchas historias afortunadas -y otras
tristemente reales- se han desarrollado sobre su territorio configurando lo que hoy en
día es la actual Georgia. Un país que tras el breve periodo de independencia entre la
dominación zarista (1801-1917) y la invasión soviética (1921-1991) de nuevo ha
conseguido la libertad, pero ¿a qué precio?.
A la entrada de Kutaisi, vemos las enorme gorras de plato del
inconfundible uniforme gris de la policía. Tragamos saliva, Marián baja la vista y no la
aparta del mapa, yo mantengo la mirada hacia el frente sin interesarme lo que sale a
derecha e izquierda. Pasamos junto a ellos, es increíble la sordera transitoria que puede
causar los cambios de altitud y los ruidos del tráfico.
Nos introducimos en la ciudad mezclados con el resto de la
circulación, sus calles nos muestran un ambiente medieval de edificios antiguos
entremezclados con el regusto soviético de avenidas amplias y edificios mazacotes..
Preguntamos a un coche con una pareja que deseamos llegar hasta la iglesia de Bagrati. Una
"Medea" contemporanea, con unos preciosos y enormes ojos verdes, nos indica que
les sigamos. Cuando se acaba la gran avenida empedrada nos indican que debemos subir por
un estrecho y sinuoso camino y que llegaremos a nuestro destino sin perdida. "Didi
Madloba" -Muchas Gracias-. Se ríe, la pronunciación le debe parecer divertida y se
despide con la mano mientras su novio pega un acelerón con su Lada rojo dejando una
espesa nube de humo negro.
En una colina desde la que se divisa toda la ciudad, rodeada de césped
y tranquilidad, se ubica la iglesia de Bagrati (s.XI). El techo y los frescos que la
cubrieron desaparecieron, pero no los fieles, que siguen acudiendo a rezar a pesar de que
su estado de ruina ya no le permite impartir misas, es un lugar de peregrinaje.
El 65% de los georgianos practican la religión cristiana ortodoxa
(independiente desde el s.VI) y fuertemente reprimida durante la ocupación soviética.
Éstos destruyeron o cerraron centenares de iglesias convirtiéndolas en edificios
seculares, cubriendo sus valiosos frescos con pintura blanca para borrar toda huella del
"opio del pueblo". No fue hasta 1988 cuando Moscú permitió al patriarca
ortodoxo Ilia II consagrar y reabrir iglesias por todo el territorio georgiano. Nos llamó
la atención que la religión, tras años de represión sea una de las reivindicaciones no
sólo de la gente mayor sino de la población más joven que ha crecido con el régimen
comunista, escuchando en los cassettes copias piratas de Sting o Madonna. Jóvenes de
negro y adolescentes con mini-mini faldas y zapatos de plataforma entran sin cesar a
encender cirios. Un cóctel muy particular.
El día comienza a declinar, a las afueras de Kutaisi localizamos en lo
alto de una colina el monasterio de Gelati (s.XII). La luz del atardecer tiñe todo el
entorno de una fuerte y potente luz anaranjada que vuelve loca a Marián intentando los
últimos esfuerzos por hacer con el vídeo un balance de blancos lo más real posible.
En el interior del complejo monástico, los monjes, como sombras furtivas, se retiran
rápidamente a sus aposentos. Los frescos que recubren el interior de la iglesia de Santa
María son simplemente soberbios y espectaculares. La seña de identidad de la
arquitectura religiosa georgiana son definitivamente sus impresionantes frescos.
La noche se nos echó encima mientras la luz de la linterna nos
descubría los exquisitos frescos, decidimos acampar a los pies de las murallas que
rodeaban el monasterio de Gelati. Mientras ordenábamos nuestras anotaciones junto a las
murallas, oímos acercarse unos pasos por el espeso bosque que se encontraba a nuestras
espaldas. Cada vez se acercaban más hasta que apareció un adulto, con barba, botas por
fuera del pantalón y un hacha, parecía uno de los protagonistas de "Siete novias
para siete hermanos". Al principio nos sobresaltó porque venía sudando y jadeante.
Pero cuando se acercó y nos saludó, presentándose, en un perfecto inglés nos
relajamos. Se trataba de Giorgo, que venía andando desde la
ciudad (7 km y cuesta arriba, se explica lo del jadeo) y que venía a colaborar con las
labores de limpieza exterior de arbustos y ramas que rodean al monasterio (se explica lo
del hacha). Pronto se va a celebrar una importante peregrinación en honor de la Virgen
María y todo el mundo ayuda altruistamente con los preparativos. Su perfecto inglés se
debía a sus años de trabajo en una compañía petrolífera que le había permitido
viajar por todo el mundo.
Al día siguiente nos relató que los soviéticos trataron de volar
este importante y valioso monasterio pero la población, todos a una -como Fuenteovejuna-
se replegaron en el complejo y les pusieron contra la espada y la pared. Funcionó y esta
fue de las iglesias que escapó a la "purga" que sufrió la iglesia georgiana
entre los años 1.922 y 1.923, cuando se destruyeron más de 1.500 iglesias a lo largo y
ancho de su geografía. Giorgo, nos fue de gran ayuda a la hora de localizar en el mapa
algunas de las iglesias, monasterios y castillos que pretendíamos visitar en nuestro
recorrido por Georgia. Pues muchas de las informaciones que teníamos eran confusas sobre
el lugar exacto donde se hallaban y no eran fáciles de ubicar.
¿BRINDIS O DISCURSOS?
Desde Gelati tomamos rumbo a Gori. A la salida de la ciudad un nuevo
control de policía, pero hay tantas cosas interesantes por observar que nos lo pasamos
sin darnos cuenta, ¡vaya! otra vez estaremos más atentos.
Bordeamos el río Dzivula y hacemos un alto en la pequeña iglesia de
Ubasi, otro de los emplazamientos históricos. Pero atraídos por la historia nos vimos
envueltos por el presente: se estaba celebrando una boda ortodoxa.
Muy íntima, en una pequeña capilla tan sólo iluminada con velas,
estaban los novios, el prelado ortodoxo y apenas una decena de invitados, el resto
esperaba fuera, el habitáculo no daba para más. Los propios novios nos invitaron a
presenciar su feliz enlace y fuimos testigos de toda la ceremonia: cánticos, rituales
donde los novios y el prelado daban vueltas al altar, anillos, inundación de la capilla
de incienso, oraciones, puesta de coronas de plata a los novios,,, nos le molestaron en
absoluto que me convirtiera en el fotógrafo "extraoficial" de su boda.
Tras la ceremonia les dimos la enhorabuena y se marcharon con su
comitiva, pero junto a la iglesia había un pequeño cementerio y un recinto para celebrar
comidas donde estaban despiezando un cordero colgado de un gancho.
Existe una costumbre muy extendida entre los ortodoxos (ya sean
griegos, búlgaros, rusos o georgianos) que es la de compartir una comida junto a sus
difuntos. Para ello habilitan unas mesas y sillas de hormigón al lado mismo de la tumba y
allí hacen su picnic. Una chica de unos 20 años, Nino, se nos acercó y en nombre de su
familia y el suyo propio, nos invitaban a compartir la comida con ellos. La hospitalidad y
amabilidad de la población compensaba con creces la tensión que supone la policía.
Aceptamos su hospitalidad y tras la boda proseguimos compartiendo las costumbres de las
reuniones familiares en este país.
Sólo ella hablaba un poco de inglés que había aprendido en la
universidad, sirviéndonos de intérprete con el resto de la familia: hermanos, tíos,
abuelos, primas, sobrinas... Nos sirvieron vodka solo en un vaso y se brindó pero tras el
primer sorbo casi nos quedamos secos de lo fuerte que era. Ellos se lo bebían de un
trago, en todos estos países se bebe muchísimo y el vodka se bebe como si fuese agua.
Del modo más cortés explicamos que no podíamos seguir tomando vodka porque no
estábamos acostumbrados y teníamos que conducir. Se mostraron algo contrariados pero lo
respetaron. Comprendimos rápidamente -por esta ocasión y las que vendrían después- que
la hospitalidad georgiana siempre comienza bebiendo vodka por botellas así que a partir
de este día adujimos una úlcera para no beber porque si no, nuestro paso por Georgia iba
a ser una continua borrachera.
Pues pasemos al vino, que eso no hace nada. Proclamó uno de los
familiares y el vino se convirtió, en esta ocasión, en el principal protagonista. Si el
vodka lo toman como el agua el vino es como el aire para ellos. Ya no podíamos decir
nada, tan solo ser modestos con el consumo porque hacía 4 meses que no probábamos ni una
gota de alcohol. En Georgia los brindis, más que brindis son discursos. Tras llenarnos
los vasos del vino de la tierra comenzaron los interminables pero amistosos brindis. El
abuelo en esta ocasión era el "tamada", es decir, la persona que preside la
mesa y se encarga de los brindis. Se levantó y empezó hablar sin descanso deseando lo
mejor para nuestras familias, para los parientes que ya no se encontraban entre nosotros,
para los que todavía estaban, para que tuviéramos muchos hijos, para que saliera bien el
viaje, para la amistad entre los países, para... así cada vez que se quedaban vacíos
los vasos, que en sus casos era un segundo tras el brindis pero en el nuestro tratábamos
de alargarlo para que no nos volviesen a llenar el vaso inmediatamente.
Carne hervida de cordero, pan elaborado con queso (jayapuri), pescado
hervido, vegetales en vinagre, sandia,... Todo se come con las manos en un ambiente muy
distendido...y con numerosos brindis. Antes de que acabase la comida debimos marcharnos
agradeciéndoles su amable invitación pero indicándoles, tras un último brindis, que no
podíamos beber más pues debíamos conducir hasta Gori, la ciudad que vio nacer a uno de
los más sanguinarios y crueles dictadores de este siglo: Stalin.

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Ruta por Georgia

"La
primera complicación (aparte de la corrupción policial) es orientarse con los nuevos
alfabetos. Eso implica tener siempre a mano un glosario donde se figure la equivalencia de
las nuevas letras. Si el alfabeto georgiano es complicado no ocurre lo mismo con el
cirílico, muy parecido al nuestro."

"La
naturaleza georgiana(era un balneario durante la era soviética) es famosa en toda la zona
para practicar senderismo, alpinismo y eskí."

"Aunque
seguramente no se aprecie en la foto, este gran edificio está totalmente recubierto de
chapa metálica ondulada. La pavorosa estética del metal, que con el tiempo se convierten
en casas y edificios de herrumbre, inunda la campiña y las ciudades."

"Frente a
las construcciones modernas nada atractivas, Georgia posee tesoros arquitectónicos de
incalculable valor e interés. La iglesia de Bagrat en Kutaisi, está en ruinas pero es un
importante lugar de peregrinación y su entorno y jardines están cuidados con
esmero."

"Kutaisi.
El Teatro Dramático y la estatua del Rey David, que en una mano tiene una iglesia de
arquitectura georgiana y en la otra la espada (DETALLE EN LINK). Este monarca georgiano
(David Agmashenebeli, el "Constructor") liberó al país de los conquistadores
extranjeros, expulsó a los turcos y comenzó con él la Edad de Oro Cristiana en esta
zona del Caucaso (siglos XI y XII)."

"Monasterio
de Gelati. Para nosotros es el más impresionante complejo religioso de Georgia. Sus
vistas hacia el valle (con espectaculares puestas de sol), la arquitectura de las tres
iglesias que lo conforman (en la foto la de Santa María) y sobre todo sus muros
interiores completamente recubiertos de frescos no tienen igual. (Frescos interiores en
link)."

"Boda
ortodoxa en la iglesia de Ubisa. Una ceremonia sorprendente repleta de hermosa
simbología."

"Iglesia
de Ateni. Aunque menos abundantes, también la escultura tiene hermosos ejemplos en los
muros exteriores de algunas iglesias."

"Invitados
al picnic del cementerio de Ubisa. Las costumbres tradicionales y participar en las
reuniones familiares permiten un conocimiento más amplio del país pero la gran
hospitalidad georgiana se inicia con un brindis al que le siguen decenas de otros... y era
obligatorio participar en todos ellos. Tras cada brindis había que vaciar el vaso, que en
el caso de nuestros anfitriones era un segundo tras el brindis pero en el nuestro
tratábamos de alargarlo para que no nos volviesen a llenar el vaso inmediatamente."
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